El Espanyol sale muy tocado de esta jornada 33: la derrota en Vallecas le deja con 38 puntos y con el descenso a solo 5 de distancia, después de que el Elche ganara al Atlético y de que el Sevilla cayera también ante un Levante que aprieta por abajo. El equipo perico, que antes de arrancar la jornada vivía en esa zona media engañosa, ve ahora cómo el margen se estrecha más y cómo el partido del lunes ante el Levante gana un peso enorme, porque enfrente tendrá a un rival enrachado que llega con 32 puntos y mucho más metido en la pelea.
Martes 21 de abril
El Athletic ganó 1-0 a Osasuna con un gol de Guruzeta en la primera parte tras una gran acción de Nico Williams. Los rojiblancos fueron mejores antes del descanso y dejaron muy tocado a un Osasuna demasiado flojo en ese tramo. En la segunda mitad cambió el guion, porque Osasuna dispuso de un penalti, pero Unai Simón se lo paró a Budimir. El portero del Athletic volvió a salvar el empate poco después con una parada enorme a otro remate del croata. Entre lesiones, sufrimiento y una roja por doble amarilla a Jauregizar, el Athletic resistió hasta el final y se quedó tres puntos muy valiosos.
Mallorca y Valencia empataron 1-1 en Son Moix en un partido de esos donde el miedo a perder pesó mucho, sobre todo en la primera parte. Tras el descanso, Samu Costa adelantó al conjunto bermellón con un cabezazo a centro de Darder y pareció abrir el camino local. Dimitrievski evitó luego el segundo con dos paradas clave y mantuvo con vida al Valencia. Los cambios de Corberán agitaron al equipo y una gran acción entre Rioja, Javi Guerra y Sadiq terminó en el gol del empate. El Mallorca apretó más por sensaciones y por ocasiones, pero el punto acabó sabiendo mejor al Valencia.
El Real Madrid venció 2-1 al Alavés en el Bernabéu, pero terminó el partido entre pitos por una actuación poco convincente. Mbappé adelantó a los blancos en la primera parte con un disparo desviado por Otto, después de un inicio bastante flojo del equipo de Arbeloa. Vinícius hizo el 2-0 tras el descanso con un gran derechazo, aunque pidió perdón a la grada en plena atmósfera de tensión. El Alavés nunca se fue del partido, apretó en el tramo final y encontró premio con un gran taconazo de Toni Martínez. La victoria se quedó en casa, pero la imagen del Madrid volvió a dejar muy mal cuerpo en el Bernabéu.
El Betis ganó 2-3 en Montilivi tras levantar dos veces el marcador en un partido muy abierto y con bastante ida y vuelta. Tsygankov adelantó pronto al Girona, pero Marc Roca empató antes del descanso con una acción de mucha clase. En la segunda parte, Abde puso el 1-2 tras una buena jugada de Bakambu, aunque Ounahi volvió a igualar desde el punto de penalti. La reaparición de Isco fue decisiva, porque de sus botas nació la acción que Abde regaló a Riquelme para el 2-3 definitivo. El Girona apretó hasta el final, pero el Betis aguantó y se llevó un triunfo importante para seguir fuerte en la pelea europea.
Miércoles 22 de abril
El Elche firmó una victoria enorme al remontar 3-2 a un Atlético condicionado por la expulsión de Almada en la primera parte. Nico González adelantó dos veces a los rojiblancos, pero el conjunto ilicitano respondió con un Affengruber decisivo y un André Silva que marcó por partida doble. El 2-2 antes del descanso mantuvo vivo al Atleti, aunque en la segunda parte el empuje local acabó pesando. El tanto final de André Silva desató la euforia y saca al Elche de los puestos de descenso. Tres puntos de muchísimo valor para un equipo que llevaba semanas jugando con el agua al cuello.
La Real Sociedad perdió 0-1 ante el Getafe en un partido muy raro y muy bronco en Anoeta.
Brais Méndez falló un penalti en la primera parte y poco después Gorrotxategi marcó en propia puerta en la acción que decidió el choque. El Getafe no tiró a puerta, pero defendió su ventaja con el colmillo de siempre y llevó el partido justo donde quería. La Real lo intentó hasta el final, con ocasiones de Barrenetxea y Aramburu, pero se estrelló contra su falta de acierto. Tres puntos de oro para los de Bordalás y una noche de impotencia total para el conjunto donostiarra.
El Barcelona derrotó 1-0 al Celta gracias a un penalti transformado por Lamine Yamal en la primera parte. El extremo culé marcó, pero tuvo que marcharse lesionado justo después, igual que Cancelo antes del descanso. El partido estuvo detenido casi 20 minutos por la atención a un aficionado en la grada, en una noche muy accidentada. En la segunda mitad, Fermín agitó al Barça y Ferran marcó un gol que luego fue anulado por fuera de juego. El Celta lo intentó hasta el final, pero el tanto de Lamine acabó siendo suficiente para decidir el choque.
Jueves 23 de abril
El Levante ganó 2-0 al Sevilla con un doblete de Iván Romero en un partido muy serio de los granotas. El delantero abrió el marcador en la primera parte tras una buena asistencia de Olasagasti y remató la faena en el añadido. El Sevilla apenas reaccionó, mejoró algo tras el descanso, pero volvió a ofrecer una imagen muy pobre lejos de casa. Ni siquiera fue capaz de tirar a puerta, un dato que explica bastante bien el desastre nervionense. Victoria clave del Levante en la pelea por la salvación y otro golpe durísimo para un Sevilla que ya ve el descenso demasiado cerca.
El Rayo Vallecano venció 1-0 al Espanyol gracias a un gol de Camello en el minuto 87. El equipo de Iñigo Pérez fue más constante durante el partido, aunque se encontró una y otra vez con un gran Dmitrovic. El Espanyol tuvo la mejor ocasión para ganar con un penalti de Kike García en el 74’, pero Dani Cárdenas lo detuvo. Edu Expósito generó el único gran susto perico en la primera mitad, pero arriba volvió a faltar muy poco para casi todo. Otra derrota dolorosa del Espanyol, otra noche de nervios y otra oportunidad desperdiciada en plena pelea por no meterse de lleno en el lío.
El Real Oviedo empató 1-1 con el Villarreal en un partido marcado por un penalti polémico y una gran reacción local. Pepe adelantó al conjunto amarillo tras una pena máxima que tuvo que repetirse después de que Aarón parara el primer lanzamiento. El Oviedo no se vino abajo y mejoró con el paso de los minutos hasta encontrar el empate con un disparo de Chaira desviado por la defensa. En el tramo final, los azules empujaron por la remontada, aunque el Villarreal también rozó el segundo con un cabezazo de Mikautadze al larguero. El punto sabe a poco en el Tartiere, porque el Oviedo hizo méritos de sobra para llevarse bastante más.
