El Espanyol se queda sin respuestas: el empate ante el Levante deja a Manolo González casi sin crédito; cada vez cuesta más imaginar cómo puede ganar este equipo

27 de abril de 2026

El Espanyol empató 0-0 ante el Levante y, mirando solo la clasificación, todavía se puede decir aquello de que el punto sirve. El equipo de Manolo González queda decimotercero, con 39 puntos, cinco por encima del descenso que marca el Sevilla. Vale. Eso es la parte fría. La que se mira con calculadora. Pero luego está lo otro, lo que vio el RCDE Stadium: un Espanyol nervioso, plano, sin chispa y que acabó pidiendo la hora ante un rival directo. El problema ya no es solo no ganar. El problema es que cada vez cuesta más imaginar cómo puede ganar este equipo.

La peor racha posible en el peor momento posible

El dato ya es histórico, pero de los que nadie quiere tener colgado en la pared: 16 jornadas sin ganar desde el inicio de un año natural, la peor racha de este tipo que se haya visto en Primera. Y lo peor es que llega en la recta final, cuando cada punto pesa como una losa y cuando los equipos de abajo empiezan a morder. El Espanyol sigue fuera del descenso, sí, pero está metido de lleno en una dinámica muy peligrosa. Porque el fútbol no va solo de puntos. Va también de energía, de confianza y de sensación de equipo vivo. Y ahora mismo, eso cuesta encontrarlo.

El Levante era el partido que había que ganar

El encuentro ante el Levante estaba señalado. No hacía falta decirlo demasiado alto. Era en casa, contra un rival de la zona baja y después de una racha insoportable. Si había un día para cortar el bloqueo, era este. Pero el Espanyol no dio el golpe sobre la mesa. Tuvo algún tramo de dominio en la primera parte, movió la pelota en campo rival y generó la sensación de que podía pasar algo. Pero esa sensación murió demasiado pronto. En los últimos metros volvió a faltar de todo: precisión, calma, valentía y un punto de mala leche. Y cuando el partido se puso más caliente, el Levante estuvo bastante más cerca de llevárselo de lo que a nadie le gustaría admitir.

kike garcia espanyol levante 2

Manolo reconoce el atasco: “No encontramos el juego”

El propio Manolo González salió tocado en sala de prensa. No intentó vender una gran noche ni esconder la preocupación. Su análisis fue claro: “En la primera parte estuvimos mejor que el rival. En la segunda, no. Eso me preocupa. No encontramos el juego, no encontramos opciones. Nos costó mucho. Era llevar la pelota fuera y cargar el área y no lo hicimos. Ellos tuvieron dos ocasiones claras producidas por estar con un jugador menos”. Y ahí está buena parte del drama. El técnico ve el problema, lo verbaliza, intenta tocar cosas, cambia sistemas, mueve piezas… pero nada termina de funcionar. Y cuando un entrenador toca mucho y nada sale, el debate se abre solo.

El equipo juega con una mochila encima

Manolo habló del peso mental de no ganar. Y eso se ve. Se nota en los pases hacia atrás, en las conducciones que no se hacen, en los jugadores que reciben tarde o directamente no aparecen. El técnico lo explicó así: “Se manifiesta en la segunda parte. Si en la primera parte se abre el partido, cambia radicalmente. Los rivales también lo saben. Juegan a esperar y tener alguna ocasión al final. Esperaron a que cometiéramos un error para encontrar una opción de gol”. La lectura tiene sentido, pero también duele: si los rivales ya saben que al Espanyol le entra el miedo con el paso de los minutos, el problema es enorme.

“Los jugadores llevan una mochila importante”

La frase que mejor resume el momento de Manolo fue esta: “Los jugadores son personas, llevan una mochila importante. Solo queda seguir apretando, no hay más”. Es verdad. Los jugadores son personas, claro. Y la presión no se borra con una charla en el vestuario. Pero el Espanyol no puede quedarse solo en eso. Porque esa mochila ya se ha convertido en una pared. El equipo está tan bloqueado que parece jugar pensando más en no fallar que en ganar. Y cuando pasa eso, el balón quema. Mucho.

La afición pitó porque vio lo que vio

El RCDE Stadium acabó despidiendo al equipo con pitos. Y fueron pitos merecidos. No por falta de cariño, ni por capricho, ni por querer hacer daño. Al revés. Fueron pitos de una afición que lleva meses tragando una caída que no se acaba. Manolo respondió con una idea muy de vestuario: “Solo podemos seguir trabajando, cambiar la dinámica y afrontar los partidos de la mejor manera posible. Hay que ser mentalmente fuertes, no hay otra cosa. Nos lo hemos complicado solo nosotros desde dentro”. La última frase es tremenda. Porque sí, el Espanyol se ha metido solo en este lío. Y ahora tiene que salir. Pero ya no queda mucho tiempo para esperar una reacción que no llega.

omar el hilali espanyol levante

El cambio de Terrats dejó muchas dudas

Una de las decisiones más discutidas fue el cambio de Ramon Terrats. El Espanyol perdió centro del campo, se partió más y el partido se fue hacia una especie de supervivencia rara, con balones largos y poca pausa. Manolo explicó su plan: “En la primera vuelta el 4-4-2 nos funcionó. Buscamos dar un paso adelante, luego lo volvimos a cambiar porque Urko y Kike estaban fundidos. Pero es que lo que queríamos hacer era poner un 3-5-2 con interiores. Buscábamos situaciones de los interiores llegando en la segunda línea”. La idea puede tener lógica sobre la pizarra. El problema es que en el césped salió mal. Y ahora mismo, cuando todo sale mal, cada decisión del entrenador queda bajo lupa.

ramon terrats espanyol levante

Tocar cosas ya no basta

A Manolo no se le puede acusar de quedarse quieto. Cambia sistemas, busca variantes, intenta activar al equipo desde el banquillo. Pero el problema es que sus movimientos ya no levantan al Espanyol. A veces incluso lo hunden un poco más. El técnico interviene, sí, pero el equipo no responde. Y eso desgasta muchísimo. Porque llega un momento en que la pregunta no es si Manolo trabaja, si Manolo lo intenta o si Manolo entiende el problema. La pregunta es más dura: ¿puede todavía sacarlo de aquí?

