El Espanyol pasa de soñar con Europa a temer el descenso: causas, calendario y rivales por la permanencia; cinco partidos para evitar otro susto histórico

29 de abril de 2026

El Espanyol está metido en una de esas situaciones que cuestan hasta de explicar sin torcer el gesto. Hace nada, el equipo de Manolo González miraba hacia arriba, se hablaba de Europa con ilusión y el RCDE Stadium vivía con una ilusión que hacía tiempo que no se olía. Ahora, tras el 0-0 ante el Levante, todo suena distinto: nervios, pitos, calculadora y sudores fríos. Los pericos siguen fuera del descenso, con cinco puntos de margen sobre el Sevilla, pero la sensación ya no es de equipo que controla la situación. Es más bien la de un grupo que juega con una mochila enorme encima y que no encuentra la manera de ganar. El problema no es solo estar cerca del barro; el problema es que cada semana cuesta más imaginar cómo puede salir de ahí este Espanyol. El empate ante el Levante dejó otra noche sin victoria, con Pol Lozano expulsado al poco de entrar y Dmitrović salvando al equipo en los minutos finales.

Del cielo al infierno: una racha que ya es historia negativa

La cifra es tremenda: 16 jornadas sin ganar desde el inicio de 2026. Diez derrotas, seis empates y una sensación cada vez más fea. El equipo ha sumado muy poco en estos cuatro meses largos, y lo peor es que ya no se trata solo de mala suerte o de partidos que se escaparon por detalles. Ante el Levante, que llegaba penúltimo, el Espanyol no dio la sensación de estar preparado para ganar una final. Y eso es lo que más asusta. Porque hubo un tramo en la primera parte en que pareció llevar el peso, sí, pero arriba volvió a faltar todo: decisión, calma, último pase, remate y esa mala leche que tienen los equipos que saben que se juegan la vida. Lo que antes era una mala racha ahora ya parece un bloqueo total.

manolo gonzalez espanyol levante 1

Manolo habla de mochila, pero la mochila ya pesa demasiado

Manolo González intentó poner palabras al momento tras el empate, reconociendo que el equipo carga con mucho peso mental: “Hay que tener en cuenta que los jugadores son personas y llevan una mochila importante. Lo único que queda es seguir apretando”. La frase se entiende, porque los jugadores no son robots y la presión se nota. Pero la afición también mira el campo y ve otra cosa: un equipo que se encoge, que se precipita y que parece más preocupado por no fallar que por ganar. Cuando el miedo manda más que el fútbol, cada balón se convierte en un problema. Y así, claro, hasta un empate en casa ante el Levante acaba pareciendo un mal menor.

La caída empezó con una mezcla de golpes, errores y ausencias

No hay una sola causa. Ojalá fuese tan fácil. La caída del Espanyol tiene varias capas. La lesión de Javi Puado dejó al equipo sin una referencia ofensiva y emocional muy importante. El mercado no corrigió lo suficiente esa pérdida. La ausencia de Fran Garagarza por motivos médicos también se ha notado en un club que necesita voces fuertes dentro y fuera del vestuario. A eso se le suma una plantilla corta, jugadores que han bajado mucho su nivel, una pérdida total de confianza y un entrenador que ahora mismo transmite estar superado. La primera vuelta tapó muchas cosas; la segunda las ha sacado todas de golpe.

puado lesion levante espanyol

El mercado de invierno dejó heridas abiertas

El Espanyol llegó a enero en una situación que invitaba a ser valiente. No hacía falta volverse loco, pero sí apuntalar una plantilla que ya enseñaba costuras. La lesión de Puado pedía una respuesta clara, el equipo necesitaba fondo de armario y la sensación es que se dejó pasar una ocasión muy buena para dar un paso adelante. Hoy, con el equipo sin gol y sin energía, aquel mercado se mira con bastante rabia. Con muy poco quizá no estabas luchando por Europa, pero sí podrías estar evitando este sufrimiento absurdo. Y ahí aparece la propiedad, la dirección deportiva y una estructura que no ha dado la sensación de anticiparse a lo que venía.

