El Espanyol se ha metido en un lío tremendo. Tremendo de verdad. La derrota en el Sánchez-Pizjuán ante el Sevilla por 2-1 no fue una derrota cualquiera, porque el equipo de Manolo González llegó al minuto 82 ganando 0-1, con el partido más o menos agarrado, con el rival nervioso y con la opción de dar un paso enorme hacia la permanencia. Y aun así lo perdió. Otra vez. La misma película. El mismo golpe. El mismo final con cara de tragedia. El Espanyol ya suma 18 partidos sin ganar y ha pasado de empezar 2026 con 18 puntos de margen sobre el descenso a quedarse solo dos por encima del abismo. Eso no es una mala racha normal. Eso es un hundimiento.
Una primera vuelta que nos tuvo engañados a todos
Lo peor de todo es que el Espanyol venía de una primera vuelta que nos hizo mirar la temporada con otros ojos. El equipo llegó a estar quinto, con 33 puntos en 17 jornadas, a dos del Villarreal, que era cuarto, y con una ventaja enorme respecto a la zona baja. La sensación era que, por fin, el curso podía tener una cierta calma. Incluso se llegó a hablar de mirar hacia arriba. Visto ahora, cuesta no sentir que aquella primera vuelta fue una especie de espejismo precioso, pero espejismo al fin y al cabo. La plantilla parecía más fiable de lo que realmente era, y 2026 ha ido quitando la pintura hasta dejar a la vista un equipo muy justo, muy mediocre y con demasiados futbolistas incapaces de sostener el escudo cuando el partido se pone feo.

La caída estadística es una barbaridad
Los números son tan duros que casi no hace falta adornarlos. Desde que empezó el año, el Espanyol ha jugado 18 partidos de Liga, no ha ganado ninguno, ha sumado solo seis puntos de 54 posibles, con seis empates y doce derrotas, 16 goles a favor y 36 en contra. En una clasificación solo de 2026, el equipo sería colista destacadísimo. Y no por poco. Según los datos que recoge AS, estaría a 11 puntos del penúltimo, el Elche. Es una caída libre de las que cuesta creer incluso viéndola semana tras semana. Y claro, la tabla real ya empieza a reflejarlo: el Espanyol sigue vivo porque hizo un colchón enorme antes, pero ese colchón ya se ha quedado en casi nada.
Sevilla fue el retrato perfecto de este equipo
El partido ante el Sevilla explicó al Espanyol actual en 90 minutos. Un equipo capaz de aguantar, de competir un rato, de ponerse por delante con el gol de Tyrhys Dolan, y también capaz de regalarlo todo cuando más cabeza debía tener. En el 82’, Castrín condujo hasta el área como si aquello fuese un entrenamiento, nadie le hizo falta, nadie cortó la jugada y Dmitrović tampoco respondió bien. Luego llegó el 2-1 de Akor Adams, con el equipo ya roto, temblando y sin nadie capaz de parar la hemorragia. El Espanyol no perdió porque el Sevilla le pasara por encima. Perdió porque volvió a regalar un partido que no estaba para regalar. Y eso, a estas alturas, duele más que cualquier baño futbolístico.

Manolo González parece claramente superado
Manolo González fue el técnico que ayudó a levantar al Espanyol, que conectó con la grada y que durante un tiempo pareció tener claro qué necesitaba este equipo para competir. Eso no se borra. Pero el presente es el que es, y ahora mismo cuesta muchísimo defender que tenga recursos para sacar al grupo de este agujero. Manolo está superado. Por la dinámica, por los cambios, por la gestión de los partidos, por la falta de respuesta del equipo y también por un mensaje que ya suena agotado. Tras el partido reconoció que tiene dudas, algo que hasta ahora no había verbalizado así. Y es normal que las tenga. Porque si un entrenador lleva 18 jornadas sin ganar, la duda ya no es una opción, es una realidad plantada en medio de la sala.

