Hay nombres que vuelven cada cierto tiempo y escuecen un poco. En clave Espanyol, uno de ellos es Víctor Muñoz. El extremo catalán, uno de los futbolistas de moda del fútbol español, está a punto de dar un salto brutal en su carrera con su fichaje por el Liverpool, que pagará los 40 millones de euros de su cláusula en Osasuna, en una operación que también deja beneficio para el Real Madrid. Y claro, cada vez que aparece una noticia potente sobre él, en el entorno perico vuelve la misma frase de fondo: este chico pudo vestir de blanquiazul.
El jugador que Luis García vio antes que muchos
La historia no es nueva, pero ahora duele más porque Víctor Muñoz ya no es una promesa escondida en Valdebebas. Ya es internacional español, jugador de Mundial y objetivo de un gigante como el Liverpool. Según ha recordado en varias ocasiones nuestro compañero Quique Iglesias, Luis García tuvo muy buen ojo con él durante su primera planificación como técnico del Espanyol. El entonces entrenador perico lo tenía controlado, conocía su evolución en el filial del Real Madrid y veía ahí un futbolista con un potencial enorme. No era un capricho. Era una apuesta de entrenador, de esas que nacen de ver partidos, detectar condiciones y pensar: este nos puede venir muy bien.
Gol de Víctor Muñoz con España… En su primer verano como técnico del Espanyol (2023), Luis García le quiso. Insisitió al director deportivo del #rcde, que acabó llamando al Madrid para pedir su cesión… ¡pero para el B! Claro, le dijeron que para eso se quedaba en el Castilla.
— Quique Iglesias (@qiglesias) March 27, 2026
Garagarza no lo vio igual y ahí se torció todo
El problema llegó en los despachos. Fran Garagarza no compartió esa apuesta con la misma fuerza, o al menos no la trabajó como pedía el momento. La operación acabó planteándose como una cesión para reforzar al Espanyol B, algo que el Real Madrid rechazó de plano. Normal. Desde Valdebebas consideraban que el jugador ya estaba para un reto mayor, no para salir cedido a un filial. Y ahí se perdió la opción. Luis García lo quería para dar un salto competitivo; el club lo trató como si fuese un refuerzo de cantera. La diferencia es enorme. Y el tiempo, que a veces es bastante cruel, ha dejado claro quién tenía mejor vista.
Una falta de visión que hoy pesa mucho más
No se trata de hacer trampas con el pasado, porque en el fútbol nadie acierta siempre. Hay jugadores que parecen buenísimos y luego se quedan por el camino. Otros explotan tarde. Otros necesitan el contexto justo. Pero el caso de Víctor Muñoz tiene algo que molesta especialmente: había alguien dentro del Espanyol que sí lo veía. Luis García insistió. Lo detectó. Lo pidió. Y no se cerró. No fue una oportunidad invisible; fue una oportunidad mal leída. Y eso, en un club como el Espanyol, que necesita acertar antes que los ricos, es un pecado bastante serio.
De Valdebebas a Osasuna, y de Osasuna al Liverpool
Víctor Muñoz siguió su camino. Pasó por la cantera del Real Madrid, llegó a debutar con el primer equipo blanco de la mano de Carlo Ancelotti y acabó en Osasuna, que pagó 5 millones por el 50% de sus derechos y le firmó cinco temporadas. En Pamplona encontró el escaparate que necesitaba. Minutos, confianza, continuidad y un contexto competitivo donde crecer sin tanto ruido. Y de ahí, al mercado grande. Primero sonó con fuerza para el Newcastle, pero el Liverpool ha puesto sobre la mesa la cláusula de 40 millones. Así se entiende mejor la dimensión del futbolista que el Espanyol tuvo cerca.
