El programa de hoy de La Grada Ràdio ha ofrecido una fotografía completa del momento que atraviesa el RCD Espanyol, combinando información de primera mano desde la Ciutat Esportiva Dani Jarque con el análisis de su tertulia habitual. Bajo la dirección de Francesc Via, desplazado para cubrir la rueda de prensa de Kike García y la entrevista a Leandro Cabrera, el espacio ha reunido también a Pau Grima “Paueti”, Luis Navarrete, Raúl Alonso y Jesús Martínez “Zenitram”, en una conversación que ha girado en torno al presente deportivo del equipo, sus dificultades en esta segunda vuelta y las perspectivas a corto plazo. En ese contexto, la presencia de Rafa Marañón ha aportado una dimensión histórica y reflexiva especialmente relevante.
Marañón no es solo un nombre en la historia del Espanyol, es uno de esos futbolistas que todavía hoy se explican casi con admiración. Quien le vio en Sarrià recuerda perfectamente cómo su pierna izquierda era poco menos que un cañón, capaz de decidir partidos por sí sola. Nacido en Olite hace 77 años como Rafael Carlos Pérez González -el apellido Marañón le viene del segundo apellido de su tío, también futbolista-, sigue siendo el máximo goleador histórico del club con 144 tantos en nueve temporadas, entre 1974 y 1983. Colgó las botas en el Sabadell en 1986, pero su vida no se quedó en el fútbol: arquitecto, aparejador y doctor en Arquitectura con una tesis sobre Rafael Masó, dio el salto a la docencia en la Universitat Politècnica de Catalunya. Antes de convertirse en mito perico, pasó por el Real Madrid, el Sporting y el Onteniente, llegando incluso a debutar frente a Pelé. Hoy sigue vinculado al Espanyol como consejero, asesor del club y presidente de la Asociación de Veteranos. Una figura que va mucho más allá de los números: una auténtica leyenda blanquiazul.
Rafa Marañón, testimonio directo de una etapa clave del club
Tras la intervención de Cabrera, Marañón tomó la palabra para recordar la figura de José Emilio Santamaría desde su experiencia directa como jugador. Su testimonio ha permitido contextualizar el impacto del técnico hispano-uruguayo en el Espanyol de los años setenta, aportando matices personales y profesionales. En ese sentido, explicó cómo conoció al hispano-uruguayo: “Ficho por el Madrid, en principio por el primer equipo, aunque tenían un equipo de aficionados con jugadores de nivel y él era el entrenador. Luego fue seleccionador de la Selección Olímpica, y en 1971 ficha por el Espanyol. El el 1975 Meler vino y me dijo, ‘con usted nos hincharemos a meter goles’. El primer año no fue así, el segundo tampoco, y tuve alguna pelotera con él. Tenía personalidad, carácter, raza, era un personaje importante y creo que entendido, y buen entrenador para el futbolista”.
Un modelo de juego con identidad propia
Marañón también incidió en la propuesta futbolística de aquel equipo, caracterizada por una clara vocación ofensiva y por la presencia de jugadores con talento diferencial: “Le gustaba mucho el fútbol de ataque, los buenos futbolistas, dos interiores con Solsona que no corría para nada atrás y José María, mucha clase, con Molinos en medio. Manolín Cuesta, punta, corría para atrás para tapar las carencias defensivas. Yo estaba en punta con Amiano, teníamos muy buen equipo”.

Relatos de vestuario y carácter competitivo
Uno de los momentos más significativos de su intervención ha sido el relato de vivencias personales que reflejan la exigencia y la intensidad de aquella etapa. En un extenso testimonio, Marañón detalló episodios que ilustran tanto su relación con Santamaría como la evolución de su propio rol dentro del equipo: “Hubo un partido en Sarrià que nos ganaban 0-2, nos quedamos con 10 y remontamos con dos goles míos, uno de falta que hace años que no metemos y hemos de hacerlo, ya se lo digo a los chavales, que lo entrenen. Tuve una pelotera gorda con él. La primera temporada empiezo francamente bien, metiendo goles, el primero en el Carranza, y en casa también metí contra el Celta… Los primeros partidos muy bien hasta que tuve una lesión de aductores, me lo abrí un poco y seguía jugando hasta que llegó un momento en que me chillaba la gente y yo contestaba… Me cogieron y me sacaron del equipo, acabé la temporada de suplente. Y en la siguiente, la del 75 aniversario, fichamos un montón de buenos jugadores y así salió la temporada, y no jugaba. A mitad de temporada hicimos una semana de stage en Valldoreix, entrenando en el campo del Sabadell, yo me maté… fui a hablar con él y le dije, ‘usted me trajo y usted me tiene que sacar de aquí, o me pone o me despacha’. Me dijo: ‘Se va José María y le doy el ‘11’. Paradojas de la vida, nunca he querido jugar en esa posición y lo he sido toda la vida… yo quería el ‘9’, empecinado, porque estás más cerca del área porque los extremos eran antes para centrar. Se lesiona Amiano en Elche, perdemos 2-1 pero marco, y a partir de ahí comencé a jugar. Al arranque de la siguiente la gente tenía el rescoldo de chillarme si no lo hacñia bien, y jugando contra el Zaragoza de los ‘zaraguayos’ me iban a cambiar, sacaron el cartel del ‘11’, y salió la pelota de fuera de banda, sacó Molinos, centró Caszely y marqué un golazo, y me fui al banquillo a decirle a Santamaría, ‘si tienes cojones quítame ahora’. Y nada. Porque me tenía mucho aprecio, lo entendió. El miércoles siguiente jugábamos contra el Niza y pasó lo mismo, Jeremías al ver que sacaban mi cartel ya dijo, ‘me meto dentro del banquillo’. Ya cogí la onda y fue el año que quedé pichichi. Hasta la 1982-83 siempre fui titular, internacional y muchas cosas más que he sido en el Espanyol. Santamaría era mi hombre, mi entrenador, el que me comprendió… los entrenadores lo más importante es que mantengan tu espíritu, no que te digan lo que hemos de hacer, esas cosas las aprendes tú-. Él en ese sentido siempre me valoró. También me fichó para el Madrid, me vio diez minutos y con eso tuvo suficiente. Hay una frase memorable de él: a la vuelta en el verano yo pensaba, si me dijo esto, tendré que jugar, y veo que hay tres equipos colorado, axul y verde, y yo estaba con los azules -una premonición viendo lo que pasó con el Espanyol-; éramos 40 y tantos y Santamaría sale y dice, lo más probable es que ninguno juegue en el Madrid, pero es casi seguro que todos vivirán del fútbol. Y no se equivocó”.
