El Espanyol salió de Son Moix con una sensación amarga, una más en este 2026 que se está torciendo jornada tras jornada. La derrota ante el Mallorca deja al equipo de Manolo González con once partidos consecutivos sin ganar entre empates y derrotas, una racha que empieza a pesar demasiado en la clasificación. El equipo ya es octavo con 37 puntos, y la caída no está siendo mayor solo por una razón: la extraordinaria primera mitad de temporada que firmó el conjunto perico. Aquellos puntos siguen sosteniendo al equipo en una zona relativamente tranquila. Sin ellos, el panorama sería bastante más incómodo.
El problema es evidente. El Espanyol compite, a veces incluso empieza bien los partidos, pero luego todo se tuerce. Ha pasado varias veces en las últimas semanas. Ante el Atlético, ante el Elche, frente al Oviedo y también en Mallorca. En todos esos encuentros el equipo llegó a ponerse por delante y terminó perdiendo o empatando. Cuatro partidos en los que apenas ha sumado dos puntos. Cuando un equipo repite esa historia tantas veces seguidas, algo está fallando.
El arbitraje de Son Moix vuelve a encender el debate
Lo ocurrido en Mallorca ha vuelto a poner el foco en el arbitraje. Y no es extraño. El partido cambió por completo a partir de dos decisiones que condicionaron el desenlace. Primero llegó la expulsión de Pickel tras la revisión del VAR. La entrada era dura, nadie lo discute, pero el cambio de criterio tras la revisión encendió los ánimos.

Y después llegó la jugada que ha marcado el debate posterior. El gol de Pablo Torre, que supuso el empate del Mallorca, nació tras una acción en la que Samu Costa golpea por detrás a Urko. Desde el VAR avisaron a Ricardo de Burgos Bengoetxea para que revisara la jugada. Tras varios minutos viendo repeticiones, el árbitro decidió mantener su decisión inicial.
Ese momento terminó siendo decisivo. El Espanyol pasó de tener el partido controlado a perder completamente el guion del encuentro.
Una racha arbitral que también pesa
El malestar del entorno perico no nace solo de lo ocurrido en Son Moix. En el recuerdo reciente aparecen otros episodios que han dejado la misma sensación. El partido ante el Girona con un penalti muy discutido. El encuentro en Mestalla, donde la jugada que acabó en el gol del Valencia nació de una falta previa sobre Rubén Sánchez. O el tanto anulado a Omar El Hilali en La Cerámica por un leve agarrón en la acción previa.
Cuando la moneda cae siempre del mismo lado, el ruido se multiplica. Y en el Espanyol empieza a existir la sensación de que en cada jugada polémica el resultado acaba siendo el mismo.
Eso no explica todo lo que está pasando, pero sí forma parte del contexto que rodea este tramo de temporada.
Pero el Espanyol también debe mirarse a sí mismo
Sería fácil quedarse solo en el arbitraje. Y seguramente también sería un error. El propio Espanyol sabe que no todo puede explicarse desde ese punto de vista. Son ya demasiados partidos sin ganar como para agarrarse únicamente a esa explicación.
El equipo ha perdido solidez defensiva en momentos clave, le cuesta cerrar partidos que empieza ganando y en varias jornadas ha pagado errores propios. El problema es una mezcla incómoda: decisiones arbitrales discutidas, fallos propios y un punto de mala suerte que ahora siempre aparece en el momento menos oportuno.

Porque también hay una sensación que muchos repiten: en la primera mitad de la temporada la moneda casi siempre caía cara, y ahora parece salir cruz cada fin de semana.
Una racha que recuerda inevitablemente a la del Espanyol de Rubi
La derrota en Mallorca deja un dato que ha hecho levantar muchas cejas entre los aficionados con más memoria. El Espanyol actual ha igualado la famosa racha negativa que sufrió el equipo en la temporada 2018-19 con Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ en el banquillo.
Entonces, el equipo blanquiazul encadenó once jornadas con solo cuatro puntos sumados de 33 posibles. Una dinámica que en aquel momento generó mucha preocupación, porque el Espanyol había arrancado la temporada de forma espectacular y llegó a colocarse segundo en la clasificación en la jornada 11.

A partir de ahí llegó el bajón. Entre las jornadas 11 y 21, el equipo firmó una racha muy pobre: nueve derrotas, un empate y una victoria. Aquella caída llevó al Espanyol hasta la decimoquinta posición, a solo un punto de la zona de descenso.
La situación actual tiene paralelismos evidentes, aunque también diferencias importantes. El Espanyol de Manolo González ha sumado cuatro puntos en once jornadas, exactamente la misma cifra que aquel equipo de Rubi en ese tramo negativo. La diferencia está en el camino: ahora el equipo ha empatado cuatro partidos y ha perdido siete, mientras que aquel Espanyol cayó mucho más a menudo.
Y hay otro matiz clave. El punto de partida era distinto. La mala racha actual comenzó con el Espanyol instalado en la zona alta de la clasificación, alrededor del quinto puesto, gracias a una primera vuelta muy sólida.
La historia de Rubi también dejó una lección
Lo curioso de aquella temporada es cómo terminó la historia. Tras tocar fondo en invierno, el Espanyol reaccionó de forma espectacular. En las últimas 16 jornadas sumó 28 puntos y acabó clasificándose para la Europa League.
Ese recuerdo aparece inevitablemente cuando se analiza la situación actual. Porque el contexto es distinto, los protagonistas también, pero el fútbol tiene estas vueltas inesperadas.
Hoy el Espanyol vive su momento más delicado del curso. La racha pesa, la clasificación se ha movido y la polémica arbitral ha encendido el ambiente.
Pero la temporada aún no está escrita del todo.







