De defender a Manolo ante los micrófonos a dejarlo caer en Sestao: el análisis de una noche negra que retrata a los jugadores del Espanyol

27 de octubre de 2026
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Resumen: El Espanyol ha tocado fondo tras caer eliminado de la Copa del Rey ante el Sestao River (4-3), un equipo de Segunda RFEF que fue superior en intensidad, actitud y concentración. Los blanquiazules se adelantaron, remontaron en la prórroga y acabaron encajando el gol definitivo en el minuto 120, después de una sucesión de errores defensivos difíciles de justificar. La eliminación ha supuesto el final de la etapa de Manolo González en el banquillo, pero sería injusto cargar sobre el entrenador toda la responsabilidad de semejante desastre. Los futbolistas, que llevaban días defendiendo públicamente al técnico y reconociendo sus propios errores, volvieron a fallar cuando más necesitaba el equipo una reacción. El vestuario queda ahora señalado. La llegada de un nuevo entrenador no servirá de mucho si los jugadores mantienen su nivel actual. Después de tres eliminaciones consecutivas ante rivales de Segunda RFEF y con el equipo en descenso en Liga, la crisis del Espanyol ya no se puede explicar únicamente por lo que sucede en el banquillo.

Cinco claves

    • Otro ridículo copero: el Espanyol cae ante un Segunda RFEF por tercer año consecutivo, esta vez encajando cuatro goles.
    • Errores defensivos incomprensibles: dos goles a balón parado y graves despistes condenan a un equipo sin contundencia.
    • Los jugadores, señalados: el vestuario defendió a Manolo ante los micrófonos, pero volvió a dejarlo vendido sobre el césped.
    • El final de Manolo González: la derrota de Las Llanas pone fin a una etapa marcada por un ascenso, dos permanencias y un desenlace cruel.
    • El problema continúa: cambiar de entrenador no bastará si los futbolistas no mejoran su actitud y su rendimiento.

El Espanyol firma otro desastre en Sestao y despide a Manolo González de la peor manera

Lo del Espanyol en Las Llanas fue mucho más que una eliminación de Copa del Rey. Fue el retrato de un equipo completamente perdido, incapaz de defender con un mínimo de seriedad y que terminó regalando cuatro goles a un rival de Segunda RFEF. El Sestao River ganó 4-3 en la prórroga, marcando el tanto definitivo en el minuto 120, y dejó a los blanquiazules fuera de la competición por tercer año consecutivo ante un adversario de esa categoría. Una vergüenza deportiva difícil de digerir y que ha acabado costándole el puesto a Manolo González. Pero convendría que nadie se quedara únicamente con la destitución del entrenador. Porque los que jugaron, los que defendieron mal, los que perdieron los duelos y los que volvieron a cometer errores de concentración de infantiles fueron los futbolistas. Esos mismos que, cuando aparecen los micrófonos, hablan de responsabilidad, de compromiso y de estar a muerte con su técnico. A la hora de la verdad, su respuesta fue esta. Y Manolo ha terminado pagando la factura.

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De las palabras de apoyo a Manolo a dejarlo a los pies de los caballos

Hay algo especialmente irritante de lo sucedido en Sestao. Durante los últimos días, los jugadores del Espanyol habían insistido en que buena parte de los problemas del equipo eran responsabilidad suya y no del entrenador. Después de la derrota en Santander, Omar El Hilali ya había reconocido que había cosas que correspondían a los futbolistas y no al cuerpo técnico. Otros compañeros defendieron también a Manolo, dejando claro que el vestuario estaba con él. Muy bien. Pero entonces llega un partido de Copa ante un Segunda RFEF, con el futuro del entrenador en juego, y el equipo ofrece una actuación así. ¿Dónde estaba ese compromiso? ¿Dónde estaban las ganas de sacar adelante a la persona que tanto decían defender? No basta con dar la cara delante de un micrófono si después sobre el campo vuelves a repetir los mismos errores. Manolo, naturalmente, tiene su parte de responsabilidad en la crisis. Nadie puede negarlo. Pero sus jugadores lo han dejado a los pies de los caballos en el momento más delicado de su etapa en el club. Y eso tampoco debería olvidarse cuando empiece a trabajar el próximo entrenador.

