Hay nombres que en el Espanyol cuesta leer sin torcer un poco el gesto. Y uno de ellos, por mucho que el tiempo pase, es el de Domingo Catoira. El exdirector deportivo blanquiazul ha vuelto a aparecer en el mapa futbolístico tras su fichaje por River Plate, donde se suma a la estructura de Pablo Longoria, con quien ya trabajó en el Valencia. En Argentina lo presentan como una pieza para el área de scouting y la búsqueda de talento joven. En clave perica, claro, la noticia se mira de otra manera. Porque aquí su apellido todavía va pegado a una etapa muy fea.
Un nombre ligado a uno de los descensos más dolorosos
Catoira no es un desconocido para el Espanyol. Llegó primero como secretario técnico y acabó subiendo al cargo de director deportivo tras la salida de Rufete. El club buscaba dar un paso adelante, armar un proyecto con más ambición y acercarse otra vez a una afición que ya estaba bastante cansada de vivir entre promesas raras y sustos clasificatorios. El propio Catoira lo dijo el día de su presentación: “Queremos reilusionar a la gente, acercar el club, que la afición se sienta identificada con el equipo y viceversa, que se produzca esta sinergia que nos permita alcanzar objetivos. Estoy convencido». La frase, vista ahora, duele más que otra cosa. Porque aquella ilusión prometida acabó en descenso.
El mercado que rompió muchas confianzas
La planificación del verano de 2022 fue un lío de los gordos. El Espanyol perdió piezas importantes, no cubrió bien varias posiciones y se quedó con una plantilla que nunca terminó de tener forma. Salieron Diego López, David López, Embarba, Vargas, Melendo, Oier y Raúl de Tomás, entre otros, y llegaron jugadores como Edu Expósito, Álvaro Fernández, Lecomte, Vini, Dani Gómez, Lazo, Braithwaite, Joselu y Brian Oliván. Algunos salieron bien, claro, pero el conjunto quedó cojo. Muy cojo. Y cuando un equipo queda así, luego pasa lo que pasa: llegan prisas, parches y enero se convierte en una especie de sala de urgencias. Tambien erró con Diego Martínez, despedido a falta de 12 jornadas para al final del campeonato.
Enero no arregló el desastre
El Espanyol intentó corregir el rumbo en invierno con una inversión fuerte. Llegaron César Montes, Pierre Gabriel, Denis Suárez, José Gragera y Fernando Pacheco, una lista que no era menor precisamente. Pero ni con eso bastó. El daño venía de antes. La plantilla estaba mal pensada, el ambiente se había ido cargando y el equipo acabó cayendo a Segunda. Para muchos pericos, Catoira quedó señalado como uno de los grandes responsables de aquel golpe. No fue el único, porque en un descenso siempre hay muchas manos metidas, pero su parcela era la planificación. Y la planificación salió fatal.
La relación con el vestuario tampoco ayudó
Otro punto que marcó aquella etapa fue la relación con algunos pesos pesados del vestuario. La sensación era que el proyecto que se había vendido a ciertos futbolistas no se parecía mucho a lo que acabó llegando. El caso de Sergi Darder fue muy claro. El de Artà explicó su malestar con aquella famosa operación de Raúl de Tomás y con el dinero que nunca llegó como se esperaba: “Nadie me engaña diciendo que vamos a fichar a Haaland y Mbappé, todos los equipos grandes se han hecho a base de ventas. Yo pensaba en una venta grande de 20 millones, pero cuando ves que no llega y luego es a ese precio…”. Esa frase resume bastante bien el clima de aquel Espanyol: mucha expectativa, poca realidad y una plantilla que no se sentía como le habían contado.
Joselu también dejó claro que el proyecto no era el prometido
Y no fue solo Darder. Joselu, otro de los nombres importantes de aquella plantilla, también dejó una reflexión muy dura antes del derbi contra el Barça. El delantero explicó que él había firmado pensando en otra cosa: “Yo firmo con otra directiva por así decirlo, hay en mente otro tipo de jugadores que van a venir a la plantilla. Una de las razones por las que firmo aquí es por el proyecto a corto y largo plazo que quiere hacer el Espanyol. Ya sabéis todos lo que pasó en verano”. Ahí no hacía falta traducir mucho. El mensaje era bastante claro: lo que se vendió no se cumplió. Y cuando eso pasa dentro de un vestuario, el ruido no se queda fuera. Se mete hasta la cocina.
Del Espanyol al Valladolid, y ahora a River Plate
Tras su salida del Espanyol, Catoira volvió al Real Valladolid como director deportivo. Allí consiguió el ascenso, pero su segunda temporada en Primera acabó siendo muy dura para el club pucelano, hasta el punto de que su contrato no fue renovado. Ahora aparece una nueva oportunidad en River Plate, un gigante del fútbol argentino, aunque con un rol distinto: más integrado en una estructura que como jefe absoluto de un proyecto. Ese matiz importa. Porque su trayectoria parece decir que puede tener encaje dentro de un equipo de trabajo, pero cuando le ha tocado llevar el volante principal, los resultados no han sido precisamente para sacar pecho.
El contraste con Monchi es inevitable
Y aquí es donde el tema toca de lleno al Espanyol actual. Porque mientras Catoira vuelve a escena en River, el club blanquiazul acaba de abrir una etapa completamente distinta con Monchi. El contraste es fuerte. De un perfil que en Cornellà quedó asociado a una planificación fallida, a uno de los directores deportivos con más prestigio del fútbol europeo. De una etapa marcada por la desconfianza, a una apuesta que, al menos de entrada, transmite más solvencia, más oficio y más colmillo de mercado.
El Espanyol necesitaba cambiar de nivel en los despachos
La llegada de Monchi no garantiza nada por sí sola. Eso también hay que decirlo. Nadie gana partidos por tener un nombre grande en la dirección deportiva. Pero en el Espanyol hacía falta subir el nivel en los despachos. Hacía falta alguien que llegara con recorrido, con contactos, con autoridad y con una idea clara. El perico no necesita más discursos de “proyecto ilusionante”; necesita hechos, fichajes con sentido y una plantilla que no vuelva a nacer torcida. Después de lo vivido con Catoira, Rufete, Garagarza y tantos bandazos, la afición está en su derecho de mirar cada movimiento con lupa.
Catoira, una herida que explica por qué Monchi ilusiona tanto
Lo de Catoira en River puede ser una noticia más en Argentina. Para el Espanyol, en cambio, remueve memoria. Recuerda una etapa en la que el club prometió una cosa y entregó otra. Recuerda un descenso que todavía escuece. Recuerda un verano mal armado, un vestuario con grietas y una afición que acabó harta. Por eso el contraste con Monchi pesa tanto. No solo por el currículum del sevillano, sino por lo que representa: la necesidad de dejar atrás una forma de hacer las cosas que salió carísima.
El pasado no juega, pero avisa
El fútbol tiene estas cosas. Un nombre que en un club queda marcado, en otro aparece como una apuesta nueva. Catoira tendrá ahora su oportunidad en River, de la mano de Longoria y en un rol de scouting que no es menor. Cada uno seguirá su camino. Pero en clave Espanyol, su regreso a la actualidad sirve para mirar atrás un segundo y entender mejor el presente. Si Monchi ilusiona tanto no es solo por lo que ganó en otros clubes; también es porque el Espanyol viene de equivocarse demasiado en un puesto clave. Y eso, la afición perica, no lo olvida tan rápido.











