Hace justo un mes, el 11 de mayo, el Espanyol hacía oficial el fichaje de Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, como nuevo director general deportivo del club. Aquello llegó en un momento raro, con el equipo todavía jugándose cosas importantes y con el ambiente perico entre la ilusión, la prudencia y ese miedo tan nuestro a emocionarnos demasiado pronto. Un mes después, la foto ha cambiado bastante. Todavía no se conocen los nombres que sacará de la chistera en forma de refuerzos, pero negar el impacto de Monchi sería bastante injusto.
El fichaje que cambió el ruido de fondo
Monchi no ha llegado como un director deportivo más. Eso se vio desde el primer día. Su nombre pesa, su historial pesa y su manera de moverse también pesa. En un Espanyol que venía de una etapa con mucho silencio y secretismo alrededor del área deportiva, su aterrizaje ha sido casi lo contrario: entrevistas, mensajes, explicaciones, presencia pública y una sensación bastante clara de que hay alguien dispuesto a dar la cara. El contraste con la etapa de Fran Garagarza es evidente: antes había más despacho cerrado; ahora hay más voz, más relato y más exposición.
Mucho foco mediático y una forma distinta de comunicar
Durante este primer mes, Monchi se ha prodigado en los medios con una naturalidad que no es menor. Ha pasado por La Grada Ràdio, por Tot Gira, por RAC1, por Radio MARCA entre otros medios, y ha ido dejando mensajes con calma, sin vender castillos en el aire, pero tampoco escondiéndose detrás de frases vacías. En todas sus apariciones se le ha visto amable, sólido y con esa forma suya de hablar como quien sabe que no puede prometerlo todo, pero sí marcar un camino. En el Espanyol hacía falta alguien que explicara qué se quiere hacer y por qué.
La primera gran decisión: Manolo González sigue
Su primera decisión importante fue ratificar a Manolo González como entrenador. Y no lo hizo de pasada, como quien firma un papel y ya está. Lo explicó, lo defendió y puso al técnico gallego en el centro del nuevo proyecto. Monchi dejó una frase bastante clara sobre esa apuesta: “Esa confianza ha ido creciendo a medida que he ido conociendo a Manolo, En el día a día, en los entrenamientos, en los planteamientos, en las charlas, en el manejo de grupo y eso ha sido lo que me ha hecho convencerme 100% de que era la persona idónea para llevar el proyecto deportivo del club”. Ahí no hay demasiado margen para interpretar. Manolo sigue porque Monchi cree en él.
Una remodelación agresiva, pero sin locuras
Otro de los grandes mensajes de este mes ha sido el mercado. Monchi ha hablado de una planificación más agresiva, de tocar bastantes piezas y de elevar el nivel competitivo de la plantilla. En La Grada Ràdio ya dejó una idea que explica muy bien el punto de partida: “Hay que hacer un cambio, tenemos que ser un pelín más agresivos en la planificación para ir modulando o modelando ese proyecto que queremos de futuro, pero no se puede cambiar de la noche a la mañana la plantilla entera ni tampoco creo que sea necesario, porque hay jugadores que son válidos”. Es decir, habrá movimiento. Bastante. Pero no una demolición a martillazos.
Hasta una decena de refuerzos para apuntalar todas las líneas
La hoja de ruta que se ha ido dibujando habla de un verano con mucho trabajo. Monchi quiere reforzar todas las líneas: portería, defensa, centro del campo, bandas y ataque. En ese mapa entran un portero, uno o dos centrales, un lateral izquierdo, uno o dos centrocampistas, dos extremos y un tercer delantero. En total, el verano puede irse hasta una cifra alta de incorporaciones, cercana a la decena si el mercado acompaña. No será un simple retoque: el Espanyol necesita una plantilla más fuerte, más física y con más recursos.
Dejar salir antes de entrar, la frase que marca el verano
Eso sí, antes de fichar toca ordenar. Monchi lo ha repetido de varias maneras: el Espanyol necesita dejar salir antes de entrar. Y ahí ya ha empezado el movimiento, con la marcha de los cedidos que no seguirán, como Carlos Romero, Ramon Terrats, Uros Racic Pickel y Cyril Ngonge, y también con la salida de Fernando Calero. A eso hay que sumar la carpeta de los cedidos que regresan, porque no todos se quedarán. Antes de construir, toca limpiar la mesa. Y esa parte, aunque no luzca tanto como anunciar fichajes, es básica.
El límite salarial existe, pero Monchi intenta transmitir calma
La gran pregunta, claro, es el dinero. Porque una cosa es querer reforzar todas las líneas y otra pagar lo que pide el mercado. Ahí Monchi ha intentado lanzar un mensaje de tranquilidad, especialmente en su paso por Radio MARCA. Lo dijo así: “Tenemos un límite salarial justo, pero bueno, yo creo que es suficiente para intentar abordar lo que queremos”. La frase tiene bastante miga. No hay barra libre, nadie debería esperar un verano de fichajes de videojuego, pero tampoco parece que el club esté bloqueado. Hay margen, aunque habrá que sudarlo.
