Osasuna recibe al Espanyol con la alarma encendida: solo 9 puntos en 11 jornadas; un posible empate el domingo no se ve igual en Pamplona que en clave perica

15 de mayo de 2026

Osasuna afronta la visita del Espanyol con una sensación bastante rara para lo que venía siendo su ciclo reciente en Primera. A falta de dos jornadas, los rojillos todavía no tienen la permanencia cerrada y llegan al duelo de El Sadar con 42 puntos, exactamente los mismos que el equipo de Manolo González, y solo tres por encima del descenso. No es el escenario que Pamplona tenía en la cabeza hace unos meses, ni de lejos. En las últimas temporadas, Osasuna había llegado a este tramo con los deberes hechos y con una distancia cómoda sobre la zona roja: 16 puntos en la 2019-20, 13 en la 2020-21, 14 en la 2021-22, 12 en la 2022-23, 9 en la 2023-24 y 14 en la 2024-25. Ahora, en cambio, ese colchón se ha reducido a solo tres. Y claro, eso cambia hasta el ruido del ambiente.

El declive rojillo llega justo después de su gran noche ante el Real Madrid

La caída de Osasuna se entiende bastante bien si se mira lo que ha pasado desde aquella victoria de febrero ante el Real Madrid, uno de los partidos más brillantes de su temporada. Parecía que ese triunfo podía empujar al equipo hacia una zona mucho más tranquila, incluso con el sueño de mirar arriba. Pero ha pasado justo lo contrario. Desde entonces se han jugado 11 jornadas y el balance rojillo es pobre: 9 puntos de 33 posibles. Una cifra que explica por qué el osasunismo ha pasado de hablar de temporada cómoda a mirar la permanencia con el ceño fruncido. En ese tramo, solo hay un equipo peor en toda LaLiga: el Espanyol, con 7 puntos, aunque los pericos llegan ahora con el subidón de haber ganado al Athletic y haber roto por fin su maldición de 2026.

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Solo dos victorias en once partidos y demasiado sufrimiento en El Sadar

En esas últimas 11 jornadas, Osasuna solo ha podido celebrar dos victorias: una ante el Girona y otra frente al Sevilla en El Sadar, esta última con un gol en el minuto 99 que en su día pareció casi media salvación. Luego llegaron empates ante Mallorca, Alavés y Betis, y el resto fueron derrotas que han ido cargando la mochila poco a poco. La última, ante el Atlético de Madrid, dejó al equipo tocado y al ambiente más caliente todavía por las decisiones arbitrales y por la sensación de oportunidad perdida. El problema no es solo haber perdido partidos; el problema es que Osasuna ha ido perdiendo esa imagen de equipo fiable que casi siempre le acompañaba en estas alturas de curso.

El Sadar responderá, pero también puede transmitir nervios

El descontento entre la afición rojilla es palpable. No hace falta adornarlo. Osasuna está donde no quería estar, con la permanencia aún abierta y con la visita del Espanyol convertida en una cita de mucha presión. Aun así, El Sadar va a apretar como aprieta siempre. Eso lo sabe cualquiera que haya visto un partido allí. El estadio puede empujar una barbaridad, puede llevar al equipo hacia arriba y puede hacer que el rival se sienta incómodo desde el primer saque de banda. Pero también hay otra cara: si el partido se atasca, si el Espanyol aguanta el primer empujón o si pasan los minutos sin gol rojillo, el nerviosismo puede colarse en la grada. Y cuando un equipo juega con miedo a fallar, cada pase sencillo parece un examen final.

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El empate ante el Espanyol no se ve igual en Pamplona que en clave perica

Uno de los grandes puntos de la previa está en el valor del empate. Sobre el papel, sumar siempre parece mejor que perder, claro. Pero en Pamplona se mira ese resultado con mucha cautela, casi con rechazo. El motivo es fácil de entender: Osasuna y Espanyol llegan empatados a 42 puntos, pero el equipo perico saldría más beneficiado en caso de igualdad final por los criterios de desempate. Para el Espanyol, puntuar en El Sadar podría ser un paso importante para dejar la salvación muy cerca; para Osasuna, en cambio, puede ser una especie de alivio con trampa. Un empate dejaría a los rojillos vivos, sí, pero también pendientes de demasiadas cuentas y de demasiados campos.

