El Espanyol se asoma al abismo tras caer en Vallecas: cinco puntos de colchón y unas sensaciones de descenso

23 de abril de 2026

La derrota ante el Rayo no deja al Espanyol en descenso. Todavía no. El equipo sigue con 38 puntos, cinco por encima de la zona roja, con seis jornadas por delante. El problema es que ahora mismo la clasificación casi engaña más de lo que calma. Porque una cosa es el número y otra muy distinta es la pinta del equipo. Y la pinta es malísima. En Vallecas se vio otra vez a un Espanyol que empezó medio bien, que parecía tener un plan, pero que se fue apagando hasta quedarse en nada. Otra vez un partido decepcionante. Otra vez un equipo nervioso, impreciso y sin la seguridad mínima para sostenerse cuando el encuentro se pone serio. El Rayo ganó 1-0 con un gol de Camello en el 87’, después de que Cárdenas le parara un penalti a Kike García, y ese resumen ya explica bastante bien el momento perico: cuando puede agarrarse al partido, lo suelta; cuando puede ganar, lo perdona; y cuando parece que al menos va a salvar un punto, acaba cayendo.

La doble punta no funcionó y el centro del campo volvió a quedar partido

Uno de los grandes temas del partido fue el planteamiento. Manolo apostó por una doble referencia arriba, buscando más presencia en área rival, pero el invento no salió, y el técnico tampoco supo dar con la tecla para revertir la situación.

roberto rayo espanyol

El Espanyol vació demasiado el centro del campo y eso le hizo sufrir mucho, sobre todo cuando el Rayo empezó a encontrar espacios y a crecer tras el descanso. El equipo no tuvo continuidad, no supo pausar, no enlazó juego por dentro y volvió a correr detrás del partido más de la cuenta. El penalti del minuto 73 pudo taparlo todo, claro. Pero ese tipo de partidos también se explican por lo que pasa antes. El Espanyol no cayó solo por el penalti fallado; cayó porque volvió a ser un equipo débil en lo estructural, blando en lo emocional y muy corto de ideas cuando tenía que gobernar el partido. Y en el gol final, con Omar quedando retratado en la acción de Camello, se vio esa mezcla de fragilidad, ansiedad y mal momento que ya acompaña al equipo cada semana.

Lo que da miedo no es solo perder, es perder como pierden los equipos que se caen

Aquí está lo más serio de todo. No es únicamente que el Espanyol haya perdido. Es cómo ha perdido. O, mejor dicho, cómo lleva semanas perdiendo y compitiendo. Se le empiezan a juntar todas esas cosas que suelen perseguir a los equipos que se meten en una espiral muy fea: el penalti fallado, el golpe final cuando ya olías el empate, las caras al acabar, los jugadores superados, la sensación de que cualquier error propio vale un gol en contra y de que para marcar o simplemente generar premio hay que hacer muchísimo. También es sintomático cuando el propio técnico admite que el próximo partido tiene tintes de final. Es fútbol, sí, pero también es cabeza. Y ahora mismo el componente anímico está por encima de casi todo en este Espanyol. El propio desarrollo del partido en Vallecas fue bastante eso: un equipo que podía agarrarse a una jugada para salir del pozo y que, en cambio, se hundió más cuando esa jugada se escapó.

kike fallo penalti rayo espanyol

El dato de Mr. Chip convierte la mala racha en un drama histórico

Por si faltaba algo para retratar el momento, apareció el dato de Mr. Chip. Y no es un dato cualquiera. Tras el 1-0 en Vallecas, el Espanyol igualó la peor racha de partidos seguidos sin ganar desde el inicio de un año natural en toda la historia de LaLiga: 15. El único precedente era el Zaragoza de 2013. Ya no hablamos de un simple bache, sino de una caída que ha entrado de lleno en los registros más negros de la competición. Y eso explica por qué cuesta tanto encontrar ahora mismo un hilo del que tirar para pensar que todo puede cambiar de golpe.

