Carlos Romero, el cedido que acabó siendo uno de los nuestros
La despedida más potente fue la de Carlos Romero. El lateral, cedido por el Villarreal durante dos temporadas, se va con una conexión muy especial con la afición. No es fácil que un jugador que no pertenece al club cale así, pero Romero lo consiguió a base de rendimiento, carácter y una forma de jugar que la grada entiende rápido: correr, insistir, chocar, volver a subir, volver a bajar y no esconderse. Llegó como un desconocido y se va totalmente consagrado, siendo un futbolista que ya forma parte de la memoria reciente del espanyolismo.

Una carta de despedida que tocó al perico
Romero publicó un mensaje de despedida en redes que encajó bastante con lo que se vio el sábado en Cornellà: emoción, gratitud y un punto de tristeza por cerrar una etapa. Empezó con un simple “Gracias”, en mayúsculas, y luego fue dando forma a todo lo que ha vivido estos dos años. “Simplemente, daros las gracias a todos: compañeros, staff, afición y todas las personas que forman parte del día a día del club, por todo el cariño que siempre me habéis dado”, escribió el lateral. No sonó a texto frío. Sonó a alguien que se va habiendo sentido querido.
Romero se marcha orgulloso de haber elegido al Espanyol
El mensaje siguió con una frase que a la afición le habrá gustado leer, porque no siempre un cedido habla así del club en el que ha estado de paso. “He vivido dos años maravillosos, de los que me siento muy orgulloso, igual que de haber elegido al Espanyol”, afirmó Romero. Y tiene sentido. Porque su paso por el Espanyol no ha sido una parada cualquiera. Han sido 71 partidos oficiales, seis goles esta temporada y la sensación de haber disfrutado de uno de los laterales izquierdos más fuertes del campeonato. No ha sido solo útil: ha dejado huella.
“Aquí tenéis un seguidor más para siempre”
La parte final de su despedida fue todavía más emocional. Romero quiso agradecer el cariño recibido desde el primer día y dejó una frase que, en el fútbol moderno, suena casi antigua por lo sincera. “Me marcho con la satisfacción de haberlo dado todo por esta camiseta y de haber vivido noches increíbles juntos. Gracias por hacerme sentir como en casa desde el primer día en que llegué; este estadio es espectacular y sois una afición increíble. No lo perdáis nunca, porque vivirlo es muy bonito”, escribió antes de cerrar con otro mensaje directo al corazón perico: “Espero que siempre os vaya bien. De corazón, aquí tenéis un seguidor más para siempre”. Así se entiende que el RCDE lo despidiera como lo despidió.
Terrats, un adiós que quedó más apagado
Ramon Terrats también llegaba a la última jornada con sabor a despedida. Él mismo había señalado el partido como una especie de ‘last dance’ blanquiazul, pero la noche no tuvo el mismo peso emocional que la de Romero. Fue titular, jugó la primera parte y se quedó en el vestuario al descanso. Su opción de compra no se ejecutará al no haber disputado el número de partidos necesario, así que, de entrada, volverá al Villarreal. Terrats es perico, tiene cariño de la grada y encaja muy bien en ese perfil de jugador que la gente siente cercano, pero su despedida pasó bastante más de puntillas.

Calero, siete años y un adiós demasiado frío
El caso de Fernando Calero es el más llamativo, y quizá también el más incómodo. El central cerró el sábado la etapa profesional más larga de su carrera: siete temporadas en el Espanyol, 181 partidos oficiales y muchos momentos importantes, buenos y malos. Fue titular hasta el final, incluso esta temporada, en la que ha jugado 25 jornadas de Liga. Aun así, su despedida pasó casi sin ruido. Acompañó al equipo en la vuelta de honor, pero se marchó hacia el vestuario antes del festejo colectivo con la grada. Ni cánticos, ni ovación especial, ni ese punto de reconocimiento que normalmente acompaña a alguien que ha estado tanto tiempo en un club.

Ser profesional no siempre basta para salir querido
Calero ha sido un profesional. Eso no se debería discutir. Ha estado ahí, ha jugado mucho, no ha dado problemas públicos y ha formado parte del equipo en etapas muy diferentes. Pero en el Espanyol también pesa la memoria. Y ahí le ha pasado factura algo difícil de esquivar: fue parte de la defensa de los dos descensos recientes. No él solo, claro. Esto va de equipos, de contextos, de malas plantillas y de decisiones tomadas desde arriba. Pero la grada, muchas veces, no separa tanto. Calero ha cargado con una mochila emocional que no todos los jugadores llevan igual.
Una salida gris que quizá el club todavía puede arreglar
Que Calero se fuera así, casi en silencio, deja una sensación rara. Porque una cosa es que no tenga el vínculo popular de Romero, y otra que siete años se cierren sin un gesto más cuidado. El club todavía puede corregirlo con algún mensaje, algún reconocimiento o alguna despedida oficial más a la altura de su trayectoria. No hace falta exagerar ni convertirlo en leyenda. Pero 181 partidos son 181 partidos. El Espanyol puede y debe aprender también a despedir mejor, incluso a futbolistas que no han conectado del todo con la grada.
La afición distingue, y el sábado quedó clarísimo
Lo del sábado dejó claro que la afición perica no despide a todos igual. Y eso no es necesariamente injusto, aunque duela. Romero se ganó una despedida de jugador adoptado por el estadio. Terrats se marchó con cariño, pero sin gran escena. Calero se fue con un silencio y hasta indiferencia molestas, casi con el peso de una etapa demasiado complicada sobre los hombros. El RCDE Stadium habló sin necesidad de pancartas: premió el vínculo, la emoción y la sensación de haber defendido la camiseta de una forma que llegó a la gente.
El final de curso también fue un espejo del Espanyol
Estas tres despedidas explican bastante bien lo que ha sido el Espanyol reciente. Romero representa la ilusión de lo que funciona, aunque sea cedido y se escape. Terrats, la esperanza que no acaba de cuajar del todo. Calero, el desgaste de una etapa con demasiadas cicatrices. El club cerró la Liga salvado, con alivio y con la mirada puesta en Monchi, pero también con varias puertas cerrándose a la vez. Ahora toca construir una plantilla en la que las despedidas no vuelvan a tener tanto sabor a reparación pendiente.