pace manolo gonzalez

El crédito de Manolo se ha gastado casi entero

Manolo tiene historia en el Espanyol. Eso no se borra. Subió al equipo cuando parecía una misión imposible, sostuvo una permanencia complicada y logró que la afición volviese a creer durante meses. Pero el presente es muy duro. El equipo no gana, no progresa y sus cambios ya no están arreglando partidos. La sensación ante el Levante fue especialmente mala: el Espanyol acabó peor de lo que empezó, perdió el centro del campo, se quedó sin control y terminó pidiendo la hora. El cariño por Manolo sigue ahí; la confianza deportiva, mucho menos. Y esto, en fútbol, suele ser una frontera peligrosa.

La afición ya no pita por capricho: pita por agotamiento

Los pitos del RCDE Stadium tras el Levante no fueron una rabieta. Fueron el sonido de una afición cansada. El perico ha visto descensos recientes, ha visto ascensos agónicos, ha visto proyectos que se rompían antes de empezar y ahora vuelve a sentir ese olor a drama que nadie quería. Si este Espanyol bajara, sería el tercer descenso en pocos años, una barbaridad para un club que debería estar peleando por estabilizarse en Primera, no viviendo siempre con el agua al cuello. La gente no pide milagros. Pide competir, dar la cara y no tener que mirar cada jornada la clasificación con miedo.

La zona baja está comprimida: media Liga todavía mira hacia abajo

El empate entre Espanyol y Levante ha dejado una pelea por la permanencia con muchísima gente metida. Del Athletic hacia abajo, casi media tabla tiene alguna cuenta pendiente, aunque unos estén mucho más tranquilos que otros. Rayo, Valencia, Espanyol, Girona, Elche, Alavés, Mallorca, Sevilla, Levante y Oviedo forman ese grupo en el que un triunfo te cambia la semana y una derrota te mete otra vez el susto en el cuerpo. LaLiga tiene programadas las cinco últimas jornadas con varios cruces directos que pueden cambiarlo todo, y la propia Jornada 34 ya trae partidos muy sensibles para la parte baja, como Girona – Mallorca, Celta – Elche o Sevilla – Real Sociedad.

El calendario del Espanyol: Madrid, Sevilla y tres rivales incómodos

El camino del Espanyol no es amable. Primero recibe al Real Madrid en el RCDE Stadium. Luego visita al Sevilla en el Sánchez-Pizjuán, en un partido que ya huele a final incluso antes de jugarse. Después vendrán Athletic Club en casa, Osasuna en El Sadar y Real Sociedad otra vez en Cornellà. O sea, casi nada. El duelo de Sevilla puede ser el más importante de todos, porque el conjunto andaluz está ahora mismo en descenso y llega también con una crisis enorme, deportiva, institucional y emocional. Su situación se ha vuelto tan delicada que hasta desde fuera se habla ya de fatalismo y miedo alrededor del Sánchez-Pizjuán. Si el Espanyol no llega vivo de cabeza a ese partido, puede sufrir muchísimo.

Athletic, Rayo y Valencia: más arriba, pero sin cerrar del todo

El Athletic parece el más tranquilo de este grupo amplio, pero aún tiene cruces con rivales de abajo: visita al Alavés, recibe al Valencia, va al campo del Espanyol, recibe al Celta y cierra ante el Real Madrid. El Rayo tiene un calendario con mucha trampa: Getafe fuera, Girona en casa, Valencia en Mestalla, Villarreal en Vallecas y Alavés fuera. El Valencia, que ha cogido aire con su triunfo ante el Girona, todavía tiene un camino exigente: Atlético en casa, Athletic fuera, Rayo en Mestalla, Real Sociedad fuera y Barça en casa. Nadie de esta zona puede ir de sobrado, porque la Liga te pega un empujón en cuanto te despistas.

