El RCD Espanyol ya se mueve pensando en el mercado de verano, y no solo en nombres. También en cómo decidirlos. Que ya es bastante. Porque lo que se está cocinando no es un simple retoque en el organigrama, sino otro cambio de modelo para afrontar una ventana que apunta a decisiva. Después de un invierno muy pobre en resultados, con un solo refuerzo como Cyril Ngonge y con la sensación de que las peticiones de Manolo González se quedaron a medias, el club ha rehecho su fórmula de trabajo. Y esta vez ya no hay excusas posibles: el verano será la gran prueba para Alan Pace.
El mercado de invierno dejó más dudas que soluciones
El Espanyol llegó al mercado invernal con necesidades claras, con un entrenador reclamando piezas y con una plantilla que ya iba dando señales de necesitar retoques serios. Al final, el club solo cerró la llegada de Cyril Ngonge. Nada más. Y eso dejó un poso de mercado corto, escaso y claramente insuficiente para lo que pedía la situación.

No fue solo una cuestión de cantidad. También quedó la sensación de que faltó entendimiento dentro de ese comité improvisado que se montó tras el gravísimo episodio de salud de Fran Garagarza. Hubo ruido, poco encaje entre algunas de las partes y un funcionamiento que no terminó de convencer a casi nadie. El resultado está ahí: un invierno muy por debajo de lo que esperaba el espanyolismo.
Antes había un modelo muy personalista; ahora se busca repartir el poder
Hasta que el problema de salud de Garagarza lo cambió todo, el Espanyol venía trabajando con un modelo mucho más personalista en la toma de decisiones deportivas. La figura del director deportivo tenía un peso central, muy marcado, casi total en algunos procesos. La emergencia obligó a improvisar. Y de aquella improvisación salió una especie de comisión que, visto lo visto, no funcionó como se esperaba.

Francesc Via explicó en La Grada Ràdio que el escenario alrededor de Garagarza sigue sin resolverse del todo, y esa es una de las claves de todo este asunto. El director deportivo continúa generando incógnitas dentro de la estructura, aunque Alan Pace quiere protegerle por su delicado estado de salud y por los valores que considera que representa dentro del club. Esa protección existe, pero el club también ha tenido que asumir una realidad: con la situación actual no podía seguir exactamente igual.
Garagarza sigue presente, pero el club ha tenido que mover ficha
Una de las frases que mejor resume este momento la dejó el propio Via al definir la posición del director deportivo: “no está pero está”. Y se entiende bastante bien. Garagarza sigue ligado al proceso, sigue contando, sigue apareciendo como figura de consulta y asesoría, pero el día a día obliga a redistribuir funciones y a abrir espacio para otros perfiles.
Ahí entra la reformulación del comité de fichajes. Ya no se trata solo de cubrir una ausencia puntual, sino de montar una estructura que pueda trabajar con cierta lógica de cara al verano. Porque el próximo mercado no será uno más. Va a marcar el nivel de credibilidad del nuevo Espanyol de Alan Pace.
Sergio Ortega gana peso como figura de enlace con representantes
Uno de los movimientos más claros dentro de esta nueva fórmula es el papel que va a asumir Sergio Ortega. Su nombre aparece con fuerza como interlocutor con representantes, clubes y futbolistas. Y esto no responde a un simple reparto de tareas sin más. Responde a una realidad incómoda, bastante incómoda, por cierto: según explicó Via, varios agentes se han negado a negociar con Garagarza por su estilo duro, incluso arisco, en las conversaciones.

Eso habría tenido consecuencias en invierno, con operaciones que acabaron cayéndose o con futbolistas que tomaron otros destinos. Ahí es donde Ortega aparece como una especie de puerta de entrada de ofrecimientos, relevo parcial y figura capaz de centralizar el contacto exterior. El Espanyol quiere una voz más fluida para negociar y menos fricción en un mercado que no puede volver a torcerse.
El nuevo comité ya tiene nombres y también bastante presión
La nueva comisión deportiva está pensada para ponerse manos a la obra desde este mes de marzo. Y no será un grupo pequeño precisamente. Según la información avanzada, estará formada por Alan Pace, Manolo González, Alexander Rosen, Fran Garagarza y Sergio Ortega. A partir de ahí también orbitan perfiles como Unai Ezkurra, Marco Otero o Fernando Alonso, dentro de una estructura que todavía transmite una sensación rara: hay mucha gente alrededor, pero no siempre una figura única que ordene todo.
Ese es uno de los riesgos. Porque repartir poder puede ayudar. Puede abrir miradas, puede evitar dependencias absolutas y puede dar aire en un momento delicado. Pero si nadie manda de verdad en lo deportivo, o si cada uno empuja hacia un lado, el peligro de volver a equivocarse sigue ahí.
El Espanyol se juega mucho más que fichajes
Aquí está el fondo de la cuestión. El verano no va solo de traer jugadores. Va de demostrar si el club tiene claro qué quiere ser. Alan Pace salió muy tocado del mercado de invierno. El espanyolismo esperaba bastante más de su primera gran ventana al mando y lo que vio fue una respuesta mínima, casi de perfil bajo, en un momento en que el equipo pedía ayuda a gritos. Su figura quedó erosionada y el próximo mercado le pone ante un examen serio, muy serio.

