
Resumen: El Espanyol ha pasado en apenas tres días de tocar fondo ante el Sestao River a ganar por 0-1 al Villarreal en La Cerámica, con una imagen que parecía imposible después de los últimos partidos. Sergio García, entrenador interino para este encuentro, ha conseguido en solo dos sesiones que el equipo recupere la intensidad, el orden, la personalidad y las ganas de competir. Su apuesta por la cantera, con Alejandro Santiago como una de las grandes sorpresas, ha funcionado, mientras futbolistas como Edu Expósito, Omar El Hilali, Drkusic y Cabrera han ofrecido un rendimiento muy superior al de jornadas anteriores. La victoria permite al Espanyol alcanzar los 11 puntos y abandonar provisionalmente el descenso, aunque también deja una pregunta incómoda: ¿por qué estos mismos jugadores no fueron capaces de dar una respuesta parecida cuando Manolo González todavía estaba en el banquillo? Sergio devuelve ahora el mando a Eder Sarabia, pero se marcha dejando algo muy importante: la sensación de que el Espanyol tiene en casa a un entrenador preparado para asumir responsabilidades mayores.
5 puntos clave
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- El ‘faletazo’ de Sergio García. El interino consigue una transformación espectacular en solo dos entrenamientos.
- La plantilla responde. Los jugadores recuperan la intensidad, la confianza y el compromiso que tanto se habían echado de menos.
- La21 reivindica su nivel. Alejandro Santiago, Rafa Bauza y los jóvenes demuestran que pueden competir en Primera.
- La sombra de Manolo. La reacción hace todavía más doloroso recordar cómo terminó la etapa del anterior entrenador.
- Un recambio para el futuro. Sergio García presenta sus credenciales como alternativa de garantías para el banquillo del Espanyol.
El Espanyol resucita en Villarreal: Sergio García consigue en dos días lo que parecía imposible
¿Pero qué Espanyol fue el que vimos en La Cerámica? ¿Y dónde estaba escondido este equipo durante las últimas semanas? Son dos preguntas bastante inevitables después de la victoria por 0-1 ante el Villarreal. Porque cuesta creer que los mismos futbolistas que venían de dejar una imagen lamentable en Santander y de protagonizar un ridículo copero ante el Sestao River fueran capaces, apenas tres días después, de competir con semejante personalidad ante un rival de Champions. Y todavía cuesta más cuando quien estaba sentado en el banquillo era Sergio García, un entrenador interino que apenas había tenido dos sesiones para preparar el encuentro. El exdelantero perico ha cogido un equipo hundido anímicamente, en descenso y rodeado de dudas, y ha conseguido que vuelva a parecer un conjunto de Primera División. Un Espanyol reconocible, intenso, ordenado y con futbolistas que, por fin, parecían entender lo que se estaban jugando. La victoria permite alcanzar los 11 puntos y escalar provisionalmente hasta la duodécima posición. Tres puntos fundamentales, pero sobre todo una actuación que cambia el estado de ánimo de una afición que llevaba demasiado tiempo tragando saliva.
El ‘faletazo’ de Sergio García: personalidad, valentía y decisiones que nadie esperaba
Lo de Sergio García merece un reconocimiento enorme, porque el entrenador interino no se limitó a sentarse en el banquillo y esperar que los jugadores reaccionaran por sí solos. Tomó decisiones. Algunas bastante valientes. Dejó fuera de la convocatoria a futbolistas de la primera plantilla, llamó a varios jóvenes del filial y dio la titularidad a Alejandro Santiago, que debutaba directamente en uno de los estadios más complicados de Primera División. También apostó por Rafa Bauza y Roger Hinojo y organizó al equipo con una estructura que permitía a Edu Expósito tener más protagonismo en la construcción del juego, con Bauza ayudando en las coberturas y Javi Hernández trabajando mucho sin balón. El Espanyol se mostró compacto, bien situado y dispuesto a presionar cuando encontraba la oportunidad. Es verdad que tuvo dificultades para salir con el balón, especialmente cuando el Villarreal aumentó la presión, pero había una idea de equipo y, sobre todo, una convicción que había desaparecido en los encuentros anteriores. Sergio había dicho que apenas había tenido tiempo para corregir algunas cosas. Pues vaya si se notaron.