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El recuerdo de 2014 todavía pesa en el ambiente

En Pamplona no se ha olvidado aquel empate contra el Espanyol en 2014 que terminó siendo insuficiente en una temporada que acabó con descenso. No es que la historia se repita tal cual, porque cada curso tiene su lío y su contexto, pero el recuerdo está ahí. Y cuando vuelve el Espanyol, con Osasuna necesitando puntos y El Sadar en tensión, es normal que aparezca ese runrún incómodo. El fútbol tiene estas cosas: a veces una simple coincidencia te remueve fantasmas que parecían guardados en un cajón. Para el Espanyol, ese factor también cuenta. Si el partido se convierte en una batalla emocional, los pericos tendrán que saber jugar con la ansiedad del rival sin regalarle energía.

La tabla está comprimida y Osasuna no tiene margen para hacerse el valiente

La lucha por la permanencia llega apretadísima. Hay un bloque enorme de equipos separados por muy pocos puntos y dos plazas de descenso todavía abiertas, porque el Oviedo ya está matemáticamente descendido. El Sevilla aparece con 43 puntos, Osasuna y Espanyol están con 42, y por detrás vienen Alavés y Girona con 40, además de Mallorca, Elche y Levante con 39. Es una clasificación de esas que no se leen, se sufren. Un gol en un campo puede cambiar el humor de cinco aficiones a la vez. Y ahí Osasuna tiene un problema claro: si no gana al Espanyol, se puede plantar en Getafe en la última jornada con una presión tremenda y con varios rivales esperando cualquier tropiezo.

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Getafe asoma como una última jornada incómoda para los rojillos

El calendario tampoco invita a la calma. Después de recibir al Espanyol, Osasuna cerrará la Liga en Getafe, ante un equipo que pelea por Europa y que no parece precisamente el rival ideal para jugarte la permanencia con el corazón disparado. Por eso en Pamplona se insiste tanto en que el partido clave es este domingo. Ganar al Espanyol no solo daría tres puntos: quitaría cuentas, rebajaría el ruido y permitiría viajar a la última jornada con otro cuerpo. Empatar o perder, en cambio, puede convertir la visita al Coliseum en una trampa enorme. Y a estas alturas nadie quiere llegar al último día dependiendo de carambolas, desempates y favores ajenos.

El Espanyol llega con la misma puntuación, pero con otro estado de ánimo

El dato curioso es que el Espanyol llega igual de apretado en la tabla, pero con una sensación algo distinta. Los pericos también tienen 42 puntos y han sido el peor equipo de las últimas 11 jornadas, con solo 7 puntos de 33, pero el 2-0 ante el Athletic cambió el paisaje emocional. Rompió la racha, dio aire y permitió al equipo de Manolo González viajar a Pamplona sin esa losa terrible de no haber ganado en todo 2026. Osasuna, en cambio, viene bajando la pendiente y con el miedo de no haber cerrado una permanencia que antes parecía mucho más encarrilada. Ese contraste puede pesar: uno llega con alivio reciente; el otro, con urgencia acumulada.

Los números dicen que Osasuna se ha metido solo en el lío

La clasificación de las últimas 11 jornadas deja una foto bastante dura para los rojillos. Barcelona ha sumado 30 puntos, Levante 21, Real Madrid 20, Getafe 19, Villarreal y Atlético 18, Valencia 17, Mallorca, Betis y Rayo 15. Más abajo aparecen Elche y Sevilla con 14, Alavés, Celta y Real Sociedad con 13, Oviedo con 12, Athletic y Girona con 10, Osasuna con 9 y Espanyol con 7. La lectura es clara: Osasuna no está sufriendo solo por culpa de los demás, sino porque su propia dinámica lo ha ido empujando al borde. Y cuando entras así en la jornada 37, el margen para excusas desaparece bastante rápido.

El Sadar vivirá un partido con alma de final por la permanencia

El Osasuna – Espanyol llega con todos los ingredientes de partido feo, tenso y larguísimo. Dos equipos empatados a 42 puntos. Dos aficiones mirando la calculadora. Dos entrenadores sabiendo que una victoria les puede dejar prácticamente salvados y una derrota les puede abrir una última semana horrible. Para Osasuna, la presión es doble: juega en casa, viene de una racha mala y sabe que un empate no le arregla del todo la vida. Para el Espanyol, la oportunidad es enorme: si gana en El Sadar, puede dar un golpe casi definitivo por la permanencia. Osasuna necesita dar la talla ante su gente; el Espanyol necesita demostrar que la victoria ante el Athletic no fue solo una noche de alivio. Y con eso basta para entender el partido. No hace falta venderlo más: huele a final.

Datos Diario de Navarra