A Manolo González cuesta encontrar argumentos sólidos para sostenerlo

Aquí es donde entra el debate gordo. Mucha gente pide ya la destitución de Manolo González, y la reacción no es extraña ni se le pueden poner peros viendo la dinámica y los resultados. Los números son muy malos, horrorosos. La sensación del equipo también. Y cuando un grupo transmite tan poco, el foco cae de lleno sobre el entrenador. Ahora bien, el partido del Levante está encima y eso lo condiciona todo. Cambiar por cambiar a cuatro días de una cita así puede sonar a volantazo desesperado. No hacerlo, con esta inercia, también. Lo que pesa mucho en estos casos es lo que pase dentro del vestuario. Y ahí sí hay un detalle importante: Leandro Cabrera, una voz muy fuerte del grupo, insistió tras el partido en que están “a muerte” con Manuel. Eso no arregla los resultados, claro, pero sí marca una línea. Si internamente el técnico no ha perdido al equipo, la decisión cambia bastante. Aun así, desde fuera cuesta muchísimo encontrar hoy argumentos futbolísticos potentes para defender su continuidad más allá de la urgencia del calendario. Duele decirlo con todo lo que ha hecho el gallego por el RCDE, pero es así.

manolo rayo espanyol 2

El lunes contra el Levante ya no suena a partido clave, suena a vida o muerte

El calendario no ayuda nada. El próximo rival es un Levante que viene lanzado después de ganarle 2-0 al Sevilla, que ha recortado distancia con la salvación y que llega creyendo mucho más que hace unas semanas. El Espanyol, justo al revés, aterriza ahí con la mochila llena de miedo, dudas y una racha insoportable. Por eso el partido del lunes es una barbaridad. No hace falta disfrazarlo. Es una final de las de verdad, sobre todo pensando en lo que viene después y en que el margen de cinco puntos puede encogerse en nada si el equipo vuelve a fallar. Queda gente metida en el lío, sí, y eso sostiene un pequeño colchón. Pero también es verdad que a estas alturas ya no sirve especular. Solo vale ganar. Y lo más inquietante de todo en clave perica es precisamente eso: que ahora mismo ganar parece casi una idea abstracta, algo que recuerdas más que algo que ves posible.

Igual que el año pasado

Con todo, hay un dato que da todavía más escalofrío por la comparación que arrastra: el Espanyol tiene ahora mismo los mismos puntos que hace justo un año a estas alturas, 38 en 32 jornadas. La diferencia está en cómo se llega ahí. Entonces, después de ganar al Getafe y con la sensación de haber dado un paso adelante en el momento justo. Ahora, tras 15 jornadas seguidas sin ganar, metido en una dinámica oscurísima y con el miedo ya instalado del todo en el cuerpo del espanyolismo. Aquel equipo acabó salvándose en el último minuto del último día. Este está por ver cómo sale de un escenario que cada vez se parece más a una pesadilla repetida, más todavía cuando hasta el propio Manolo González ya ha admitido que la visita del Levante al RCDE Stadium del próximo lunes “es una final”.

El Espanyol no está descendido, pero ya juega como un equipo al borde del desastre

Ese es el resumen más honesto. El Espanyol no está en Segunda hoy. La tabla todavía le deja aire. Pero las sensaciones son tétricas, dramáticas, de equipo roto por dentro. En Vallecas se vio a un grupo que ya no juega con soltura, que se equivoca mucho, que se encoge cuando toca dar un paso adelante y que transmite un miedo tremendo a fallar. Y cuando un equipo entra ahí, lo anímico se come a lo táctico, a lo físico y casi a cualquier discurso. El lunes aún puede cambiar muchas cosas. Puede. Pero ya no bastan las palabras, ni las lecturas compasivas, ni el “queda tiempo”. Lo que necesita el Espanyol es ganar. Ya. Porque si no, el drama dejará de ser solo una sensación y pasará a ser una amenaza total.