De héroe a posible responsable de una caída histórica
El fútbol es cruel, ya lo sabemos, pero a veces lo es de una manera casi salvaje. Manolo podía quedar en la historia reciente del Espanyol como el técnico que devolvió calma, identidad y permanencia. Ahora, si no hay un milagro en estas tres jornadas, corre el riesgo de pasar de héroe a dejar al club en globo. Y no solo a él. A una propiedad nueva, a una afición agotada y a un proyecto entero que iba a empezar a construirse con nombres grandes, con ilusión y con una supuesta ambición renovada. Si el Espanyol baja, todo eso queda hecho polvo antes de haber arrancado. Y ahí el daño sería enorme, porque no hablamos solo de perder una categoría, hablamos de romper un proyecto en su primer gran examen.
El proyecto de Alan Pace puede hundirse antes de empezar
La llegada de Alan Pace debía abrir una etapa nueva en el RCDE Stadium. Se habla de estructura, de inversión, de posibles cambios en el área deportiva, de Monchi, de un modelo más ambicioso y de una mirada diferente para el Espanyol. Muy bien. Pero todo eso depende de algo bastante simple: seguir en Primera. Si el equipo cae a Segunda, el escenario cambia de golpe. Cambia el dinero, cambia el mercado, cambian los planes, cambia el atractivo del club y cambia también la paciencia de una afición que ya viene de demasiados golpes. El proyecto de Pace puede hundirse casi antes de empezar si el primer equipo no es capaz de ganar un partido de fútbol. Así de crudo. Así de triste.

La plantilla también queda señalada
Sería muy cómodo cargarlo todo en Manolo y ya está. Pero no. Los jugadores tienen una responsabilidad enorme. El Espanyol lleva meses demostrando una fragilidad impropia de un equipo que quiere quedarse en Primera. Cuando toca cerrar partidos, no sabe. Cuando toca hacer una falta, no la hace. Cuando toca despejar, duda. Cuando toca tener calma con balón, le quema. Cuando toca sostener un marcador, se hunde. La plantilla ha quedado señalada porque no está respondiendo ni técnica ni mentalmente. Algunos futbolistas que parecían suficientes en la primera vuelta han quedado retratados cuando el curso ha exigido carácter. Y eso también obliga a revisar muchas cosas, no solo ahora, sino cuando termine todo. Si es que todavía queda algo que salvar. Aquí también habría que hacer algun comentario sobre la psicóloga del club, presente ayer en Sevilla, y sobre el trabajo de la cual también recaen muchas dudas porque lo cierto es que no parece haber servido de absolutamente nada.
La afición ya no compra palabras
El problema es que el entorno perico ya ha escuchado demasiadas veces lo mismo. Que quedan finales. Que depende de nosotros. Que hay que levantarse. Que el equipo está unido. Que se va a luchar hasta el final. Todo eso puede ser verdad, pero ya no calma a nadie. La afición necesita hechos, no frases. Necesita una victoria. Necesita ver a un equipo que no se caiga en cuanto le empatan. Necesita que el miércoles ante el Athletic Club el RCDE Stadium no sea solo una caldera de gente, sino también un campo donde el Espanyol haga algo digno de la categoría que quiere defender.
El Athletic ya no es un partido más, es una frontera
El miércoles llega el Athletic al RCDE Stadium y ya no hay manera de venderlo como una jornada importante más. Es una frontera. Si el Espanyol gana, respirará algo y seguirá dependiendo de sí mismo con más fuerza. Si empata, seguirá mirando el móvil y rezando. Si pierde, puede verse en una situación casi dramática. El equipo necesita ganar un partido. Uno. Parece fácil decirlo, pero ahora mismo parece una montaña. Y esa es la mejor prueba de lo mal que está todo: un Espanyol que hace unos meses hablaba de Europa ahora celebra cualquier mínima opción de no caer al pozo.

Tres partidos para evitar una vergüenza histórica
Quedan tres jornadas. Dos partidos en casa y una salida a Pamplona. Matemáticamente, el Espanyol sigue vivo. Eso es lo único a lo que agarrarse. Pero la sensación no acompaña. El equipo transmite miedo, el entrenador transmite desgaste y la plantilla transmite una fragilidad preocupante. Si no hay un giro brutal, si no aparece una victoria de una vez, el Espanyol puede firmar uno de los descensos más absurdos y dolorosos de la historia reciente de LaLiga. Porque no se baja cada día después de empezar el año con 18 puntos de margen. Eso, si pasa, no será mala suerte. Será un fracaso enorme.






