
Resumen: Juan José Caseiro titula su contracrónica del Racing – Espanyol con un contundente «Manolo Ciao», jugando con la conocida canción ‘Bella Ciao’ para denunciar la falta de carácter, ambición y valentía del conjunto blanquiazul. El autor dibuja un equipo que parece resignado a perder antes incluso de empezar a competir, cuestiona un planteamiento excesivamente conservador pese a los nombres ofensivos y repasa las carencias individuales que volvieron a condenar a los pericos en El Sardinero. Ni las paradas de Fortuño ni el gol de Edu Expósito pudieron evitar otro desastre. Su conclusión apunta directamente a Manolo González, al que considera superado y amortizado, después de demasiado tiempo confundiendo resistencia con supervivencia, competir con comparecer y prudencia con miedo.
Cinco claves
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- Un Espanyol resignado: Caseiro denuncia que el equipo afronta los partidos con una actitud derrotista, sin la rebeldía que exige su situación.
- Manolo, en el punto de mira: critica una propuesta demasiado defensiva pese a introducir futbolistas de perfil ofensivo y considera agotado el proyecto.
- Fortuño retrasa lo inevitable: El portero volvió a sostener al Espanyol, mientras los errores defensivos y la falta de creación acabaron pasando factura.
- Críticas al arbitraje y los jugadores: Caseiro cuestiona las decisiones de Gil Manzano y señala el bajo rendimiento de varios futbolistas blanquiazules.
- Resistir no es sobrevivir: la metáfora de ‘Bella Ciao’ sirve para reclamar valentía y cerrar con una sentencia demoledora sobre Manolo González.
Manolo ciao
Una de las teorías es que ‘Bella Ciao’ nació como un canto a la resistencia, la lucha y la libertad, situación que pedía para mi equipo. Pero todo un bloque, desde el cuerpo técnico hasta la mayoría de los jugadores, se presenta a una batalla como si supiera que va a perder antes de empezar y nos resigna a quienes les esperamos. La fe, por si sola no suma puntos y la clasificación ya pesa más que las excusas.
Fortuño iba retrasando lo inevitable y hasta propició ponernos por delante; ni bien ni mal, Omar no alteró la dinámica habitual y Drkusic salvó lo suyo y lo de un Cabrera lentísimo que nos hipotecó en lo de siempre y un poco más. Hartmann fue el trampantojo: nombres ofensivos para una propuesta amarrategui.
La ligereza arbitral, por llamarlo finamente, nos cargó a Pol con la amarilla que le evitaba presionar a Canales; el gol no salva a Edu del bajo estado que atraviesa ahora y Cala por si solo, no supo salir de las emboscadas.
Javi tirado a banda es menos Javi y Bryan debería recibir más balones para ensañarse con su par. La nota graciosa que corona al inefable Gil Manzano es que el único agarrón que vio fue el que hizo Roberto y no los cientos a la inversa.
Como siempre, solo se movió el equipo según el marcador: Dolan y Puado para trabajar, olvidándose de crear, Marcos por si sonaba la flauta y Urko, que empezó regalando la primera que tocó. Unai también entró, solo para no acabar siendo uno menos.
Los partisanos hicieron de la resistencia una razón, no una coartada. Ya es demasiado tiempo confundiendo resistencia con supervivencia, competir con comparecer y prudencia con miedo. Seguir librando batallas con el mismo plan acabará en derrota. Y quien diseña la táctica para afrontarlas, está superado. Y amortizado.
Juan José Caseiro







