Hay partidos que, vistos con el paso de los meses, parecen directamente sacados de otra temporada. O de otro equipo. O de otro entrenador. El Athletic Club vuelve a cruzarse ahora en el camino del Espanyol, y cuesta no mirar hacia atrás, porque la última vez que los pericos se enfrentaron a los leones todo era bastante distinto. Fue el 22 de diciembre de 2025, en San Mamés, con una remontada enorme, un 1-2 que desató una euforia que hacía tiempo que no se veía por el espanyolismo. Aquel día Manolo González tocó techo. Hoy, meses después, llega al mismo rival con el crédito mucho más gastado y con el equipo metido en una pelea que nadie imaginaba entonces.
San Mamés fue el punto más alto de Manolo en el Espanyol
Aquella noche en Bilbao tuvo algo especial. El Espanyol ganó en La Catedral con un golazo de Carlos Romero y otro tanto de Pere Milla, jugándose el físico, en una de esas acciones que luego se quedan en la memoria porque explican el estado de ánimo de un equipo. No era solo ganar fuera de casa. Era encadenar cinco victorias consecutivas, la mejor racha blanquiazul del siglo, desde los tiempos de Miguel Ángel Brindisi en la temporada 1998-99. El Espanyol se iba al parón navideño con una sensación casi irreal: quinto, fuerte, reconocible y con el vestuario creyendo de verdad. Parecía que empezaba algo precioso. Visto ahora, casi duele decirlo: aquello fue el final de un gran capítulo.

De mejor entrenador del mes a una vuelta entera sin ganar
El triunfo ante el Athletic colocó a Manolo González en su punto más alto como entrenador del Espanyol. Venía de salvar al equipo sobre la bocina la temporada anterior, había construido un 2025 muy serio y su equipo sumaba una cantidad de puntos que explicaba perfectamente por qué fue elegido mejor entrenador de LaLiga en diciembre. Ese premio lo recogió en el RCDE Stadium el 16 de enero, antes del Espanyol – Girona. Por entonces ya se acumulaban tres jornadas sin ganar, pero casi nadie podía imaginar que aquello no sería un bache corto, sino una caída larguísima. Dieciocho partidos después, el Espanyol sigue sin ganar en Liga. Y eso lo cambia todo.

La última victoria en Liga sigue siendo aquella de Bilbao
Lo más duro de todo es que aquel 1-2 en San Mamés sigue siendo, todavía hoy, la última victoria del Espanyol en Liga. Han pasado meses, ha cambiado el ambiente, se ha estrechado la clasificación y el equipo ha ido perdiendo poco a poco esa seguridad que antes parecía tener. El problema ya no es solo estadístico, que también. El problema es emocional. El espanyolismo ha pasado de mirar hacia arriba a mirar el descenso con el cuerpo encogido. El mismo Athletic que vio al mejor Manolo aparece ahora como una especie de juez incómodo en el RCDE Stadium.
Aquella prudencia de Manolo acabó sonando a presagio
Después de ganar en San Mamés, Manolo dejó una frase que entonces sonó a prudencia extrema, casi a falsa modestia: “Hasta que no tengamos los 42 puntos, no quiero pensar en nada más. Cuando lleguemos a esa meta, seguiremos trabajando para llegar lo más lejos posible. Primero el objetivo básico, luego iremos paso a paso”. En aquel momento, con el equipo en zona noble y la gente mirando Europa de reojo, parecía una manera de frenar la euforia. Ahora, con el paso del tiempo, esas palabras tienen otro peso. Lo que parecía cautela acabó pareciendo un aviso. Porque el Espanyol todavía sigue peleando por ese objetivo básico.

El equipo ha desperdiciado casi todo el margen que tenía
Desde aquella victoria en San Mamés, el Espanyol ha ido dejando escapar puntos, confianza y aire. La ventaja que parecía enorme se ha reducido hasta convertirse en una preocupación diaria. El equipo de Manolo González ha sumado muy poco en toda una vuelta, y la permanencia, que parecía encaminada antes de Navidad, se ha transformado en una batalla fea, incómoda y muy perica en el peor sentido de la palabra. El Espanyol no está en descenso, pero ya vive demasiado cerca del fuego. Y cuando pasa eso, cada partido se convierte en una especie de examen final.
Monchi ratifica a Manolo, pero la calle ya no mira igual
La llegada de Monchi como nuevo director general deportivo ha cambiado el paisaje institucional del Espanyol, aunque no el banquillo. El nuevo responsable deportivo ha ratificado a Manolo González hasta final de temporada, dejando claro que no habrá cambio de entrenador en este tramo decisivo. Es un respaldo importante, claro. Viene desde arriba y busca apagar ruido. Pero otra cosa es la grada. Entre la afición, Manolo ha perdido mucho del crédito que había ganado con trabajo, honestidad y resultados. Y eso, siendo justos, da pena. Porque no se puede borrar lo que ha hecho por el club. Pero tampoco se puede hacer como si estos meses no hubieran pasado.

