La contracrónica de Juan José Caseiro del Osasuna – Espanyol llega con un título que ya lo dice casi todo: “El Espanyol se zampa el biscotto”. Porque en El Sadar había mucho ruido alrededor del empate, de las cuentas, de la calculadora y de ese supuesto reparto de puntos que podía servir más o menos según cómo soplara el viento en otros campos. Pero el Espanyol, fiel a su manera tan suya de hacer las cosas, eligió el camino menos previsible: ganó, sufrió, se levantó tras el 1-1 y acabó firmando la permanencia con dos victorias que llegaron tarde, sí, pero que ahora saben a gloria bendita. Caseiro lo cuenta con esa mezcla de ironía, alivio y cariño desesperado que define bastante bien al espanyolismo: un equipo capaz de inflarse como un globo, desinflarse con ruido raro durante meses y caer, justo cuando tocaba, en el sitio correcto.
El Espanyol se zampa el bicotto
Fuimos ese globo que se infla hasta estar a punto de explotar en la primera vuelta. Cuando se nos acabó el aire de los pulmones, lo sujetamos con los dedos y al soltarlo fuimos haciendo un trayecto irregular, con sonido a pedorreta, desconociendo donde acabaríamos. Y caímos en el sitio correcto, en el momento preciso, con dos victorias que debieron llegar antes y hoy saben a gloria.
Dmitrovic echó el candado y escondió la llave en su pecho acorazado; borró Omar agravios pasados, Riedel se dejó un peligroso balón atrás en una tarde notable y el día que se necesitaba un antiaéreo volvió Cabrera. Entre algodones, Romero desplegó las virtudes de lateral moderno y puso la primera piedra de la salvación.
Imperial Urko y poderoso Pol, que debe quitarse la matrícula que le identifica en los radares de amarillas arbitrales. Expósito pasó de puntillas sin desmerecer, porque claro “juega tú en el Sadar” que decía aquel.
Dolan asistió y Milla patrocinó el trabajo duro y un esfuerzo impagable. Se cumplió la ley del ex a nuestro favor, con Kike aportando dos goles en los dos partidos más esquizofrénicos de las últimas temporadas.
La ruleta de los cambios nos condujo a buen término: Pickel supo contenerse y contribuir, la versión comodín de Calero para jugar en el medio dio resultado, junto a Rubén y Roberto. Antoniu se jugó un slalom de mozo en los Sanfermines cuando el partido debía morir en la orilla navarra.
Pintaba a biscotto y por momentos pensé que se produciría. Los futbolistas son buenos actores, sirva como ejemplo algunas simulaciones y en los últimos minutos los resultados de otros campos lo permitían. Y no, decidimos que nos lo íbamos a comer y que cada uno se salve por sí mismo. A estas alturas, ya nada me sorprende y más si estamos nosotros por el medio. Ilógicos. Indescifrables. Irrepetibles. Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona, si no existieras tendríamos que inventarte.
Juan José Caseiro







