Leandro Cabrera habló después del Osasuna 1-2 Espanyol con esa calma de quien ha vivido mil batallas, pero también con la sonrisa de quien sabe que el equipo acaba de quitarse un peso enorme. El Espanyol ganó en El Sadar, certificó la permanencia matemática y cerró de golpe una angustia que llevaba meses apretando. No fue un partido cómodo, ni bonito en muchos tramos, ni de esos que se juegan con el pulso tranquilo. Carlos Romero abrió el marcador en el minuto 27 con un zurdazo precioso tras un rechace de una falta lanzada por Edu Expósito; Osasuna apretó muchísimo después, empató al inicio de la segunda parte con Víctor Muñoz y, cuando parecía que venía otra tarde de sufrimiento serio, apareció Kike García para hacer el 1-2 tras una buena acción de Dolan por la derecha. Cabrera lo resumió con una frase que explica bastante bien el valor del triunfo: “Yo creo que fue un partido muy difícil, muy trabado contra un rival de los duros. Es uno de los campos de los que no te querés venir a jugarte la temporada, ni por arriba ni por abajo, pero el equipo creo que demostró una madurez terrible. Supimos jugar en cada momento y creo que en todas las facetas. La verdad que muy felices y muy contentos”.
Una segunda vuelta “extrañísima” y un bloqueo que por fin se rompe
El central uruguayo no quiso esconder lo que ha sido esta segunda vuelta del Espanyol. Porque no tendría demasiado sentido hacerlo ahora. El equipo venía de una primera mitad de curso que invitaba a mirar hacia arriba, incluso con bastante ilusión, y después se metió en una caída larguísima, rara, dura de explicar y muy difícil de llevar por dentro. Cabrera lo explicó sin grandes adornos, como quien todavía intenta entenderlo: “La verdad que la segunda vuelta fue una cosa extrañísima. Creo que nunca nos había pasado ninguna. Sobre todo por el hecho de tan buena primera vuelta y tan mala la segunda. Hay cosas inexplicables, pero creo que ya era un bloqueo que teníamos. Fíjate que ganas la semana pasada, hace un par de días, contra el Athletic y hoy vuelves a ser el mismo equipo que eras. Jugando mejor o peor igual, pero siempre de cara al partido, siempre compitiendo en la faceta que sea. Por suerte nos pudimos sacar ese lastre que teníamos justo cuando más quemaban las papas, por decirlo así. Creo que es una temporada de muchísimo aprendizaje, de muchísima madurez, de que hay que quedarnos con muchísimas cosas. Muy felices y muy contentos porque sin lugar a dudas que lo sacamos todos juntos. Afición, cuerpo técnico y jugadores”. La idea es clara: el Espanyol estaba bloqueado, pero ganó cuando ya no podía fallar.
La afición, otra vez en el centro del mensaje
Cabrera también quiso acordarse de la gente. Y ahí no hay mucho teatro, porque la afición perica ha estado en partidos de lunes, en horarios malos, en noches frías y en semanas donde el equipo no daba casi ningún motivo para creer. En El Sadar también hubo presencia blanquiazul, como ya la hubo en otros momentos complicados. Y el central lo valoró con agradecimiento real: “Increíble. El día del Athletic de Bilbao también fue una cosa impresionante. Todo el año en general jugando 14.000 lunes que nos pusieron en horarios malísimos y la gente siempre ahí rondando las 30.000 personas. La verdad que solo tenemos palabras de agradecimiento”. Es una frase muy de capitán, pero también muy de alguien que sabe que el equipo ha quedado en deuda con su gente durante demasiadas semanas. La permanencia se celebra, sí, pero también se agradece a una afición que ha tragado mucho.
Cabrera asume culpa y pide aprender de una temporada rara
Más allá de la alegría, Cabrera también dejó una reflexión importante. No se quedó solo en el “estamos salvados” y ya está. Habló de culpa personal, de no haber podido transformar una temporada que parecía mucho más ilusionante y de la obligación de sacar lecciones para que esto no vuelva a pasar. Lo dijo así: “Un poco también de culpa personal. Esto es mío. De igual no haber podido concretar lo que parecía que iba a ser una temporada más ilusionante. Pero bueno, me repito lo que dije antes. Creo que hay muchas cosas de las que tenemos que aprender esta temporada, de las que tenemos que guardarnos. Y nada, todavía nos queda un partido en casa y tenemos que darle la victoria a nuestra gente. Claro que sí. Vamos a por los 48 puntos. Ese es el objetivo. Creo que es la mejor manera de despedirnos”. Y ahí queda el reto final: cerrar el curso en el RCDE Stadium con una victoria ante la Real Sociedad, llegar a los 48 puntos y regalarle a la grada una despedida bastante más amable que todo lo vivido en esta segunda vuelta.







