Análisis del Racing – Espanyol: el RCDE toca fondo con otro partido perdido, los mismos errores y deja a Manolo contra las cuerdas,; el despido del entrenador del Burnley añade contexto a las decisiones del grupo de Alan Pace

24 de octubre de 2026
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Resumen: El Espanyol tocó fondo en El Sardinero con una derrota ante el Racing (2-1) que lo deja en puestos de descenso, con ocho puntos en diez jornadas y solamente uno de los últimos quince posibles. Manolo González abandonó la defensa de cinco que había probado ante el Atlético de Madrid y recuperó una línea de cuatro, buscando mayor presencia ofensiva con Cala y Quilindschy Hartman. El cambio no consiguió solucionar los problemas del equipo. Fortuño volvió a sostener a los blanquiazules, Edu Expósito marcó en la única llegada realmente productiva y el Espanyol terminó encerrándose atrás hasta permitir la remontada. La coincidencia entre las declaraciones del entrenador y de los futbolistas resulta especialmente preocupante: nadie parece entender por qué el equipo deja de atacar cuando se adelanta. La derrota coloca a Manolo González en una situación límite y obliga también a Monchi a afrontar decisiones importantes.

Cinco claves

    • El cambio de sistema no funcionó: Manolo pasó de tres centrales a una defensa de cuatro, pero el Espanyol siguió sin controlar el partido ni generar peligro.
    • Fortuño evitó una derrota mayor: el joven guardameta volvió a ser decisivo con varias paradas que mantuvieron al equipo con opciones hasta el final.
    • Un gol que cambió todo para peor: Tras adelantarse con Edu Expósito, los blanquiazules retrocedieron y acabaron concediendo la iniciativa al Racing.
    • Los jugadores admiten su responsabilidad: Cala, Omar El Hilali y Drkusic reconocieron que el equipo se encerró atrás pese a las instrucciones de Manolo.
    • Manolo y Monchi, ante una decisión crucial: El Espanyol entra en descenso y la crisis obliga a revisar el rumbo deportivo y la continuidad del entrenador.

El Espanyol toca fondo en Santander: otra derrota, los mismos problemas y Manolo González contra las cuerdas

El Espanyol volvió a perder, volvió a desperdiciar una ventaja y esta vez acabó metiéndose directamente en puestos de descenso. La derrota ante el Racing de Santander (2-1) tiene algo especialmente preocupante: Manolo González cambió el sistema, introdujo futbolistas de perfil más ofensivo e intentó corregir los problemas que habían aparecido contra el Atlético de Madrid, pero el resultado terminó siendo prácticamente el mismo. Un equipo incapaz de generar peligro con continuidad, sostenido durante muchos minutos por Àngel Fortuño y que, cuando consiguió adelantarse gracias a Edu Expósito, se encerró atrás hasta provocar su propia caída. Ocho puntos en diez jornadas, un empate en los últimos cinco encuentros y una pregunta que ya resulta imposible esquivar: ¿tiene Manolo González las respuestas que necesita este Espanyol? La clasificación empieza a exigir decisiones y el margen para seguir experimentando se ha reducido muchísimo.

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Manolo recuperó la defensa de cuatro tras el fracaso del sistema ante el Atlético

La alineación de El Sardinero ya dejaba claro que Manolo González había tomado nota de lo sucedido frente al Atlético de Madrid. Después de una defensa de cinco que había dejado al equipo demasiado hundido y con pocos efectivos en el centro del campo, el técnico recuperó una línea de cuatro con Omar El Hilali, Vanja Drkusic, Leandro Cabrera y Quilindschy Hartman. Cala entró también en el once, mientras que Clemens Riedel y Roger Hinojo fueron los sacrificados. Sobre el papel, el Espanyol debía ganar profundidad, tener mayor capacidad para atacar y conectar mejor con Roberto Fernández. Era una apuesta más ambiciosa, al menos en los nombres, en un partido que se había convertido en una auténtica obligación después de la victoria del Elche ante el Rayo. El problema es que cambiar el dibujo no bastó para cambiar el funcionamiento colectivo. El equipo salió con intensidad, pero pronto quedó claro que seguía teniendo dificultades para controlar el juego y llegar con claridad al área contraria.

