Ayer hizo un año se hizo oficial una de esas noticias que el espanyolismo no olvida así como así: Joan García dejaba el Espanyol para fichar por el Barça. La salida del portero de Sallent fue un golpe seco, de esos que mezclan tristez y rabia. El club ingresó 25 millones de euros, una cantidad muy importante para sus cuentas, pero el impacto emocional fue enorme. No se iba un jugador cualquiera. Se iba el portero que había sido decisivo en el ascenso, clave en la permanencia y, para muchos, el mejor futbolista del equipo durante mucho tiempo. Y encima se iba al eterno rival. Ahí está la palabra que muchos pericos siguen usando, entre dientes o sin esconderse: “traición”.
Joan García habló en el Tot Costa justo en el aniversario
La fecha ha coincidido con una entrevista de Joan García en el Tot Costa, donde el actual portero del Barça y de la selección española repasó su primer Mundial y también aquel cambio que tanto ruido hizo. Preguntado por si todo había sido menos traumático de lo que parecía entonces, Joan explicó: “Sí, evidentemente. En el momento del fichaje y de los rumores, todo era muy cercano, era lo que había en aquel momento. Pero yo tenía claro que con el tiempo iría pasando, y bueno, así ha sido. Era aguantar un poco esas dos o tres semanas de boom, y después tener claro que todo se normalizaría y que lo importante era centrarse en lo que es realmente importante.” Desde su lado, seguramente lo vivió así. Desde el lado perico, la cicatriz sigue teniendo otra pinta.
El tiempo ha suavizado el ruido, pero no el recuerdo
Que el paso del tiempo rebaje el volumen no significa que borre lo que pasó. El espanyolismo puede aceptar que los futbolistas miren por su carrera, por su familia y por su futuro. Eso es fútbol profesional. Pero hay salidas que duelen más por el destino que por la salida en sí. Joan era de la casa, era el símbolo de un equipo que se agarró a sus paradas, era casi una especie de salvavidas con guantes. Y por eso su marcha al Barça cayó como cayó. El dinero ayudó al Espanyol, sí. Pero emocionalmente fue una bofetada.
El portero admite que el Barça le ayudó a llegar al Mundial
En la misma entrevista, Joan también fue preguntado por si su fichaje por el Barça fue clave para estar ahora en el Mundial con España. Su respuesta fue prudente, pero bastante clara: “No sé lo que hubiera pasado si hubiera tomado alguna otra decisión, pero bueno, seguro que ha ayudado. Siempre he ido más al carrer por el número de partidos, por la exigencia que tienen estos. Evidentemente, el seleccionador quiere ver en escenarios que son lo más similares quizás a un Mundial o a un campeonato de Europa. Entonces, bueno, la exigencia de estos partidos está en un equipo de máxima exigencia, y yo creo que puede ayudar también al seleccionador a tomar una decisión.” Para Joan, el cambio ha sido un impulso. Para el Espanyol, fue cerrar una etapa y abrir otra a toda prisa.
Joan García recuerda su paradón a Pere Milla como la intervención más destacada del curso
En la entrevista al Tot Costa, Joan García también habló de una acción que quedó marcada en su temporada: aquella parada a Pere Milla, que para muchos fue una de las más espectaculares del curso. El propio programa le puso el audio de la jugada, recordando cómo el portero envió a córner un remate de Pere Milla que ya parecía llevar veneno, y Joan no dudó demasiado al valorarla: “La verdad es que creo que es una parada de mucha dificultad y bueno, por suerte la pude parar, pude reaccionar a tiempo y sirvió para ganar el partido.” La frase tiene su gracia vista desde el Espanyol, porque habla de una parada enorme a un jugador con el que después ha mantenido buena relación pese a todo el ruido que generó su marcha al Barça. De hecho, en la charla se dejó caer ese buen rollo y el intercambbio aún existente de mensajes con Pere Milla, una señal de que dentro del fútbol, por mucho que desde fuera ciertas decisiones se vivan con más herida, los vestuarios y los jugadores muchas veces siguen otro camino. En todo caso, Joan la sigue teniendo muy presente como una de esas intervenciones que no solo quedan bonitas en el resumen, sino que también valen puntos.
El Espanyol convirtió el golpe en 25 millones
La parte fría de la historia es que el Espanyol hizo caja. 25 millones de euros por un portero formado en casa no son poca cosa. En un club con necesidad de ordenar cuentas, reducir tensiones económicas y construir una plantilla más competitiva, esa cantidad tuvo peso. Otra cosa es cómo se digiere que el dinero llegue por una operación así. Porque el aficionado entiende los números, pero también siente. Y cuando el sentimiento va por un lado y la contabilidad por otro, la cabeza y el corazón se pelean. Bastante, además.
Dmitrovic tenía el marrón más complicado del verano
El relevo de Joan fue Marko Dmitrovic, que llegó libre y con una papeleta tremenda. No era solo sustituir a un portero bueno. Era sustituir al jugador que muchas veces había sostenido al Espanyol casi él solo. La comparación era inevitable, casi injusta. Cualquier error del serbio iba a mirarse con lupa. Cualquier parada se iba a medir con el recuerdo de Joan. Y aun así, Dmitrovic no se escondió. Llegó, se puso los guantes y fue apagando dudas con partidos. Sin demasiado ruido, pero con mucho peso.