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El Espanyol empezó ganando y acabó superado por un Sestao con más ganas

El partido había empezado de la mejor manera posible. Marcos Fernández adelantó al Espanyol de penalti en el minuto 6, justo lo que necesitaba un equipo cargado de dudas y que jugaba sobre un terreno de juego complicado por la lluvia. El césped estaba muy castigado, los futbolistas resbalaban y las condiciones invitaban a un encuentro de lucha, segundas jugadas y balones largos. Nada especialmente bonito, pero era lo que tocaba. El problema es que el Espanyol ni siquiera supo competir en ese escenario. En el minuto 19, Hinojo resbaló en la acción del empate de Adri Carrión, que también sorprendió a Dmitrović. Y en el 40, Andoni Ugarte adelantó al Sestao con un remate de cabeza a la salida de un córner. Una jugada que el equipo vasco suele buscar y que la defensa perica no consiguió neutralizar. El resultado al descanso, 2-1, era casi lo de menos. Lo realmente preocupante era ver a un Espanyol que no sabía cómo atacar, que apenas enlazaba pases y que estaba siendo superado en actitud por un equipo de tres categorías menos. El Sestao parecía el conjunto que tenía algo importante en juego. El Espanyol, no.

Ni las rotaciones ni los cambios evitaron otro partido para olvidar

Manolo había introducido seis novedades respecto al encuentro de Santander, dando entrada a futbolistas como Dmitrović, Riedel, Hinojo, Urko, Dolan y Marcos Fernández. Una oportunidad perfecta para que varios jugadores reivindicaran su sitio. Pues bien, la respuesta colectiva fue desastrosa. Dolan firmó un encuentro muy pobre, Calatrava estuvo lejísimos de lo que se esperaba de él y Urko volvió a mostrar una versión irreconocible respecto al futbolista que había sido. El Espanyol era incapaz de enlazar tres pases y perdía demasiados duelos. Manolo recurrió a Roberto Fernández, Moscardó, Bryan Zaragoza, Bauzà y Edu Expósito buscando soluciones, pero el funcionamiento apenas cambió. Marcos era de los pocos que parecían entender lo que exigía el partido, aunque tampoco recibía balones en condiciones. Hasta Dmitrović tuvo que evitar el 3-1 en un mano a mano con Bengoetxea. Resulta difícil aceptar que un equipo de Primera División, con estos recursos y este presupuesto, pueda ofrecer semejante imagen ante un rival de Segunda RFEF. Y todavía más difícil encontrar una excusa convincente.

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Dos remontadas inútiles y otros dos goles regalados a balón parado

Lo más increíble es que el Espanyol tuvo ocasiones de sobra para escapar del desastre. Roberto Fernández empató de penalti en el minuto 88, cuando la eliminación parecía prácticamente inevitable. El encuentro se fue a la prórroga y, en el 96, Moscardo marcó el 2-3 con un potente disparo desde fuera del área. El equipo había conseguido darle la vuelta a una situación muy complicada. Solo necesitaba defender la ventaja con un mínimo de concentración. Duró dos minutos. En el 98, Ander Laka volvió a empatar cabeceando una falta lateral. Otro balón parado, otra acción mal defendida y otra demostración de que el Espanyol puede marcar goles, pero sigue siendo incapaz de proteger su portería. Todavía habría tiempo para una chilena de Cabrera y una ocasión de Bryan Zaragoza, pero el último golpe estaba reservado para los locales. En el minuto 120, Jon Rojo aprovechó una acción embarullada dentro del área pequeña para establecer el 4-3 definitivo. El Espanyol había conseguido adelantarse dos veces y había encajado cuatro tantos. Con semejante fragilidad, pasar de ronda era casi un milagro. Y los milagros no pueden ser el plan de un equipo profesional.

Los errores no son nuevos: del Racing al Sestao, el Espanyol repite sus peores defectos

Lo más grave de todo es que lo sucedido en Sestao no fue un accidente aislado. Solo tres días antes, en El Sardinero, el Espanyol había perdido por 2-1 ante el Racing de Santander después de adelantarse con un gol de Edu Expósito. Aquel día el equipo retrocedió, dejó de atacar y terminó entregando la iniciativa al rival. Lo reconocieron los propios futbolistas después del encuentro, admitiendo que el mensaje de Manolo había sido continuar buscando el segundo gol. Esta vez los problemas fueron diferentes en algunos aspectos, pero el fondo era el mismo: falta de personalidad, errores de concentración y una preocupante incapacidad para competir en los momentos decisivos. Da igual que Manolo colocara tres centrales, cuatro defensas, que apostara por titulares o que diera oportunidades a los menos habituales. El equipo encontraba siempre una manera de complicarse la vida. Y cuando un problema se repite con diferentes alineaciones y sistemas, también hay que empezar a mirar seriamente a quienes están dentro del terreno de juego. Porque aquí ya no hablamos de una mala tarde. Hablamos de una dinámica que amenaza con arrastrar al Espanyol durante toda la temporada.