Ni nombres todavía ni fuegos artificiales
La parte que falta es la más importante: los nombres. Porque el perico escucha, lee, se ilusiona un poco y luego pregunta lo normal: vale, ¿pero quién viene? De momento no hay refuerzos cerrados. Han sonado perfiles, se han abierto debates, se han puesto sobre la mesa posiciones y necesidades, pero la chistera todavía está cerrada. Y aquí empieza el examen real de Monchi. El impacto comunicativo ya lo ha logrado; ahora toca convertir el discurso en futbolistas.
Una frase que tranquilizó: el club está cumpliendo lo prometido
Monchi también ha querido dejar claro que está cómodo con lo que se ha encontrado dentro del Espanyol. En una de sus apariciones explicó: “Todo lo que me habían dicho y comentado para convencerme se está cumpliendo”. Esa frase no es menor, porque alrededor del club siempre existe la duda de si las promesas de despacho luego se sostienen cuando llega la hora de poner dinero, tomar decisiones y afrontar tensiones. Por ahora, Monchi transmite que el club le está dando sitio. Y eso, para alguien de su perfil, cuenta bastante.
Autonomía, pero sin ir por libre
En el Tot Gira también dejó una reflexión interesante sobre cómo quiere trabajar. Monchi aseguró: “Yo soy un tipo que me gusta tener cierta autonomía en la toma de mis decisiones y la responsabilidad absoluta de esas decisiones, no me escondo nunca”. Luego matizó: “Soy una persona que comparto todo con la jerarquía”. Ahí está el equilibrio que busca: decidir, asumir y responder, pero dentro de una estructura donde también están Mao Ye, Alan Pace y Alexander Gosen. No quiere ser una figura decorativa. Y eso, sinceramente, se agradece.
La gran frase: aquí mandarán los hechos
Monchi sabe perfectamente que el espanyolismo está cansado de discursos bonitos. Por eso también dejó otra frase de esas que quedan bien apuntadas en la libreta: “Las palabras son muy bonitas, pero lo que la gente te pide, son hechos”. Y tiene razón. La afición puede valorar que hable, que explique y que aparezca. Pero al final, lo que contará será la plantilla que tenga Manolo en agosto, el nivel de los fichajes y si el Espanyol deja de vivir con la calculadora del descenso en la mano. El crédito se gana hablando claro, pero se mantiene acertando.
Mirar más arriba, pero con los pies en el suelo
Otro mensaje repetido por Monchi es el de cambiar la mentalidad del club sin vender humo. En este primer mes ha hablado de crecer, de poner bases y de mirar otras cosas. Lo explicó con una frase bastante gráfica: “Con los pies en el suelo, los proyectos crecen de manera horizontal en primer lugar, poniendo unas bases y luego yendo en vertical”. La idea es fácil de entender: primero estructura, plantilla y solidez; luego ya vendrán objetivos más grandes. El Espanyol no necesita prometer Europa mañana; necesita dejar de ser un equipo que cada primavera se asoma al barranco.
El legado de Garagarza no se tira entero a la basura
También hay un matiz importante. Monchi no ha llegado diciendo que todo lo anterior era inútil. Al contrario. Ha hablado de aprovechar parte del trabajo que dejó Fran Garagarza: seguimiento de fichajes, control de cedidos, apuesta por cantera, herramientas de datos y planificación ya iniciada. Con Fernando Navarro y Miguel Ángel Gómez como hombres de confianza, ha ido encajando su forma de trabajar dentro de una estructura que ya existía. La idea no parece borrar todo y empezar de cero, sino subir el nivel de lo que había.
La sensación: por fin hay criterio al frente del área deportiva
Lo más potente de este primer mes quizá no sea una frase concreta ni una entrevista. Es una sensación. La de que el Espanyol vuelve a tener una cabeza visible con criterio al frente de las decisiones deportivas. Luego se equivocará o acertará, porque esto va así y nadie firma pleno en el mercado. Pero al menos hay un plan que se explica, una persona que responde y una dirección que parece reconocible. Y después de demasiados veranos raros, eso ya cambia el clima.
El perico espera fichajes, no solo tranquilidad
Eso sí, que nadie se engañe. El espanyolismo no vive de ruedas de prensa. Monchi ha ganado presencia, ha ganado atención y ha generado confianza inicial, pero la gran prueba está por llegar. El mercado no perdona. Si los nombres no suben el nivel, si las salidas se atascan o si la plantilla queda corta, toda esa buena sensación se enfriará rápido. El perico quiere ver extremos que encaren, centrales que manden, centrocampistas con piernas y un equipo que compita sin pedir permiso.
Un mes después, el cambio ya se nota; ahora falta lo gordo
Un mes después de su anuncio oficial, Monchi ya ha movido algo que parecía parado: el ánimo alrededor del área deportiva. Ha hablado, ha explicado, ha defendido a Manolo, ha marcado prioridades y ha reconocido que el verano será exigente. Falta lo más gordo, claro. Faltan los fichajes. Faltan las ventas. Falta saber si la chistera trae conejos o solo promesas. Pero el primer mes deja una cosa clara: Monchi ha conseguido que el Espanyol vuelva a mirar al mercado con una mezcla de prudencia, curiosidad e ilusión. Ahora toca acertar.














