El modelo Pace al descubierto: así gestiona a sus entrenadores

25 de marzo de 2026

El análisis del diario AS no se queda en una sensación, va con hechos. Alan Pace no es un propietario que se deje llevar por la urgencia. Es de los que sostienen al entrenador incluso cuando todo apunta en contra.

Y eso no es teoría. Es algo que se puede seguir paso a paso desde que llegó al Burnley el 31 de diciembre de 2020. Lo que está pasando ahora y lo que ya pasó antes dibuja una línea bastante clara.

Scott Parker: mantener al técnico pese a números límite

El caso más actual es el de Scott Parker. Y aquí los datos hablan solos. El Burnley está penúltimo, a diez puntos de la salvación con solo siete jornadas por jugarse. El balance es durísimo: siete puntos de 66, una sola victoria en las últimas 22 jornadas y una racha de hasta 16 partidos sin ganar.

En cualquier otro club, esto habría terminado con un cambio inmediato en el banquillo. Aquí no.

Parker sigue siendo el entrenador. Intocable. Y no precisamente porque no haya presión. La afición lleva tiempo pidiendo un relevo, y viendo lo que hacen otros equipos de la zona baja, el contraste es evidente.

El Wolverhampton cambió tras diez jornadas. El West Ham reaccionó en cinco. El Burnley, en cambio, es el único de ese grupo que no ha tocado el banquillo.

Dyche, la única excepción… y no fue solo por resultados

Si uno busca antecedentes, solo encuentra una excepción. Sean Dyche. Y ni siquiera encaja del todo en el patrón.

Dyche llevaba casi una década en el club, desde octubre de 2012. Era una figura totalmente asentada. De hecho, Pace lo renovó en septiembre de 2021 hasta 2025. Pero en abril de 2022 llegó su destitución.

El contexto deportivo era complicado: el Burnley estaba a cuatro puntos de la permanencia, con solo cuatro victorias en toda la temporada y habiendo ganado uno de los primeros 25 partidos.

Pero lo relevante no es solo eso. La decisión tuvo mucho que ver con desencuentros personales y profesionales entre entrenador y propietario, más allá de los resultados. Es decir, no fue un simple “no gana, lo echo”.

Ahí está el matiz. Pace puede cortar, pero no lo hace por inercia.

Kompany: confianza total hasta el último día

Tras la salida de Dyche, el club apostó por Vincent Kompany. Y ahí vuelve a aparecer el patrón.

El belga llegó en verano de 2022, logró el ascenso a la Premier y construyó un equipo con identidad. El proyecto convenció tanto que Pace le amplió el contrato hasta 2028.

Y lo más significativo: cuando el Burnley volvió a caer a la Championship, la idea era mantenerlo. No había intención de cambiar el rumbo.

Kompany se marchó, sí. Pero no porque Pace decidiera prescindir de él. Fue el Bayern de Múnich quien llamó a su puerta y negoció su salida. El club aceptó, pero no fue una destitución ni una pérdida de confianza.

Ese detalle es clave para entender todo lo demás.

Un patrón claro que ahora se ve en el Espanyol

Si se juntan los tres casos -Parker, Dyche y Kompany- la conclusión es bastante evidente. Pace no funciona como el resto. Aguanta mientras cree en el entrenador. Y solo rompe cuando hay algo más de fondo.

Eso, trasladado al Espanyol, tiene una lectura directa. En otro escenario, con la dinámica actual del equipo, el debate sobre el banquillo estaría mucho más avanzado.

Aquí no.

Manolo González se mueve dentro de ese mismo marco de confianza. No está sometido a la urgencia inmediata, sino a una idea de proyecto más amplia.

Entre la coherencia y la exigencia del momento

A partir de aquí, el debate es inevitable. Porque el Espanyol necesita resultados. Y los necesita ya. La estabilidad puede ser un valor importante, pero también exige respuestas en el campo.

La gran incógnita está en ese equilibrio. En cuánto tiempo puede sostenerse esa paciencia si la dinámica no cambia.

Lo que sí parece claro, viendo todo el recorrido de Pace, es que no habrá decisiones en caliente. Si hay un movimiento, será meditado.

Y eso, en el fútbol de hoy, casi suena a excepción.