Girona, Elche y Alavés: tres calendarios llenos de finales escondidas

El Girona recibe al Mallorca en una final clarísima, luego visita al Rayo, recibe a la Real Sociedad, va al campo del Atlético y acaba en casa contra el Elche, que podría ser un partido dramático. El Elche, con moral tras ganar en Oviedo, visita al Celta, recibe al Alavés, va a La Cartuja contra el Betis, recibe al Getafe y termina en Montilivi. El Alavés, que salió reforzado ante el Mallorca, tiene Athletic en casa, Elche fuera, Barça en Mendizorroza, Oviedo fuera y Rayo en casa. Aquí hay duelos directos de verdad, de los que pueden mandar a uno a dormir tranquilo y al otro a no pegar ojo.

Mallorca, Sevilla, Levante y Oviedo: los que viven más cerca del incendio

El Mallorca abre con una visita durísima a Girona, luego recibe al Villarreal, va a Getafe, visita al Levante y cierra en casa ante el Oviedo. El Sevilla tiene Real Sociedad en casa, Espanyol también en el Sánchez-Pizjuán, Villarreal fuera, Real Madrid en casa y Celta fuera. El Levante visita al Villarreal, recibe a Osasuna, va a Balaídos, recibe al Mallorca y acaba contra el Betis. El Oviedo, ya muy tocado, visita al Betis, recibe al Getafe, va al Bernabéu, recibe al Alavés y acaba en Mallorca. Todos tienen cuentas difíciles, pero el Espanyol no puede vivir esperando que los demás fallen. Necesita hacer su parte.

La salvación puede ser más cara de lo que parecía

La permanencia apunta a estar cara. En los últimos años ha habido cursos donde bastaba con rondar la parte alta de los treinta y otros donde hizo falta superar los cuarenta. Esta temporada, con tantos equipos apretados, la frontera puede subir bastante. Por eso los 39 puntos del Espanyol no garantizan nada. Dan aire, sí. Pero no cierran la historia. El equipo necesita al menos una victoria para dejar de vivir pendiente de cada marcador ajeno. Empatar puede servir un día. Empatar siempre no salva a nadie con tranquilidad.

equipo espanyol levante

El Sevilla – Espanyol puede ser el partido que lo cambie todo

Ahora mismo, el partido del Sánchez-Pizjuán aparece en rojo fosforito. Si el Sevilla llega vivo, y llegará, ese duelo puede ser de los que marcan una temporada entera. El Espanyol irá a un estadio caliente, ante un rival desesperado y con la presión de no permitir que el descenso se le pegue a la espalda. Ese día no valdrán excusas de mochila, ni mala suerte, ni detalles. Ese día habrá que jugar con personalidad. Y si el Espanyol sigue tan nervioso como ante el Levante, la tarde puede hacerse larguísima.

El Espanyol aún depende de sí mismo, pero necesita volver a creérselo

La parte buena es que el Espanyol sigue teniendo margen. Cinco puntos no son poca cosa a falta de cinco partidos. La parte mala es que el equipo no transmite confianza para gestionar ese margen. Esa es la gran contradicción. En la tabla, aún hay colchón. En el campo, parece que el colchón se hunde. El Espanyol no necesita jugar bonito ahora. Necesita ganar. O, como mínimo, dejar de jugar con cara de miedo. Porque si el descenso vuelve a aparecer de verdad en el horizonte, el golpe emocional para el club sería enorme.

Cinco partidos para evitar que el miedo se haga realidad

La temporada todavía se puede salvar. Esa es la verdad. Pero también se puede torcer de una manera muy fea si el equipo no reacciona ya. Pasar de soñar con Europa a temer otro descenso explica una caída demasiado grande como para taparla con frases bonitas. El Espanyol necesita carácter, liderazgo, gol y una propiedad que aparezca de una vez. Necesita que Manolo, si sigue, encuentre algo que todavía no ha encontrado en meses. Y necesita que los jugadores dejen de esconderse. Quedan cinco partidos. Cinco. Y el Espanyol se juega mucho más que una permanencia: se juega no volver a romperle el alma a su gente.