Durante los últimos 15 días, el espanyolismo ha debatido ampliamente sobre si el robo arbitral perpetrado en Son Moix por el colegiado del encuentro Mallorca – Espanyol, Alejandro Quintero, y el árbitro de VAR, Del Cerro Grande, fue un simple accidente o si realmente existe una campaña en contra del Espanyol. Y visto lo sucedido en el RCDE Stadium en el encuentro ante el Atlético, con las decisiones de Alberola Rojas sobre el césped y de Trujillo Suárez en la Sala VOR, los peores temores no acaban de despejarse.
A pesar de que al CEO blanquiazul, Mao Ye, se le garantizó en su visita al CTA que no había ninguna campaña en contra del club perico, es imposible no recordar cómo hace dos años los árbitros fueron clave en dos encuentros contra el Atlético y posteriormente frente al Valencia en Mestalla, empujando al equipo al abismo. Por desgracia, sobre el espanyolismo planea la sensación de que esa situación puede repetirse otra vez y que podría existir una mano negra que quiere al Espanyol de nuevo en Segunda.
La primera parte del partido fue indignante, escandalosa. La conclusión es que, después de todo el revuelo generado tras el escándalo de Son Moix, al Espanyol no se le respeta lo más mínimo, ya que todas las jugadas dudosas se pitaron a favor del Atlético. En el minuto 38, se dio validez a un gol de Azpilicueta tras una clarísima falta de Sorloth en el choque con Kumbulla, pero Alberola Rojas desde el primer momento dijo que no había nada y no fue rectificado desde el VAR. En cambio, en el minuto 47, el colegiado no vio un claro penalti por un derribo de Samu Lino sobre Jofre Carreras, y el VAR validó su decisión en un tiempo récord. Además, el sibilino arbitraje del colegiado dejó sin ver ninguna amonestación a Lenglet, pese a dos claros agarrones sobre Roberto. El enfado del RCDE Stadium era enorme, y Alberola Rojas se llevó una sonora pitada cuando enfiló el camino a vestuarios.
En la segunda mitad, Alberola sí decretó un penalti sobre Cabrera. No sabemos si por su claridad o por la mala conciencia tras sus decisiones tan sesgadas en la primera parte. Puado transformó la pena máxima, sumando un punto que ayuda en la lucha por la permanencia a pesar de que volvieron a repetirse decisiones puntuales por parte del trencilla que indefectiblemente perjudicaron a los blanquiazules.
Pese al resultado final puede rebajar el enfado, no puede olvidarse que dos decisiones arbitrales en la primera mitad condicionaron claramente el partido y, con ello, el resultado final. En una batalla tan dura por la permanencia como la que está librando el Espanyol, estos puntos pueden acabar siendo determinantes. Tanto los de Mallorca como los de este sábado ante el Atlético pueden echarse de menos en el tramo final de la temporada.







