El Espanyol se salva en Pamplona y cambia el miedo por alivio: permanencia sellada, la continuidad de Manolo en el centro del debate y Monchi ante su primer gran verano

17 de mayo de 2026

El Espanyol ya puede decirlo sin mirar de reojo a ningún campo: seguirá en Primera división. El 1-2 en El Sadar ante Osasuna cerró una herida que llevaba meses abierta y que había convertido la segunda vuelta en una especie de túnel sin luz. Primero llegó el 2-0 al Athletic Club, el miércoles, para romper ese bloqueo mental que ya parecía una losa. Y después, en Pamplona, el equipo de Manolo González confirmó que no era solo una noche suelta. Carlos Romero abrió el camino con un golazo, Kike García firmó el 1-2 definitivo y Dmitrović volvió a poner manos de permanencia cuando más quemaba el partido. El Espanyol sufrió, claro, porque eso va casi en el escudo, pero esta vez estuvo a la altura cuando ya no quedaba margen para fallar.

Dos victorias que llegaron tarde, pero que valen una temporada

La temporada perica ha sido rarísima. En la primera vuelta el equipo llegó a inflarse hasta mirar hacia arriba, con 33 puntos y una ilusión que parecía bastante real. Luego llegó el apagón. Dieciocho jornadas sin ganar, partidos que se escapaban de todas las formas posibles, ansiedad, dudas, críticas y ese ruido que empieza siendo futbolístico y acaba metiéndose dentro de la cabeza. Por eso tienen tanto valor estas dos últimas victorias. No arreglan todo, porque sería engañarse. Pero sí demuestran que el equipo, cuando encontró otra vez el camino, no se escondió. Lo dijo el propio Manolo en sala de prensa, explicando esa sensación de liberación: “No era un tema ya de deportivo, de entrenador, ni nada por el estilo, era un tema de ganar un partido, y que eso a los jugadores los liberase”. Y así fue. Ganar al Athletic soltó el nudo. Ganar a Osasuna cerró la permanencia.

kike garcia 1 2 osasuna espanyol

Manolo González, señalado durante meses y otra vez con el objetivo cumplido

Manolo González ha vivido una segunda vuelta durísima. Seguramente la más dura desde que llegó al primer equipo. Ha recibido críticas, algunas muy comprensibles por la dinámica y otras con un tono bastante feo, porque en el fútbol a veces se pierde rápido la medida. Se le ha discutido todo: los cambios, los planteamientos, los mensajes, la capacidad para levantar al grupo. Y aun así, cuando tocaba sobrevivir, volvió a cumplir. Ascendió al equipo, lo salvó el curso pasado y ahora lo mantiene otra vez en Primera. No de la manera que todos queríamos, eso está claro, pero lo ha hecho. A Manolo se le pueden discutir muchas cosas, pero no se le puede negar que ha sacado adelante los objetivos en momentos de muchísima presión.

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El técnico quiere seguir: “Yo me quiero quedar”

La gran carpeta que se abre ahora es su futuro. Manolo tiene renovación automática por contrato tras lograr la permanencia, es querido por buena parte del espanyolismo y en El Sadar volvió a sentir el apoyo de la gente, con cánticos de “Manolo quédate”. En sala de prensa fue clarísimo: “Tengo un contrato y yo no voy a irme de aquí, voy a irme si veo que la gente no me quiere que esté”. Y aún lo remató más: “El contrato lo tengo, yo me quiero quedar, quiero acabar el contrato y quiero seguir”. No habló como alguien que se quiere marchar agotado. Habló como alguien que ha sufrido, sí, pero que aún se siente con fuerza. La duda ya no es si Manolo quiere seguir. La duda es si el club, con Monchi al mando deportivo, cree que debe seguir siendo el entrenador del nuevo proyecto.

Continuidad o cambio de perfil: la decisión que marcará el verano

Aquí no hay una respuesta fácil. Dar continuidad a Manolo tiene lógica: conoce el club, conecta con la afición, tiene al vestuario con él y ha cumplido. También tiene sentido que el club se pregunte si, después de una segunda vuelta tan mala, hace falta otro perfil para dar un salto competitivo. En los últimos días han sonado nombres como José Bordalás o José Juan Romero, dos caminos muy diferentes entre sí, y eso ya enseña que el debate no es pequeño. Bordalás sería un técnico de oficio, con colmillo y experiencia en Primera. Romero, una apuesta más de autor, con hambre y recorrido ascendente. Manolo, mientras tanto, representa continuidad, vínculo y conocimiento interno. Monchi tendrá que decidir si el problema era el entrenador o si el verdadero salto debe venir por la plantilla.

