Desde que comenzó el año, el Espanyol es uno de los dos únicos equipos de LaLiga que todavía no conoce la victoria, junto al Elche CF. Un punto de los últimos dieciocho. Cinco derrotas y un empate. La secuencia es clara. Y el impacto, evidente.
No se trata únicamente de una mala racha pasajera. Es un contraste muy marcado respecto al equipo sólido y competitivo que cerró 2025.

De la fortaleza al desequilibrio
Entre la remontada en San Mamés antes de Navidad y el derbi del 3 de enero cambió el paisaje. El Espanyol que había construido su identidad desde el orden, la disciplina y la capacidad para competir cada duelo, comenzó a perder esa consistencia. La solidez que era su principal virtud se ha convertido en su mayor fragilidad.

En la primera vuelta el equipo enlazó cinco victorias consecutivas apoyado en una defensa firme y una estructura reconocible. Ahora le cuesta sostener los partidos sin encajar. Y cuando recibe el primer golpe, la reacción ya no es la misma.
Catorce goles en seis jornadas: una media que desarma
Los datos reflejan con crudeza esa transformación. En las primeras diecisiete jornadas, el Espanyol encajó diecisiete goles. Una media de uno por encuentro que le permitía mantenerse siempre dentro del partido.
En los seis compromisos disputados en 2026 ha recibido catorce tantos. Más de dos por partido. El doble que en la primera vuelta. Con esa proporción, cualquier plan competitivo se resquebraja.

Manolo González fue explícito tras el 4-1 en Villarreal: “El otro día las situaciones de gol del Alavés son regalos nuestros. Hoy el rival tiene mucho talento, pero los cuatro goles son evitables”.
Leandro Cabrera reforzó la idea: “La blandura defensiva general se paga cara”.
Y Pol Lozano apuntó directamente al origen del problema: “Tenemos que volver a ser un equipo fuerte defensivamente”.
No son declaraciones de trámite. Son un reconocimiento claro de la pérdida de equilibrio.
Un 51,8% de eficacia rival: un dato insostenible
Hay una cifra que resume el momento. Hasta el final de 2025, Dmitrovic había recibido setenta y dos disparos entre los tres palos, de los cuales diecisiete acabaron en gol. Un porcentaje asumible en la categoría.
Desde enero, veintisiete remates a puerta han derivado en esos catorce tantos. Más de la mitad de los disparos terminan en gol: un 51,8%. Esa eficacia en contra resulta inviable para competir con estabilidad.

En La Cerámica se vio con nitidez. El Villarreal necesitó apenas tres remates a puerta, más una acción desafortunada en propia meta, para firmar cuatro goles. Cada aproximación se convertía en una amenaza real.
Cuando el margen de error desaparece, el equipo pierde confianza y seguridad.
Sin cerrar la portería desde diciembre
Durante la primera vuelta el Espanyol dejó su portería a cero en siete ocasiones. Era un bloque compacto, incómodo para el rival y fiable en los momentos decisivos.
Ahora encadena casi dos meses sin cerrar un partido sin encajar. Desde la victoria en Getafe no ha logrado mantener la portería a cero. Recibe siempre. Y el primer gol en contra pesa como una losa.

En San Mamés supo reaccionar. En este inicio de año, no.
Encajar primero se ha convertido en un condicionante determinante.
Falta de acierto también en ataque
El problema no se limita a la defensa. En ataque, el Espanyol presenta el porcentaje de acierto más bajo de la competición en este arranque de año: un 6,1%.

Necesita generar mucho para marcar poco. Y cuando atrás la media supera los dos goles encajados por encuentro, esa falta de eficacia ofensiva multiplica el impacto negativo.
El margen de error es mínimo.
Sextos, pero en alerta
Lo llamativo es que, pese a esta dinámica, el equipo continúa en plaza europea. El trabajo de la primera vuelta mantiene el colchón clasificatorio.
No obstante, los registros de 2026 dibujan un perfil más propio de un equipo que intenta frenar una caída que de uno que aspira a consolidarse en la zona alta.
El duelo ante el Celta adquiere así un valor que va más allá de los tres puntos. Es la oportunidad de frenar la sangría, recuperar la consistencia y ejecutar el “reset” que reclama el técnico.

No se trata de dramatizar ni de quemar etapas. Se trata de recuperar la identidad que sostuvo al equipo hace apenas un mes.
Porque el Espanyol ya ha demostrado que sabe competir. Y ahora necesita con urgencia volver a hacerlo.