Los jugadores del Espanyol estuvieron a la altura: bien por ellos, pero también hay que hacerse preguntas
Monchi había advertido antes del partido que este era, por encima de todo, un encuentro de jugadores. Y los jugadores respondieron. Hay que reconocerlo con la misma claridad con la que se les ha criticado durante las últimas semanas. Omar El Hilali firmó un partido extraordinario, primero por la derecha y después por la izquierda. Drkusic ofreció una contundencia defensiva que el equipo necesitaba como el agua. Cabrera compensó algún error con el gol de la victoria y una actuación seria atrás. Edu Expósito asumió el mando en el centro del campo y Javi Hernández combinó calidad con sacrificio. Bryan Zaragoza puso el centro decisivo y Roberto Fernández volvió a dejarse la piel contra los centrales. Hasta Fortuño pudo celebrar su primera portería a cero, después de volver a responder cuando el Villarreal apretó. Todos dieron un paso adelante, justo lo que se les venía pidiendo desde hacía semanas. Y aquí aparece la parte menos agradable del análisis: si eran capaces de ofrecer este nivel de concentración, intensidad y compromiso, ¿por qué no lo hicieron antes? La victoria es fantástica, pero tampoco puede servir para borrar de un plumazo todo lo ocurrido.
La victoria del Espanyol ante el Villarreal hace todavía más doloroso el final de Manolo González
Hay una persona para la que esta victoria debe tener un sabor especialmente amargo: Manolo González. No porque no quiera que gane el Espanyol, algo que nadie debería poner en duda, sino porque apenas tres días después de su destitución el equipo ha ofrecido una versión que llevaba mucho tiempo buscando. Sería injusto afirmar que los futbolistas dejaron de competir deliberadamente con Manolo. Pero tampoco sería razonable ignorar que la diferencia entre el Espanyol de Las Llanas y el de La Cerámica ha sido enorme. El anterior entrenador llevaba semanas cambiando sistemas, buscando alternativas y pidiendo a sus jugadores que no se encerraran cuando conseguían adelantarse. Y muchas veces no encontraba respuesta. Sergio ha llegado, ha tocado unas cuantas teclas y el equipo ha funcionado. Eso habla muy bien del trabajo del interino, pero también obliga a reflexionar sobre la responsabilidad de una plantilla que acabó dejando a Manolo en una situación insostenible. El técnico gallego tuvo sus errores y la dinámica deportiva justificaba que el club se planteara un relevo. Una cosa no quita la otra. Pero después de lo visto en Villarreal resulta todavía más difícil aceptar que toda la culpa de aquella crisis estuviera en el banquillo.
La21 demuestra en Villarreal que el Espanyol tiene soluciones dentro de casa
Otro de los grandes aciertos de Sergio García fue atreverse a mirar hacia la cantera cuando el primer equipo parecía necesitar soluciones urgentes. Alejandro Santiago fue seguramente la sorpresa más agradable del once. El extremo jugó con un desparpajo impropio de alguien que se estrenaba en Primera División, encaró cuando tuvo ocasión, trabajó sin balón y participó en la acción del gol anulado a Roberto Fernández. Rafa Bauza también justificó la confianza del entrenador, ayudando a equilibrar el centro del campo y permitiendo que Edu Expósito pudiera asumir más responsabilidades con la pelota. Roger Hinojo cumplió en defensa, mientras que Jan Peries dejó detalles interesantes en sus minutos sobre el césped. No se trata de convertir ahora a todos estos jugadores en estrellas ni de asegurar que están preparados para ser titulares cada semana. Eso tendrán que demostrarlo con el tiempo. Pero el partido dejó una evidencia bastante clara: en la Dani Jarque hay futbolistas que pueden ayudar al primer equipo y que merecen ser tenidos en cuenta. Sergio los conoce perfectamente y ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de apostar por ellos.
El Espanyol supo hacer algo que había olvidado: adelantarse y defender una ventaja
Hay otro detalle del encuentro que conviene valorar: esta vez, el Espanyol fue capaz de ponerse por delante y conservar el resultado. Parece una obviedad, pero después de lo sucedido en El Sardinero tenía una importancia enorme. Ante el Racing, los pericos marcaron primero y terminaron encerrándose hasta encajar dos goles que les costaron la derrota. En Villarreal también tocó retroceder después del tanto de Cabrera, porque enfrente había un rival con mucha calidad que necesitaba empatar. La diferencia estuvo en cómo respondió el equipo. Hubo orden, ayudas constantes, concentración y una defensa que supo cerrar espacios durante buena parte del tramo final. Fortuño apareció cuando fue necesario, especialmente en dos intervenciones consecutivas, y los cambios de Sergio ayudaron a mantener la intensidad. El Espanyol sufrió, claro que sufrió, pero esta vez no transmitió aquella sensación de que el empate era cuestión de tiempo. Supo competir con el marcador a favor y resistió hasta el pitido final. Un detalle que también indica hasta qué punto había cambiado la mentalidad del grupo.