Los partidos

La clasificación

Athletic Club – CA Osasuna (1-0)
El Athletic se llevó el partido con un 1-0 corto pero valioso ante Osasuna, en una noche en la que Guruzeta puso el gol y Unai Simón sostuvo la victoria con dos intervenciones de muchísimo peso. San Mamés vio salir mejor al conjunto rojiblanco, con más mando, más intención y más presencia cerca del área rival desde el primer tramo. De hecho, el Athletic llegó a celebrar casi un penalti muy pronto, pero el VAR corrigió al árbitro al entender que la mano de Torrox no era punible. Lejos de enfriarse, el equipo bilbaíno siguió empujando y encontró premio en una acción muy buena de Nico Williams, que se metió entre rivales con potencia y descaro. Su disparo lo sacó como pudo Sergio Herrera, pero el rechace cayó donde suelen caer estos balones cuando un delantero está fino: en los pies de Guruzeta. El ariete no perdonó y firmó el 1-0 en el minuto 16, ese tipo de gol de nueve atento que vale media victoria.
A partir de ahí, el Athletic siguió sintiéndose cómodo, con el partido en la mano y Osasuna demasiado apagado en una primera mitad bastante pobre. Jauregizar y Galarreta también lo intentaron desde fuera, buscando castigar cualquier duda del bloque navarro, que no terminaba de ordenarse. Osasuna dio la sensación de haber tirado media tarde a la basura en ese primer acto, demasiado lejos del área, demasiado blando en los duelos y sin colmillo arriba. Al descanso, el 1-0 le quedaba mejor al Athletic que a nadie, porque había sido el único que de verdad quiso gobernar el encuentro.
La segunda parte arrancó con una foto parecida, el Athletic por delante y Osasuna obligado a cambiar algo si no quería irse de vacío. Y ese giro llegó rápido, con una jugada revisada por el VAR tras una mano de Yeray dentro del área que el árbitro no había señalado en directo. Después de ver la acción, no hubo escapatoria: penalti para Osasuna y una oportunidad gigantesca para meter el partido en otra dimensión. Budimir tomó la responsabilidad, respiró, encaró la carrera… y ahí apareció Unai Simón para adivinarle el lado y hacerse enorme. Ese penalti parado cambió el tono de la noche, porque Osasuna por fin se sintió vivo y el Athletic empezó a ver que el 1-0 no daba ninguna paz. Los navarros crecieron a raíz de esa acción y poco después volvieron a rozar el empate, otra vez con Budimir como protagonista, esta vez con un cabezazo tremendo. Cuando media grada ya veía el 1-1, Unai Simón volvió a vestirse de salvador con una mano espectacular, una de esas paradas que ganan partidos.
El Athletic empezó entonces a sufrir más de la cuenta, también castigado por los problemas físicos: Laporte se rompió, Yuri se vino abajo y Yeray acabó tiesísimo. Para rematar la tensión, Jauregizar vio la segunda amarilla en el 90 y dejó a los suyos con uno menos en un final de pura trinchera. Pero el marcador ya no se movió y el Athletic sacó adelante una victoria de mucho valor, más trabajada al final que brillante, con Guruzeta arriba y Unai Simón como muro total.
Ficha técnica:
Athletic Club: Unai Simon; Andoni Gorosabel, Yeray Alvarez, Aymeric Laporte (Daniel Vivian, min.75), Yuri Berchiche (Adama Boiro, min.81); Inigo Ruiz de Galarreta (Alejandro Rego, min.65), Mikel Jauregizar, Inaki Williams, Alex Berenguer (Oihan Sancet, min.65), Nico Williams (Robert Navarro, min.65), Gorka Guruzeta.
Osasuna: Sergio Herrera; Valentin Rosier, Flavien Boyomo, Jorge Herrando (Moi Gomez, min.84), Javi Galan; Jon Moncayola (Raul Garcia, min.84), Lucas Torro (Iker Munoz, min.71), Ruben Garcia (Raul Moro, min.71), Aimar Oroz (Enrique Barja, min.78), Victor Munoz, Ante Budimir.
Gol: 1-0, min.16: Gorka Guruzeta.
Árbitro: Victor Garcia. Amonestó a Mikel Jauregizar (min.10), Inaki Williams (min.90+7), y, además expulso por doble amarilla a Mikel Jauregizar (min.90+1), por parte del Ath. Club, y a Aimar Oroz (min.48), Moi Gomez (min.90+8), por parte del conjunto navarro.
RCD Mallorca – Valencia CF (1-1)
Mallorca y Valencia empataron 1-1 en Son Moix, en un reparto de puntos que deja mejor sabor a los valencianistas que a un conjunto bermellón que se adelantó y tuvo opciones bastante claras para haber ganado. La primera parte fue de esas que se juegan con el miedo metido en el cuerpo, con dos equipos más pendientes de no equivocarse que de lanzarse de verdad a por el partido. Se notó rápido, aunque el encuentro tuvo un sobresalto importante muy pronto con la lesión de Thierry Correia, que volvió a caer en una acción aparentemente sencilla. El portugués tuvo que pedir el cambio y su sitio lo ocupó Renzo Saravia, que debutó en el minuto 12 y dejó ganas desde el primer momento. De hecho, el argentino probó suerte con un disparo lejano que se marchó fuera por poco, en una de las pocas llegadas medio limpias del Valencia antes del descanso. El conjunto de Corberán encontró en Ramazani a su futbolista más vivo, el que intentaba romper la monotonía con algo de verticalidad, aunque sin remate serio. El Mallorca tardó bastante en soltarse, pero en el tramo final del primer tiempo sí consiguió pisar un poco más el acelerador y asomarse con más intención. La más clara la tuvo Asano, después de una buena acción de Muriqi y de un pase filtrado de Pablo Torre al corazón del área, pero el japonés mandó el remate fuera. Darder también lo intentó dos veces desde lejos, aunque Dimitrievski resolvió sin demasiados apuros esas pruebas del conjunto local. Al descanso, el 0-0 reflejaba bien un primer acto espeso, de mucha precaución y con más tensión clasificatoria que fútbol de verdad.
La segunda parte arrancó con un golpe rápido del Mallorca, que encontró premio casi al salir del vestuario y encendió Son Moix. Fue Samu Costa quien rompió la igualdad, metiendo un cabezazo muy bueno a centro de Darder para poner el 1-0 y darle al partido la sacudida que le faltaba. Ese gol obligó al Valencia a moverse, pero antes de reaccionar de verdad pudo encajar el segundo, porque el Mallorca olió sangre y apretó bastante. Dimitrievski sostuvo entonces a los de Corberán con dos paradas de mucho mérito, primero ante Jan Virgili y luego frente a Muriqi, en dos acciones clarísimas. Ahí pareció despertar de golpe el Valencia, justo después de los cambios que metieron en el campo a Danjuma, Rioja y Javi Guerra para darle otro tono al equipo. Y la reacción cuajó en una jugada muy bien fabricada: Rioja puso un centro tenso al primer palo, Javi Guerra prolongó de cabeza y Sadiq apareció al segundo para empujar el 1-1 en plancha. El empate le dio otra vida al partido, porque todavía quedaba bastante tiempo y por momentos pareció que cualquiera podía llevarse el golpe final. Virgili tuvo una opción peligrosa para el Mallorca, Ramazani respondió para el Valencia y el encuentro se fue abriendo un poco más, aunque también con algo de cansancio y más respeto al riesgo. En el descuento la tuvieron Llabrés y Samu para los locales, mientras que la última gran acción fue valencianista, con un centro de Gayà al que no llegaron ni Danjuma ni Sadiq y con protesta final por un posible penalti sobre el propio capitán. Soto Grado no señaló nada y el partido murió en tablas, con un Valencia que salió más satisfecho y un Mallorca con la sensación bastante clara de haber dejado escapar una ocasión buena.
