Manolo González ha hecho balance de la temporada en los medios oficiales del RCD Espanyol, ya con la permanencia en el bolsillo, el equipo consolidado en Primera y su continuidad confirmada hasta 2027. El técnico blanquiazul, que tenía una renovación automática ligada a la salvación, ha querido poner el foco en lo más importante: el Espanyol ha terminado el curso sin el sufrimiento de otros años y ahora tiene una base desde la que intentar crecer. “Bueno, contento porque ha acabado bien. El equipo se ha consolidado de Primera en otro año más. Es importante porque así el club es como puede crecer y dar pasos adelante. Y bueno, feliz por poder continuar un año más con la renovación que era automática con la permanencia y también con la confianza del presidente y del director deportivo, de Monchi para continuar un año más en el Espanyol”. No es poca cosa. Después de meses con el equipo metido en un bache bastante duro, acabar undécimo, con 46 puntos y sin drama en la última jornada deja una sensación de respiro que el espanyolismo necesitaba.
Una temporada que, según Manolo, ha hecho envejecer “10 años de golpe”
El propio Manolo no ha escondido lo intensa que ha sido la campaña. La primera vuelta disparó la ilusión, quizá incluso más de lo previsto, y la segunda puso al equipo contra el espejo, con una racha larguísima sin ganar que fue comiendo la paciencia de todos. Su resumen lo dice bastante claro: “Bueno, esta temporada ha sido de sumar 10 años de golpe por decir algo, porque la verdad es que ha comenzó muy bien. El equipo, es verdad que todo iba de cara, que todo nos entraba, pero tampoco es la segunda vuelta. Creo que el equipo ha jugado mucho mejor de lo que dicen los resultados. Ha hecho méritos para más. Igual que la primera, tal vez tenía más puntos de los que merecíamos, en la segunda vuelta el equipo ha merecido mucho más. Y lo que me ha gustado mucho del equipo es que ha continuado luchando, no se ha dejado ir y ha acabado sacando la cabeza cuando era más complicado, tocado por los resultados que había tenido en la segunda vuelta”. Ahí está una de las ideas que más ha repetido el técnico: el equipo se cayó en resultados, pero no se soltó del todo. Y eso, en una temporada así, acaba teniendo valor.
Un siete para el Espanyol: buena nota, pero con esa sensación de que pudo haber más
A la hora de poner nota, Manolo ha sido bastante claro. No se ha ido al aprobado raspado ni a la euforia. Para él, la temporada merece un siete. Y se entiende el razonamiento: si en agosto alguien hubiese firmado acabar 11º con 46 puntos, muchos pericos lo habrían aceptado sin pensarlo demasiado. El problema, claro, es que la primera vuelta dejó al personal con ganas de algo más. “Yo de nota media le pondría un siete porque teniendo en cuenta si nos llegan a decir al comenzar la temporada quedar 11 con 46 puntos, todo el mundo hubiera dicho que era una muy buena temporada. La verdad es que después de la primera vuelta, nos sabe poco porque todos queríamos más, pero también se ha de dar como positivo que al final el equipo ha vuelto a superar el año pasado a nivel de puntuación, de clasificación y de una situación muy complicada la hemos sabido llevarlo adelante y con un partido de margen que no hemos tenido que sufrir al final para salvar la categoría”. Es una lectura bastante honesta: buen final en la clasificación, sí, pero con una segunda vuelta que deja deberes clarísimos.
La racha negativa y el bloqueo mental que solo se rompió ganando
El tramo sin victorias fue una losa. No solo por los puntos, sino por la cabeza. Manolo ha hablado de ansiedad, de vueltas al coco y de partidos que el equipo veía cerca pero no conseguía rematar. El ejemplo del Athletic aparece como punto de liberación, porque aquella victoria cambió el aire de golpe. “Ansiedad, quizás, la verdad, porque al final ya no es un tema de que no ganes, que analizas mucho, que das muchas vueltas a todo lo que pasa, que no acabas de entender a veces por qué los partidos no llevas adelante, porque ves partidos que eres superior y eres mejor que el rival, pero bueno, que al final vuelvo a decirlo, a veces buscamos muchas explicaciones y a veces era tan fácil como el partido del Athletic, si lo ganas un mes o dos antes, todo cambia radicalmente. Era un bloqueo mental que teníamos, quizás, en la plantilla y era ganar un partido y al final el equipo lo consiguió y se desbloqueó”. Dicho en corto: al Espanyol le faltaba una victoria para volver a respirar. Y cuando llegó, el equipo dejó de jugar con ese peso encima.
Sevilla, Mallorca y los partidos que dolieron más de la cuenta
Dentro de esa racha hubo días especialmente duros. Manolo ha señalado partidos como el de Sevilla o Mallorca, esos encuentros en los que el Espanyol tenía la sensación de estar cerca de romper la mala dinámica, pero se le escapaba la oportunidad entre los dedos. “Es complicado decirlo, pero quizás el día en el Sevilla que ves que el partido lo has ganado, en Mallorca, ha habido partidos que han sido complicados de llevar porque ves que el partido lo tenías, que era ya romper la racha, pero bueno, al final pienso que entre todos lo hemos podido sacar adelante y eso es lo importante, la unión hace la fuerza y yo veo al club cada vez más unido con la afición y equipo y todo el mundo”. Esa última parte también es importante. Manolo no habla solo de fútbol. Habla de unión. De no romperse. De que club, equipo y afición vayan en la misma dirección, algo que en el Espanyol nunca es un detalle menor.