Cuesta encontrar razones para no pedir el cese

Después del 0-0 ante el Levante, cuesta mucho defender que no haya debate sobre el banquillo. Sería tramposo mirar hacia otro lado. Los números no dan y las sensaciones, que antes servían como refugio, también se han caído. Hasta ahora uno podía decir: “No gana, pero compite”; “No gana, pero merece más”; “No gana, pero el equipo está cerca”. Ante el Levante eso se rompió bastante. El Espanyol no dio sensación de estar cerca de ganar. Dio sensación de equipo asustado. Y cuando pasa eso, el crédito del entrenador se queda casi seco.

manolo gonzalez espanyol levante 2

El “electroshock” ya está sobre la mesa

La palabra que sobrevuela ahora mismo es esa: electroshock. Una cara nueva, una sacudida, algo que cambie el estado mental de un grupo que parece atrapado. ¿Garantiza algo un cambio de entrenador a cinco jornadas del final? No. Ni mucho menos. Sería absurdo venderlo como una solución mágica. Pero también sería igual de absurdo negar que la situación lo puede justificar. Si el club decidiera cesar a Manolo, pocos podrían rasgarse las vestiduras. Con 16 partidos sin ganar, cualquier debate está abierto.

El calendario no espera a nadie

El problema es que lo que viene asusta. El Espanyol recibirá al Real Madrid, visitará al Sevilla en el Sánchez-Pizjuán, jugará en casa ante el Athletic Club, irá a El Sadar contra Osasuna y cerrará la temporada frente a la Real Sociedad. No hay un paseo por ningún lado. Y el partido de Sevilla puede ser una bomba si el colchón se reduce. Ahora hay cinco puntos de margen, pero todos sabemos cómo va esto: pierdes uno, gana el otro, y de repente el aire desaparece. El Espanyol necesita como mínimo una victoria. Empate a empate, la salvación puede hacerse larguísima.

Dmitrović salvó un punto que pudo ser una derrota

La última parte del partido fue directamente preocupante. La expulsión de Pol Lozano, rigurosa pero decisiva, dejó al Espanyol con uno menos y cambió el escenario. El equipo terminó encerrado, sin energía y con Dmitrović apareciendo otra vez para evitar un desastre mayor. Y eso también habla del partido. Porque si acabas dando por bueno un empate en casa contra el Levante porque tu portero te salva al final, la lectura no puede ser positiva. El punto es oro porque el equipo está mal. Pero precisamente porque el equipo está mal, el punto no puede tapar el incendio.

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El Espanyol parece haber perdido la confianza

Lo más grave no es una ocasión fallada ni una mala decisión puntual. Lo más grave es ver a futbolistas escondiéndose, evitando el riesgo, jugando con miedo. Jugadores que antes se atrevían ahora dudan. Otros se precipitan. Y algunos parecen vivir cada balón como si fuese una amenaza. Esa es la señal más peligrosa. Cuando la pérdida se instala, el fútbol se vuelve muy pequeño. Y el Espanyol, que en la primera vuelta llegó a parecer un equipo reconocible, ahora parece una versión apagada de sí mismo.

Manolo está muy tocado

La imagen de Manolo también transmite desgaste. No es solo la cara en sala de prensa. Es el tono, el discurso, esa sensación de estar buscando una puerta en una habitación sin ventanas. Nadie puede borrar lo que hizo por el Espanyol. Nadie debería olvidar que devolvió al equipo a Primera y que durante meses sostuvo un bloque competitivo. Pero el fútbol vive en presente, y el presente es durísimo. El crédito emocional de Manolo sigue existiendo; el crédito deportivo, después del Levante, está casi agotado.

palco espanyol levante

La permanencia sigue en manos del Espanyol, pero ya no basta con decirlo

El Espanyol todavía depende de sí mismo. Tiene cinco puntos de margen. Tiene tres partidos en casa. Tiene jugadores para sacar esto adelante. Todo eso es verdad. Pero también es verdad que lleva 16 partidos sin ganar y que ante el Levante dio una imagen alarmante. Así que la frase de “depende de sí mismo” ya no tranquiliza tanto. Porque para depender de ti mismo, primero tienes que parecer capaz de ganar. Y ahora mismo el Espanyol no lo parece.

Una noche que puede marcar el final de temporada

El 0-0 ante el Levante puede acabar siendo solo un punto más en el camino hacia la salvación. O puede ser el partido en el que se vio claro que algo se había roto. Esa es la sensación que queda. El equipo está vivo en la clasificación, pero muy tocado en el campo y en la cabeza. Manolo pide fuerza mental, trabajo y seguir apretando. La afición pide reacción. Y el calendario aprieta como una tenaza. El Espanyol necesita un golpe de vida. Con Manolo o sin Manolo, pero lo necesita ya.