
Resumen: El RCD Espanyol cumple hoy, 28 de octubre de 2026, 126 años de historia, pero lo hace en uno de esos momentos en los que cuesta encontrar motivos para celebrar. El equipo está en puestos de descenso, acaba de quedar eliminado de la Copa del Rey ante el Sestao River, de Segunda RFEF, y se ha quedado sin entrenador tras la destitución de Manolo González. Un panorama desolador que contrasta con la ilusión que rodeaba al club hace exactamente un año, cuando Alan Pace presidía la espectacular gala del 125 aniversario en la Universitat de Barcelona y prometía un futuro mejor. Doce meses después, el proyecto del propietario estadounidense acumula críticas, su figura atraviesa un momento de fuerte desgaste y ni siquiera Monchi escapa a las preguntas sobre la deriva deportiva e institucional. El Espanyol llega a su 126 cumpleaños con mucha historia que reivindicar, pero con un presente que preocupa y un futuro que vuelve a generar demasiadas dudas.
Cinco claves
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- 126 años de resistencia: el Espanyol celebra su aniversario en uno de los momentos deportivos más delicados de los últimos tiempos.
- Una caída preocupante: el equipo pasa de los 18 puntos del pasado año a solo ocho en diez jornadas y ocupa puestos de descenso.
- Sin entrenador en su cumpleaños: el cese de Manolo González tras el desastre de Sestao deja al equipo descabezado, de momento.
- Las promesas de Alan Pace: la ilusión del 125 aniversario contrasta con un proyecto cada vez más cuestionado por la afición.
- Monchi también, señalado: la dirección deportiva recibe críticas por el rendimiento de la plantilla y el rumbo del club.
El Espanyol cumple 126 años en uno de los cumpleaños más amargos de su historia
126 años. Se dice pronto. Este miércoles 28 de octubre de 2026, el RCD Espanyol de Barcelona celebra un nuevo aniversario de su fundación. Una historia que arrancó en 1900, cuando un grupo de estudiantes encabezado por Ángel Rodríguez decidió poner en marcha aquel club que, siglo y cuarto después, continúa siendo una parte imprescindible de la vida de miles de personas. Son 126 años de alegrías, sufrimientos, ascensos, descensos, noches europeas, cuatro Copas del Rey y una capacidad casi inexplicable para seguir adelante cuando todo parece torcerse. Pero hay cumpleaños que llegan en el peor momento posible, y este es uno de ellos. Porque hoy cuesta hablar de celebraciones cuando el primer equipo está en puestos de descenso, acaba de sufrir otra eliminación vergonzosa en la Copa del Rey y se ha quedado sin entrenador. El espanyolismo sopla las velas con un sentimiento extraño, entre el orgullo de pertenecer a una entidad centenaria y el enfado de comprobar en qué situación se encuentra. Y es que, por mucho que uno quiera a este club, hay momentos en los que resulta complicado reconocerlo.
Del esplendor del 125 aniversario a la tristeza del 126: qué ha pasado en solo un año
La comparación con lo que sucedía hace exactamente doce meses es casi cruel. El 28 de octubre de 2025, el Espanyol celebraba por todo lo alto su 125 aniversario en el Paraninfo de la Universitat de Barcelona, un escenario cargado de simbolismo por ser el lugar donde nació la entidad. Fue una gala espectacular, con representantes institucionales, antiguas leyendas, personalidades de la sociedad catalana y buena parte de la familia perica. Todo estaba preparado para reivindicar la historia del club y mirar hacia el futuro con optimismo. Y motivos para hacerlo parecía que había. Alan Pace acababa de aterrizar como nuevo propietario y presidente, y el Espanyol de Manolo González ocupaba la quinta posición de LaLiga con 18 puntos en las diez primeras jornadas. El equipo funcionaba, la afición estaba ilusionada y el nuevo proyecto transmitía la sensación de que, después de tantos años complicados, quizá había llegado el momento de empezar a crecer de verdad. Hoy, un año después, aquellas imágenes de fiesta parecen pertenecer a otra época. Los 18 puntos se han convertido en ocho, las posiciones europeas han dejado paso al descenso y el entrenador que aparecía en aquella celebración ya no está. Doce meses han bastado para pasar de las grandes esperanzas a una realidad durísima.
