El Espanyol se fue a la cama el viernes con la derrota ante el Girona (0-2) clavada como una espina, y el sábado se levanta con la sensación de que el partido todavía seguía pero en otro terreno aún más pantanosos, el de los despachos y los comités. Porque lo que pasó en los minutos finales puede traer consecuencias seriaspara el RCDE Stadium, un estadio que ya venía apercibido de cierre desde la temporada pasada. Si hace dos semanas ante el derbi se esquivó el riesgo de cierre, esta vez la situación parece más delicada por un hecho: la concatenacion de incidentes similares, y que esta vez uno de los aficionados tuvo más acierto e impactó con un jugador del Girona. Además de traer serias consecuencias para los autores de los lanzamientos, que se arriesgan a graves sanciones económicas y de alejamiento de los recintos deportivos por un largo periodo de tiempo, quien más teme las consecuencias es el propio club y el equipo, que podría verse obligado a jugar sin el apoyo de la afición justo en el momento en que más falta hace su apoyo.
El lanzamiento de botellas pone el foco en el Gol de El Prat
En el tramo final del encuentro hubo lanzamientos de botellas hacia el césped, justo en el área que defendía Paulo Gazzaniga, en la zona del Gol de El Prat. Una de esas botellas llegó a impactar en el portero visitante, y eso cambia todo: no es lo mismo un susto a distancia que un objeto impactando en el cuerpo de un futbolista. En estas cosas aunque parezca mentira, lo que es punible es la puntería de una persona.
Lo que dice el acta: literal y con el estadio en el disparadero
El árbitro dejó constancia en el acta recogiendo que “en el minuto 94, tras la consecución del segundo gol del Girona se produjeron lanzamientos de botellas sin tapón, con líquido en su interior, por parte de aficionados del equipo local, llegando a impactar una de ellas en la espalda del portero visitante sin causar daño aparente. Por este motivo se activó la fase 1 del protocolo de lanzamientos sin que ocurrieran más incidentes”. Esa frase, tal cual, es la que ahora puede marcar el castigo. Aunque ese matiz de que “sin causar daño aparente” alivia un poco, el hecho está queda reflejado.
El problema es que no es la primera vez y el calendario juega en contra
Aquí viene lo que de verdad asusta en el club: hace nada, el 3 de enero, ya hubo otro episodio parecido en el derbi ante el Barcelona. Aquel día, según se reflejó, se habló del lanzamiento de “varias botellas semillenas y cerradas”, con un detalle clave: “dichas botellas no llegaron a impactar en ningún jugador ni causar ningún daño”. Esta vez sí hubo impacto, y por eso la historia se pone más fea.
¿Qué puede pasar ahora? Miedo a un cierre parcial y a un castigo mínimo de un partido
En el interior del Espanyol hay temor real a que se cierre la zona desde donde salieron los lanzamientos, y se habla de que podría ser, como mínimo, un partido.
Si llega una sanción de cierre parcial, el club no se va a quedar quieto. La idea que se maneja es pelearlo con recurso y, si hace falta, llegar hasta el TAD. L
El precedente del Sevilla-Betis: castigo que se movió con el tiempo
En este tipo de decisiones hay antecedentes que el Espanyol puede señalar. Se recuerda lo ocurrido en el último Sevilla-Betis, donde también hubo lanzamiento de botellas y primero se habló de cerrar parcialmente tres partidos, luego se rebajó a uno y al final la ejecución quedó suspendida. Eso no garantiza nada, pero sí enseña que estas sanciones pueden cambiar según el proceso.
Un partido ya tenso por los penaltis y un final con expulsión e insulto
Todo esto llega en un contexto ya cargado. El Girona marcó sus dos goles de penalti, con el primero repetido tras la parada de Dmitrovic porque, según se indicó, se adelantó. El segundo, en los minutos finales, fue el que terminó de encender al banquillo blanquiazul. En ese caos, Josep Pascual Trabal fue expulsado y el acta recoge que, al salir, se dirigió al linier con un “no me jodas cabrón, no te enteras de nada”. A lo que añadió al retirarse: “No me jodas c… no te enteras de nada”.







