La derrota del Espanyol en Vallecas no dejó solo tres puntos menos y una clasificación cada vez más apretada; dejó también una sensación de derrumbe que cuesta hasta poner en orden. Y justo ahí entra la contracrónica de Juan José Caseiro, en un día en que el espanyolismo se fue a dormir con la impresión de haber visto a un equipo sin pulso, sin convicción y, lo que casi duele más, sin una verdad reconocible sobre el césped. Porque ya no basta con repetir que esto se va a sacar, ni con llenar la previa de mensajes de fe, ni con tirar de frases que luego el partido destroza en un rato. Tras el Rayo 1-0 Espanyol, con el penalti fallado, el golpe final de Camello y un lunes ante el Levante que ya suena a urgencia total, la mirada de Caseiro entra justo donde más escuece: en ese punto en el que sobran palabras y empieza a faltar algo mucho más serio.
Sobra discurso, falta verdad
Hay un libro catalogado como “imposible de leer”: El Manuscrito Voynich. De alfabeto indescifrable e idioma desconocido, data del siglo XV y es hoy que los mayores expertos aún no han conseguido descifrarlo. Viene esto a colación, en esta fecha señalada y, por la puesta en escena de nuestro Espanyol, que ni en frío uno entiende qué intentó llevar a cabo, en un duelo vital, el equipo de Manolo.
Regatearé mi estilo habitual de crónica. Sobra una valoración personalizada cuando, salvo excepciones, el cómputo global del desempeño libra a una cantidad de jugadores que se pueden contar con los dedos de una mano amputada. Nombrar a Dmitrovic, por encima del resto, es convertirlo en el tuerto en el país de los ciegos.
Entenderé quién piense que, posiblemente, nuestras ocasiones fueron más claras que las rayistas, del mismo modo que también me pongo en la piel del que encontró insufrible el planteamiento o la actitud. Y el resultado y los hechos vuelven a dejar en discurso vacío todas las entrevistas y ruedas de prensa previas, de la motivación por ir a buscar la victoria. Por no mencionar que asaltan las dudas de cómo se ha trabajado para parecer tan pobres durante 90’ con diez días de preparación.
Quedan seis jornadas, 18 puntos y cinco sobre el descenso para salir del cuello de botella en el que nos hemos metido. A quien corresponda decidir, que lo haga, ya sea con estos o con otros, pero sin olvidar que los que pisan el césped son los únicos que nos pueden sacar del atolladero. Demostrándolo. No con frases hechas que evidencian, desde diciembre del año pasado, todo lo contrario. Sobra discurso y falta verdad.
En el día del libro, puede ayudarnos el diccionario de sinónimos más que el manuscrito del que hablaba al principio. Hartazgo, cansancio, desgaste, bochorno, sonrojo … y así, hasta que entiendan el idioma que son incapaces de hablar en el verde. No nos vendan más relatos. Si no se entiende ahora, después será tarde. Las palabras claras, como las cosas, no necesitan traducción.
Juan José Caseiro







