El 4-1 encajado por el Espanyol ante el Villarreal en La Cerámica ha dolido. Muchísimo. Por el marcador, abultado; por las sensaciones, pobrísmas; y porque llega en un momento en el que el equipo no encuentra el suelo firme bajo los pies, con una mala racha de resultados que resulta abrumadora. Sólo había que ver la cara de los futbolistas que salieron a hablar con los medios tras la dbacle. Hubo decisiones arbitrales que condicionaron el partido, eso no puede olvidarse, pero esta vez ni Manolo González ni los jugadores quisieron refugiarse ahí. Salieron a dar la cara y eligieron otro camino: el de la autocrítica.

Sin excusas, aunque había argumentos
El Espanyol podría haberse agarrado al gol anulado a Omar El Hilali o a la acción previa al 2-0, como ya ocurrió en Girona o en Valencia. Argumentos había. Pero el discurso fue otro. Manolo habló de errores evitables, de blandura, de necesidad de hacer “reset”. Y los futbolistas repitieron la idea. El problema no es solo lo de fuera. El problema también está dentro.

Una racha que pesa en la cabeza y las piernas
Los números asustan y no se pueden esconder: seis partidos sin ganar, cuatro derrotas consecutivas, un solo punto de los últimos 18 y ninguna victoria en lo que llevamos de 2026. Demasiado castigo para un equipo que venía de una primera vuelta sobresaliente y que había construido su identidad desde la solidez defensiva. Hoy, esa versión parece muy lejos.

Muy lejos del Espanyol de la primera vuelta
Aquel equipo que cerraba su área a la perfección, que protegía a Dmitrović y que competía desde el orden ya no aparece. La defensa implacable se ha diluido y el Espanyol se descompone cuando recibe el primer golpe, como volvió a pasar tras el 1-0 del Villarreal. El equipo se busca cuando más perdido está.

Contexto complicado, pero no definitivo
En Vila-real faltaban piezas importantes, hubo jugadores con poco ritmo y otros que entraron con el partido ya roto. Ngonge debutó con todo perdido, Salinas pagó la falta de minutos y no hay más refuerzos a los recurrir para dar aire al once, ya que el área deportiva y la propiedad, en una decisión que veremos si no acaba siendo muy temeraria, fueron incapaces de dotar a Manolo de más medios sabiendo que Puado no regresará hasta el próximo otoño y que la crisisi de resultados ya era patente. No es el mejor escenario. Pero tampoco es el peor, si evitamos el catastrofismo.

Prudencia antes que quemarlo todo
Lo fácil ahora sería caer en la desesperación, quemarlo todo y convertir una mala racha, aunque se está alargando mucho más de lo justificable, en una crisis sin retorno. Pero conviene no perder la perspectiva. Pese al desastre reciente, el Espanyol sigue sexto, lejos del sufrimiento por el descenso y aún cerca de una zona que a inicios de curso parecía un sueño.

El margen existe… si hay reacción ya
Nada de lo que pasa es irrecuperable. Esa es la idea que se repite dentro del vestuario. A poco que el equipo recupere contundencia en las áreas, vuelva a competir en los duelos y cierre partidos, la sonrisa de una grada que ahora asiste entre estupefacta y decepcionada a los que está sucediendo puede regresar. No será inmediato. No será sencillo. Pero este Espanyol ya ha demostrado que sabe hacerlo.
El primer paso, superar este próximo viernes al Celta, a un rival directo: ganar sería recuperar la confianza y cortar una dinámica perversa que amenaza con borrar definitivamente todo lo bueno hecho en la primera mitad de curso; perder, además de ceder una nueva plaza en la tabla, significaría encender definitivamente todas las alarmas, y comenzar a hablar de otro escenario ciertamente mucho más grave. Manolo y los jugadores tienen ante sí la oportunidad y el reto de darle la vuelta a este escenario; de ellos en exclusiva depende.