Una pena, porque Manolo se había ganado cariño de verdad
Manolo no llegó al Espanyol como una figura de cartel ni como un técnico de gran escaparate. Se ganó el sitio a base de remar, de hablar claro, de levantar un equipo en momentos complicados y de conectar con una parte importante del espanyolismo. Durante mucho tiempo fue visto como alguien de verdad, cercano, currante, sin pose. Y eso no es poca cosa en un club tan desconfiado por los golpes acumulados. Por eso duele más verle ahora discutido, señalado y casi agotado ante los ojos de muchos pericos. No es solo una crisis de resultados. Es la caída de una confianza que costó mucho construir.
El problema es que los argumentos futbolísticos se han ido apagando
El respaldo de Monchi puede sostener a Manolo en el cargo, pero lo que ya no sostiene tanto es el campo. El Espanyol lleva demasiado tiempo sin ganar, le cuesta atacar, le cuesta cerrar partidos y se ha acostumbrado a vivir en el alambre. En Sevilla, el equipo tuvo una ventaja que podía cambiarlo todo y la dejó escapar en los últimos minutos. Ese tipo de golpes no solo restan puntos. También rompen algo por dentro. La afición no ha dejado de valorar a Manolo por capricho; lo que pasa es que cada semana encuentra menos motivos para creer que el equipo vaya a reaccionar.

El Athletic llega como espejo cruel de todo lo que ha cambiado
El partido ante el Athletic tiene ese punto de espejo que casi molesta. En la primera vuelta, el Espanyol ganó en San Mamés y Manolo salió reforzadísimo. Ahora, los leones llegan al RCDE Stadium con el equipo blanquiazul en plena urgencia y con el técnico ratificado, sí, pero cuestionado por una parte creciente de la afición. Es el mismo rival, pero no el mismo contexto. Ni el mismo ánimo. Ni la misma fe. La Catedral fue el altar; el RCDE Stadium puede ser ahora una noche de juicio.
Manolo se juega algo más que tres puntos
El Espanyol necesita ganar por la permanencia, eso está claro. Pero Manolo también necesita ganar para recuperar algo de oxígeno personal. No para convencer a todo el mundo, porque eso ya parece difícil, sino para demostrar que todavía tiene respuesta. Que no se le han acabado todos los recursos. Que el equipo aún puede competir con la cabeza fría. Una victoria ante el Athletic no borraría estos meses, pero sí cambiaría el tono de la conversación. Y ahora mismo, incluso eso ya sería bastante.
Del reconocimiento al desgaste: así de cruel es el fútbol
La historia de Manolo González en estos meses explica bastante bien cómo funciona el fútbol. En diciembre era el técnico del momento, el entrenador que había llevado al Espanyol a una zona inesperada, el hombre de la remontada en San Mamés, el premio de LaLiga y la ilusión recuperada. En mayo, llega al Athletic con el equipo sufriendo, con una racha insoportable y con buena parte de la grada sin la misma paciencia. Es cruel, sí. Pero también es fútbol. Lo que ayer te sube, mañana te puede dejar solo delante de los leones.

El Espanyol necesita que Manolo encuentre una última respuesta
A estas alturas ya no se trata de discursos largos ni de mirar demasiado al pasado. El pasado está ahí, y conviene respetarlo. Manolo ha prestado servicios importantes al Espanyol y eso no debería olvidarse ni siquiera en la crítica. Pero el presente aprieta demasiado. El equipo necesita puntos, carácter y una noche limpia. Sin errores absurdos. Sin hundirse al final. Sin excusas. El Athletic vuelve a aparecer en el camino de Manolo González, justo donde empezó la última gran alegría liguera del Espanyol. Ahora falta saber si también puede ser el rival que reactive algo o si terminará de confirmar que aquella noche de San Mamés fue el último destello de un equipo que se fue apagando.







