Estaba escrito: De la Fuente culminó la falta de respeto, el pitorreo y la burla a la afición del Espanyol haciendo debutar a Joan García en el que fue su estadio. Los seguidores pericos ya tenían la mosca tras la oreja al oír las declaraciones de Luis de la Fuente en la matinal del lunes, que afirmó querer huir de “localismos” en referencia a la polémica por la cláusula de rescisión de Joan García, que recordemos que aumentaba 5 millones de euros si era convocado con la Roja. No hablemos ya de la invitación del seleccionador a que el público se quedase en casa antes de cometer el terrible crimen de silbar a Joan. Esa sensación fue in crescendo durante la mañana del martes, cuando el portero ahora azulgrana, fue convocado junto a los otros tres guardametas para disputar el partido ante Egipto. A posteriori, ya en el estadio, al comprobar que los bares adyacentes estaban abiertos con total normalidad, el seguidor perico ya olía directamente a cuerno quemado. Cuando el elegido bajo palos fue David Raya, más de uno suspiró aliviado. Pero fue en vano.
Vaja, als voltants de l’estadi els bars són oberts. Es veu que Ajuntament de Cornellà només li molesten els aficionats del #RCDE pic.twitter.com/ungkaRooph
— Francesc Via (@francescviapol) March 31, 2026
División de opiniones del respetable con predominancia de silbidos, cuando el nombre de Joan García fue recitado por el speaker del estadio, así como cuando resonó el nombre de Luis de la Fuente que levantó recelos en una grada del RCDE Stadium que rozó el lleno. No obstante, los nombres de los jugadores de filiación cule fueron aplaudidos de forma unánime, con lo que quedaba claro que los silbidos tenían un motivo evidente. Un localismo, que diría De la Fuente. Menos motivo tuvieron los silbidos generalizados al himno de Egipto, vaya usted a saber si fruto de la mala educación, como parece evidente, o de alguna mala experiencia visitando la pirámide de Keops. El calor, la arena, ya se sabe.
La primera parte del encuentro fue más bien aburrida. Ni la Roja -esta noche blanca aunque cuajada de azulgranas- estuvo demasiado por la labor ni los egipcios se pusieron de perfil. Ritmo de amistoso, salpicado de alguna entrada por banda que nadie llegó a rematar. Hay que reseñar, que en la punta de ataque del equipo formaba Ferran Torres, lo que siempre supone imponerse a uno mismo una especie de handicap. El público, que contrastando con el juego del equipo tenía ganas de divertirse, estuvo bien aplaudiendo en el minuto 21, demostrando que la tradición de homenajear al eterno capitán está arraigada en el estadio independientemente de quien juegue. Por desgracia, el respetable no fue tan respetable al gritar, de forma considerablemente audible: “musulmán el que no bote, eh”. Sin solución de continuidad, todavía fue más coreado el cántico de “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Un insulto elevado a la categoría de himno por la generación TikTok que lo entona con el mismo énfasis y desenfado que ‘La Morocha’. En el 28′ Marmoush, un jugador que le gustaba a Catoira -no se apuren, también le gustaba Dani Gómez- envió un buen remate al palo. Susto para los locales que siguieron mostrando un fútbol superior aunque tremendamente plano. Lamine no se fue ni una vez, y cuando notó el aliento del defensa egipcio se dejó caer creyendo que le arbitrarían como en La Liga. Nada, 0 a 0 y al descanso.
En la reanudación, Joan ocupó lugar en el banquillo, pareciendo que De la Fuente recuperaba el juicio pero sería un espejismo. El seleccionador ordenó un cambio cuádruple con la entrada de Pedri y Rodrígo para dar algo más de fútbol al equipo, pero toda la clarividencia que aportaron fue desaprovechada por Torres, al que más le vale conseguir el teléfono de la hija de De la Fuente si quiere ir al Mundial. De vez en cuando el público coreó algún “olé” más que nada para no dormirse. También debutó Víctor Muñoz -este chavalito que Garagarza quiso para el B- que revolucionó la banda izquierda, pudiendo hacer el 1-0 en colaboración con Fermín el cual, aunque es un tipo deleznable -su abuela, la del anuncio, opinará lo contrario- se mostró muy activo.
Y el gran momento llegó: De la Fuente decidía dar entrada a Joan García con un año de retraso, demostrando una desfachatez olímpica y un absoluto desprecio por la afición del Espanyol. Con su entrada, -que De la Fuente hizo coincidir cobardemente con la de Borja para evitar más pitos- el clima del estadio cambió de golpe y se convirtió en un plebiscito por la figura del portero. Por una parte pitos de parte del público y por otra parte gritos de “Joan García” que fueron muy superiores a los pitos: recuérdeselo usted a su cuñado cuando le diga que la gente que sigue a la Selección Española en Catalunya son básicamente pericos.
El resto del partido que fue un asedio de España que acabó sin premio, ya no tenía ningún interés. De la Fuente había completado su hazaña, su falta de respeto catedralicia e injustificable. Podía haber hecho debutar al portero, que por otra parte se lo merece desde la pasada liga, en cualquier campo, en cualquier momento, pero ha elegido hacerlo aquí y ahora y solo él sabrá porqué. Seguramente porque no ignora, como tantos otros, que al Espanyol se le puede faltar al respeto en cualquier ámbito del deporte, la política o la sociedad, y no pasa nada.







