OPINIÓN | La contracrónica del Sevilla 2-1 Espanyol: el bucle infinito, 18 partidos sin ganar y una caída que huele a descenso

9 de mayo de 2026

El Sevilla 2-1 Espanyol dejó una derrota que ya no se puede mirar como un accidente más, porque empieza a tener pinta de condena repetida, de película vista demasiadas veces y siempre con el mismo final horrible. En esta contracrónica, Juan José Caseiro pone el dedo donde más duele: el Espanyol se ha metido en un bucle infinito, encadenando ya 18 partidos sin ganar, con errores individuales, un equipo sin temple cuando el partido pide carácter y unos cambios que acabaron de hundir un encuentro que, aun mal jugado, estaba controlado. Quedan tres jornadas, pero la sensación es que este grupo necesita algo mucho más fuerte que discursos: necesita un electroshock competitivo y emocional antes de que sea demasiado tarde.

El bucle infinito

Cuando algo se repite indefinidamente y las condiciones para finalizar las cosas nunca llegan, es que has entrado en un bucle infinito, parecido al de la programación de un videojuego. Si a eso le añadimos un mensaje agotado a un grupo instalado en la mediocridad, acabarás obteniendo el peor de los resultados, que, en nuestro caso, ya son 18 las veces que se ha producido.

Que los árboles no nos tapen el bosque: Dmitrovic no se tira en el primero y en el segundo le falta convicción. Ejuke tenía el día malo y Omar se propuso que lo tuviera bueno. Sin renovar, Calero intervino decentemente. Cabrera intentó forzar una falta en un salto fácil para el y dejó en bandeja el segundo y Romero fue un gris intenso.

El fútbol se piensa en el medio y a Urko, le rodeaba el silencio de sus compañeros y por detrás le quitaban balones sin que nadie le avisara, Expósito sin temple cuando los nervios aprietan y no hay balance posible para aprobar a Terrats.

El gol de Dolan llegó del peor chut segundos antes del mismo jugador, Rubén no sorprendió a un rival que le controló y Roberto ya no ejerce ese peligro de la temporada anterior.

Los cambios representaron el definitivo hundimiento de un partido mal jugado, aunque controlado: Pickel, Jofre, Kike, Salinas y Pol. Los cito sin valorar para salvar a los que no pisaron el césped.

Quedan tres jornadas y este grupo necesita un electroshock. Ya saben cuál es la fórmula fácil y cada minuto que pasa, es un tiempo de oro perdido. Es una cuestión anímica que solo se revierte con un giro de 180 grados, indispensable para cambiar una trayectoria que te aboca al descenso. Y el último aviso para un grupo, que empieza a merecerse que les dejemos en la puerta de casa, las maletas.

Juan José Caseiro