Monchi avisa: “No he venido al Espanyol a sacar conejos de la chistera”; reconoce que el límite salarial no da mucho margen, pero asume el reto

14 de junio de 2026

Monchi sigue dejando pistas como nuevo director deportivo del Espanyol. Y no lo hace vendiendo humo, ni prometiendo magia, ni lanzando esos mensajes que suenan muy bien en junio pero que luego en septiembre quedan fatal si la pelota no entra. En una entrevista con la Agencia EFE, el nuevo responsable deportivo blanquiazul ha dejado una idea muy clara: el Espanyol necesita crecer, sí, pero con los pies en el suelo, con estabilidad y con una planificación que no dependa de trucos imposibles.

La frase que marca toda la entrevista es directa: “No he venido a sacar conejos de la chistera. Los tiempos han cambiado. Cuando descubrimos a Dani Alves, en ese terreno solo estábamos nosotros y ahora puede haber 150 equipos. Ahora hay que buscar otras fuentes de información, adelantarse en otros momentos y también encontrar a ese jugador que por X motivos no ha triunfado en otro equipo, que puede pasar”.

Y aquí hay mucha miga. Porque Monchi sabe que su nombre pesa. Sabe que muchos pericos esperan que aparezca un lateral desconocido de Brasil, un delantero tapado de no sé dónde o un mediocentro que nadie tenía en el radar. Pero él mismo frena esa película. El mercado ya no es el de hace veinte años. Hoy todo el mundo ve todo, todo el mundo tiene datos, todo el mundo ficha con mil ojos encima. Así que el reto no es hacer magia. Es llegar antes, leer mejor y equivocarse menos.

El mercado ya no va de descubrir solo, sino de tocar la tecla exacta

Monchi explica que el fútbol ha cambiado y que ya no basta con encontrar talento donde nadie mira. Ahora también toca detectar jugadores que quizá han perdido sitio, que no han encajado o que necesitan otro contexto para volver a sentirse futbolistas de verdad.

Lo dice así: hay muchos jugadores que “parecen ya acabados” y en realidad “lo que necesitan es que alguien toque la tecla exacta y le saque todo su rendimiento”, porque “ahora el mercado se ha globalizado y en cualquier sitio te puede salir un jugador”.

Esta idea encaja bastante con lo que puede ser el Espanyol este verano. El club no está para ir a fichajes de escaparate. No puede competir con proyectos que ponen más dinero encima de la mesa. Necesita ingenio, lectura y paciencia. Y también algo que Monchi domina bien: encontrar futbolistas que vengan con hambre, con recorrido y con ganas de demostrar que aún les queda mucho fútbol.

El Espanyol no necesita cromos para ganar titulares. Necesita jugadores que rindan.

Monchi se define: carácter, emoción y compromiso con quien le da confianza

La entrevista también deja ver al Monchi más personal. No solo al director deportivo de las operaciones, los informes y las reuniones. También a la persona que se mete en los proyectos con toda la carga emocional que eso implica.

Él mismo se define como “muy temperamental”, una persona “muy emotiva” y que “intenta vincularse mucho” con lo que hace. Y remata con una frase que ayuda a entender por qué aceptó un reto como el Espanyol: “Soy trabajador y me ilusiono rápido, pero también me gusta devolver con cariño, con aprecio y con resultados la confianza que alguien ha depositado en mí”.

En clave perica, esto no es un detalle menor. El Espanyol viene de años en los que muchas veces ha faltado esa sensación de conexión real entre la dirección deportiva, el club y la afición. Monchi sabe que llega a una entidad necesitada de estabilidad, pero también de algo más humano: confianza. Y esa confianza, en el Espanyol, no se regala. Se gana.

Datos sí, intuición también: la fórmula que defiende Monchi

Vivimos en un fútbol donde el dato aparece por todas partes. Mapas de calor, métricas, modelos predictivos, informes interminables y plataformas que lo miden casi todo. Monchi no reniega de eso, ni mucho menos. Pero tampoco acepta que el fútbol se convierta en una hoja de cálculo sin alma.

Lo explica con bastante claridad: “Confío mucho en las personas que trabajan conmigo. Luego, hay un poco de intuición, que eso evidentemente va con cada uno. Y también soy una persona que está muy abierta a todo aquello en lo que la tecnología nos pueda ayudar”.