Ficha técnica:
Mallorca: Leo Román, Maffeo, Valjent, Mascarell (David López 77′), Mojica, Samu, Morlanes (Antonio Sánchez 77′), Pablo Torre (Javi Llabrés 85′), Darder, Asano (Jan Virgili 56′) y Muriqi.
Valencia: Dimitrievski, Thierry (Saravia 12′), Pepelu, Tárrega, Gayà, Diego López (Rioja 60′), Guido, Ugrinic (Javi Guerra 60′), Ramazani (Jesús Vázquez 95′), Beltrán (Danjuma 60′) y Sadiq.
Goles: 1-0 (49′) Samu; 1-1 (67′) Sadiq.
Árbitro: César Soto (Comité riojano). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores visitantes Stole Dimitrievski (m.41) y Guido Rodríguez (m.52).
Real Madrid – Deportivo Alavés (2-1)
El Real Madrid ganó 2-1 al Alavés, pero lo hizo entre silbidos, sustos y una sensación bastante clara de que el Bernabéu acabó más enfadado que tranquilo pese a los tres puntos. La noche empezó torcida para los blancos, con un estadio ya nervioso y con una ocasión clarísima del Alavés nada más arrancar, cuando Ángel Pérez se plantó en el área y eligió mal al querer asistir a Toni Martínez en vez de definir. Esa jugada ya retrató el tono del inicio: un Madrid blando atrás, pasivo por momentos y un Alavés valiente, sin demasiado complejo en uno de esos campos donde a veces los equipos pequeños salen encogidos. Durante buena parte del primer tiempo, el conjunto babazorro dio la sensación de estar más cómodo y más metido, mientras el Madrid se movía con poca chispa y bastante poca claridad. Pero a este equipo le basta muchas veces una acción aislada para torcer el guion, y en el minuto 30 apareció Mbappé para adelantar a los suyos. El francés recibió en la frontal, se giró como pudo y soltó un disparo que tocó en Otto, desvió la trayectoria y dejó vendido a Sivera. Fue un gol con bastante fortuna, tanto que ni el propio Mbappé lo celebró como si hubiera sido una obra de arte. A partir de ahí el Madrid sí mejoró algo, ganó metros y dejó una sensación menos inestable, aunque sin llegar a despejar del todo las dudas que venía mostrando. Antes del descanso, Militao rozó el segundo con un remate al larguero tras centro de Bellingham, pero la acción acabó con el central tocándose la rodilla y marchándose por precaución. Y todavía antes del intermedio, el Alavés volvió a rozar el empate con un tiro al palo de Toni Martínez y otro remate posterior de Boyé que obligó a Lunin a trabajar de verdad.
La segunda mitad arrancó de la mejor manera posible para el Real Madrid, que encontró muy pronto el segundo y pareció poner el partido donde quería. Primero avisó Tchouameni de cabeza, obligando a Sivera a sacar una buena mano, y justo después apareció Vinícius con un derechazo precioso desde la frontal. El brasileño encontró el hueco, armó el golpeo y colocó la pelota junto al palo con un tiro imposible para el portero del Alavés. Lo más llamativo fue su gesto posterior, pidiendo perdón a la grada en vez de celebrarlo a lo loco, como si él mismo notara el ambiente raro que envolvía al estadio. Con el 2-0, el Madrid tuvo sus mejores minutos y llegó a rozar el tercero, sobre todo en una acción de Brahim que ya superaba a Sivera hasta que Parada apareció milagrosamente sobre la línea. Parecía que todo iba a quedar en una victoria cómoda, pero el equipo de Quique Sánchez Flores no se rindió y fue creciendo con los cambios. Toni Martínez volvió a probar a Lunin con un disparo potente, Parada mandó luego un cabezazo al palo y el Bernabéu empezó a impacientarse otra vez, viendo que el partido seguía demasiado abierto. El Madrid reculó más de la cuenta, dejó que el Alavés se sintiera vivo y el tramo final se llenó otra vez de silbidos, nervios y bastante incomodidad en la grada. En el último minuto, tras tanto avisar, llegó el 2-1: un remate de Guevara encontró el toque de muchísima calidad de Toni Martínez, que desvió con el tacón y metió al Alavés de lleno en el resultado. No hubo tiempo para más, pero sí para una pitada enorme del Bernabéu a su propio equipo, porque el Madrid ganó, sí, pero volvió a dejar más dudas que certezas.
Ficha técnica:
Real Madrid: Lunin; Alexander-Arnold (Carvajal, min.63), Militao (Rüdiger, min.45+2), Huijsen, Carreras; Valverde, Tchouaméni (Camavinga, min.63), Bellingham (Brahim Díaz, min.58), Güler (Mastantuono, min.58; Mbappé y Vinícius.
Deportivo Alavés: Sivera; Ángel Pérez, Jonny Otto, Tenaglia, Parada, Youssef (Calebe, min.66); Blanco (Guevara, min.74), Guridi (Ibáñez, min.58), Denis Suárez (Aleñá, min.58); Toni Martínez y Lucas Boyé (Diabaté, min.66).
Goles: 1-0, min.30: Kylian Mbappé; 2-0, min.50: Vinícius Júnior; 2-1, min.90+3: Toni Martínez.
Árbitro: Martínez Munuera. Amonestó a Tchouaméni (min.35) por parte del Real Madrid y a Ángel Pérez (min.90) dsel Alavés.
Girona FC – Real Betis (2-3)
El Betis se llevó un 2-3 muy trabajado de Montilivi, levantando dos veces el partido y encontrando en el tramo final ese golpe de fe que tanto necesitaba para cicatrizar un poco sus heridas europeas. El arranque fue claramente verdiblanco, con el equipo de Pellegrini queriendo mandar con pelota, ritmo y una actitud bastante más agresiva que la del Girona en esos primeros minutos. De hecho, en nada ya había pisado área dos veces, primero con un envío largo de Fornals que no encontró rematador y luego con otra llegada por la izquierda donde Abde tampoco pudo conectar con nadie. Pero el fútbol tiene estas bromas pesadas y, en la primera aproximación seria del Girona, llegó el 1-0. Echeverri rompió líneas con calidad y algo de rebote, el balón acabó en los pies de Tsygankov y el ucraniano no perdonó con un disparo raso que puso por delante a los locales en el minuto 6. El gol cambió bastante el paisaje, porque el partido se abrió, se volvió más loco y el Betis perdió parte del control que había tenido de inicio. El Girona empezó a encontrar espacios y el choque entró en una fase de ida y vuelta bastante entretenida, con el cuadro catalán creciendo a través de la falta de contundencia verdiblanca en la zona media. Aun así, el equipo de Pellegrini dejó claro que tenía pegada y encontró el empate en un momento donde más incómodo estaba. Fue Marc Roca quien se sacó una acción de mucho talento en la frontal, controlando con el pecho, recortando y definiendo con sutileza para poner el 1-1 en el 22. Hasta el descanso hubo ocasiones para los dos, Montilivi reclamó un penalti por mano de Bartra que no era, y el partido se fue al intermedio con la sensación de que todavía quedaba bastante jaleo por delante.