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El Racing encontró demasiados espacios y Fortuño volvió a sostener al Espanyol

La primera mitad fue un partido abierto, con mucho ritmo y dos equipos que parecían tener más ganas de correr que capacidad para ordenar sus ataques. El Espanyol mostró una agresividad que se le había echado de menos en jornadas anteriores, aunque esa intensidad no se tradujo en ocasiones claras. El Racing empezó a encontrar ventajas entre líneas, especialmente con Sergio Canales, cuya movilidad generó problemas a los centrocampistas blanquiazules. Pol Lozano vio una amarilla temprana que condicionó su capacidad para presionar. Y cuando el conjunto cántabro consiguió romper la defensa, apareció otra vez Fortuño. El portero evitó el 1-0 con una intervención extraordinaria ante Canales y confirmó que, ahora mismo, es uno de los pocos futbolistas que están respondiendo con regularidad. Después de su buen partido ante el Atlético, volvió a ofrecer argumentos para mantenerse en la titularidad. Lo preocupante es que el Espanyol necesite tantas intervenciones de su guardameta para mantenerse vivo.

La polémica de Gil Manzano pudo cambiar el partido, pero no explica la derrota

La jugada más controvertida del primer tiempo llegó en el minuto 39, cuando Pablo Ramón interceptó con la mano un envío de Cala dentro del área. Todo apuntaba a un penalti favorable al Espanyol, pero Gil Manzano acudió al VAR y terminó señalando una falta previa de Roberto Fernández sobre Belocian. Una decisión muy protestada por los futbolistas pericos, que entendían que había sido el defensa francés quien había iniciado el agarrón. El enfado estaba justificado por la importancia de la acción y por las dudas que dejó su interpretación. Pero sería un error convertirla en la explicación principal del resultado. El propio Manolo González rechazó agarrarse al arbitraje después del encuentro: “No es un tema del árbitro, es nuestro, no podemos echarle la culpa a nadie.” El Espanyol pudo salir perjudicado por una decisión concreta, pero tuvo después una ventaja en el marcador y tampoco supo conservarla. Son dos cuestiones distintas que conviene no mezclar.

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El Espanyol volvió a perder el centro del campo y Roberto Fernández quedó aislado

Uno de los problemas que ya habían aparecido ante el Atlético volvió a repetirse en Santander: el Espanyol no consiguió imponer su juego en la zona central. Pol Lozano y Edu Expósito tuvieron que trabajar mucho sin balón, mientras que las transiciones se sucedían sin que ninguno de los dos equipos lograra controlar realmente el ritmo. Cala ofreció muy poco para la calidad que se le presupone, Bryan Zaragoza apenas pudo marcar diferencias y Roberto Fernández volvió a pasar demasiados minutos peleando contra los centrales rivales sin recibir balones en condiciones. Javi Hernández tampoco encontró su mejor versión partiendo desde la banda. El problema ofensivo no puede reducirse al estado de forma de los delanteros cuando el equipo apenas consigue hacerles llegar la pelota. Roberto, que había comenzado la temporada marcando con facilidad, está pagando buena parte de esa desconexión colectiva. Y Bryan necesita recibir más veces en posiciones donde pueda encarar, no limitarse a participar en acciones aisladas.

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Fortuño salva otra vez al Espanyol y Edu Expósito encuentra un gol inesperado

El comienzo de la segunda mitad fue todavía más inquietante para los intereses blanquiazules. El Racing salió decidido a buscar el gol y empezó a llegar con demasiada facilidad a la portería de Fortuño. El joven guardameta respondió con nuevas intervenciones de mérito, mientras Omar El Hilali evitó también un tanto prácticamente sobre la línea. El Espanyol sufría, no conseguía salir con continuidad y parecía cuestión de tiempo que llegara el gol local. Pero el fútbol tiene estas cosas. En el minuto 62, Fortuño evitó otro tanto ante Íñigo Vicente y la acción terminó convirtiéndose en el 0-1 de Edu Expósito. Javi Hernández, que alcanzaba su sexta asistencia de la temporada, puso el balón desde la izquierda y el centrocampista remató con fuerza, con la fortuna de que la pelota rozó en Jorge Salinas antes de entrar.