La clave, para él, está en mezclar. Ni solo ojo, ni solo dato. Ni romanticismo puro, ni ordenador mandando por encima de todo. Su resumen es perfecto para entender cómo quiere trabajar: “El dato es útil para reducir lo máximo posible el error y sobre todo para acortar los tiempos de ejecución, pero no podemos estigmatizar lo subjetivo y darle el reinado de una planificación al dato. Hay que buscar la simbiosis entre ambos”.

Para el Espanyol, este punto es clave. Porque el club necesita modernizar procesos, afinar decisiones y no depender de sensaciones sueltas. Pero tampoco puede perder ese punto de fútbol real, de calle, de vestuario y de entender a la persona que hay detrás del jugador.

El gran error al fichar: no saber qué necesita realmente el equipo

Monchi toca uno de los temas más delicados de cualquier mercado: fichar bien no significa traer al jugador más famoso, ni al que viene con mejores números, ni al que gusta más en un vídeo de cinco minutos. Fichar bien es traer al que encaja.

Según el gaditano, ahí está “el mayor número de fracasos a la hora de incorporar jugadores”. Y lo explica con una reflexión muy clara: “No se trata de si el jugador es bueno o malo, sino de si te ofrece rendimiento. ¿Cuántos jugadores conocemos que en un club no han rendido y en otros han dado un buen nivel? ¿Qué pasa, que eran distintos? No, eran el mismo. Lo que pasa es que ha encontrado el hábitat, el entorno, el entrenador, la confianza, el esquema, el modelo de juego que va más acorde con él”.

Esta frase debería estar pegada en la puerta de cualquier despacho deportivo. Porque en el Espanyol se han visto muchos casos de jugadores que venían con cartel y luego no encontraron sitio, ritmo o contexto. Y también al revés: futbolistas que parecían apuestas menores y acabaron siendo importantes.

El mercado del Espanyol no puede ir de nombres. Tiene que ir de encajes.

La persona antes que el futbolista

Uno de los puntos más interesantes de la entrevista es cuando Monchi habla de la persona que hay detrás del jugador. Porque muchas veces se habla de talento, físico, táctica o mentalidad competitiva, pero se olvida que el rendimiento también depende de cómo esté el futbolista en su día a día.

Lo explica así: “El rendimiento del jugador depende del bienestar de la persona, y soy un obseso de estar cerca de la persona, porque cerca del jugador ya está el entrenador y el preparador físico. Hay que intentar generar entornos de trabajo donde la persona se encuentre tranquila, para que el jugador pueda estar centrado”.

Este mensaje tiene sentido en un club como el Espanyol, donde el entorno pesa mucho. La presión existe, la afición aprieta, los malos resultados se viven con nervio y cualquier jugador que no entre bien puede quedar señalado rápido. Por eso cuidar la adaptación, el vestuario y la parte personal no es un capricho. Es parte del rendimiento.

Monchi lo tiene claro: si la persona no está bien, el futbolista difícilmente podrá dar su mejor versión.

El objetivo: “Intentar aburrirnos las últimas cinco jornadas”

Cuando le preguntan por los objetivos en el Espanyol, Monchi sonríe y recupera una frase que le dijo un aficionado: “Intentar aburrirnos las últimas cinco jornadas”.

La frase es muy perica. Muy de alguien que ha sufrido demasiado y que ya no pide fuegos artificiales, sino paz. Llegar a mayo sin calculadora, sin mirar tres resultados a la vez, sin hacer cuentas raras, sin el corazón en la boca. Para muchos, eso ya sería casi un lujo.

Monchi lo conecta con una idea más amplia: “Tiene que ser un objetivo consolidado y, a partir de esa consolidación, empezar a mirar a metas más importantes”. Y recuerda que el Espanyol este curso, “aunque parezca mentira”, estuvo peleando por Europa al principio y por evitar el descenso al final.

Ahí está el gran problema de los últimos años: la montaña rusa. El Espanyol no puede vivir entre el subidón y el susto. Necesita un suelo más firme. Un equipo que no se caiga a la primera mala racha. Un club que no tenga que reconstruirse emocionalmente cada verano.