La segunda mitad arrancó con un Betis más decidido, como si Pellegrini hubiera metido en el vestuario la idea de que el partido se podía llevar desde el oficio y el colmillo. Los cambios ayudaron a eso, sobre todo con la entrada de Bakambu y Riquelme, que agitaron la zona ofensiva y le dieron otra marcha a los visitantes. Bakambu avisó enseguida con una presión muy alta y con un centro que Abde no llegó a rematar por muy poco, mientras el propio marroquí seguía generando sensación de peligro cada vez que encaraba. El premio llegó tras un error grosero de Blind en campo rival, que permitió a Marc Roca lanzar en largo para la carrera de Bakambu. El delantero protegió muy bien la pelota, aguantó la pelea con Vitor Reis y cedió para que Abde empujara a placer el 1-2. Parecía el momento del Betis, pero le duró poco la alegría porque Aitor Ruibal cometió un penalti clarísimo sobre Joel Roca y Ounahi, aunque con algo de suspense, firmó el 2-2. Ahí apareció una de las imágenes de la noche: el regreso de Isco, que volvía tras meses fuera y lo hacía justo el día de su 34 cumpleaños. Y claro, le bastó muy poco para dejar su sello, porque recibió, levantó la cabeza y filtró un balón buenísimo para Abde, que estuvo generoso y dejó el gol en bandeja a Riquelme para el 2-3. El Girona todavía intentó agarrarse al partido, incluso llegó a ver portería en una acción invalidada por fuera de juego previo de Stuani, y también puso algún balón venenoso al área que obligó a Valles a estar muy atento. Pero el Betis resistió, cerró el duelo con sufrimiento del bueno y se llevó una victoria de mucho valor, de esas que no curan del todo una herida, pero sí ayudan a dejar de sangrar.
Ficha técnica:
Girona FC: Gazzaniga, Arnau (Hugo Rincón 82′), Vitor Reis, Blind, Àlex Moreno; Witsel, Fran Beltrán (Joel Roca 65′); Tsygankov, Ounahi, Iván Martín (Lemar 82′) y Echeverri (Stuani 72′).
Real Betis: Álvaro Valles, Aitor Ruibal (Bellerín 74′), Bartra, Natan, Valentín Gómez, Amrabat, Marc Roca, Fornals (Isco Alarcón 74′), Lo Celso (Riquelme 46′), Ez Abde (Ricardo Rodríguez 87′) y Cucho Hernández (Bakambu 46′).
Goles: 1-0 (6′) Tsygankov; 1-1 (22′) Marc Roca; 1-2 (62′) Abde; 2-2 (67′) Ounahi, de penalti; 2-3 (79′) Riquelme.
Árbitro: Iosu Galech (Comité Navarro). Amonestó al local Ounahi y a los visitantes Lo Celso, Bakambu y Riquelme.
Elche CF – Atlético de Madrid (3-2)
Elche y Atlético dejaron un partido loco, de esos que se mueven por detalles, y al final el 3-2 se quedó en casa para darle aire a un Elche que necesitaba agarrarse a algo y lo encontró a lo grande. El conjunto ilicitano arrancó con más hambre, con más tensión competitiva y con esa sensación de que iba a pelear cada balón como si fuera el último. Aun así, el primer golpe lo dio el Atlético muy pronto, cuando Nico González apareció con una jugada de mucha calidad para firmar el 0-1 y silenciar por un momento el Martínez Valero. Lejos de venirse abajo, el Elche siguió a lo suyo, cargando el área, insistiendo por fuera y forzando córners con una fe tremenda. Ahí empezó a cocinarse la reacción local, con un equipo que no se escondió ni después del mazazo inicial. El empate llegó en una acción embarullada, de esas que premian al que va con más convicción, y Affengruber apareció con viveza para meter la puntera y poner el 1-1. El partido ya estaba metido en un terreno raro para el Atlético, incómodo, con el Elche creciendo y creyéndose que podía hacer daño de verdad. Y entonces llegó la jugada que lo cambió todo: Almada se complicó en su área, perdió la pelota y acabó cometiendo penalti en una acción que le costó también la expulsión. Ahí el encuentro se rompió del todo y al Atlético se le puso una cuesta bastante fea. André Silva no falló desde los once metros y transformó el 2-1 con la tranquilidad de quien sabe que está ante una ocasión de oro. El Elche tenía el partido donde quería, con ventaja y con un hombre más, aunque el Atlético todavía guardaba una última sacudida antes del descanso. Nico González volvió a aparecer, esta vez en una acción con suspense, porque el árbitro anuló primero el tanto y tuvo que entrar el VAR para confirmar que el balón no había salido y que el 2-2 subía al marcador. Ese empate antes del intermedio le dio al choque un punto todavía más extraño, porque el Atlético sobrevivía con uno menos y el Elche se iba al descanso con la sensación de haber hecho muchísimo y no haber rematado el trabajo. La primera parte fue un carrusel, un intercambio de golpes con más nervio que orden y con el Elche dejando claro que no pensaba desaprovechar la oportunidad.
Tras el paso por vestuarios, el guion era bastante claro: el Elche tenía que mandar y el Atlético resistir como pudiera, con la cabeza seguramente en otra parte y las piernas ya castigadas por jugar en inferioridad. El equipo de Sarabia se adueñó del ritmo, llevó el balón hacia campo rival y empezó a cargar una y otra vez con centros, saques de esquina y segundas jugadas. No encontraba el gol de inmediato, pero sí iba encerrando poco a poco a un Atlético cada vez más metido cerca de Oblak. Simeone intentó mover piezas para sostener el partido, dar algo de oxígeno y no perderle la cara al empate, pero el paso de los minutos jugaba claramente a favor del Elche. Los locales apretaban con insistencia, con menos brillo que convicción, que en noches así vale casi más. No era un asedio de fantasía, era uno de puro empeño, de equipo que sabe lo que se está jugando. El Atlético aguantó un rato largo, tirando de oficio y de alguna corrección defensiva para no caerse, aunque cada vez daba la impresión de estar más cerca el tercer gol franjiverde que cualquier aventura visitante. Elche cargaba y cargaba, insistía por fuera, buscaba el rechace, el toque sucio, el balón vivo. Y al final, tanto ir, tanto morder y tanto empujar tuvo premio. La jugada del 3-2 nació casi como nacen estos goles que valen media vida: remate al poste, balón suelto, insistencia máxima y Affengruber apareciendo otra vez para no dejar morir la acción. El central ganó ese balón cerca de la línea de fondo y puso el pase atrás para que André Silva rematara a la red y desatara la locura en la grada. Fue el gol de un equipo que creyó más, insistió más y jugó con el corazón en la boca. En los últimos minutos, el Elche defendió esa ventaja con el nervio lógico de quien sabe lo que hay en juego, mientras el Atlético ya no tuvo gasolina ni claridad para responder de verdad. El pitido final fue un alivio enorme para los de Sarabia, que salen del descenso, alcanzan los 35 puntos y aprietan todavía más la pelea por la permanencia. Victoria de oro del Elche, derrota que duele poco en lo clasificatorio al Atlético pero que deja claro que esta noche el que tenía hambre de verdad era el equipo local.