Un extremo de los que ahora valen oro
Víctor Muñoz no es solo un jugador rápido y eléctrico. Es un extremo que ataca muy bien el espacio, que vive cómodo en la izquierda, que puede recibir abierto y también tirar rupturas hacia dentro. Tiene ese punto de futbolista que parece hecho para partidos abiertos, para castigar defensas cansadas y para aparecer cuando el rival ya empieza a sufrir. En la selección española se le mira como una posible revelación, sobre todo para tener impacto desde el banquillo. Justo ese tipo de jugador que hoy todos buscan y que, cuando ya explota, cuesta una fortuna.
El Espanyol no puede permitirse perder tantas ventanas
Aquí está la lectura perica. El Espanyol no compite con Liverpool, Real Madrid o Newcastle cuando el jugador ya cuesta 40 millones. Compite antes. Cuando todavía está en una cantera, cuando aún no ha explotado, cuando hace falta ver algo que otros no han visto del todo. Esa es la gracia. Y también la obligación. El Espanyol necesita adelantarse, no llegar cuando el precio ya está en la estratosfera. Por eso el caso de Víctor Muñoz es tan incómodo. Porque había una puerta abierta, o al menos una rendija, y no se supo entrar bien.
Luis García queda retratado para bien
Luis García no tuvo una etapa fácil en el Espanyol. Cogió al equipo en un momento durísimo, con el descenso encima, y luego tampoco contó con todas las herramientas que habría querido para armar su proyecto. Pero en este caso, su intuición queda bastante reforzada. Él vio a Víctor Muñoz antes de que se convirtiera en un nombre de moda. Vio el talento, el perfil y el encaje. A veces un entrenador no solo necesita que le traigan jugadores; necesita que el club le escuche cuando detecta uno. Y aquí no se le escuchó como tocaba.
Garagarza queda retratado para mal
La figura de Garagarza, en cambio, vuelve a quedar tocada cuando se recuerda esta historia. No porque todo se pueda reducir a un jugador, claro. Pero sí porque encaja con una sensación que muchos pericos tuvieron durante su etapa: demasiadas operaciones poco claras, demasiados perfiles discutidos, demasiadas apuestas que no parecían responder del todo a lo que pedía el banquillo. Y el caso de Víctor Muñoz es uno de esos ejemplos que se vuelven más grandes con el tiempo. Cuando un jugador que pudiste tener acaba rumbo al Liverpool por 40 millones, algo chirría.
El contraste con la nueva etapa de Monchi
La llegada de Monchi al Espanyol también se entiende mejor mirando historias como esta. El club necesita recuperar olfato, valentía y rapidez. No basta con fichar nombres conocidos ni con esperar a que el mercado te deje las sobras. Hay que llegar antes. Hay que escuchar al entrenador. Hay que leer bien cuándo una apuesta merece ir en serio. El nuevo Espanyol no puede permitirse repetir errores como el de Víctor Muñoz. Porque estas oportunidades, cuando se van, no vuelven. Vuelven en forma de noticia del Liverpool. Y eso ya es otra liga.
Una historia que deja una lección clara
Víctor Muñoz pudo ser perico. No lo fue. Hoy es internacional, está en el radar del Mundial y su salida a la Premier habla de un futbolista que ha crecido a toda velocidad. Para el Espanyol, queda una mezcla de rabia y aprendizaje. Rabia porque Luis García lo vio y no se cerró. Aprendizaje porque el club debe entender que el talento joven no espera eternamente a que alguien se decida. El Espanyol debe acertar cuando el jugador aún es posible, no cuando ya sale en todas las portadas.
El talento no siempre avisa dos veces
Ahora Víctor Muñoz pone rumbo al Liverpool, Osasuna hace caja y el Real Madrid también recoge una parte importante de la operación. Y el Espanyol mira desde fuera una historia que pudo tener otro color. No se trata de llorar por cada tren perdido, porque en el fútbol hay mil. Pero algunos duelen más que otros. Este duele porque hubo una mirada buena, la de Luis García, y una gestión que no estuvo a la altura. El talento pasó cerca de la Dani Jarque, pero el Espanyol no supo agarrarlo.