El Espanyol, en descenso y eliminado de la Copa del Rey tras el desastre de Sestao
Lo deportivo es lo que más duele, porque los números no dejan demasiado espacio para el optimismo. El Espanyol llega a su 126 aniversario con ocho puntos en diez jornadas, ocupando la decimoctava posición de Primera División y habiendo conseguido solamente cuatro victorias ligueras en todo 2026. Una trayectoria que ha terminado por llevar al equipo a los puestos de descenso después de 19 meses sin ocuparlos. Pero todavía faltaba el golpe de este martes. El conjunto blanquiazul visitaba al Sestao River, de Segunda RFEF, con la obligación de superar la primera eliminatoria de la Copa del Rey y encontrar un poco de alivio en medio de tanta preocupación. Pues ocurrió todo lo contrario. El Espanyol perdió por 4-3 en la prórroga, encajó el gol definitivo en el último minuto y volvió a protagonizar una eliminación sonrojante ante un rival de inferior categoría. La tercera consecutiva frente a un Segunda RFEF, después de Barbastro y Atlético Baleares. Cuatro goles recibidos, errores defensivos difíciles de entender y la sensación de estar viendo a un equipo completamente perdido. No es el mejor regalo de cumpleaños, desde luego. Y menos para una afición que lleva demasiado tiempo tragándose decepciones.
El cese de Manolo González: una despedida dolorosa y unas formas que dejan mal sabor de boca
La derrota de Las Llanas tuvo consecuencias inmediatas. El Espanyol decidió destituir a Manolo González esa misma noche, apenas unos minutos después de que el equipo quedara eliminado de la Copa. La decisión podía entrar dentro de la lógica deportiva, porque los resultados eran muy malos y el equipo llevaba semanas sin encontrar soluciones. Otra cosa son las formas. El anuncio llegó cuando todavía estaba muy reciente la imagen del técnico compareciendo completamente hundido ante los medios, reconociendo que acababa de vivir uno de los peores días de su vida. La precipitación de todo el proceso, prácticamente cuando la expedición aún estaba intentando digerir lo sucedido y preparaba su regreso, deja una sensación muy incómoda. ¿De verdad no había otra manera de gestionar la salida de un entrenador que había devuelto al Espanyol a Primera y conseguido dos permanencias? Manolo podía haber agotado su crédito deportivo, pero sus méritos y su trayectoria merecían una despedida cuidada. El club está en su derecho de tomar decisiones, incluso las más dolorosas. Lo que también se le puede exigir es sensibilidad y respeto por quienes han trabajado para sacar adelante la entidad. Y resulta especialmente triste que el Espanyol llegue a su cumpleaños sin técnico, con un banquillo vacío y con el recuerdo de una salida que muchos aficionados difícilmente habrían imaginado hace apenas un año.
Alan Pace, de protagonista del 125 aniversario a estar en el centro de las críticas
Y aquí aparece la figura de Alan Pace, el hombre que hace solo un año representaba buena parte de las esperanzas del espanyolismo. Durante la gala del 125 aniversario, el presidente pronunció palabras que hoy adquieren un significado especialmente incómodo. “Solo puedo prometer hablar poco, pero trabajar mucho para situar al Espanyol donde se merece”, aseguró entonces. También se comprometió con la afición: “Desde el primer al último miembro del club trabajaremos con pasión para hacer crecer al Espanyol y para devolver a la afición todo lo que nos da”. Aquellas declaraciones fueron recibidas con ilusión, como correspondía al inicio de una nueva etapa. El problema es que un año después el Espanyol está más cerca de Segunda que de ese futuro que se había anunciado. Pace, que durante sus primeros meses encontró una afición dispuesta a creer en el proyecto, afronta ahora un desgaste evidente de su imagen. La eliminación copera, la situación liguera y la destitución de Manolo han multiplicado las críticas hacia una propiedad de la que se esperaba mucho más. Nadie puede construir un gran club en doce meses, eso está claro. Pero tampoco parece razonable pedir paciencia indefinida cuando los resultados van precisamente en dirección contraria a las promesas.
Los problemas de Alan Pace en el Espanyol y el Burnley agravan las dudas sobre el proyecto
La situación tampoco se limita al Espanyol. Alan Pace tiene ahora dos frentes deportivos abiertos, el del club blanquiazul y el del Burnley, otra entidad vinculada a su grupo empresarial. El pasado sábado, el conjunto inglés también decidió prescindir de su entrenador, Nicky Hayen, en medio de una crisis de resultados. Una coincidencia que explica hasta qué punto se ha complicado el panorama para el empresario estadounidense, que hace un año aparecía en el Paraninfo de la Universitat de Barcelona como la cara visible de una nueva etapa llena de ambición. Ahora debe gestionar cambios de entrenador, resultados muy negativos y un creciente malestar alrededor de sus proyectos deportivos. El Espanyol necesita una dirección clara, decisiones acertadas y una estructura que transmita seguridad. Y lo que está viendo el aficionado es precisamente lo contrario: incertidumbre, urgencias y la sensación de que se vuelve a improvisar cuando las cosas se tuercen. No se trata de exigir milagros al propietario, pero sí de reclamarle que el proyecto tenga una base deportiva e institucional reconocible. Porque el espanyolismo ya ha escuchado suficientes discursos ilusionantes a lo largo de su historia.