Era el primer gol de Edu en esta Liga y podía haber significado un punto de inflexión. El Espanyol se había adelantado cuando peor estaba jugando. La ocasión perfecta para ganar confianza. Pero ocurrió justo lo contrario.

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El Espanyol se encerró después del 0-1 y convirtió su ventaja en una invitación al Racing

Lo sucedido después del gol de Expósito es probablemente lo más preocupante de toda la tarde. El Espanyol tenía el partido de cara, un rival obligado a arriesgar y espacios para seguir atacando. Pero en lugar de aprovechar esa situación, comenzó a retroceder. Los futbolistas dejaron de presionar la salida del Racing, perdieron presencia en campo contrario y terminaron defendiendo demasiado cerca de Fortuño. Lo curioso es que nadie parece entender por qué. Manolo González aseguró después del encuentro que sus cambios no buscaban proteger el resultado ni alterar el sistema. Omar El Hilali confirmó que el mensaje del entrenador era precisamente buscar el segundo gol. “Nosotros el mensaje del míster es claro, cuando metamos el primero hay que meter el segundo”, explicó el lateral. Vanja Drkusic coincidió en el diagnóstico: “Pero después del gol, no sé por qué, nos defendimos muy bajo y nos dieron oportunidades para atacar más.” Una coincidencia que abre un debate incómodo: si el entrenador pide atacar y los jugadores se encierran, existe un problema serio de confianza, de ejecución o de conexión entre lo que se prepara y lo que termina sucediendo.

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Belocian y Zabiri castigan a un Espanyol incapaz de reaccionar

El empate del Racing llegó apenas unos minutos después de que el Espanyol se adelantara. Belocian encontró espacio para avanzar y conectar un potente disparo cruzado que esta vez Fortuño no pudo detener. Era el minuto 69 y el equipo de Manolo volvía a quedarse sin la ventaja que tanto le había costado conseguir. Lo peor fue que tampoco reaccionó después del 1-1. El Racing siguió atacando y Fortuño todavía tuvo que firmar otra intervención extraordinaria ante Zabiri. Hasta que llegó el minuto 84. Después de un saque de esquina y varios rechaces dentro del área pequeña, el delantero marroquí aprovechó un mal despeje de Edu Expósito para marcar el 2-1. Otra derrota en el tramo final, otra acción mal defendida y otro partido en el que el Espanyol no supo gestionar los momentos decisivos. El conjunto cántabro se llevó los tres puntos y los blanquiazules se quedaron sin nada, pese a haber conseguido adelantarse en su única ocasión realmente productiva.

Los cambios de Manolo González tampoco encontraron las soluciones que necesitaba el equipo

El banquillo volvió a dejar más preguntas que respuestas. Manolo dio entrada a Tyrhys Dolan y Javi Puado por Javi Hernández y Bryan Zaragoza, buscando piernas frescas y mayor capacidad de trabajo. Después recurrió a Urko González de Zárate y Marcos Fernández, mientras Unai Núñez participó en el tramo final. Pero los relevos no consiguieron alterar el comportamiento colectivo. El Espanyol siguió sin encontrar una manera fiable de atacar y tampoco ganó la seguridad defensiva que necesitaba. Algunas actuaciones individuales fueron especialmente preocupantes, como la de un Urko que continúa muy lejos del nivel que había mostrado anteriormente. El problema ya no consiste únicamente en discutir si un cambio llegó antes o después, sino en comprobar que las sustituciones apenas modifican la dinámica de los partidos. El entrenador prueba alternativas, pero cuesta encontrar una fórmula que funcione durante noventa minutos.

El miedo a perder parece haberse instalado en el vestuario del Espanyol

Las declaraciones posteriores al encuentro permiten entender mejor una de las claves de esta crisis. Manolo reconoció que el equipo parece perder la confianza cuando consigue adelantarse y lo explicó con una imagen bastante gráfica: “Es una dinámica mala, porque en algunos momentos tenemos fuerza, juego y empuje, pero es como si tocaras un interruptor y ya no fueras. Con el 0-1 es como si tuviéramos miedo a perder y dejamos de ir.” Es una reflexión importante porque apunta a algo que trasciende los sistemas. El Espanyol está jugando demasiado condicionado por el temor a equivocarse. Y cuando aparece ese miedo, deja de hacer incluso las cosas que le estaban funcionando. Omar El Hilali fue todavía más directo al reclamar responsabilidad a los futbolistas: “Creo que hay cosas que ya no son de entrenador, que son de jugadores, y llevamos semanas que pasan cosas que son de jugadores y no de entrenador.” El vestuario admite sus errores y defiende al técnico, pero la realidad es que sigue repitiéndolos. Y las buenas intenciones, a estas alturas, ya no bastan.