Pace acierta con Monchi, pero ahora toca reforzar de verdad

Alan Pace también sale señalado, esta vez para bien, por una decisión que ha cambiado el ánimo del entorno: traer a Monchi. Su llegada no ha metido goles, claro, pero sí ha cambiado la energía. En un momento en que el club parecía sin reacción tras el golpe en Sevilla, la incorporación del nuevo director general deportivo sirvió como mensaje de proyecto, de autoridad y de futuro. Francesc Via lo resumía así en la retransmisión, felicitando a Pace “por tener la visión de incorporar a Monchi”, porque su figura “ha cambiado la energía”. Ahora bien, esto no puede quedarse en un golpe de efecto. Haber estado tan cerca del precipicio debe servir para entender que la plantilla necesita un verano serio, ambicioso y bien trabajado. Si Monchi ha venido, debe ser para elevar el nivel competitivo, no solo para ordenar el discurso.

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La plantilla merece agradecimiento, pero también análisis

Los jugadores han sufrido muchísimo. Y también han hecho sufrir. Las dos cosas pueden convivir. Esta plantilla ha tenido una primera vuelta muy buena y una segunda vuelta pésima, con un bloqueo que casi se lleva por delante todo el trabajo anterior. Aun así, cuando la permanencia estaba en juego de verdad, respondió. Ganó al Athletic y ganó en Pamplona. Por eso toca agradecerles que hayan estado al final a la altura, especialmente en una semana donde no valían excusas. Carlos Romero, Kike García, Dmitrović, Cabrera, Urko, Pol Lozano, Dolan, Pere Milla… todos tuvieron su parte en este cierre. Pero agradecer no significa olvidar. El Espanyol no puede volver a construir una temporada dependiendo de dos victorias agónicas al final.

La pequeña puerta de la Conference da vida a la última jornada

Con la permanencia ya sellada, el partido ante la Real Sociedad en el RCDE Stadium cambia por completo de color. Ya no será una final por no bajar, y eso para el espanyolismo es casi un regalo después de tanto sufrimiento. Encima, queda una opción mínima de Conference League. Muy difícil, sí, casi una carambola. Según los porcentajes de MisterChip, el Espanyol tendría un 5% de opciones, por detrás de Getafe, Rayo, Celta y Valencia. Para que ocurra, los pericos deben ganar a la Real Sociedad y esperar una combinación muy concreta de resultados, incluida la caída de equipos que tiene por encima y un escenario favorable en los desempates. No es algo para vender humo, pero sí para darle picante a la última jornada. Después de estar mirando al descenso, llegar vivo a una mínima opción europea ya dice mucho de lo loca que ha sido esta Liga.

El aprendizaje: no vivir cada año con el corazón en la boca

La permanencia se celebra. Faltaría más. Pero el Espanyol no puede quedarse solo en la alegría de haber evitado el golpe. Manolo lo dijo con una frase que debería quedar colgada en alguna pared de la Ciudad Deportiva: “Yo lo que quiero es que el club coja una estabilidad de una vez por todas”. Ahí está todo. Estabilidad. Crecimiento. Mejor plantilla. Mejor toma de decisiones. Un proyecto que no dependa de apagar incendios en mayo. Esta Liga ha demostrado que cualquiera se puede meter en problemas: Osasuna, Mallorca, Girona, equipos que parecían más asentados, han acabado sufriendo muchísimo. Por eso el Espanyol debe aprender rápido. Seguir en Primera era el mínimo. Ahora toca construir algo que permita mirar al futuro sin tener siempre el descenso respirando en la nuca.

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El Espanyol abre la carpeta más importante: la planificación

Ahora que la salvación ya está cerrada, empieza el otro partido. El de los despachos. Monchi tiene trabajo, Pace tiene que acompañar con recursos y el club debe decidir pronto qué hace con Manolo. La afición, mientras tanto, merece una explicación clara del camino. Si se apuesta por Manolo, que sea con convicción y con una plantilla mejorada. Si se apuesta por otro entrenador, que sea dentro de una idea de club, no por puro cambio de cara. El Espanyol ha sobrevivido, pero sobrevivir no puede ser el plan. Pamplona fue alivio, orgullo y celebración. El verano debe ser otra cosa: exigencia, ambición y una planificación que esté a la altura de una afición que ha vuelto a demostrar que siempre está, incluso cuando todo pesa.