Juan José Caseiro pone el punto final a la temporada del Espanyol con una contracrónica muy suya, de esas que no se quedan solo en el 1-1 ante la Real Sociedad ni en la clasificación final. Bajo el título “Fin de trayecto”, el texto convierte el curso blanquiazul en un viaje en tren que empezó en agosto, después de aquella tarde agónica contra Las Palmas, y que ha terminado en Cornellà con alivio, cansancio y muchas estaciones por recordar. Fortuño, Rubén, Cabrera, Calero, Romero, Urko, Edu, Terrats, Roberto, Dolan, Pere Milla o Kike aparecen como pasajeros de una Liga irregular, preciosa al principio y agotadora al final. Una temporada que acabó con la permanencia, sí, pero también con esa sensación tan perica de haber llegado al destino con el último aliento y con mucho por arreglar antes del próximo viaje.
Fin de trayecto
A las 21.30 de un caluroso domingo 17 de agosto, partía de la estación de Cornellá-Prat el tren de una liga a la que nos subimos dos meses antes en una agónica tarde contra Las Palmas, sin saber cuál era la estación que marcaría el objetivo, ausente en los discursos de inicios de temporada. Y se puso en marcha.
Fortuño nos enseñó que él también puede ir en primera clase si se le da continuidad; Rubén dejó los vagones de cola en las últimas semanas y terminó disfrutando el trayecto y Cabrera, el revisor que aparece y desaparece. Se bajarán Calero, posiblemente en su mejor temporada y Romero, excelso futbolista que tiene trasbordo al ferrocarril que le lleva a la Champions.
Hicimos parada en San Sebastián para recoger a Urko, importante siempre. Por los pasillos Edu puso criterio en una primera vuelta de ensueño que 18 partidos después casi acaba descarrilando. Terrats, el pasajero que nos llenó de ilusión antes de la salida del convoy.
El último día de excursión se juntó a Jofre y Roca, que antes del final del recorrido, se quedaron a un palmo de una declaración de intenciones pendiente. Roberto aumentó el contador con un gol más que también a él le sabe a poco.
Al principio y al final del camino Dolan puso espectáculo y Milla la magia; sí, la magia, dejando un regate “a lo Bergkamp” antes de oír el pitido que nos acercaba a la llegada. Como los niños que se portan bien, Lluc Castell se ganó el debut y a Omar le dejaron ventana y Kike completó los movimientos de asiento tras habernos conducido a un buen final con dos goles ante Bilbao y Osasuna.
El pitido final fue el aviso del final de trayecto. La locomotora blanquiazul echó el freno después de un viaje irregular, emocionante al principio, agotador al final. A los que se tengan que bajar, gracias; a los que se vayan a subir se lo explicaremos los aficionados que siempre les esperamos en el andén, porque ya hemos vivido muchos frenazos, curvas, averías, asientos que se quedan vacíos y algún paisaje inolvidable. Necesitamos más madera para no quedarnos con esta sensación de haber llegado, aunque fuera con el último aliento, al destino que nadie se atrevía a anunciar en agosto.
Juan José Caseiro