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Del Atlético al Racing: sistemas diferentes y los mismos problemas de fondo

La comparación entre los dos últimos encuentros resulta especialmente reveladora. Contra el Atlético, Manolo apostó por tres centrales y una estructura muy defensiva que acabó dejando al equipo demasiado desprotegido en el centro del campo. El Espanyol mejoró durante algunos tramos, pero generó muy poco peligro y terminó castigado por el gol de Álex Baena en el minuto 89. Frente al Racing, el entrenador recuperó una defensa de cuatro y futbolistas de perfil más ofensivo, pero tampoco consiguió que el equipo dominara el encuentro. En ambos partidos Fortuño fue de los mejores, Roberto quedó prácticamente aislado y los errores acabaron decidiendo el resultado. La diferencia está en que ante el Atlético el Espanyol terminó perdiendo un empate, mientras que en Santander dejó escapar una victoria que tenía a su alcance. Dos planteamientos distintos para acabar tropezando con dificultades muy parecidas. Y esa repetición empieza a ser más preocupante que cualquier error puntual.

La plantilla tiene más recursos de los que está mostrando, pero también debe asumir su responsabilidad

Sería demasiado cómodo cargar toda la culpa sobre Manolo González y olvidarse de lo que están haciendo los futbolistas. Hay jugadores importantes que rinden claramente por debajo de lo esperado y errores individuales que están costando demasiados puntos. Edu Expósito marcó ante el Racing y se esforzó en defensa, pero sigue lejos de su mejor nivel. Bryan Zaragoza no consigue tener continuidad, Cala tampoco aprovechó su oportunidad y Roberto Fernández está cada vez más desconectado del juego ofensivo. Cabrera sufrió en varias acciones y el equipo volvió a mostrar poca contundencia dentro de su propia área. Pero reconocer esas responsabilidades no elimina las del entrenador. Una de sus obligaciones es encontrar una estructura que permita aprovechar el talento de la plantilla y reducir sus debilidades. El Espanyol no tiene un equipo preparado para competir de tú a tú con cualquiera, pero tampoco parece razonable aceptar que estos futbolistas solamente puedan ofrecer lo que estamos viendo durante las últimas jornadas.

Manolo González reconoce la gravedad de la crisis y deja su futuro en manos del club

La rueda de prensa posterior al partido reflejó hasta qué punto se ha complicado la situación del entrenador. Preguntado directamente por Francesc Via, director de La Grada Ràdio, sobre la posibilidad de ser destituido e incluso sobre si había pensado en dimitir, Manolo evitó resolver públicamente una cuestión que consideraba que debía hablar con el club. Su mensaje fue muy claro: “Yo no hablaré de este tema en una rueda de prensa. Si debo hablarlo es con el director deportivo. Si el club quiere hablar, tendré que sentarme con ellos. Es comprensible lo que quieran hacer, aunque me tire piedras encima. Y si hay que seguir, yo sigo a muerte.” El técnico asumió que la situación es muy grave y que cualquier decisión de la entidad sería comprensible. No renunció a seguir trabajando ni dejó de defender a sus jugadores, pero tampoco pudo transmitir una seguridad absoluta sobre su continuidad. El Espanyol ha entrado en descenso y el entrenador sabe que su futuro está seriamente comprometido.