Ficha técnica:
Elche: Dituro, Sangaré (Chust 60′), Affengruber, Pétrot (Bigas 82′), Valera, Morente (Josan 67′), Villar, Febas, Neto (Cepeda 67′), Rafa Mir (Álvaro 67′) y André Silva.
Atlético de Madrid: Oblak, Boñar, Lenglet, Le Normand (Pubill 46′), Julio Díaz (Molina 46′), Mendoza (Barrios 62′), Cardoso, Obed Vargas (Griezmann 62′), Nico González, Almada y Álex Baena (Giuliano 62′).
Goles: 0-1 (10′) Nico González; 1-1 (18′) Affengruber; 2-1 (32′) André Silva, de penalti; 3-2 (76′) André Silva.
Árbitro: Cuadra Fernández (balear). Amonestó a Sangaré, Febas y Lenglet. Expulsó a Almada por roja directa en el 30′.
Real Sociedad – Getafe CF (0-1)
La Real Sociedad cayó 0-1 ante el Getafe en un partido rarísimo, de esos que te dejan mirando al marcador con cara de no entender nada. El equipo donostiarra salió con cierta resaca emocional tras la fiesta copera y, aunque tuvo más intención que claridad en muchos momentos, fue el que más propuso desde el arranque. El primer gran giro llegó pronto, cuando una mano de Abqar terminó en penalti tras la revisión del VAR. Parecía la ocasión ideal para encarrilar la noche, pero Brais Méndez estampó su lanzamiento en el palo y Anoeta se quedó con ese silencio incómodo que ya avisaba de que la cosa no iba fina. Aun así, la Real no se cayó del todo y siguió buscando caminos por dentro, con algunos movimientos que sí hicieron daño. Óskarsson tuvo una clarísima en un mano a mano, pero apareció David Soria con una mano de mucho mérito para evitar el gol local. El Getafe, mientras tanto, hacía lo suyo. Poco brillo, pocas llegadas, mucho roce y un partido llevado a su terreno, que es justo donde suele sentirse cómodo. No necesitó jugar mejor ni generar casi nada para empezar a inclinar la noche a su favor. El 0-1 fue un golpe extraño, casi absurdo, y seguramente por eso hizo todavía más daño. Juan Iglesias puso un centro desde la izquierda, Gorrotxategi quiso despejar de cabeza hacia atrás y la pelota acabó dibujando una parábola imposible hacia la portería de Remiro. Fue un autogol de esos que duelen el doble, por inesperado y por inoportuno. El Getafe se puso por delante sin tirar a puerta y la Real empezó a notar que el partido se le estaba poniendo feísimo. Antes del descanso todavía hubo tiempo para otra llegada clara de la Real, en un pase filtrado de Soler hacia Brais Méndez, pero el mediapunta no llegó por muy poco. Esa fue un poco la foto del primer tiempo: una Real con más iniciativa, más sensación de estar cerca, pero sin remate real en el marcador. El Getafe, fiel a su libreto, encontró oro en medio del barro y se marchó al vestuario con ventaja. Y Anoeta, entre la incredulidad y la frustración, empezó a oler que la noche podía torcerse de verdad.
En la segunda parte la Real salió otra vez a por el empate, pero ya con el partido metido de lleno en ese terreno espeso que tanto le gusta al equipo de Bordalás. Había intención, había empuje, pero todo costaba una barbaridad. Aramburu probó fortuna y llegó incluso a mandar un balón al palo, aunque la jugada quedó anulada por fuera de juego. Fue un aviso más, una muestra de que la Real lo intentaba, aunque casi siempre a trompicones. Matarazzo movió el banquillo y dio entrada a futbolistas importantes como Oyarzabal y Barrenetxea, buscando cambiar el ritmo y meter algo más de chispa arriba. La lógica decía que con más talento sobre el césped el empate tenía que acercarse, pero el Getafe se fue cerrando cada vez mejor. El partido se llenó de faltas, interrupciones, pérdidas de tiempo y pequeñas batallas de esas que cortan cualquier intento de continuidad. El Getafe convirtió el duelo en una trinchera y ahí la Real ya no encontró aire.
Aun así, las ocasiones llegaron. Barrenetxea tuvo una muy clara que Juan Iglesias salvó prácticamente bajo palos, evitando lo que parecía el 1-1. Ya en el tramo final, Aramburu volvió a tener otra opción, pero su remate se marchó por encima del larguero cuando Anoeta ya casi cantaba el empate. La sensación era esa: la Real empujaba, sí, pero lo hacía más con desesperación que con claridad. El Getafe defendió su tesoro con uñas y dientes y fue dejando pasar los minutos hasta desesperar al rival por completo. Al final no hubo milagro y, tras el pitido, toda la tensión acumulada explotó en una tangana que terminó de retratar un partido bronco, sucio y muy del Getafe. La Real perdió una noche que parecía no se podía escapar así, y el Getafe se llevó media permanencia sin disparar a puerta.
Ficha técnica:
Real Sociedad: Remiro; Elustondo (Aramburu, m.46); Caleta-Car, Jon Martín, Aihen (Wesley, m.78); Gorrotxategi (Turrientes, m.87), Soler (Karrikaburu, m.87), Brais Méndez (Barrenetxea, m.56); Marín (Oyarzabal, m.56), Kubo y Óskarsson.
Getafe: Soria; Kiko Femenía (Nyom, m.80), Abqar (Rico, m.80), Djené, Boselli, Iglesias; Mario Martín (Javi Muñoz, m.68), Milla, Arambarri; Satriano y Luis Vázquez (Liso, m.87).
Gol: 0-1, m.29: Gorrotxategi, en propia puerta.
Árbitro: Busques Ferrer (Comité Balear). Amonestó a Óskarsson (31), Marín (45), Caleta-Car (67) y Remiro (97) por la Real Sociedad; y a Abqar (27), Iglesias (37), Arambarri (92), Nyom (93) y Milla (97) por el Getafe.