Manolo González se marcha tras devolver al Espanyol a Primera y conseguir dos permanencias

El desenlace es especialmente cruel por todo lo que representa Manolo González para el Espanyol. Llegó al filial en 2023, asumió el primer equipo en marzo de 2024 y consiguió devolver al club a Primera División con aquel ascenso ante el Real Oviedo. Después llegaron dos permanencias y una primera vuelta de 34 puntos en la temporada 2025-26. Nadie le regaló nada. Se ganó su sitio trabajando y sacando adelante objetivos que, en determinados momentos, parecían muy complicados. También es cierto que el fútbol vive del presente y que los números de esta temporada eran más que preocupantes: ocho puntos en diez jornadas de Liga, el equipo en descenso y una racha de resultados que no invitaba al optimismo. Manolo no estaba consiguiendo encontrar soluciones y el club tenía motivos deportivos para plantearse un cambio. Pero hay una diferencia entre aceptar que su ciclo podía estar agotado y pretender que todos los males del Espanyol eran culpa suya. La imagen de Las Llanas deja una pregunta bastante incómoda: ¿qué hicieron los jugadores para evitar que su entrenador terminara despidiéndose de esta manera?

Marcos Fernández señala el verdadero problema: los jugadores también deben cambiar

Entre tanta decepción, las palabras de Marcos Fernández después del partido dejaron una reflexión que convendría tener muy presente. El delantero advirtió, en esencia, que la solución no pasa únicamente por cambiar al entrenador, porque si los futbolistas no ponen de su parte los problemas continuarán con independencia de quién ocupe el banquillo. Y cuesta llevarle la contraria. El próximo técnico podrá introducir otros sistemas, cambiar los entrenamientos, recuperar jugadores y tratar de darle al equipo una nueva personalidad. Pero no podrá salir al campo a defender un córner, ganar un duelo, seguir una marca o evitar una desconexión en el minuto 120. Eso corresponde a los futbolistas. Y ahora mismo demasiados están muy lejos del rendimiento que se les presupone. Los hay que llegaron para mejorar la plantilla y apenas están ofreciendo soluciones. Otros parecen una sombra de lo que fueron. Y algunos siguen viviendo de actuaciones pasadas mientras el equipo se hunde. La destitución de Manolo puede convertirse en una oportunidad para cambiar la dinámica, pero también en una coartada demasiado cómoda para un vestuario que debe asumir mucha más responsabilidad.

Monchi y la dirección deportiva también tienen que explicar qué está pasando

Tampoco sería justo reducirlo todo a una discusión entre entrenador y jugadores. La dirección deportiva del Espanyol, encabezada por Monchi, debe responder por la configuración de una plantilla que está ofreciendo un rendimiento tan decepcionante. Se hicieron movimientos durante el verano con la intención de mejorar al equipo, darle mayor calidad y permitirle competir con aspiraciones superiores a la simple permanencia. Diez jornadas después, el Espanyol está en descenso y eliminado de la Copa por un Segunda RFEF. Algo ha fallado, y mucho. Hay incorporaciones que todavía no han justificado las expectativas que generaron y futbolistas que parecen incapaces de encontrar su sitio. También hay decisiones del cuerpo técnico que pueden discutirse, naturalmente. Pero la responsabilidad de construir un equipo competitivo no desaparece con el despido del entrenador. La propiedad tampoco debería mantenerse al margen del análisis. El club necesita respuestas, no únicamente un nuevo nombre para el banquillo. Porque el objetivo de consolidarse en Primera no puede convertirse otra vez en una carrera desesperada para evitar el descenso.

El Espanyol cambia de entrenador, pero los jugadores se quedan: ahora se acabaron las excusas

La derrota ante el Sestao River deja una sensación amarga que va mucho más allá de quedar fuera de la Copa. Manolo González ya no es entrenador del Espanyol, pero quienes han protagonizado este fracaso continuarán vistiendo la camiseta blanquiazul. Y ahí está el gran problema. El próximo técnico llegará con ideas nuevas, con la intención de recuperar la confianza de la plantilla y con el difícil encargo de sacar al equipo de los puestos de descenso. Se hablará de un nuevo comienzo, de cambiar la mentalidad y de recuperar sensaciones. Todo eso está muy bien. Pero esta vez las palabras tienen que ir acompañadas de hechos. Los jugadores ya no podrán escudarse en que el entrenador no encuentra la fórmula. Tendrán que demostrar que son capaces de ofrecer bastante más de lo que han mostrado en estas primeras semanas de competición. Porque si siguen defendiendo así, si continúan perdiendo los mismos duelos y si vuelven a desconectarse cuando más importa, el nombre de quien se siente en el banquillo será lo de menos. Manolo se marcha después de haber conseguido cosas importantes para el Espanyol y tras recibir uno de los golpes más duros de su carrera. Los futbolistas se quedan. Y ahora les corresponde demostrar que no se han llevado por delante al entrenador para continuar haciendo exactamente lo mismo.