Hace seis años, el RCDE Stadium explotaba de júbilo. El Espanyol de Rubi acababa de sellar su billete para la Europa League con un 2-0 ante la Real Sociedad que provocó una invasión de campo épica, de esas que solo ocurren cuando llevas demasiados años soñando con algo. Aquella noche quedó grabada en la memoria colectiva. Pero lo curioso no es solo el cómo acabó aquella temporada. Lo llamativo es ver desde dónde se partía.

Manolo mejora el arranque europeo de Rubi
Aquel Espanyol de Rubi era undécimo en la jornada 16. Sumaba 21 puntos. Buen arranque, sí, pero luego se deshinchó, encadenó derrotas preocupantes y solo un arreón final -nueve jornadas sin perder, con Wu Lei y Borja Iglesias desatados- le catapultó hasta la séptima plaza con 53 puntos. Un billete europeo más que celebrado, pero que llegó con la lengua fuera.
Hoy, el Espanyol de Manolo González va por otro camino. El sábado sumó en Getafe su cuarta victoria consecutiva, está quinto con 30 puntos en 16 jornadas, y si esto sigue así, puede permitirse mirar de frente al cuarto puesto. No es humo. Es fútbol. Es trabajo. Y es una ilusión que no se vivía desde 2019.
Una tabla que no miente: datos que invitan a soñar
Los números le dan la razón al técnico gallego. Este Espanyol ha igualado el arranque de Valverde en la 2007-08 y de Lotina en la 2004-05. Y solo queda por encima el mítico equipo de Camacho de la 1995-96, que firmó 34 puntos en este tramo. Traducido: es el segundo mejor Espanyol desde que las victorias valen tres puntos. Y este, además, compite. Gana partidos difíciles, no concede casi nada atrás y tiene algo que escaseaba en el pasado reciente: una defensa fiable.

El espejo de Rubi… y el retrovisor de la historia
Aquel Espanyol de Rubi solo pudo soñar con Europa en la recta final. Este de Manolo ya lo está haciendo ahora. Y lo hace con prudencia, claro, porque ya lo ha dicho el míster: «Queremos llegar a los 42 puntos, eso es lo primero». Pero en el vestuario todos saben que con el colchón actual y este ritmo de puntuación, soñar no es pecado. Y como ejemplo, ahí está el único superviviente de aquella gesta: Javi Puado.
Puado, el nexo entre dos generaciones
Era apenas un chaval. Jugó unos minutos en aquel Espanyol – Real Sociedad que lo cambió todo. Hoy, seis años más tarde, está llamado a ser el fichaje estrella de enero. Llega recuperado, con galones y con el recuerdo fresco de lo que significa vestir esta camiseta en Europa. Su presencia puede ser ese punto emocional que active aún más a un vestuario que ya está enchufado.

Del abismo a la ambición, en tiempo récord
La película ha dado un giro inesperado. Hace un año, este club se preparaba para un descenso que ya parecía inevitable. Hoy, el Espanyol vive su mejor arranque en mucho tiempo. Y no se debe a la suerte. Se debe a Manolo. A su humildad. A su pizarra. A jugadores que han recuperado el nivel. Y a un vestuario que se ha hecho equipo. Ahora la cuestión ya no es si este Espanyol puede soñar con Europa. La pregunta real es: ¿quién le va a despertar?
Fuente: Mundo Deportivo