Estabilidad, pero mirando hacia arriba

Monchi resume el camino con otra frase muy clara: “Ahora tenemos que buscar la estabilidad, y esa estabilidad tiene que ser mirando hacia arriba”.

No habla de prometer Europa ya. No vende una locura. Habla de estabilizar al Espanyol, pero sin convertir la permanencia en una meta eterna. Y eso, para el perico, es importante. Porque una cosa es ser realista y otra muy distinta es resignarse.

El Espanyol necesita consolidarse en Primera, mejorar plantilla, acertar en las salidas, fichar perfiles que encajen y construir algo que no dependa de una racha buena o de una salvación agónica. Monchi parece tener claro que el primer paso es dejar de sufrir tanto. El segundo, crecer.

Y entre una cosa y la otra hay mucho trabajo.

Monchi respalda a Manolo González

Otro bloque importante de la entrevista es Manolo González. Monchi no esquiva el tema y deja claro por qué el técnico sigue al frente del Espanyol: “Manolo sigue siendo entrenador del Espanyol, primero de todo, porque en las tres temporadas que ha estado dirigiendo al equipo ha conseguido los objetivos. Pero además creo que es una persona que entiende y comparte la filosofía de la dirección deportiva”.

Es un respaldo fuerte. No solo por lo conseguido, también por la sintonía con la nueva dirección deportiva. Monchi valora sus conocimientos “técnicos y tácticos” y también “su capacidad de comunicación con el grupo”, algo que le ha sorprendido para bien.

Esta parte es clave porque, si Monchi y Manolo van de la mano, la planificación tendrá mucho más sentido. El Espanyol no puede permitirse fichar perfiles que luego no encajen con el entrenador. Ya ha pasado demasiadas veces eso de construir una plantilla a medias entre ideas distintas. Esta vez, si se quiere crecer, la línea debe ser común.

“La persona más feliz por que le vaya bien a Manolo seré yo”

Monchi va incluso más allá cuando habla de su relación con el entrenador. Y lo hace con una frase que deja bastante clara su manera de entender la dirección deportiva: “Después de su familia, la persona más feliz por que le vaya bien a Manolo seré yo. Mi forma de entender la relación con el entrenador es invirtiendo la pirámide de jerarquía que debe haber en la estructura de un club y donde supuestamente la dirección deportiva está por encima del entrenador. Y poniéndome a las órdenes del entrenador para ayudarlo en lo que creo necesario”.

Este mensaje no es menor. Monchi no quiere aparecer como alguien que está por encima del entrenador señalando desde un despacho. Quiere ayudar, acompañar, dar herramientas. Y eso, bien llevado, puede ser muy bueno para Manolo.

El técnico gallego ha demostrado carácter, capacidad para competir y una conexión real con el grupo. Ahora necesita una plantilla que le permita no vivir siempre al límite. Si Monchi consigue darle más nivel y más alternativas, el Espanyol tendrá una base mucho más seria para competir.

Fran Garagarza, primero la recuperación

Monchi también habla de Fran Garagarza, su antecesor en la dirección deportiva y una figura que ha vivido meses muy duros tras el infarto sufrido en noviembre. El gaditano no entra en futuribles y pone por delante la parte humana.

Lo dice así: “Lo necesario ahora es que Fran -que sufrió un infarto en noviembre pasado- se recupere lo antes posible y de la mejor manera posible. Después, ya habrá tiempo para hablar con él. No hace falta que diga yo cuál es su currículo, lo dice su historial deportivo”.

Es una respuesta elegante y prudente. Primero, la salud. Luego ya se verá qué papel puede tener Garagarza dentro del club. En un mundo como el fútbol, donde todo va rápido y a veces parece que las personas solo cuentan por su cargo, Monchi pone el foco donde toca.

La plantilla: elevar el nivel competitivo sin obsesionarse con una posición concreta

Sobre el diseño de la plantilla, Monchi no marca una demarcación concreta como prioridad absoluta. Su mirada va más hacia el conjunto que hacia una pieza aislada. Según explica, “no hay ninguna demarcación que sea prioritario reforzar”.