Manolo insiste en la unión del club: “Somos un gigante dormido”
El técnico ha vuelto a usar una idea que ya había dejado caer: el Espanyol como gigante dormido. Una frase que engancha porque toca el orgullo perico, pero también porque marca responsabilidad. Si el club quiere despertar de verdad, no basta con sobrevivir. Tiene que trabajar mejor, ordenar estructuras y crecer sin hacerse trampas al solitario. “Lo que hemos de intentar, sobre todo, es eso que siempre digo, que el club continúe unido, desde adentro, desde mi posición, ayudar a que esto sea así y a partir de aquí intentar siempre mejorar, que el equipo, lo que decía el otro día, somos un gigante dormido, intentar que este Espanyol que todos queremos que sea mejor, pues cada vez sea mejor y eso se consigue trabajando y haciendo las cosas bien, que es lo que queremos y tenemos que trabajar todos juntos y que no sea un tema solo de Manolo González y una persona idónea, que sea un tema de todos los que estamos aquí que queremos que el club sea mejor y que sumemos para que esto sea así”. Suena a mensaje interno y externo a la vez. El entrenador quiere sentirse parte de algo más grande que un banquillo. Y ahora, con Monchi, el reto sube de nivel.
La continuidad le ilusiona, pero también le carga de responsabilidad
Seguir en el primer equipo del Espanyol no es poca cosa para Manolo González. Él lo sabe. Cuanto más tiempo pasa, más responsabilidad tiene. La afición ya no mirará solo la permanencia como objetivo emocional. El listón empieza a moverse. Y el propio técnico admite que hay margen para crecer. “Me ilusiona mucho, cuanto más tiempo llevas en el primer equipo, más responsabilidad también, eso está claro, pero me ilusiona mucho y pienso que tenemos margen para poder crecer, tenemos que hacerlo así y que, bueno, que sabiendo y siendo consecuentes con la Liga, que es muy complicada, intentemos mejorar otra vez”. La palabra clave ahí es mejorar. No prometer Europa ni vender motos. Mejorar. Subir un escalón. Que ya sería bastante.
El trabajo con Monchi: vacaciones, pero “de aquella manera”
El verano de Manolo no va a ser de desconexión total. Ni mucho menos. El técnico ha dejado claro que toca trabajar de la mano con Monchi, hablar mucho, perfilar refuerzos y buscar jugadores que encajen con lo que quieren los dos. Y aquí aparece una de las partes más interesantes de sus declaraciones, porque Manolo apunta incluso a desarrollar una idea de juego más cercana a lo que desea. “Tenemos vacaciones, pero de aquella manera, es verdad que hay mucho trabajo para adelante, que tenemos que estar en conexión con el director deportivo, que es lo que queremos, para ir de la mano y poder traer a jugadores que queramos los dos y que, bueno, que vayamos un poco en la misma línea y en este aspecto intentaremos que sea así y ayudando, pues buscar este punto ahora de refuerzo de jugadores, que nos ayuden a llevar al equipo un poco más allá, entonces a ver si lo podemos conseguir y también que nosotros podamos desarrollar una idea de juego un poco más diferente y más cercana a lo que queremos nosotros, que hasta ahora tampoco hemos podido”. Esa frase tiene miga. Porque viene a decir que este Espanyol ha competido muchas veces desde la necesidad, pero no siempre desde la idea que el cuerpo técnico quería construir. Ahora, con margen y mercado, ya no habrá tantas excusas.
El reto de enganchar a más gente al Espanyol
Manolo también ha hablado de la afición, del crecimiento social y de la responsabilidad que tienen todos para que más gente se enganche al club. En un momento en que el Espanyol prepara nueva campaña de abonos, nueva identidad visual y nuevo proyecto deportivo, el mensaje encaja bastante. “Pienso que la gente tiene ilusión, lo que queremos es que cada vez haya más abonados también, más gente que se enganche al Espanyol, como está pasando, y con eso también tenemos mucha responsabilidad nosotros, desde la dirección deportiva al cuerpo técnico y los jugadores, que al final somos todos uno y tenemos que ir en esta dirección par que la gente se enganche con su club, no podemos pedir más, tenemos que dar también nosotros para que la gente esté cerca”. Ahí está el intercambio que pide el perico: la afición acompaña, pero quiere ver un equipo que responda. No solo discursos bonitos. Hechos.
Manolo, Monchi y un verano que marcará el siguiente paso del Espanyol
Las declaraciones de Manolo dejan un mensaje bastante redondo: satisfacción por la permanencia, autocrítica por la segunda vuelta, orgullo por la reacción del grupo y muchas ganas de empezar una etapa más trabajada junto a Monchi. El Espanyol ya no está en el punto de pedir solo no sufrir. O al menos no debería quedarse ahí. La continuidad de Manolo hasta 2027 le da estabilidad al banquillo, pero el salto dependerá de lo que el club sea capaz de construir este verano. La base está. La ilusión, también. Ahora falta que el mercado acompañe y que el equipo pueda parecerse un poco más a lo que su entrenador tiene en la cabeza.