FC Barcelona – RC Celta (1-0)
El Barcelona venció 1-0 al Celta de Vigo en un partido raro, accidentado y marcado por un penalti de Lamine Yamal que acabó valiendo tres puntos y dejando también inquietud en las filas locales por su lesión. El arranque fue una locura, porque en menos de un minuto ya habían avisado los dos equipos, primero Lamine obligando a Radu a intervenir y acto seguido Pablo Durán exigiendo una gran parada de Joan García. Se veía pronto que el choque no iba a ser de esos planos, aunque sí fue tomando un aire algo extraño por cómo se repartían los momentos. El Celta se atrevió bastante con balón y consiguió que el Barça tuviera que correr más hacia atrás de lo que suele querer. Los de Flick no perdieron del todo la calma, pero tampoco se sintieron cómodos durante muchos tramos de ese inicio. Había ritmo, había idas y venidas, y también esa sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. El primer problema serio para el Barça llegó en el minuto 20, cuando Joao Cancelo tuvo que irse lesionado y dejó su sitio a Balde. Otro golpe para un equipo que ya venía con el cuerpo tocado de la semana europea. A partir de ahí el partido siguió abierto, con el Celta compitiendo bien y el Barça intentando activarse desde la banda de Lamine, que era el que más desequilibrio estaba generando. Y justo cuando el encuentro parecía entrar en una fase más espesa, apareció él otra vez. Lamine se inventó una acción dentro del área, cayó y el árbitro señaló penalti. El propio extremo lo transformó en el minuto 40 para hacer el 1-0. Marcó el gol que decidió el partido, pero casi ni pudo celebrarlo porque se echó al suelo de inmediato, tocándose la parte de atrás del muslo izquierdo. Ahí cambió todo. El Barça ganó en el marcador, sí, pero perdió alegría en un segundo, viendo cómo uno de sus futbolistas más determinantes tenía que dejar el campo.
Como si faltara algo para terminar de romper el ritmo, el partido quedó detenido durante casi 20 minutos por la atención a un aficionado en la grada que sufrió un problema médico.
Tras la evacuación y la ovación cerrada del estadio, se reanudó el juego y la primera parte se cerró con un Barça por delante, un Celta todavía muy vivo y un ambiente raro, de esos partidos que ya no vuelven a su cauce normal.
La segunda mitad empezó con otro matiz en el Barça, porque Flick metió a Fermín en el descanso y el equipo encontró ahí un poco más de chispa y de orden en la zona ancha. Fermín entró con personalidad, moviendo al equipo con ritmo y dando esa sensación de futbolista que toca dos veces la pelota y ya mejora lo que pasa alrededor. Fue el cambio que más agitó al Barcelona cuando el partido pedía justamente eso: energía y claridad. De sus botas nació una de las acciones más importantes del segundo tiempo, un gran pase para Ferran que acabó en gol en el minuto 54. El problema para el Barça fue que el VAR anuló la jugada por fuera de juego, en una decisión que dejó bastantes dudas viendo la repetición. Ese tanto invalidado pudo haber matado la noche, pero no lo hizo, y el Celta siguió respirando. Eso sí, ya no encontró tantos espacios ni tanta libertad para correr como en la primera mitad. El Barça ajustó mejor, apretó algo más tras pérdida y fue cerrando vías por donde antes se le escapaba el partido.
Claudio Giráldez intentó darle otra vida al encuentro metiendo a Borja Iglesias y después a Iago Aspas, buscando un último giro con más pólvora y más oficio arriba. El Celta empujó en el tramo final, aunque casi siempre más con corazón que con cabeza. Le puso ganas, le puso insistencia, pero le faltó ese último pase limpio, ese remate que sí obligara al Barça a temblar de verdad.
Los azulgranas tampoco vivieron el cierre con excesiva comodidad, porque el resultado era corto y la noche venía cargada de nervios. Al final, el 1-0 no se movió y el Barça se quedó tres puntos de mucho valor en un partido condicionado por el penalti de Lamine, por las lesiones y por una interrupción larguísima que lo cambió todo
Ficha técnica:
Barcelona: Joan Garcia, Koundé, Cubarsí, Gerard Martín, Cancelo (Balde, min.23); Eric Garcia, Pedri; Olmo (De Jong, min.73); Lamine Yamal (Roony, 45+9) , Ferran Torres (Rashford, min.73) y Gavi (Fermín López, min.46).
Celta: Radu; Javi Rodríguez, Yoel Lago (Mingueza (min.64), Marcos Alonso; Javi Rueda; Fer López (Aspas, min.81), Ilaix Moriba, Sergio Carreira; Pablo Durán (Borja Iglesias, min.73), Hugo Álvarez (Swedberg, min.64) y Ferran Jutglà (Sotelo, min.81).
Gol: 1-0, min.40: Lamine Yamal, de penalti.
Árbitro: José Luis Munuera (Comité andaluz). Amonestó a Yoel Lago (min.59), por parte del Celta, y a Eric Garcia (min.92), por parte del Barcelona.
Levante UD – Sevilla FC (2-0)
El Levante tumbó 2-0 al Sevilla con un doblete de Iván Romero y metió de lleno a los granotas en la pelea por la permanencia, mientras los nervionenses salieron todavía más metidos en el barro. El arranque ya fue una señal de lo que venía, porque antes del minuto tres Sánchez Martínez señaló penalti para el Levante por una acción de Gudelj sobre Iván Romero, aunque tras la revisión en el monitor acabó rectificando. Ese susto inicial no despertó del todo al Sevilla, que siguió dejando una imagen floja, espesa y muy poco fiable lejos de casa. Los dos equipos apretaban arriba buscando el error del otro, pero el que iba encontrando mejores caminos era el Levante. Durante un buen tramo hubo más tensión que fútbol, más sensación de partido importante que ocasiones realmente claras. El Sevilla no lograba mandar ni frenar del todo al rival, y el Levante iba creciendo con esa energía de quien sabe que se está jugando media vida.
Carlos Espí probó a Vlachodimos con un disparo raso que ya dejó claro que el cuadro local estaba oliendo sangre. No era una avalancha, pero sí una amenaza constante, una de esas que se va metiendo poco a poco en la cabeza del rival. A siete minutos del descanso llegó el golpe de verdad. Olasagasti filtró un balón a la espalda de Juanlu, Manu Bueno no cerró la ayuda y ahí apareció Iván Romero para recibir, perfilarse y rematar cómodo al palo corto. Vlachodimos no estuvo nada fino en la acción y el 1-0 hizo justicia a lo que se estaba viendo. El Levante golpeó donde más duele y el Sevilla volvió a retratarse en otro partido de esos que se le caen de las manos sin apenas resistirse. La sensación en el lado sevillista era malísima, porque el equipo no daba señales de reacción ni con balón ni sin él. No llegaba, no sujetaba y encima veía cómo su exdelantero le estaba marcando el paso. El Levante, mientras tanto, jugaba con el marcador y con la confianza que da verse por delante en un duelo así. No le hacía falta volverse loco, porque el partido ya estaba donde quería. Con el 1-0 se llegó al descanso y con una sensación bastante clara: el Sevilla estaba obligado a cambiar algo o la noche iba camino de convertirse en otro drama. Y lo peor para los de Nervión es que el partido ya empezaba a tener esa pinta fea de jornada que te deja temblando cuando miras la clasificación.