Y desarrolla la idea con una frase bastante importante para entender el mercado que viene: “Para mí es muy importante, no lo individual, sino lo colectivo. Por eso creo que el objetivo de la planificación debe ser elevar el nivel competitivo de la plantilla, y eso se consigue con la incorporación de jugadores de un nivel más o menos similar. Tener 19 o 20 de un nivel parecido que puedan complicar a Manolo la toma de ediciones semanales”.

La palabra clave aquí es competencia. El Espanyol no necesita solo once titulares decentes. Necesita una plantilla que empuje cada semana. Que obligue al entrenador a dudar. Que no se desplome cuando hay lesiones, sanciones o bajones de forma. Durante demasiados años, el equipo ha dependido de muy pocos jugadores para sostenerse. Monchi quiere cambiar eso.

Si Manolo tiene problemas para elegir, el Espanyol estará más cerca de haber hecho bien el mercado.

El límite salarial marca el terreno de juego

Monchi no esconde el gran condicionante: el límite salarial. Ese será el marco real de todo lo que quiera hacer el Espanyol. Puede haber ideas, nombres, informes y muchas ganas, pero el margen económico manda.

El gaditano lo resume sin vueltas: “No me da mucho margen para hacerlo, pero imagino que me han traído aquí para eso”.

La frase tiene un punto de reto. Monchi sabe que no llega a un club con dinero para fichar sin mirar. Llega a un Espanyol que debe ser muy preciso, buscar fórmulas, convencer con argumentos y acertar mucho. Y cuando no se puede competir por dinero, toca vender otras cosas.

Él mismo lo explica: “Evidentemente, cuando uno tiene competencia con clubes que tienen una capacidad económica más alta, tus argumentos tienen que ser otros para convencer a los jugadores: el proyecto, la ciudad, el club, la liga, no solo es mirar lo económico”.

Ahí el Espanyol debe jugar sus cartas. Barcelona como ciudad, LaLiga como escaparate, el proyecto de Alan Pace, la figura de Monchi, la posibilidad de tener minutos y crecer. No es poco. Pero habrá que saber venderlo.

El derbi con el Barça: “más de tres puntos”, pero sin vivir comparándose

Monchi también habla de la rivalidad con el Barça. Y aquí se nota que viene de una ciudad donde el derbi también se vive con fuego, como Sevilla. Para él, un derbi con el Barcelona son “más de tres puntos”, porque “el componente emocional, motivacional y empático influye, y supone un extra de motivación para el equipo”.

El perico lo entiende rápido. Un derbi no es un partido normal. No lo es para la grada, no lo es para el vestuario y no lo es para la ciudad. Se juega con la cabeza, con las piernas y con algo más. Pero Monchi también pone un límite sano a esa mirada.

Lo deja claro: “Pero eso es la semana del derbi. El resto del año, el Espanyol debe seguir creciendo en su camino y ponerse como objetivo ser el mejor Espanyol posible sin compararse con nadie”.

Y esa frase, quizá, es una de las más importantes de toda la entrevista. El Espanyol debe competir los derbis con toda la rabia deportiva del mundo, claro. Pero su proyecto no puede vivir definido por el Barça. Tiene que crecer por sí mismo, desde sus recursos, su identidad y su camino.

Un Monchi realista para un Espanyol que necesita creer sin perder la cabeza

La entrevista de Monchi con EFE deja un mensaje bastante claro: no hay magia, no hay atajos y no hay promesas imposibles. Hay trabajo, mercado, datos, intuición, personas, límite salarial y una idea de club que debe empezar a tomar forma.

Para el Espanyol, eso ya es mucho. Porque la afición necesita ilusión, sí, pero una ilusión seria. De las que no se basan en fuegos artificiales, sino en ver que alguien está ordenando la casa. Monchi no llega prometiendo conejos de la chistera. Llega diciendo que el fútbol ha cambiado, que toca buscar mejor, que el jugador debe encajar en su entorno y que la estabilidad debe mirar hacia arriba.

Y ahí está el punto. El perico no pide que el equipo esté en Europa mañana. Pide dejar de sufrir como costumbre. Pide una plantilla más compensada. Pide que Manolo tenga herramientas. Pide que el club no viva otra vez de parches. Pide llegar a esas últimas cinco jornadas, como decía aquel aficionado, con la tranquilidad casi rara de poder aburrirse un poco.

Porque a veces, para el Espanyol, aburrirse en mayo sería una noticia buenísima.

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