El Espanyol – Levante dejó uno de esos partidos que no sabes muy bien si guardar como punto útil o como otra noche para hacerse mala sangre. Y ahí entra la mirada de Juan José Caseiro, que en su contracrónica tira de Camilo Sesto y de ese “¡ya no puedo más! siempre se repite la misma historia” para explicar bastante bien lo que sintió buena parte del espanyolismo al acabar el 0-0. Porque sí, el equipo mantiene la distancia con el Levante y amplía a cinco puntos el colchón sobre el descenso, pero la sensación fue pobre, nerviosa, casi de equipo atrapado en su propia cabeza. Dmitrović volvió a sostener, Urko dejó algo de luz en medio del atasco, pero arriba faltó gol, faltó calma y faltó creer de verdad que el partido se podía ganar. Caseiro lo resume desde la melancolía, con esa mezcla tan perica de amor, cabreo y cansancio: buscar una pepita de oro en un empate contra el rival que parecía más accesible y encontrar solo eso, una pepita pequeña. Nada más. Y claro, así cuesta muchísimo sentirse rico.
Siempre se repite la misma historia
Cumplirá 50 años en 2028 la canción de Camilo Sesto “vivir así es morír de amor”, que me ha venido al recuerdo, no por el título, pero sí por esa estrofa del “¡ya no puedo más! siempre se repite la misma historia” que fue lo que me cató encima desde las alturas de la cabina de radio con el pitido final de un partido lleno de nervios y congoja.
Resuenan en mi mente los versos de la canción y “siempre me voy a enamorar” de Dmitrovic; “el alma herida” me la dejaron Omar y Romero, nervioso uno, desaparecido el otro y Calero cumplió dentro de la inestabilidad defensiva donde Cabrera ha perdido parte de su proceder expeditivo.
En el medio hubo lo mejor dentro de lo peor: Urko aportaba ideas a un guion agotado, Expósito trataba de poner el pase que a otros les costaba y el cambio de Terrats borró la sensación, más que el dominio real, de que podría decantarse el partido de nuestro lado.
“Siempre me traiciona la razón” serviría para Ngonge, mejor cuando no sale de inicio, Milla, sin grandes desastres nos tiene “mendigo de sus besos”, que en su caso fueron aquellos goles de las primeras jornadas y Kike, ahí arriba sin ganar ni las facetas que domina, me deja “harto de rodar como una noria”.
Para mejorar el desaguisado, “mi alma llora” viendo que Roberto ha dejado de ser poderoso, nos habíamos olvidado de Roca y al menos enseñó que está en forma. Pol le tomó el relevo a Pickel en lo que a expulsiones absurdas se refiere.
Como los buscadores de oro, muevo la batea a ver si encuentro algo de valor al empate contra el teórico rival más fácil: le mantenemos la distancia y aumentamos a cinco puntos el descenso. Solo eso. Una pepita. Y no nos da para ser ricos. Cuesta encontrar otro argumento para sostener esto. Que mal. ¡Melancolía!
Juan José Caseiro