Porque ya no bastará con un par de retoques. En el entorno se habla de la necesidad de hacer hasta diez fichajes. Diez. Una barbaridad en términos de planificación, dinero, tiempo y acierto. No es una cifra menor ni un capricho de tertulia. Es la dimensión del trabajo que se intuye por delante si el club quiere levantar el nivel competitivo de la plantilla.
Hasta diez fichajes y un verano de mucho bisturí
Si de verdad el Espanyol necesita acercarse a esa cifra de diez incorporaciones, el club está obligado a hilar fino en casi todo. Habrá que cubrir salidas, revisar cesiones, tocar varias posiciones y decidir qué perfiles hacen falta para que el equipo no vuelva a vivir pendiente de una racha o de un milagro competitivo. Es un mercado para construir mucho, no para parchear un poco.
Y ahí es donde vuelve a aparecer la importancia del modelo. Un mercado de ese tamaño no se saca adelante con dudas, con estructuras a medias o con una cadena de mando borrosa. Se necesita criterio, velocidad y bastante coordinación. Justo lo que faltó en enero.
El otro gran frente: las renovaciones que siguen en el aire
Por si no bastara con fichar mucho, el Espanyol tiene otro marrón importante encima de la mesa: las renovaciones. Y aquí el asunto también empieza a ponerse feo. Se trata de una cuestión que ya incomoda dentro y fuera del vestuario: siete jugadores acaban contrato en 2027 y todavía no tienen oferta de renovación.
Y aquí está otro detalle que agrava todo. No se trata de futbolistas secundarios o perfiles de paso. Los nombres que están en esa situación son Ángel Fortuño, Omar El Hilali, Rubén Sánchez, Pol Lozano, Edu Expósito, Pere Milla y Kike García. O sea, hay de todo y casi todo importa: un portero con futuro, laterales, centrocampistas con peso, un capitán y uno de los referentes ofensivos del grupo.
Ciertamente sorprende que Expósito no tenga una oferta de renovación, que Omar no tenga una oferta de renovación, y que Pere Milla no tenga una oferta de renovación, y el capitán Pol Lozano tampoco. Es una frase dura porque deja una pregunta flotando que ahora mismo nadie contesta con claridad: ¿qué plan tiene el club con varios de sus jugadores más reconocibles?
La indefinición también genera ruido dentro del vestuario
La indefinición en la dirección deportiva ha hecho que hubiera incomodidad por parte del entorno de muchos futbolistas para saber qué pasará a partir del mes de junio.
Y es lógico. Cuando no hay una hoja de ruta clara, cuando no sabes quién decide, cuando no llegan ofertas o ni siquiera señales, los futbolistas empiezan a mirar alrededor. Y sus agentes también. Eso debilita al club, complica las negociaciones y te coloca en una posición peor cuando llega el momento de sentarte a hablar.
Marco Otero y otros nombres empiezan a ganar espacio
En medio de este panorama, también se mueven otras piezas. Marco Otero ya empieza a tomar algunas decisiones en la Base que podrían verse pronto, dentro de una estructura donde aparecen nombres como Ezkurra, Alexander Rosen o el propio Manolo González. Lo que transmite todo esto es que el Espanyol quiere activar más manos y más ojos, pero también deja una duda razonable: si hay tantas piezas influyendo, ¿quién acaba marcando de verdad la dirección deportiva?

Porque una cosa es repartir funciones y otra distinta es difuminar responsabilidades. Y el Espanyol viene precisamente de un mercado en el que costó bastante saber quién decidió qué, por qué se priorizó una vía sobre otra y dónde se bloqueaban ciertas operaciones.
El verano va a decidir la percepción final sobre Alan Pace
Pace todavía tiene margen para reconstruir su imagen ante el espanyolismo. Lo tiene. Pero también es verdad que la paciencia no es infinita y que el mercado de invierno dejó una sensación de oportunidad perdida. La próxima ventana no solo servirá para evaluar fichajes, sino para juzgar si la propiedad entiende de verdad lo que necesita este club.
Porque una cosa es pedir tiempo cuando acabas de aterrizar y otra muy distinta es no responder en un momento en que el equipo, el entrenador y el entorno reclamaban movimientos claros. El verano, en ese sentido, será un juicio bastante directo. Si sale bien, Pace ganará crédito. Si sale mal, la herida del invierno se abrirá todavía más.
El Espanyol necesita menos ruido interno y más dirección real
A día de hoy, la sensación general es esa: el Espanyol tiene demasiados frentes abiertos y aún le falta una estructura deportiva del todo definida. Garagarza sigue siendo una figura de peso, pero su situación obliga a redistribuir tareas. Ortega gana presencia como enlace. Rosen aparece como asesor. Manolo entra en la ecuación. Pace quiere supervisar. Y alrededor siguen moviéndose más nombres.
Todo eso puede funcionar, sí. Pero solo funcionará si alguien consigue convertir ese puzle en una idea clara de club. Porque fichar mucho y renovar medio vestuario con un organigrama a medio cocinar es una receta peligrosa. Ya se vio en enero.
El margen para fallar se ha reducido muchísimo
Al Espanyol se le viene un verano grande, larguísimo y con pinta de marcar muchas cosas. Hay que fichar, renovar, ordenar, negociar y también convencer. Convencer a futbolistas propios, a agentes, a posibles refuerzos y a una afición que salió bastante fría del último mercado. No va a ser una tarea sencilla. Ni mucho menos.
Lo que está en juego no es solo la confección de la plantilla 2026-27. Lo que se juega el club es la sensación de rumbo. Y esa, ahora mismo, es una de las cosas que más se echan en falta.
El club blanquiazul modifica su modelo de trabajo tras un mercado de invierno muy decepcionante, da más peso a Sergio Ortega y afronta un verano decisivo con la necesidad de fichar mucho y resolver un amplio frente de renovaciones.