La segunda mitad arrancó sin cambios, algo que ya sorprendió viendo lo poco que había ofrecido el Sevilla antes del descanso. Eso sí, el equipo dio un pequeño paso al frente, más por orgullo que por fútbol, y por lo menos empezó a pisar algo más el campo rival. Isaac Romero descargó bien para Agoumé, que encontró a Rubén Vargas en una de las pocas acciones con algo de claridad, aunque el remate del suizo no encontró portería. Fue un aviso tímido, pero al menos rompía un poco la nada ofensiva que llevaba encima el Sevilla. También Akor Adams lo intentó con un disparo que se fue cerca del larguero, y Kike Salas remató una acción que luego quedó anulada por posición ilegal. El Sevilla empujaba algo más, sí, pero seguía sin transmitir la sensación de equipo capaz de voltear el asunto. El Levante aceptó durante varios minutos ese intercambio más abierto, sabiendo que también podía hacer daño a la contra. Y de hecho lo hizo, porque Carlos Espí tuvo una clarísima que Andrés Castrín evitó en una intervención salvadora. Luego el propio Espí volvió a aparecer de cabeza, aunque sin la fuerza suficiente para cerrar el partido. El choque se movía de área a área, con mucha ida y vuelta, pero con poca limpieza en los metros decisivos. En el 75, Vlachodimos sostuvo al Sevilla con una gran parada a quemarropa a Matías Moreno, aunque la jugada quedó invalidada por mano previa en el control. Era otra muestra de que el Levante seguía estando más cerca del segundo que el Sevilla del empate. Los nervionenses se agarraron luego a una posible mano de Pablo Martínez dentro del área, y por segunda vez Sánchez Martínez señaló penalti para más tarde echarse atrás tras revisar la acción. Tampoco ahí encontró el Sevilla un salvavidas. El tiempo se fue consumiendo entre prisas visitantes, transiciones locales y esa sensación cada vez más fuerte de que el equipo de Luis García Plaza estaba corriendo detrás de un partido que no entendía. Ni con el marcador en contra logró encontrar un solo disparo a puerta, un dato demoledor para explicar la derrota. Ya en el añadido, con el Sevilla volcado y partido, Kervin Arriaga se pegó una carrera enorme, se fue de Oso con mucha clase y le regaló el 2-0 a Iván Romero para que firmara su doblete. Ahí se acabó todo. El Levante se llevó tres puntos de oro, metió a su rival en un lío serio y encontró en Iván Romero al verdugo perfecto para una noche que en Nervión deja un olor tremendo a descenso.
Ficha técnica:
Levante UD: Ryan; Toljan, Dela, Matías Moreno, Manu Sánchez; Raghouber (Carlos Álvarez 63′); Tunde (Víctor García 42′), Olasagasti (Arriaga 63′), Pablo Martínez, Iván Romero; y Espí (Etta Eyong 85′).
Sevilla FC: Vlachodimos; Juanlu (Carmona 64′), Castrín, Gudelj (Alexis Sánchez 72′), Kike Salas, Oso; Isaac Romero (Peque 72′), Agoumé, Manu Bueno (Sow 64′), Vargas (Ejuke 83′); y Akor Adams.
Árbitro: Sánchez Martínez (murciano). Amarillas a los locales Raghouber, Iván Romero y Oriol Rey (en el banquillo), así como a los visitantes Akor Adams, Agoumé, Sow y Juanlu (ya sustituido).
Goles: 1-0 (38′) Iván Romero; 2-0 (93′) Iván Romero.
Rayo Vallecano – RCD Espanyol (1-0)
El Rayo Vallecano derrotó 1-0 al Espanyol con un gol tardío de Camello en el 87’, en otra noche dura de tragar para el equipo perico, que volvió a competir a medias, volvió a atascarse arriba y volvió a irse de vacío. El partido arrancó con tensión, con dos equipos sabiendo muy bien lo que se jugaban y con más miedo a fallar que valentía para soltarse del todo. El Rayo fue cogiendo antes el pulso al encuentro, manejando más balón y pisando más campo rival, aunque tampoco con una lluvia de ocasiones clarísimas. Isi Palazón fue de los que más lo intentó en ese tramo, buscando portería desde fuera y queriendo darle algo de chispa a un partido bastante espeso.
El Espanyol, mientras tanto, enseñó poco arriba. Kike García y Roberto apenas pudieron entrar en juego y el equipo de Manolo González volvió a dejar esa sensación de atacar con prisa, pero sin demasiada claridad. La única aparición realmente seria del conjunto perico en la primera mitad llegó en un gran disparo de Edu Expósito, al que Dani Cárdenas respondió con una buena mano. Fue un aviso aislado, una de esas acciones que te hacen pensar que igual cae algo, pero no mucho más. El Rayo dominaba más en campo contrario, tenía más posesión y encontraba con mayor facilidad zonas para instalarse cerca del área de Dmitrovic. Aun así, el portero serbio tampoco tuvo que multiplicarse en ese primer tiempo, porque al equipo de Iñigo Pérez le faltó acierto en el último toque. Vertrouwd, en una defensa de circunstancias, se mostró bastante firme y ayudó a sostener a un Rayo que daba más sensación de control que de colmillo. El Espanyol no estaba muerto, pero sí bastante apagado, sin continuidad con balón y con demasiadas dificultades para que sus hombres de arriba pesaran de verdad. Fue una primera parte de esas que no dejan una gran jugada para recordar, pero sí una impresión clara: el Rayo estaba más cómodo y el Espanyol seguía sin dar con la tecla. Con el 0-0 al descanso, el partido quedaba abierto, aunque ya se intuía que si alguien estaba más cerca de hacerlo suyo por insistencia y por terreno ganado, era el cuadro vallecano.
La segunda mitad arrancó con cambio en el Espanyol, porque Pol Lozano, condicionado por la amarilla, se quedó en el vestuario y entró Pickel. Era un movimiento lógico, buscando piernas frescas y evitando un posible problema mayor. Pero el guion no cambió demasiado. El Rayo siguió empujando y Dmitrovic empezó a convertirse en uno de esos porteros que sostienen a su equipo cuando el resto se va inclinando demasiado hacia atrás. El serbio apareció con una gran parada a Isi Palazón y luego volvió a salvar al Espanyol en una ocasión clarísima de Alemao, metiendo una mano de mucho mérito a bocajarro. El equipo perico sufría y, aun así, tuvo la ocasión más grande de toda la noche para ganar el partido. Un penalti en el minuto 74 que caía como un regalo inesperado en mitad del atasco. Kike García asumió la responsabilidad, pero Dani Cárdenas le adivinó la intención y detuvo el lanzamiento. Ahí estuvo el partido del Espanyol, ahí tuvo la llave para llevarse tres puntos que habrían cambiado toda la película.
