El Espanyol ya no está en puestos europeos. Y no ha sido un accidente puntual ni una mala tarde aislada: ha sido una caída lenta, constante, casi inevitable viendo lo que venía pasando desde enero. Tras 128 días seguidos entre los seis primeros -desde aquel triunfo en Oviedo a mediados de octubre-, el equipo ha terminado saliendo de la zona noble justo cuando más parecía necesitar agarrarse a ella. La derrota ante el Atlético y la victoria del Celta frente al Mallorca han empujado a los blanquiazules a la séptima plaza. Durante cuatro meses el Espanyol convivió con la ilusión europea como algo normal; ahora vuelve a mirar la tabla con esa sensación incómoda de estar perdiendo terreno cada semana. No se ha desplomado de golpe, se ha ido deshaciendo partido a partido.
De un 2025 histórico al peor equipo de Primera en 2026
Lo más chocante es el contraste. Hace apenas dos meses el Espanyol cerraba 2025 en el mejor momento deportivo que se recuerda en años, con una química brutal con su afición y números de equipo grande. Entre noviembre y diciembre encadenó cinco victorias consecutivas, sumó 34 puntos en 17 jornadas y se consolidó como una de las revelaciones del campeonato. Ahora, en cambio, es el peor equipo de Primera división en lo que llevamos de 2026. Seis derrotas y dos empates, es decir, 2 puntos de 24 posibles. Nunca en los 125 años de historia del club se había iniciado un año natural con ocho partidos de Liga sin ganar. La sensación es de incredulidad: cuesta reconocer al equipo que hace nada competía con personalidad ante cualquiera. Lo que antes salía de forma natural ahora cuesta un mundo.

La sangría defensiva que explica la caída
Si hay un factor que lo resume todo, ese está atrás. El Espanyol ha pasado de ser un bloque sólido, incómodo y fiable a convertirse en un equipo vulnerable, al que le hacen daño con demasiada facilidad. En toda la primera vuelta encajó 17 goles en 17 jornadas; en 2026 ya ha recibido 20… en solo ocho partidos. No ha dejado la portería a cero en ningún encuentro del año y cada error se paga carísimo. Goleadas como el 4-1 ante el Villarreal o el 4-2 en el Metropolitano, el 3-2 en Valencia, los dos goles recibidos frente a Barça, Girona o Alavés, o incluso empates que saben a poco como ante Levante o Celta dibujan un patrón claro. No es solo cuestión de calidad rival: es falta de contundencia, duelos perdidos y desconexiones en momentos clave. Un equipo que concede tanto tiene muy difícil mantenerse arriba, por mucho que genere ocasiones.

Un equipo que ha perdido seguridad y confianza
El problema no es únicamente táctico. Se percibe algo más difícil de medir: la confianza. El Espanyol ya no transmite esa seguridad que tenía en otoño. Cuando encaja un gol, el equipo se encoge; cuando necesita dar un paso adelante, aparece la ansiedad. Da la impresión de que juega con el recuerdo de lo que fue, no con la certeza de lo que es. Incluso futbolistas que habían firmado un inicio de curso sobresaliente están lejos de su mejor versión. El cansancio mental también pesa: los derbis, los arbitrajes polémicos, los golpes encajados en partidos donde se compitió bien… todo suma. Y en fútbol, cuando las dudas se instalan, cada acción se vuelve más pesada.

Manolo ha probado de todo sin encontrar la solución
El técnico no se ha quedado quieto. Ha cambiado sistemas, ha alternado defensa de cuatro y de cinco, ha introducido rotaciones, ha buscado perfiles más físicos o más técnicos según el rival. Ha tocado prácticamente todas las teclas disponibles, pero la melodía sigue sonando desafinada. En algunos partidos el plan funciona durante un rato y luego se rompe; en otros, los errores individuales tumban cualquier planteamiento. El propio entrenador lo resumió con crudeza: “Si cada vez que te llegan te marcan, tienes un problema”. Edu Expósito añadió otra idea igual de clara: “Debemos tener la portería a cero porque cuando eso pasa el equipo normalmente gana”. No son frases grandilocuentes, son diagnósticos básicos.

De mirar a Europa a volver a pensar en la permanencia
Salir de la zona europea no significa que el objetivo haya desaparecido, pero sí cambia la perspectiva. La prioridad inmediata vuelve a ser asegurar la permanencia cuanto antes, alcanzar los famosos 42 puntos y recuperar tranquilidad. Solo desde ahí se podrá volver a mirar hacia arriba sin ansiedad. La tabla se ha comprimido por detrás, con Athletic, Osasuna o Real Sociedad apretando, y el margen que parecía cómodo en diciembre se ha evaporado. El Espanyol sigue en una posición digna, incluso buena para lo que se esperaba en agosto, pero la dinámica es la que asusta.

Marzo, un mes que puede decidirlo todo
El calendario no da respiro, pero también ofrece una oportunidad. El Espanyol afronta ahora un mes absolutamente decisivo para saber hacia dónde se inclinará su temporada: si vuelve a mirar a Europa, si se limita a asegurar la permanencia o si entra de lleno en problemas. El calendario no da tregua y concentra cuatro duelos directos ante equipos con urgencias. Primero, la visita al Elche el domingo 1 de marzo a las 14:00, un rival que se juega la vida; después, el lunes 9 a las 21:00, el RCDE Stadium recibirá a un Oviedo que también pelea por no descolgarse de manera defiitiva; el domingo 15 a las 14:00 tocará viajar a Son Moix para medirse a un Mallorca en apuros y en un campo que históricamente se le atraganta a los pericos; y, para cerrar el tramo, llegará el Getafe de Bordalás a Cornellà-El Prat el fin de semana siguiente. Cuatro partidos señalados en rojo que pueden marcar el rumbo definitivo del curso.

Esa es la crudeza del momento. La temporada no está perdida ni mucho menos, pero sí en un punto crítico. Lo que ocurra en las próximas semanas marcará si este curso será recordado como el de una ilusión europea frustrada o como el de una reacción a tiempo.
Al final, todo se resume en algo muy simple y muy complicado a la vez: volver a ganar. Porque cuando un equipo se acostumbra a no hacerlo, cada jornada pesa más que la anterior. El Espanyol no está roto, pero sí claramente tocado. Y ahora necesita demostrar si aún le queda fuerza para levantarse.