Dmitrovic hizo olvidar a Joan García sobre el césped
La temporada del serbio ha sido de las que merecen reconocimiento. Dmitrovic dejó la portería a cero en 10 ocasiones y fue uno de los grandes responsables de la brillante primera vuelta del Espanyol. Hubo partidos en los que fue directamente el mejor perico. No el más vistoso, no el que más titulares buscaba, sino el que aparecía cuando tocaba. Paradas de valor, liderazgo, experiencia y esa forma de competir de quien ya ha visto muchas cosas en el fútbol. Al final, el recuerdo de Joan siguió ahí, claro, pero en el campo el Espanyol no vivió con nostalgia bajo palos.
La permanencia también tuvo guantes serbios
El tramo final del curso fue de sufrimiento puro, de esos en los que cada punto parece una botella de agua en el desierto. Y ahí Dmitrovic volvió a aparecer. Fue importante en varios momentos clave y ayudó a sostener a un equipo que se había complicado mucho la vida en la segunda vuelta. Si el Espanyol acabó salvándose, también fue por su portero. No todo se explica desde la portería, claro, pero cuando un equipo se tambalea, un guardameta que responde cambia muchas cosas. Cambia partidos. Cambia nervios. Cambia estados de ánimo.
Edu Expósito también defendió la temporada de Dmitrovic
Dentro del vestuario, su papel también ha sido valorado. Edu Expósito, en una entrevista reciente, habló de lo difícil que era ocupar ese sitio tras Joan García y defendió claramente al serbio: “Es una persona que conozco de mi anterior etapa en el Eibar, donde coincidimos y bueno es una persona con mucha personalidad también, sabe cómo va esto del fútbol y la verdad es que ha hecho una temporada espectacular. Al final han sido unos números muy buenos, la verdad para él con muchas porterías a 0, trabajando muy bien para el colectivo y apoyando también cuando las cosas no salían. Entonces bueno, es una persona muy buena dentro del vestuario porque tiene esa veteranía y eso es muy importante. Y al final suplir la ausencia de Joan después de todo lo que nos había dado no era fácil. Yo creo que fue un reto para él y lo ha conseguido.” La frase final resume todo: lo consiguió.
La portería vuelve a moverse con Monchi
Ahora, un año después, el Espanyol vuelve a mirar la portería dentro del nuevo proyecto de Monchi. Dmitrovic parte como favorito para seguir siendo titular. Tiene contrato, rendimiento y autoridad. Pero la dirección deportiva quiere traer un portero que le dé más competencia de la que tuvo esta temporada. Ángel Fortuño, que solo tuvo espacio al final con la permanencia ya cerrada, podría salir cedido para crecer con minutos. La idea es clara: no tocar lo que funciona, pero sí subir el nivel de exigencia alrededor.
Dmitrovic ya demostró que le van los retos difíciles
La llegada de otro portero no debería leerse como una duda sobre Dmitrovic. Más bien como parte de un Espanyol que quiere dejar de vivir con plantillas cogidas con pinzas. El serbio ya demostró que no le pesa la presión. Llegó después de Joan, con media grada todavía mirando de reojo hacia Sallent, y acabó ganándose el respeto del RCDE Stadium. Si el nuevo fichaje quiere quitarle el sitio, tendrá que hacerlo muy bien. Muchísimo.
Joan García mira al Mundial y el Espanyol mira hacia delante
Joan García vive ahora otro mundo: Barça, selección, Mundial y una carrera que va a toda velocidad. En el Tot Costa habló de su experiencia con España y de cómo está viviendo la cita: “Sí, sí, sí, estaba con los dudas hasta que salió la convocatoria, pero va muy bien, lo estoy disfrutando mucho, aprovechando mucho la convivencia con los compañeros, los entrenamientos, creo que es una experiencia única y la verdad es que lo estoy aprovechando.” El Espanyol, mientras tanto, mira hacia otro lado. Ya no está Joan. Ya pasó el golpe. Y el club ha comprobado que se podía sobrevivir a su marcha.
Un aniversario raro, pero con una lectura clara
Un año después, el balance tiene dos caras. La emocional sigue siendo amarga para muchos pericos. Joan se fue al Barça y eso no se perdona fácil. La deportiva, en cambio, ha sido mejor de lo que casi nadie esperaba. El Espanyol ingresó 25 millones y encontró en Dmitrovic un portero fiable, fuerte y decisivo. No es poca cosa. Lo que parecía un agujero enorme acabó siendo una portería bastante bien cubierta. Y eso, en una temporada tan surrealista como la que vivió el equipo, fue casi un pequeño milagro.
La “traición” dolió, pero el Espanyol siguió en pie
El fútbol va muy rápido, pero la memoria perica no tanto. Joan García seguirá siendo para muchos el portero que eligió el camino más doloroso posible. Otros lo verán como un profesional que tomó la decisión que creía mejor para su carrera. Sea como sea, el Espanyol tuvo que reaccionar. Y reaccionó. Dmitrovic hizo olvidar al de Sallent en el césped, que al final es donde más importan las respuestas. Un año después, la herida todavía existe, pero ya no sangra igual. El Espanyol cobró, compitió y sobrevivió. Y ahora, con Monchi al mando de la dirección deportiva, toca construir desde ahí.









