A pocas horas del Elche – Espanyol del domingo, hay una figura que lo vive con una mezcla rara de nostalgia, orgullo y nervios tranquilos. Ferran Corominas, el eterno “Coro”, no necesita elegir bando porque, en cierto modo, los dos son su casa. Lo dejó clarísimo en su charla con AS: “El Espanyol es el club de mi vida y el Elche, mi segundo equipo”. Y cuando lo dice, no suena a frase hecha o tópico. Suena a alguien que ha marcado goles importantes con ambas camisetas y que todavía se emociona al recordarlo.
El delantero de Banyoles sigue pegado al balón incluso ahora, entre Kings League, partidos con amigos y proyectos personales. Pero su historia no se entiende sin esos diez años como perico y ese capítulo inolvidable en Elche que terminó con un ascenso y dos temporadas en Primera. Dos ciudades, dos aficiones y un mismo instinto goleador.
El gol que nunca se olvida y una década de blanquiazul
Si hay algo que define a Coro en el imaginario perico es ese gol a la Real Sociedad en el descuento que aseguró una permanencia agónica. Él mismo lo reconoce con naturalidad: “El gol de la salvación es el que más me recuerda la gente y los pericos”. No hay artificio ni falsa modestia; simplemente asume que hay momentos que se quedan grabados para siempre.

También recuerda la Copa de 2006, aunque con un matiz curioso: para él, aquel tanto ante la Real tuvo más carga emocional que un título. Sufrimiento puro, tensión hasta el último segundo y una liberación colectiva que todavía hoy resuena entre los pericos que lo vivieron.
Su llegada al Espanyol fue casi una cuestión de destino. Pudo ir al Barça, tuvo ofertas importantes, pero eligió al RCDE porque veía más opciones de crecer. Y porque, en el fondo, ya era de los suyos. “Mi padre siempre ha sido del Espanyol, siempre me llevaba a Sarriá. He tenido la suerte de jugar en el equipo del que siempre he sido de niño”. Esa frase resume todo.
Elche, el lugar donde se convirtió en ídolo
Tras salir del Espanyol -una salida que admite que no fue agradable- Coro recaló en un Elche que acabaría marcándole tanto como él a las redes rivales. Allí vivió una temporada casi perfecta, de esas que parecen guionadas: ascenso, récords y un equipo que funcionaba como un bloque compacto.

Recuerda aquel vestuario con cariño y con una sonrisa que casi se puede imaginar al leer sus palabras. Competían, sufrían, ganaban por la mínima… pero ganaban. Un equipo muy de Fran Escribá, práctico y solidario.
Y luego llegó ese partido especial: reencontrarse con el Espanyol en Primera y marcarle un doblete. Una escena que parecía escrita por un guionista con ganas de drama. Lo celebró, como ya había avisado, no por revancha sino por respeto al fútbol y a su profesión. Los goles se celebran.
Dos estilos, dos ideas… y una preferencia clara
Analizando el duelo de este domingo, Coro ve dos filosofías distintas. El Espanyol de Manolo González, intenso, físico, de presión y trabajo. El Elche de Sarabia, más de balón, de construir, de asumir riesgos. Y ahí se le escapa la vena futbolera más romántica: reconoce que le atrae más el fútbol con posesión.
No significa que critique al Espanyol. Al contrario. Cree que la temporada es muy buena y que la afición se identifica con el equipo. Pero admite que, como espectador, disfruta más con la propuesta ilicitana. Si pudiera, mezclaría ambas cosas.
Un deseo imposible: que ganen los dos
Cuando le preguntan qué espera del final de temporada, responde como lo haría cualquiera que no quiere elegir: que el Espanyol se meta en Europa y que el Elche se salve. Sabe que no depende de él, pero lo dice con la naturalidad de quien mantiene cariño real por ambos escudos.
Y la última pregunta resume perfectamente su situación emocional: si pudiera jugar un último partido, ¿con quién lo haría? Su respuesta es casi de película: con los dos. “Si pudiese, jugaría el primer tiempo con un equipo y el segundo, con otro”.
Coro sigue siendo Coro: un delantero de área, de corazón grande y memoria larga. Este domingo no estará sobre el césped del Martínez Valero, pero su historia sí. Porque hay partidos que también se juegan en los recuerdos.