La permanencia, objetivo inmediato
En relación con la situación actual del equipo, Marañón se mostró moderadamente optimista respecto a la consecución de los puntos necesarios para la permanencia en los próximos dos partidos: “Si no creyera eso, mal. Creo que sí. Os he oído, y creo que hemos hecho partidos en esta fase en que no hemos conseguido ganar, para haberlo logrado, y otros también menos buenos, bien malos. Hay bastante igualdad en el fútbol y cuando juegas con presión, nosotros que hemos aprendido la lección tras años en que nos han pasado cosas importantes, el equipo ha tenido algo de fortuna y sacó algunos partidos gracias a los cuales tenemos esos puntos. 5 o seis puntos más podríamos tener perfectamente y podríamos estar más tranquilos, pero entiendo que la gente se ponga nerviosa”.

Marañón y la necesidad de más carácter en momentos clave: «Le he dicho a Pace que arengue a los jugadores»
En pleno debate sobre la falta de una voz fuerte a nivel institucional y de que haya un rostro visible para arengar a los jugadores, Rafa Marañón también dejó su reflexión al ser cuestionado sobre si debe trasladar a Alan Pace el sentir del espanyolismo: “Claro que sabemos que tiene que ser así: pero antes teníamos un señor que era propietario y tenía su manera de expresarse a través de otro tipo de profesionales, de Pace conocemos lo que va de año, no me atrevería a hacer una expresión, yo ya he hablado con él hablando de cómo es la idiosincrasia de nuestro club, lo único que he dicho que nuestro equipo es cómodo, que la gente se acomoda, que arengue usted a los jugadores. Pero hay que entender que él es propietario y yo soy un simple personaje que conoce la historia pero no me atrevería a decir al entrenador ponga a este y quiet a otro, entiendo que son unos profesionales que se juegan su cocido, yo estoy en el club por amor al Espanyol, ni cobro ni nada. Si fuera profesional actuaría de otra manera, de tener menos años con mis conocimientos me dedicaría a esto”.
Un análisis global del fútbol actual
Su intervención también incluyó una reflexión más amplia sobre la naturaleza del fútbol y el papel de los distintos actores implicados: “Son los jugadores los que ganan y pierden los partidos; no estoy cargando las tintas contra ellos, estamos todos, directivas, aficionados, pero, ¿quién tiene potestad de tomar decisiones? Muchas veces es el azar. Ayer Hansi Flick hizo una cagada de las buenas con los cambios y es un entrenador que parece que e sbueno. En cada momento el fútbol es historia y está llevado por profesionales, que son los que saben más cosas, el resto, nosotros, nos la tenemos que envainar. Podemos criticar y decir que algo no nos gusta, todos hemos jugado, pero eso no nos da derecho a opinar de unos jugadores que están llevados por un profesional que hay momentos que lo ha hecho muy bien y en otros momentos no ha tenido esa suerte. Yo eso lo respeto, no me atrevería a decir que esta boca es mía pese a haber jugado más de 20 años al fútbol y tener un carnet de entrenador. Yo respeto y lo único que hago es animar, después de cada partido bajo para animarles si no hemos ganado y felicitarles si hemos vencido, pero nada más, que se sientan seguros es nuestra misión y no entro ya en los aficionados, porque entiendo las situaciones, que ha habido pocas buenas. Ya he dicho que yo he sido un contestatario, y el que me criticaba después de hacer dos goles luego me ha felicitado. Hemos sufrido estos años, yo el primero, bajar dos veces y vivir situaciones extremas. Los que están ahí sólo pretenden que salga bien y a veces usas el argumento de o lo que te dicen o conoces del entrenador, pero lo que no puedes es acertar siempre, eso es muy difícil. Un jugador puede ser muy bueno en un equipo y mediocre en otro, depende de las circunstancias, y yo soy el ejemplo”.
Generaciones y exigencia competitiva
En cuanto a la comparación entre generaciones de futbolistas, Marañón rechazó la idea de una pérdida de compromiso: “Yo creo que no. Si yo no hubiese sido futbolista hubiera jugado en el campo, había de salir futbolista por cojones y era un acicate para luchar y sacrificarte”.
Un mensaje final de unidad
Finalmente, lanzó un mensaje dirigido a todo el entorno del club, apelando a la responsabilidad colectiva y a la necesidad de mantener una línea de trabajo constante: “Mi sentimiento respecto al Espanyol es que tenemos que arrimar el hombro todos y un puntito de humildad, ya sé que hemos tenido demasiada y hemos sufrido demasiado, pero a veces en cuanto ganamos un partido nos ponemos en un pedestal, ahora tenemos que ganar un partido que es el que necesitamos para tener otro, como hace poco en que ganamos cinco”.