¿Y si cesamos a Eder Sarabia antes de debutar? La broma que explica el impacto de Sergio García
Más de un perico habrá terminado el partido pensando, aunque fuera medio en broma, si no sería mejor destituir a Eder Sarabia antes incluso de que debute y darle definitivamente las llaves del primer equipo a Sergio García. Evidentemente, es una exageración que no pretende cuestionar al nuevo entrenador, que todavía no ha tenido oportunidad de trabajar con la plantilla ni de demostrar lo que puede aportar. Sarabia merece empezar su etapa sin que se le juzgue por lo que haya hecho su sustituto provisional en un solo encuentro. Pero la ocurrencia tiene su gracia porque refleja bastante bien el impacto que ha causado Sergio. Llegó para apagar un incendio, tomó decisiones valientes, recuperó a un equipo que parecía completamente perdido y se marcha con una victoria en un estadio de Champions. No está nada mal como carta de presentación. Lo realmente importante no es abrir un debate absurdo sobre Sarabia antes de que empiece, sino reconocer que Sergio García ha presentado unas credenciales extraordinarias. Y que, si en algún momento vuelve a producirse una crisis en el banquillo, el Espanyol ya sabe que tiene dentro de casa a un entrenador capaz de asumir el reto. Ojalá no haga falta recurrir a él por una emergencia, pero tener esa alternativa es una magnífica noticia para el club.
Eder Sarabia hereda un Espanyol que ha demostrado tener más fútbol del que parecía
La victoria en Villarreal también deja una lectura interesante para Eder Sarabia. El nuevo técnico, que siguió el partido desde una cabina al estar sancionado, se encontrará con un grupo que acaba de demostrar que tiene capacidad para competir con intensidad, ser valiente y poner en dificultades a un rival importante. Eso no significa que todos los problemas hayan desaparecido. La salida de balón sigue necesitando mejoras, algunos futbolistas todavía están lejos de su mejor versión y el equipo tendrá que demostrar que es capaz de mantener este nivel durante varias jornadas. Pero al menos Sarabia dispone ahora de una base sobre la que empezar a trabajar y de una plantilla que ha recuperado parte de la confianza perdida. El reto será conseguir que el Espanyol de La Cerámica no sea una excepción, sino el punto de partida de una etapa mucho más estable. El próximo compromiso ante el Deportivo permitirá comprobar si esta reacción tiene continuidad. Y también servirá para empezar a ver qué ideas introduce el nuevo entrenador en un equipo que, después de tantos disgustos, vuelve a respirar.
El Espanyol gana, Sergio García se reivindica y ahora toca demostrar que no fue cosa de un día
La noche de Villarreal dejó tres puntos de oro, una victoria que permite salir provisionalmente del descenso y una sensación de alivio que hacía mucha falta. Pero también dejó varias lecciones. La primera, que esta plantilla tiene más fútbol del que venía mostrando. La segunda, que la cantera puede ser una fuente de recursos muy valiosa cuando se le da una oportunidad real. La tercera, que los jugadores tienen mucha más responsabilidad de la que algunos discursos parecían atribuirles. Y la cuarta, que Sergio García es bastante más que una solución de emergencia para cubrir un partido. El técnico del Bon Pastor ha demostrado personalidad, criterio y capacidad para hacer reaccionar a un vestuario en apenas cuarenta y ocho horas. Ahora tocará ver qué consigue Eder Sarabia, que es quien tiene por delante el verdadero trabajo de construir un Espanyol competitivo a largo plazo. La victoria no borra el ridículo de Sestao ni el doloroso final de Manolo González, pero sí devuelve algo que el equipo había perdido: la esperanza. Y después de todo lo vivido, eso ya es mucho. Bien por los jugadores, bien por La21 y, sobre todo, bien por Sergio García. El ‘faletazo’ de La Cerámica merece quedar en la memoria del espanyolismo.












