Leandro Cabrera habló claro en su entrevista con Pericos Marca, sin frases hechas ni paños calientes. Se nota que es uno de los capitanes emocionales del equipo, de esos que no se esconden cuando las cosas van mal. El central uruguayo reconoció que la racha duele y que no encuentran una explicación sencilla, aunque sí una salida: trabajar y volver a ser fiables atrás. Él mismo contó que está “trabajando, intentando mejorar día a día para que el equipo entero vuelva a recuperar sensaciones y confianza”, admitiendo que ahora mismo todo cuesta más de lo normal.
La defensa, el origen de casi todo
Cabrera dejó caer una idea que muchos pericos repiten desde la grada: cuando el Espanyol estaba bien, lo estaba sobre todo por su solidez. Recordó que incluso en partidos complicados el equipo resistía y luego encontraba el momento. Por eso insiste en la autocrítica constante: “Somos autocríticos y fuimos autocríticos incluso ganando”, explicó, subrayando que ese espíritu no se ha perdido aunque los resultados sí lo hayan hecho.

También habló de lo caprichoso que puede ser el fútbol, de cómo una jugada cae de tu lado o no y cambia todo el partido. Lo ilustró con el ejemplo del Athletic, donde pudieron encajar varios goles antes de reaccionar. Esa sensación de fragilidad es justo lo que quieren recuperar.
Elche, Oviedo y Mallorca: tres partidos para respirar
El calendario inmediato se ha convertido casi en una cuenta atrás. Cabrera no lo escondió: “Ojalá esté la salvación en los próximos tres partidos”, dijo con esa mezcla de ambición y urgencia que transmite el vestuario. Empezando por el duelo en el Martínez Valero, donde fue tajante: “Solo vale ganar, sea como sea, 100%”.
Más allá del resultado, también habló de algo que va más allá de los puntos: recuperar la identidad. Volver a sentirse reconocibles y que la gente vuelva a ver al equipo de la primera vuelta. Porque, al final, no se trata solo de sumar… sino de creer.
El derbi que cambió la dinámica
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista llegó cuando recordó el derbi ante el Barça, ese partido que el Espanyol jugó muy bien pero perdió. Cabrera citó a su exentrenador Bordalás para explicarlo todo con una frase que se ha quedado flotando en el ambiente: “Los elogios debilitan”.

Según el central, aquel día el equipo se vio tan superior en muchas fases que quizá eso jugó en contra después. “Nos vimos tan bien, tan fuertes, tan dominadores…”, explicó, como si la derrota hubiera dejado una sensación extraña, casi engañosa. Incluso llegó a decir que quizá habría sido mejor perder jugando mal que hacerlo después de un gran partido.
El punto de inflexión: Girona
Para Cabrera, las dudas de verdad aparecieron más tarde, en el partido contra el Girona. “Ahí ya empiezan las dudas”, confesó, recordando un encuentro raro, con decisiones polémicas y sensaciones contradictorias. Ese tipo de partidos que no sabes muy bien cómo explicar, pero que dejan poso.

Desde entonces, el equipo parece vivir en una especie de niebla: no juega tan mal como para estar así, pero tampoco encuentra la chispa para salir.
Compromiso total con el Espanyol
En lo personal, Cabrera se mostró igual de sincero. Renovó automáticamente por partidos disputados y dejó claro que su intención es seguir. “Estaré el tiempo que el club quiera”, dijo, añadiendo que está feliz en Cornellà y que no guarda rencor a nada porque entiende cómo funciona este deporte.

Incluso dejó una frase muy de veterano, medio filosófica, medio realista: en el fútbol siempre llega un “león más joven” que desplaza al anterior. Y lo acepta con naturalidad.
Un capitán que no se esconde
La sensación que deja la entrevista es la de un líder que intenta sostener al grupo cuando el viento sopla en contra. Sin grandes promesas ni discursos épicos. Solo trabajo, autocrítica y la obsesión por volver a competir como antes.
Porque si algo dejó claro Cabrera es que el equipo sabe dónde está el problema… y también cuál es el único camino para salir: ganar, volver a ser fiables y recuperar la confianza perdida.







