La derrota por 4-1 en el derbi trasciende el propio resultado y sitúa al Espanyol en un escenario realmente delicado en este tramo de la temporada. El equipo se mantiene en los 38 puntos, pero la dinámica reciente obliga a observar con inquietud creciente la zona baja de la clasificación. Los datos son contundentes: cinco puntos de los últimos 43: el equipo comenzó el año en una situación casi idílica en la tabla: quinto con 33 puntos en 17 jornadas justo antes del derbi ante el Barça en el RCDE Stadium (0-2). Estaba muy metido en la pelea por la Champions, a solo dos puntos del Villarreal y a cuatro del Atlético, y además tenía margen de sobra sobre sus perseguidores -cinco puntos sobre el Betis y diez sobre Celta y Athletic, mientras que el descenso quedaba lejísimos, a 18 puntos.
Hoy todo eso es un recuerdo que queda muy lejano. En este contexto, las palabras de Fernando Calero, calificando la segunda vuelta como una “puta mierda”, reflejan con crudeza el estado anímico de un vestuario plenamente consciente de la situación. Un mensaje duro, pero muy cercano a lo que siente ahora mismo el entorno perico.
«ESTA SEGUNDA VUELTA ESTÁ SIENDO UNA P*** MIERDA» 🤬
A sincero no le gana nadie. Calero, hablando alto y claro en DAZN del momento del Espanyol #LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/Jmi4zTE6uU
— DAZN España (@DAZN_ES) April 11, 2026
Una caída que rompe todo lo construido
El contraste con la primera mitad del campeonato es evidente y se explica con los números expuestos, y también con sensaciones. Aquellos pilares que sostenían al equipo -la solidez defensiva, el orden táctico y la eficacia en momentos clave- han desaparecido de una manera incomprensible en este 2026. En el Camp Nou volvió a quedar expuesto: dos acciones mal defendidas bastaron para condicionar todo el partido desde el inicio.

Durante la primera mitad, el Espanyol ofreció una imagen preocupante, lamentable. Un equipo superado sin necesidad de que el rival apretara demasiado, sin capacidad de respuesta y permitiendo al Barça jugar con una comodidad excesiva. El 2-0 al descanso no solo hacía daño, también dejaba la sensación de que podía haber sido aún peor.
Una reacción que ilusiona… pero no alcanza
Tras el descanso llegó una reacción. Sin ser brillante, sí fue otra cosa. Más intención, más presencia, más orgullo. El gol de Pol Lozano, que al ser de casa fue de los pocos que entendió la hostilidad y el odio que siente el Barça al RCDE -sólo había que oir los cánticos de la afición culé y suerte que como es habitual la mayoria estaba integrada por turistas, o la actitud de personajes tan poco edificantes para un mundo el del deporte como Gavi o Fermín, que eso sí han mamado esta rivalidad desde renacuajos- abrió una vía que por momentos pareció real, con el equipo acercándose al empate y mostrando una versión más reconocible.

Pero el problema volvió a aparecer en el momento clave. Cuando el partido exigía precisión, llegó el error. Una pérdida acabó en el 3-1 y el 4-1 terminó por cerrar el encuentro. La reacción se quedó a medio camino, otra vez. Y eso es lo que más penaliza ahora mismo.
Manolo lo deja claro: errores que condenan
El análisis de Manolo González fue claro, como suele hablar el preparador perico: “Las acciones del 1-0, 2-0 y 3-1 son una vergüenza, así no puedes ganar”. El mensaje no deja margen. El equipo compite por momentos, pero falla en lo básico cuando más importa. Y así, una semana tras otra: ¿de qué sirve ser mejor por momentos, si en cuanto se te acercan a puerta sabes que te la van a meter?

Aun así, el técnico dejó una reflexión que resume bien la frustración: “Tengo la sensación de que hemos podido puntuar”. Y ahí está el nudo de todo. El Espanyol está cerca… pero nunca le alcanza. Y claro, es algo humano y comprensible, una creciente parte de la afición ya no compra discursos, cansada y preocupada por una dinámica que no cambia. Dicho con más claridad, gota a gota el vaso del hartazgo se ha colmado.
Un proyecto bajo sospecha
Los números son más que elocuentes: como decimos, cinco puntos de los últimos 42 en disputa tras empatar cinco encuentros y perdido los restantes nueve en las últimas 14 Sjornadas, igualando aquella racha de la 2008-09 que afortunadamente de la mano de Pochettino milagrosamente no acabó con los huesos del equipo en Segunda.
Esta situación ha abierto un debate inevitable. Nadie queda al margen. La plantilla no reacciona, el cuerpo técnico no encuentra soluciones y la planificación deportiva, de la que no se salva la propiedad de Alan Pace por el balance de los fichajes del pasado enero, ha dejado carencias evidentes. Todo ello en contraste con una primera vuelta que había generado ilusión a raudales. Posiblemente esa comparación no hace sino ahondar la herida del espanyolismo.
El equipo ha pasado en unas semanas de una zona tranquila a convivir con la incertidumbre. Y eso se nota. También en el entorno. El crédito de Manolo, aunque sigue teniendo el respaldo del club y conserva el apoyo de mucha gente entre la afición, empieza a erosionarse en parte de la grada, que observa con inquietud la caída del equipo. El miedo a un final complicado ya no es una exageración y las reacciones, incluso las más airadas, son comprensibles. La gente está preocupada, incluso asustada. No es para menos.
Una reflexión necesaria cara al futuro
A día de hoy, ese relevo en el banquillo que parte de la hinchada pide no parece una solución mágica que sirva para que por fin lleguen las victorias, en tanto que el conocimiento de la plantilla por parte del técnico es profundo y sería una absoluta injusticia hacer recaer sobre sus espaldas toda, incluso la mayor parte de la responsabilidad de la situacion. No obstante, las cifras de este 2026 dan pavor, y eso es incuestionable.
Por eso más allá de lo que ocurra en las próximas semanas, será imprescindible cuando acabe el curso una reflexión estructural sobre el proyecto. La permanencia, si se consigue, no puede ocultar la necesidad de corregir una tendencia que, de mantenerse, situaría al Espanyol en una posición comprometida de cara al próximo curso. Dicho de otro modo, o Pace se pone esta vez las pilas, lo que no hizo en enero, pone orden en el departamento que ha de fichar y hace caso al entrenador, o el Espanyol partirá la temporada 26-27 con una clara etiqueta: la de candidato firme al descenso.

Sin margen: toca reaccionar ya
En lo inmediato, el margen de maniobra es reducido para un equipo que está por ver a qué distancia acaba del descenso -tras los resultados del sábado son siete puntos que pueden reducirse a seis en función del o que haga el Mallorca-. El calendario no concede tregua y la necesidad de sumar puntos es urgente. Tras el parón por la final de Copa, el Espanyol se juega mucho en dos partidos clave: primero visitará al Rayo Vallecano el 23 de abril y después recibirá al Levante en lunes. A partir de ahí, el calendario se pone muy cuesta arriba, con duelos ante Real Madrid, Athletic Club y Real Sociedad en casa, y salidas a Sevilla y Pamplona para jugar ante Osasuna.
La primera cita, la visita a Vallecas, se presenta como un punto clave, tanto en lo clasificatorio como en lo anímico. El equipo ha demostrado en determinados tramos que puede competir, pero en este momento eso ya no es suficiente. La exigencia pasa por convertir esa competitividad en resultados que permitan asegurar la permanencia y evitar un final de temporada marcado por la presión.







