La Dani Jarque cumple 25 años: de acabar con el peregrinaje de la cantera al reto de preparar La21 para el futuro

10 de septiembre de 2026
lagrada fuente google 1

Hay lugares que acaban explicando mucho mejor un club que cualquier discurso. La Ciutat Esportiva Dani Jarque es uno de ellos. Este 10 de septiembre se cumplen 25 años desde que el Espanyol inauguró en Sant Adrià de Besòs unas instalaciones que cambiaron para siempre la manera de trabajar su fútbol base. Ha pasado un cuarto de siglo desde aquel 10 de septiembre de 2001 y, mirando hacia atrás, cuesta imaginar al Espanyol sin ese rincón situado entre Barcelona y Sant Adrià donde cada día conviven el primer equipo, el filial, el Femenino, los juveniles y buena parte de los niños y niñas que sueñan con ponerse algún día la camiseta blanquiazul.

Antes de Sant Adrià, la cantera del Espanyol vivía de campo en campo

Para entender lo que significó aquella inauguración hay que regresar a una época bastante distinta. Durante años, los equipos inferiores del Espanyol tuvieron que repartirse por distintos campos de Barcelona, pasando por instalaciones como La Teixonera, Sot del Migdia, La Verneda, el Guinardó, Narcís Sala o el Nou Sardenya. No había una casa común para la cantera. Cada categoría tenía prácticamente su propia rutina, sus desplazamientos y sus problemas. La apertura de la ciudad deportiva permitió juntar por fin todo aquel fútbol que hasta entonces había vivido desperdigado por la ciudad.

El 10 de septiembre de 2001 empezó una nueva etapa para el Espanyol

La inauguración estuvo presidida por Daniel Sánchez Llibre, que entonces estaba al frente del club, y supuso también recuperar patrimonio después de la pérdida de Sarrià. El complejo nació con unos 60.000 metros cuadrados destinados a convertirse en la casa deportiva del Espanyol. No fue una apuesta pequeña, especialmente para un club que atravesaba una situación económica delicada. Pero la idea estaba clara: si el Espanyol quería seguir viviendo de su cantera, necesitaba darle un lugar propio donde crecer.

Una fábrica de futbolistas que terminó convirtiéndose en La21

Con el paso de los años aquella apuesta se convirtió en una de las señas de identidad más reconocibles de la entidad. Miles de futbolistas han pasado por Sant Adrià y la cantera ha acabado convirtiéndose en algo más que una necesidad deportiva: es prácticamente una forma de entender al Espanyol. El club la identifica hoy bajo el concepto de La21, un nombre que mezcla cantera, sentimiento y el recuerdo permanente de Dani Jarque. La instalación reúne actualmente la actividad del primer equipo, el Espanyol B, el Juvenil A, el Femenino y el resto de categorías masculinas y femeninas, junto a la Escola del club.

Dani Jarque, un nombre que cambió para siempre el significado de la ciudad deportiva

La instalación no nació con su nombre actual. Fue en 2012 cuando pasó oficialmente a llamarse Ciutat Esportiva Dani Jarque, en recuerdo del eterno capitán blanquiazul, fallecido en 2009. Y ahí cambió también su carga emocional. Ya no era solamente el lugar donde entrenaba la cantera. Era el lugar que llevaba el nombre de uno de los futbolistas que mejor representaban precisamente ese camino: empezar abajo, crecer dentro del club, llegar al primer equipo y acabar llevando el brazalete. La estatua de Jarque sigue presidiendo unas instalaciones que para cualquier perico tienen ya una carga sentimental difícil de separar de su función deportiva.

Veinticinco años después, la Dani Jarque se ha quedado pequeña

Y aquí aparece uno de los grandes asuntos del aniversario. La Dani Jarque que en 2001 solucionó un problema enorme al Espanyol hoy empieza a tener otro: se ha quedado pequeña para todo lo que quiere meter el club dentro. La estructura ha crecido, hay más equipos, el fútbol femenino tiene mucho más peso, La21 necesita espacio y las necesidades del primer equipo tampoco son las mismas que hace un cuarto de siglo. Lo que antes parecía enorme ahora obliga a hacer encaje de bolillos en determinados momentos.

El Espanyol ya piensa en nuevas instalaciones fuera de Sant Adrià

Por eso, entre los planes del club está construir nuevas instalaciones en otros emplazamientos para complementar la Dani Jarque. La idea no pasa tanto por abandonar Sant Adrià, que seguirá siendo una parte central de la identidad deportiva del Espanyol, como por encontrar más espacio. El club necesita crecer físicamente si quiere que también crezcan sus estructuras. La Dani Jarque tiene un valor simbólico enorme, pero el fútbol actual pide más campos, más zonas de trabajo, mejores espacios específicos y una distribución que permita que cada equipo tenga las condiciones que necesita.

El gran reto ya no es tener una ciudad deportiva, sino tener espacio para crecer

Esa diferencia es importante. Hace 25 años el problema era no disponer de una casa propia para la cantera. Ahora el problema es que aquella casa se ha llenado. Y eso, en cierta manera, también habla del crecimiento que ha experimentado el club. El Espanyol debe decidir cómo reparte en el futuro el primer equipo, el fútbol base masculino, el femenino, el filial y el resto de categorías. Encontrar nuevos terrenos y levantar instalaciones complementarias aparece como una de las decisiones estructurales que pueden marcar la próxima etapa.

La21 sigue siendo una necesidad deportiva, pero también económica

Para un Espanyol que difícilmente puede competir cada verano con las grandes fortunas de Primera división, cuidar la cantera no es romanticismo. Es supervivencia. Formar jugadores para el primer equipo permite ahorrar fichajes, generar patrimonio y, cuando toca vender, ingresar dinero que después puede reinvertirse. Esa rueda ha acompañado al club durante décadas y sigue teniendo todo el sentido ahora. La aparición de jóvenes en el primer equipo vuelve a recordar que el camino entre Sant Adrià y el RCDE Stadium tiene que permanecer abierto. Si ese puente se rompe, el Espanyol pierde una de sus ventajas más claras.

Una ciudad deportiva que ya forma parte de la memoria perica

Por la Dani Jarque han pasado generaciones enteras. Algunos llegaron al primer equipo. Otros hicieron carrera lejos del Espanyol. Muchísimos no alcanzaron el fútbol profesional, pero se llevaron igualmente una parte del club con ellos. Ese quizá sea el verdadero valor de estos 25 años. No se trata únicamente de contar jugadores, partidos o millones ingresados. Se trata de haber construido una casa para la cantera después de muchos años sin tenerla y de haber conseguido que esa casa termine quedándose pequeña.

Los próximos 25 años empiezan buscando más espacio

Cuando se inauguró en 2001, aquella ciudad deportiva resolvía un problema histórico del Espanyol. Hoy la pregunta es distinta: qué necesita el club para que dentro de otros 25 años La21 siga siendo una referencia. Mantener la Dani Jarque, modernizarla y, al mismo tiempo, construir nuevas instalaciones en otros puntos para dar aire a una estructura que ya no cabe cómodamente en Sant Adrià aparece como uno de los grandes retos de futuro. La efeméride tiene su parte de nostalgia, pero también sirve para mirar hacia delante. La Dani Jarque cumple 25 años y el mejor síntoma de todo es quizá este: aquella casa que parecía enorme en 2001 ya no da para todo lo que quiere ser el Espanyol.