Hace no tanto, ser del Espanyol era como vivir en una montaña rusa que solo bajaba. Cada partido era un drama, cada jornada, una cuenta atrás hacia el abismo. Pero algo ha cambiado. El equipo ha pegado un giro de 180 grados y, sin hacer mucho ruido, se ha colocado a un paso de dejar el drama atrás. Lo del equipo de Manolo González no es flor de un día. AS lo recordaba ayer con datos contundentes: en lo que llevamos de 2025, los pericos han sumado 20 puntos, con cinco victorias (ante Valladolid, Real Madrid, Alavés, Rayo Vallecano y Celta), cinco empates y solo dos derrotas. Números de equipo europeo. Y no es casualidad: el vestuario va a una, los fichajes de invierno están rindiendo como un reloj suizo y tipos como Pere Milla se han enchufado de lleno a la causa. Solo siete equipos han sumado más puntos desde el 1 de enero, y la mayoría llevan uno o incluso dos partidos más. El trabajo está dando frutos y la gente vuelve a soñar.
¿Cómo ha pasado esto? Pues con trabajo, aciertos y el apoyo de una afición que ha estado en los buenos y en los malos momentos al lado del equipo. Vamos a desmenuzarlo.
Una fórmula que, esta vez, sí funciona
Manolo González ha encontrado la tecla. No ha inventado la rueda ni falta que hace. Simplemente ha dado con una idea clara, sin florituras, pero muy suya. Un esquema reconocible, serio atrás y con gente arriba que se deja la piel. “Ahora sabemos a qué jugamos”, dicen desde dentro del vestuario. Y eso, aunque suene a topicazo, se nota. El equipo está junto, corre más que antes y ya no se parte como un melón cuando pierde un balón.

La gestión del vestuario
Lo de Manolo no es casualidad. Ha sabido ganarse al vestuario y, lo más importante, ha conseguido que sus jugadores se crean que son buenos. “Es un entrenador que va de cara”, dicen algunos. Sin discursos vacíos ni palabrería. Ha sido clave para que los más experimentados hayan recuperado su mejor versión, y para que chavales como Antoniu o Jofre vayan como un tiro. El equipo, por fin, tiene alma. Y eso no se entrena, pero sí se contagia.

Jugadores que han dado un paso al frente
No hay milagros sin protagonistas. Y en este Espanyol, cada uno ha empezado a tirar del carro. Joan García se ha hecho mayor de golpe, Calero y Kumbulla forman una pareja que impone, Pol Lozano se ha soltado … y arriba, claro, manda Puado. Carlos Romero hablaba tras el triunfo en Balaídos de que hubo conjura en Navidad, y lo cierto es que los resultados de la misma han sido evidentes.
🫡 «Las cosas nos las dijimos claras»
Carlos Romero y el punto de inflexión que cambió la temporada del RCD Espanyol#LALIGAenDAZN ⚽️ pic.twitter.com/6XmCjurgfR
— DAZN España (@DAZN_ES) April 12, 2025
El colectivo manda, sí, pero es que ahora también brillan las individualidades. Y eso marca la diferencia.

Urko y Roberto: dos fichajes que valen su peso en oro
Aquí hay que darle su parte de mérito a Fran Garagarza, aunque muchos no quieran ni oír hablar de él. El director deportivo, tan criticado durante meses, acertó de pleno con las incorporaciones de invierno. Urko González de Zárate ha dado estabilidad al centro del campo y Roberto Fernández ha aportado lo que más escaseaba: gol. “Han encajado como un guante”, dicen desde dentro. Y es verdad. No han necesitado adaptación ni presentaciones: han llegado, han jugado y han rendido.

La afición del Espanyol, el alma de este resurgir
El Espanyol ha cambiado. De ser un equipo hundido, sin rumbo ni alma, ha pasado a competir con orgullo, y ese cambio no se entiende sin mirar a la grada. Porque la afición ha estado siempre. En casa, llenando el RCDE Stadium como no se veía desde hace años. Y fuera, acompañando al equipo en todos los desplazamientos, llueva o truene, con pancartas, cánticos y esa fe que no se negocia. “Tenemos una afición que no se rinde nunca”, repite Manolo González. Y no es una frase hecha. Es una verdad como un templo.

En los peores días, los pericos no abandonaron. Siguieron creyendo cuando no había motivos, y ahora que los hay, aprietan más que nunca. Han hecho del estadio una caldera y de cada viaje, donde no faltan las bufandas y banderas blanquiazules, una declaración de amor. Si este Espanyol ha resucitado es, en gran parte, por ellos. Por esa gente que no ha dejado de empujar, incluso cuando el equipo se tambaleaba. Porque este año, más que nunca, el Espanyol juega con doce.