Monchi tampoco escapa a las críticas por la deriva deportiva del Espanyol
Y si la figura de Pace atraviesa un momento delicado, Monchi tampoco puede mantenerse al margen de lo que está sucediendo. El director general deportivo llegó acompañado de un prestigio enorme, considerado durante años uno de los grandes especialistas del fútbol europeo en la construcción de plantillas y la detección de talento. Su trayectoria justificaba buena parte de las expectativas que despertó su incorporación al proyecto. Pero el fútbol no vive de los currículums, y el Espanyol que vemos sobre el césped está lejísimos del equipo que se pretendía construir. Hay futbolistas importantes que no están rindiendo, incorporaciones que todavía no han respondido a lo esperado y una plantilla que parece incapaz de competir con regularidad. No todo es responsabilidad de Monchi, naturalmente. Los jugadores tienen que asumir sus errores y el entrenador también debía responder por el funcionamiento colectivo. Pero la dirección deportiva es responsable de confeccionar el equipo y de ofrecer soluciones cuando aparecen los problemas. La destitución de Manolo es una decisión de enorme importancia, aunque no puede convertirse en la única respuesta a una crisis que afecta a muchas más parcelas del club. Monchi llegó para mejorar al Espanyol, y ahora tendrá que demostrar que sabe sacarlo de una situación muy comprometida.
La Real Sociedad alcanza al Espanyol en la clasificación histórica: otra señal de una década de retroceso
Por si faltaba algún motivo para la reflexión en este aniversario, la Real Sociedad ha terminado alcanzando al Espanyol en la clasificación histórica de Primera División. Una circunstancia que no decide ningún partido ni otorga puntos para la permanencia, pero que tiene un valor simbólico importante. Hace una década, los blanquiazules aventajaban al conjunto donostiarra en 227 puntos. Hoy, esa diferencia ha desaparecido. Es la consecuencia de años de dificultades deportivas, descensos y temporadas en las que el Espanyol ha ido perdiendo terreno respecto a clubes con los que históricamente había competido. El problema no es únicamente que el equipo esté mal ahora, sino que lleva demasiado tiempo alejado del lugar que le correspondería por historia, masa social y tradición. Y mientras otros proyectos han conseguido avanzar, el Espanyol continúa atrapado en una pelea demasiado conocida por sobrevivir. La llegada de Pace debía representar una oportunidad para cambiar esa tendencia, pero este 126 aniversario encuentra al club nuevamente mirando hacia abajo. Una realidad que debería preocupar tanto a los responsables deportivos como a quienes toman las grandes decisiones institucionales.
126 años de resistencia: el Espanyol merece mucho más que vivir permanentemente al límite
Con todo, hay algo que conviene recordar este 28 de octubre. El Espanyol es muchísimo más que sus propietarios, sus directores deportivos, sus entrenadores y los futbolistas que pasan por el club. Ha sobrevivido a momentos muy duros a lo largo de sus 126 años y sigue aquí gracias a una afición que ha tenido que aprender a resistir casi tanto como a celebrar. Esa es una parte fundamental de su identidad. Pero tampoco debería convertirse en una excusa para aceptar cualquier cosa. Porque ser perico no puede significar resignarse a vivir eternamente al borde del precipicio, asumir cada descenso como una fatalidad o escuchar promesas que después se quedan en nada. El Espanyol necesita recuperar la ambición, la seriedad y, sobre todo, la capacidad de hacer creer a su gente que existe un proyecto de verdad. El aniversario llega marcado por la tristeza de Sestao, por la despedida de Manolo González y por todas las dudas que rodean a Alan Pace y Monchi. No hay demasiado que celebrar en lo deportivo, es cierto. Pero sí existe algo que merece seguir reivindicándose: el orgullo de pertenecer a un club que lleva 126 años resistiendo. Feliz cumpleaños, Espanyol. Aunque hoy cueste sonreír. Y que quienes tienen la responsabilidad de dirigirlo entiendan, de una vez, que una historia tan grande merece un presente bastante mejor.












