Kike García, sobre la mínima opción de Conference, lo tiene claro: “Vamos a ir a por ella”.

17 de mayo de 2026

Kike García apareció cuando más falta hacía. El Espanyol había empezado bien en El Sadar, se había adelantado con un golazo de Carlos Romero en el minuto 27 y luego había tenido que sufrir muchísimo, porque Osasuna apretó, llenó el área de centros y buscó una y otra vez a Budimir. Tras el descanso, Víctor Muñoz hizo el 1-1 y por un momento volvió ese miedo tan conocido para el espanyolismo, ese runrún de “otra vez no, por favor”. Pero esta vez el equipo no se cayó. En el minuto 53, Pol Lozano encontró a Tyrhys Dolan por la derecha, el inglés puso el balón al área y Kike García resolvió con una tranquilidad brutal para hacer el 1-2. No lo celebró por respeto a Osasuna, donde jugó en su día, pero ese gol vale oro puro: permanencia matemática, ocho tantos en Liga y el delantero como máximo goleador perico del curso.

Kike y una permanencia que se hizo esperar demasiado

Después del partido, el ambiente era de alivio total. No podía ser de otra manera. El Espanyol venía de meses horribles, de una racha de 18 jornadas sin ganar, de semanas con el equipo señalado y con el descenso cada vez más cerca. Por eso, cuando Francesc Via le preguntó en el exterior de El Sadar cómo había costado tanto llegar hasta aquí, Kike tiró de una respuesta sencilla, pero bastante clara: “Bueno, porque lo bueno se hace esperar, ¿no? Claro, pero mira, lo hemos conseguido. Yo creo que, al final, con estos casos se hace más sentimiento de pertenencia y a disfrutarlo”. La frase explica bastante bien lo que se vio en Pamplona: un equipo liberado, una afición que volvió a estar y un vestuario que por fin pudo soltar aire. La salvación no borra todo lo sufrido, pero sí permite respirar de una vez.

Un gol con respeto a Osasuna y mucho valor para el Espanyol

El tanto de Kike tuvo un detalle muy suyo: no lo celebró. El delantero sabe lo que significa Osasuna, conoce El Sadar y respetó al club rojillo después de marcar un gol que, para el Espanyol, era casi una vida entera. Porque ese 1-2 llegó justo cuando el partido amenazaba con volverse oscuro. Osasuna había empatado, la grada empujaba y el equipo de Manolo González podía haber entrado otra vez en ese bucle de miedo que tanto daño le ha hecho esta segunda vuelta. Pero Kike controló, definió y cambió el final de la historia. El Espanyol no solo ganó un partido: ganó la tranquilidad de llegar a la última jornada sin mirar el descenso.

A por la opción de Conference, aunque sea una carambola

Tras sellar la permanencia en El Sadar, también apareció una idea que hace nada parecía casi ciencia ficción: la mínima opción de que el Espanyol pueda pelear por una plaza de Conference League en la última jornada. No depende solo de los pericos, ni mucho menos, porque hace falta una carambola bastante grande, pero Kike García dejó claro que el equipo no va a salir al último partido con el freno puesto. Preguntado por esa pequeña posibilidad europea, el delantero respondió: “Vamos a ir a por ella, lo que no vamos a hacer ahora es parar. Después de todo lo que ha pasado, tenemos una oportunidad buena de juntarnos todos, de disfrutar, de pasar una buena tarde-noche y ojalá que salga todo bien, para dar las gracias a la afición que han estado con nosotros.” La permanencia ya está en el bolsillo, que era lo urgente y lo gordo, pero el Espanyol quiere despedirse ante la Real Sociedad compitiendo de verdad, con orgullo y con la grada pudiendo vivir por fin una tarde sin mirar el descenso de reojo.

Una última tarde para agradecer a la afición

Kike García no habló solo de Europa. Habló, sobre todo, de disfrutar y de agradecer. El Espanyol cerrará la temporada en el RCDE Stadium ante la Real Sociedad ya salvado, algo que cambia totalmente el ambiente. Ya no será una final angustiosa por no caer a Segunda, sino una oportunidad para despedir el curso con algo de paz y con la afición recibiendo el cariño que se ha ganado durante meses. La gente ha estado en las malas, en las muy malas y en las peores, y ahora merece una última tarde sin el corazón en la garganta. Si encima aparece una carambola europea, ya sería una locura. Pero lo principal ya está hecho: el Espanyol seguirá en Primera.