El Espanyol salió del Sánchez-Pizjuán con una de esas derrotas que hacen mucho daño, no solo por el marcador, sino por cómo se produjo. El equipo de Manolo González aguantó bastante bien en la primera parte, incluso con una buena ocasión de Edu Expósito que pudo cambiar el partido, y después tuvo que sobrevivir a un arranque de segunda mitad lleno de rebotes que acabó en gol de Alexis Sánchez, aunque el VAR lo anuló por fuera de juego. Tocaba espabilar, y el Espanyol lo hizo durante un rato: en el minuto 56, Tyrhys Dolan marcó el 0-1 con un remate de derecha desde el centro del área, por bajo, junto al palo izquierdo, tras una buena asistencia de Roberto Fernández. Parecía que por fin podía llegar esa victoria que el equipo lleva persiguiendo desde hace una eternidad. Pero no. Otra vez no. El Espanyol volvió a no saber cerrar un partido que tenía donde quería.
Edu señala dos errores que condenaron al Espanyol
Tras el partido, Edu Expósito no se escondió. Compareció con la cara de quien sabe que se ha escapado algo enorme. Y fue directo, sin maquillar nada: “Dos errores, dos errores que no podemos conceder nosotros. Con lo que nos estamos jugando, nos ponemos por delante en un campo como este, con una afición apretando al máximo y no puede ser, no puede ser. Al final hemos concedido a nosotros, les hemos dado el partido realmente porque se han metido con un central hasta la cocina que no puede ser. Y nada, no puedo decir más. Que nos vamos a dejar la vida, que al final nos quedan tres partidos, que siempre es lo mismo, al final llevamos muchas jornadas sin ganar, pero es que yo no me puedo caer, ni voy a dejar que se caiga nadie de mi equipo. Queda mucho, quedan tres partidos, son nueve puntos, que con nueve puntos estamos lógicamente salvados”. La frase resume el drama del Espanyol: no es que no compitiera, no es que no se pusiera por delante, no es que no tuviera el partido cerca. Es que cuando tocaba tener oficio, volvió a fallar donde no se puede fallar.
Del 0-1 de Dolan al hundimiento final
El gol de Dolan parecía una puerta abierta a la esperanza. El Espanyol se puso por delante en un campo durísimo, con el Pizjuán apretando y con el Sevilla obligado a ir hacia delante. Pero en el minuto 82 llegó el empate: Andrés Castrín remató con la derecha, muy escorado desde la derecha, por bajo y junto al palo izquierdo, tras asistencia de Djibril Sow. En esa acción, Salinas, que había entrado por Carlos Romero, no estuvo fino, y Dmitrović tampoco logró evitar el golpe bajo palos. A partir de ahí, el partido fue un sufrimiento continuo. El Sevilla olió sangre, el Espanyol se encogió y el Pizjuán se vino encima. Ya sobre el tiempo reglamentario, Akor hizo el 2-1 y terminó de hundir a un equipo blanquiazul que acabó transmitiendo una sensación muy dura. La gestión del tramo final fue muy mala, tanto desde el campo como desde el banquillo.
Edu cree que podía haber falta en el segundo gol
Preguntado por si el Espanyol reclamaba falta en la acción del segundo gol sevillista, Edu fue prudente, pero dejó claro que en directo él la había visto: “Sí, bueno, para mí sí, pero bueno, tengo que verla otra vez. Para mí creo que es una falta, le choca y no deja jugarle el balón”. Otra jugada para mirar, otra acción que puede entrar en el debate, otra vez la sensación de que hay detalles que caen del lado contrario. Pero aquí cuesta agarrarse solo a eso. Porque el Espanyol, con el partido 0-1, tenía que haber defendido mejor, haber enfriado mejor, haber leído mejor el momento. La posible falta puede existir, sí, pero el problema de fondo va bastante más allá de una decisión arbitral.
“Hoy han sido dos errores muy claros”
La última pregunta fue la más dolorosa: qué le pasa al equipo. Si es cabeza, miedo, ansiedad, falta de confianza o todo junto. Porque el Espanyol puede tener fases buenas, puede competir, puede ponerse por delante, pero cuando llega el momento de cerrar, se viene abajo. Edu respondió desde lo más inmediato, desde la herida abierta del partido: “Bueno, hoy han sido dos errores muy claros. Estábamos compitiendo muy bien. Yo creo que, lógicamente, Sevilla va a llegar a nuestra portería porque mira cómo está el estadio al final, pero nosotros hoy hemos concedido cuando no teníamos que conceder y vamos 0-1 jugando a lo que queríamos. Hoy no se nos podía escapar”. Esa última frase pesa muchísimo. “Hoy no se nos podía escapar”. Y se escapó. Como se han escapado demasiadas cosas en esta segunda vuelta.
El vestuario intenta agarrarse a los nueve puntos que quedan
Edu intentó dejar un mensaje de resistencia, casi más por obligación que por energía real. Quedan tres partidos, nueve puntos, y matemáticamente todo sigue en manos del Espanyol. Pero el problema ya no es solo la tabla. El problema es lo que transmite el equipo cuando los partidos entran en zona de fuego. El Espanyol lleva demasiadas jornadas sin ganar y cada golpe parece dejarlo más tocado. Edu dijo que no se va a caer y que no dejará que nadie se caiga. Es lo que toca decir, claro. Y seguramente lo siente. Pero la afición necesita verlo. Necesita un equipo que no se rompa cuando huele la victoria, que no conceda dos errores tan graves, que no se quede mirando cómo un partido vital se convierte en otra losa.
Una derrota que deja al Espanyol al borde del pánico
Lo de Sevilla deja una sensación tristísima. El Espanyol tenía el partido encaminado, había sobrevivido al ambiente, se había puesto por delante y estaba jugando a lo que quería. Pero acabó perdiendo. Y eso, en una dinámica como esta, hace mucho más daño que una derrota normal. Cuesta no mirar al equipo y sentir miedo real a un descenso que hace meses parecía impensable. Hay plantilla, hay puntos aún por jugarse y hay margen matemático. Pero el fútbol no se sostiene solo con cuentas. También se sostiene con alma, cabeza y oficio. Y ahora mismo, al Espanyol le falta de todo justo cuando más lo necesita.
.







