El Espanyol volvió a salir herido, muy herido, de otro partido que tenía en la mano. En el Sánchez-Pizjuán, el equipo de Manolo González aguantó bien en la primera parte, incluso con una buena ocasión de Edu Expósito, y en la segunda supo levantarse después de un susto enorme: el gol de Alexis Sánchez, anulado por el VAR por fuera de juego tras una acción llena de rebotes. Justo cuando tocaba no venirse abajo, el Espanyol encontró el 0-1 en el minuto 56, con Tyrhys Dolan rematando con la derecha desde el centro del área, por bajo, junto al palo izquierdo, tras asistencia de Roberto Fernández. Parecía el día. O eso quisimos pensar durante un rato. Pero el final fue otro mazazo: Castrín empató en el 82’ y Akor hizo el 2-1 casi sobre la hora, dejando al equipo hundido y al espanyolismo con esa sensación horrible de estar viendo siempre la misma película.
“Hemos acabado jodidos”: la palabra que mejor explica el vestuario
Roberto Fernández no intentó vender una calma que ahora mismo nadie compra. El delantero habló con dolor, con esa mezcla de rabia y resignación que deja perder un partido así: “Bueno, el equipo, pues dolido por la derrota. Pero ya estamos pensando en el siguiente partido, no queda otra”. El mensaje es corto, pero dice bastante. No queda otra. No hay tiempo para hundirse, aunque el cuerpo pida otra cosa, porque el miércoles aparece el Athletic Club en el RCDE Stadium y el Espanyol ya no tiene margen para seguir regalando partidos. Roberto lo amplió después con una frase todavía más clara al ser preguntado por su estado anímico: “Como todos, hemos acabado jodidos, porque hemos tenido un partido que era muy importante y te adelantas que es lo más difícil, en este tipo de campos, y te derrotan al final. Hay que cambiar, el chip ya, en tres o cuatro días, tenemos el siguiente partido”. Y ahí está el drama: el Espanyol hizo lo más difícil. Se adelantó. Y ni así.
El Espanyol vuelve a no saber aguantar un resultado
La pregunta era inevitable: ¿cómo puede ser que este equipo no sepa aguantar una ventaja? Porque ya no hablamos de una jugada aislada, sino de una dinámica que se repite y se repite hasta hacer daño. Roberto, como es lógico, no quiso alargar demasiado la herida, pero dejó una respuesta que va en la línea del vestuario: “ Haces lo más difícil y al final… Hay que sacarlo, lo que ha pasado ya está, y ahora hay que cambiar el chip”. Esa frase, aunque suene a tópico de futbolista, tiene una parte real: ya no se puede cambiar lo de Sevilla. Pero también deja un vacío enorme. Porque el Espanyol necesita algo más que cambiar el chip. Necesita dejar de romperse cuando el partido entra en el tramo decisivo. Hacer lo más difícil no sirve de nada si luego no sabes sostenerlo.
La jugada de Castrín: “Tendríamos que haber hecho una falta o algo”
El empate del Sevilla fue una de esas acciones que duelen porque se ven venir demasiado tarde. Andrés Castrín arrancó, avanzó, se metió hasta la cocina y acabó batiendo a Dmitrović con un disparo cruzado. La jugada dejó señalados varios momentos: la falta que no llega, la defensa que no corta, la portería que no salva. Roberto lo explicó así: “Bueno, porque al final, estás cansado, son los últimos minutos. Ahí tendríamos que haber hecho una falta o algo. Pero bueno, ha tenido esa pizca de suerte, que el balón ha entrado por ahí”. Es una respuesta honesta, pero también preocupante. Porque cuando un partido vale tanto, hay momentos en los que hay que tener oficio. Falta, pausa, cuerpo, lo que sea. El Espanyol no lo hizo, y el Sevilla olió la sangre.
Una racha que ya casi nadie sabe cómo explicar
Roberto también reconoció que nunca había vivido una racha como esta. Y seguramente no es el único dentro del vestuario. El Espanyol lleva una segunda vuelta que parece una cuesta abajo sin freno, con demasiados partidos sin ganar y una sensación cada vez más pesada en las piernas y en la cabeza. Al ser preguntado por ello, el atacante fue claro: “No, no, creo que ni a mí ni a la mayoría del equipo pero bueno, al final son experiencias para el futuro y hay que sacar”. Lo de la experiencia está bien para dentro de unos años, quizá. Pero ahora mismo el Espanyol no necesita aprendizaje a largo plazo. Necesita puntos ya. Porque el futuro, si no se gana de una vez, puede ser en Segunda. Y eso es lo que tiene a toda la afición con el estómago cerrado.
“Dependemos de nosotros”: la clasificación aprieta, pero aún hay vida según Roberto
La derrota en Sevilla deja al Espanyol en una situación cada vez más fea. El equipo sigue fuera del descenso, sí, pero la distancia ya no permite respirar. La zona baja se ha comprimido muchísimo y cada resultado de los rivales pesa como una piedra. Roberto quiso agarrarse a lo único que queda: que el Espanyol todavía depende de sí mismo. Lo dijo así: “Al final dependemos de nosotros. Ahora, con ganar el partido siguiente en casa y sacar alguno en lo que queda, ya lo tenemos. Así que tenemos que mirar eso. Es un partido, ganarlo y ya está”. La cuenta es sencilla. Ganar al Athletic y rascar algo más. Pero claro, el problema no son las matemáticas. El problema es que este equipo lleva demasiadas semanas sin saber ganar. La salvación sigue en la mano, pero cada vez pesa más.
El RCDE Stadium, llamado a ser una caldera ante el Athletic
Roberto acabó mirando al miércoles, al partido ante el Athletic Club, donde el Espanyol necesitará algo más que fútbol. Necesitará ambiente, energía, apoyo y también una reacción desde el campo que no deje a la grada sola. El delantero lanzó un mensaje a la afición cuando se le insinuó la necesidad que el RCDE Stadium arda el miércoles como hoy el Pizjuán: “Sí, exactamente. Pedirle a la afición que crea en nosotros, tiene que ser una caldera”. La afición, ya lo sabemos, estará. Porque ha estado siempre, incluso cuando el equipo le ha devuelto demasiadas decepciones. Pero también hay una realidad: no se puede pedir eternamente sin dar. El miércoles el RCDE Stadium puede empujar, pero el Espanyol debe hacer algo distinto de una vez.
Otra derrota que deja más preguntas que respuestas
Las palabras de Roberto Fernández intentan sostener un poco al vestuario, pero la sensación que deja el partido es muy dura. El Espanyol se adelantó en un campo complicado, tuvo la ocasión de dar un paso enorme hacia la permanencia y acabó perdiendo por errores en el tramo final. La asistencia de Roberto a Dolan queda casi enterrada bajo el derrumbe posterior. La gestión de los últimos minutos fue mala, el equipo acabó metido demasiado atrás y los cambios no ayudaron a sujetar el partido. Todo suena triste, repetido y preocupante. Quedan tres jornadas. Queda vida. Pero hace falta algo más que frases. Hace falta ganar.