Ese fallo pesó. Y pesó mucho. Porque el Rayo siguió creyendo, Vallecas apretó y el Espanyol fue entrando otra vez en ese estado de nervio, de imprecisión y de equipo que no termina de saber si ir o aguantar. Cuando el empate ya parecía instalado como mal menor, apareció Camello, que había entrado poco antes, para romperlo todo. En el 87’, el delantero se fabricó la jugada, encontró el hueco y batió por fin a Dmitrovic, que hasta ese momento estaba siendo de los mejores del conjunto blanquiazul. Fue un gol que dolió todavía más porque llegó tarde, porque castigó el penalti fallado y porque volvió a dejar al Espanyol retratado en un final de partido donde se le encogieron las ideas. Al final, Camello derribó la resistencia de Dmitrovic y prolongó la mala racha perica en una noche en la que el Espanyol volvió a quedarse corto, otra vez, justo cuando más falta le hacía dar un golpe encima de la mesa.
Ficha técnica:
Rayo Vallecano: Càrdenas, Chavarria, Vertrouwd, Pathé Ciss, Ratiu, Oscar Valentín, Pedro Díaz, Isi Palazón, Espino, Jorge De Frutos y Alemao. También jugaron: Ilias, Gumbau, Unai López, Mumin y Camello.
Espanyol: Dmitrovic, Omar El Hilali, Calero, Cabrera, Carlos Romero, Pol Lozano, Edu Expósito, Tyrhys Dolan, Pere Milla, Kike García y Roberto Fernández. También jugaron: Pickel, Riedel, Terrats, Ngonge, Rubio.
Gol: 1-0 (87′) Sergio Camello.
Árbitro: Cordero Vega (comité cántabro). Tarjetas a Pere Milla (2′), a Pol Lozano (19′), a Pathé Ciss (50′), a Cabrera (75′), a Ngonge (82′).
Real Oviedo – Villarreal CF (1-1)
El Real Oviedo empató 1-1 ante el Villarreal en un partido de esos que te dejan una sensación rara, porque el punto sabe a esfuerzo y a reacción, pero también a oportunidad medio escapada. El arranque fue cruel para los de Almada, que parecían algo mejor plantados hasta que todo se torció muy pronto con una acción de Pepe dentro del área. De Burgos Bengoetxea no señaló nada de primeras, pero el VAR le llamó y ahí empezó el lío. Parejo lanzó el penalti, Aarón lo paró y el Tartiere rugió como si ya fuera un gol propio, pero la alegría duró un suspiro. Desde la sala VOR avisaron otra vez por una supuesta invasión al área y el lanzamiento se repitió, en una de esas jugadas que en la grada se quedan con cara de “¿pero esto qué es?”. A la segunda, Pepe no perdonó y puso el 0-1 para un Villarreal que se encontró por delante casi sin haber necesitado imponerse del todo. El Oviedo volvió a verse por detrás en otra de esas noches en las que toca remar contra demasiadas cosas a la vez. Lejos de caerse, el equipo azul se fue rehaciendo poco a poco, empujado también por un Tartiere muy metido y bastante encendido con el arbitraje. El Villarreal, con ventaja, reculó un poco y le dejó más iniciativa a los de Almada, que no siempre tuvieron claridad, pero sí ganas de meter el partido donde querían. Sibo probó con un derechazo que se marchó alto y Chaira también lo intentó con la izquierda, aunque sin encontrar portería. Las llegadas locales empezaban a tener algo más de filo, aunque aún faltaba ese remate limpio que igualara de verdad el choque. Viñas y el propio Chaira tuvieron las opciones más convincentes del primer tiempo, pero no acertaron en el momento decisivo.
Con el 0-1 se llegó al descanso, con el Oviedo más vivo de lo que decía el marcador y con la sensación de que el Villarreal había sacado demasiado premio de un primer tiempo bastante revuelto.
La segunda mitad empezó con otro aire en el Oviedo, más decidido, más agresivo y con ganas de meter al Villarreal cerca de su área desde el principio. Nacho Vidal avisó pronto, luego Thiago también lo intentó y Reina se encontró con una buena respuesta de Arnau. Ahí ya se intuía que el empate no iba a tardar demasiado si el partido seguía por ese camino. El Oviedo apretaba, el Villarreal esperaba y los papeles estaban bastante claros. Eso sí, el conjunto de Marcelino no renunció a salir cuando podía y Gueye probó desde la frontal, aunque Aarón respondió bien y mantuvo con vida a los suyos una vez más. El premio para los asturianos acabó llegando tras una buena combinación que terminó en un disparo de Chaira. El balón rozó en la defensa, despistó lo justo y acabó dentro para hacer el 1-1. Era el gol que el Oviedo llevaba rato mereciendo y también el momento exacto en el que el Tartiere volvió a creerse de verdad que la remontada podía caer. Con el empate, Almada movió ficha y tiró de Cazorla para darle más pausa y más claridad al último tramo. Quería algo más que el punto, eso estaba clarísimo.
El balón fue casi siempre del Oviedo desde ahí hasta el final, aunque el Villarreal dejó claro que seguía teniendo veneno en las transiciones. La más peligrosa fue un cabezazo de Mikautadze al larguero que heló al estadio por un segundo y recordó que el empate tampoco estaba del todo a salvo. El Oviedo siguió insistiendo, ya más con corazón que con orden, y tuvo opciones en las botas de Colombatto y de Viñas, pero faltó ese último detalle para completar la remontada.
Al final, el Oviedo reaccionó, compitió y mereció mucho más que un empate, pero se quedó sin ese gran premio que durante muchos minutos pareció realmente posible.
Ficha técnica:
Oviedo: Aaron Escandell; Nacho Vidal, Eric Bailly, Dani Calvo, Javi Lopez (Rahim Alhassane, min.90+1); Ilyas Chaira (Pablo Agudin, min.90+1), Kwasi Sibo (Ovie Ejaria, min.72), Santiago Colombatto, Thiago Fernandez (Haissem Hassan, min.72); Alberto Reina (Santi Cazorla, min.72), Federico Vinas.
Villarreal: Arnau Tenas; Santiago Mourino (Alex Freeman, min.79), Pau Navarro, Renato Veiga, Sergi Cardona; Tajon Buchanan (Georges Mikautadze, min.46), Pape Gueye, Daniel Parejo (Thomas Partey, min.79), Alfon Gonzalez (Alberto Moleiro, min.63); Nicolas Pepe, Tani Oluwaseyi (Ayoze Perez, min.63).
Goles: 0-1, min.14: Nicolas Pepe, de penalti. 1-1, min.69: Ilyas Chaira.
Árbitro: Ricardo De Burgos, asistido en las bandas por Iker De Francisco y Asier Perez, en el VAR: Daniel Trujillo y Miguel Ortiz. Amonestó a Aaron Escandell (min.37), por parte del Oviedo, y a Alberto Moleiro (min.90+7), por parte del conjunto groguet.