Monchi debe valorar si Manolo González conserva capacidad para cambiar la dinámica

La crisis coloca también a Monchi ante una de las decisiones más importantes desde su llegada al proyecto deportivo del Espanyol. El director general deportivo había respaldado públicamente a Manolo González y defendido la necesidad de mantener la calma. Pero un punto de quince posibles, seis derrotas en diez jornadas y la entrada en descenso obligan a revisar la situación con toda su crudeza. No se trata de buscar un culpable para calmar el enfado de la afición, sino de valorar si el cuerpo técnico conserva la capacidad para cambiar lo que está sucediendo. Manolo tiene méritos enormes en el Espanyol y merece respeto por todo lo que ha conseguido, pero su pasado tampoco puede convertirse en una garantía permanente de continuidad. El problema ya no es solamente perder, sino comprobar que los mismos errores aparecen con sistemas, alineaciones y planteamientos diferentes. Si Monchi considera que Manolo todavía puede recuperar al equipo, deberá sostener esa confianza con argumentos deportivos. Y si cree que se necesita un relevo, tendrá que asumir también esa decisión.

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El despido del entrenador del Burnley añade contexto a las decisiones del grupo de Alan Pace

El mismo sábado en que el Espanyol caía en Santander, el Burnley, otro de los clubes vinculados a Alan Pace, anunciaba la destitución de su entrenador, Nicky Hayen. El conjunto inglés había perdido por 4-1 ante el Lincoln City y se encontraba también en puestos de descenso de la Championship, con ocho puntos en doce jornadas. El club decidió prescindir del técnico belga, que había llegado durante el verano. La coincidencia resulta llamativa por el momento deportivo que atraviesan ambas entidades, aunque conviene no establecer una relación automática entre las decisiones. Cada club tiene su propia estructura y sus circunstancias. Lo sucedido en Burnley no demuestra que el Espanyol vaya a actuar de la misma manera, pero sí muestra que dentro del grupo empresarial, que hasta ahora había demostrado una política de mucha paciencia sosteniendo a los técnicos pese a los resultados adversos, se ha pasado a tomar decisiones drásticas ante resultados muy negativos. En el caso blanquiazul, la responsabilidad deportiva pasa ahora especialmente por Monchi y por los dirigentes que deben evaluar la continuidad de Manolo.

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El Espanyol entra en descenso y corre el riesgo de renunciar a cualquier ambición

La clasificación empieza a ofrecer una imagen muy alejada del Espanyol que se pretendía construir esta temporada. El proyecto llegaba con la voluntad de crecer, mejorar sus prestaciones y dejar atrás una etapa marcada por la lucha constante por la permanencia. Diez jornadas después, los blanquiazules son decimoctavos, tienen ocho puntos y vuelven a mirar con preocupación hacia Segunda División. El Racing se ha alejado hasta los once puntos, el Valencia y el Málaga siguen por detrás, y la salvación está a uno, aunque varios rivales tienen encuentros pendientes. La situación todavía es reversible, pero el peligro va más allá de los números. El Espanyol empieza a transmitir la sensación de ser un equipo que sale al campo pensando más en evitar la derrota que en buscar una victoria. Esa mentalidad acaba condicionando las decisiones, el juego y la confianza de los futbolistas. Y si el objetivo pasa a ser únicamente sobrevivir, resultará muy difícil recuperar el crecimiento que se esperaba.

El futuro de Manolo González marca una semana que puede cambiar el rumbo del Espanyol

El Espanyol afronta ahora unos días decisivos, con la Copa del Rey ante el Sestao River y el siguiente compromiso de Liga frente al Villarreal. Pero antes de pensar en esos partidos, el club tendrá que valorar seriamente y decidir de manera clara qué hacer con el banquillo. Manolo González sigue siendo el entrenador mientras no se comunique oficialmente lo contrario, aunque su continuidad ha quedado muy comprometida por la derrota en Santander y no es para nada descartable que haya novedades en las próximas horas o días. El vestuario le defiende, el técnico asegura que mantiene las fuerzas para seguir y sus méritos anteriores siguen mereciendo reconocimiento. Todo eso es cierto. Como también lo es que el equipo ha perdido el rumbo, no encuentra soluciones y ha terminado entrando en descenso después de repetir durante semanas problemas prácticamente idénticos. La gran pregunta ya no es si Manolo merece respeto, porque eso está fuera de duda, sino si todavía puede ofrecer al Espanyol las respuestas que necesita. Y esa es una decisión que Monchi y la dirección del club no podrán aplazar indefinidamente.