Hoy se cumplen tres años de una de esas noticias que, vistas con perspectiva, parecen todavía más grandes de lo que fueron en su momento. Un día como hoy, en 2023, el Sevilla FC comunicaba oficialmente la desvinculación de Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, el hombre que cambió para siempre la historia moderna del club de Nervión.
No era una salida cualquiera. Ni una despedida más. Monchi se marchaba apenas días después de que el Sevilla levantara su séptima Europa League en Budapest, con Jesús Navas y Rakitic alzando un título que parecía cerrar otra página gloriosa del club andaluz. Pero, en realidad, lo que se abría era otra cosa. Una etapa extraña, dura, con demasiadas curvas. Tres años después, la vida sin Monchi en Nervión sigue pesando mucho.
El Sevilla hizo oficial una marcha que ya venía oliéndose
Aquel 16 de junio de 2023, el Sevilla anunció que Monchi dejaba de ser su director general deportivo y cerraba así su segunda etapa al frente de la dirección deportiva nervionense, iniciada en abril de 2019 tras su paso por la Roma. La salida se cerró después de un acuerdo con el Aston Villa, su nuevo destino, y con una cantidad superior a lo que fijaba su contrato.
Era una marcha cantada, aunque no por ello menos fuerte. Monchi se iba por segunda vez del Sevilla, pero esta vez el golpe emocional parecía distinto. Había desgaste, había falta de sintonía con el organigrama directivo y había una sensación clara de que el de San Fernando ya no se sentía libre para trabajar como él entendía que debía hacerlo. Y un Monchi sin libertad, según él mismo dejó claro días después, ya no era Monchi del todo.
ℹ️ Monchi se desvincula del #SevillaFC.
¡Gracias, @leonsfdo!#WeareSevilla
— Sevilla Fútbol Club (@SevillaFC) June 16, 2023
El comunicado del Sevilla repasó una segunda etapa brutal
En el comunicado oficial de aquel día, el Sevilla repasó la segunda etapa de Monchi en el club, una etapa que empezó con una profunda renovación de plantilla y con la apuesta por Julen Lopetegui en el banquillo. El equipo, pese al golpe de la pandemia, acabó levantando la sexta Europa League en Colonia y regresó a la Champions tanto por la vía del título como por la clasificación liguera.
El curso siguiente llegó el récord histórico de puntos del Sevilla en Primera División. Después, en la 2021-22, el club encadenó por primera vez tres temporadas consecutivas en Champions por clasificación liguera y logró también el primer Trofeo Zamora de su historia, con Yassine Bono como portero menos goleado. Y en la 2022-23, con una temporada durísima, dos cambios de entrenador y el equipo sufriendo durante muchos meses, llegó la séptima Europa League de la mano de José Luis Mendilibar.
Una temporada que acabó feliz, pero dejó factura
La última campaña de Monchi en Nervión fue rarísima. El Sevilla no acertó en el mercado de verano, arrastró las salidas de piezas importantes como Koundé y Diego Carlos, y el proyecto empezó a torcerse demasiado pronto. El relevo de Lopetegui por Sampaoli tampoco solucionó el problema y el equipo llegó a coquetear con el descenso, algo impensable poco tiempo antes.
La llegada de Mendilibar salvó la temporada de una forma casi de película. En pocos partidos, el Sevilla se quitó el miedo de encima, eliminó a rivales como Manchester United y Juventus y acabó levantando otra Europa League. El final fue feliz, sí. Pero el desgaste había sido enorme. Las críticas, la tensión, los problemas internos y la sensación de que el proyecto se estaba tambaleando habían dejado marca. Budapest fue una fiesta, pero no borró todo lo que se había roto por dentro.
El hombre que llevó al Sevilla a sus cotas más altas
Hablar de Monchi en el Sevilla es hablar de la época más brillante del club hispalense. Como director deportivo, fue el denominador común de todos los grandes títulos del Sevilla en el siglo XXI. Bajo su modelo, el club pasó de ser un equipo competitivo a convertirse en una referencia europea, especialmente en esa Europa League que acabó casi pareciendo su jardín particular.
Su historia venía de lejos. Llegó a la cantera sevillista en 1987 para reforzar la portería del Sevilla Atlético, debutó con el primer equipo en la temporada 1990-91 y siguió hasta su retirada en la 1998-99. Después fue delegado del primer equipo y, en abril de 2000, asumió la dirección deportiva. Desde ahí cambió la historia del Sevilla: ascenso a Primera, regreso a Europa y una era de títulos que el club no había vivido nunca.
Baptista, Alves, Rakitic y una forma de entender el mercado
Parte de la leyenda de Monchi se construyó con nombres propios. Julio Baptista, Adriano, Dani Alves, Keita, Rakitic, Fazio o Álvaro Negredo son solo algunos ejemplos de esa capacidad para encontrar futbolistas con margen deportivo y económico. Jugadores que llegaban sin ser estrellas mundiales y acababan dando rendimiento, títulos y traspasos muy importantes para las arcas del club.
Por eso su figura siempre fue mucho más que la de un director deportivo normal. Monchi era una especie de arquitecto del Sevilla moderno. Tenía fallos, claro, como todos. También dejó alguna planificación complicada y contratos que luego pesaron. Pero el balance global es imposible de discutir. Sin Monchi no se entiende el Sevilla ganador de este siglo.
Una salida marcada por las tensiones internas
La salida de 2023 no fue limpia a nivel emocional. Las tensiones entre Monchi y parte de la directiva sevillista venían de meses atrás. La falta de sintonía con el organigrama actual fue uno de los motivos que explicaron su marcha. Acostumbrado a tener mucho margen de actuación, el gaditano se sentía excesivamente controlado y eso fue desgastando la relación.
Monchi se despidió días más tarde en el antepalco del Sánchez-Pizjuán, en una rueda de prensa que todavía se recuerda. Allí soltó una frase que explicaba bastante bien el fondo del asunto: “No me quería ir del Sevilla, y no me voy por dinero. Si no soy Monchi al cien por cien, mejor no estar”. No era solo una frase potente. Era una forma muy directa de decir que no aceptaba trabajar a medias ni con injerencias.
Una despedida larga, emocional y con el consejo presente
El acto de despedida tuvo mucho de cierre de ciclo. Estuvo presente el consejo de administración del Sevilla, con José Castro y José María del Nido Carrasco entre los asistentes, y también la familia de Monchi. En el escenario aparecían las dos últimas Europa League conquistadas en su segunda etapa, las de Colonia 2020 y Budapest 2023, como si el club quisiera recordar, incluso en plena ruptura, que se marchaba una figura enorme.
Antes de hablar, se proyectó un vídeo con momentos emotivos de la Séptima y de su trayectoria. Monchi arrancó casi sin guion, con una frase que ya dejaba claro el tono de la comparecencia: “Viendo ahora el vídeo sigo pensando que esto es una pesadilla y que alguien va a venir a pellizcarme para decirme que esto no es real, que yo no me estoy yendo del Sevilla. Pero desgraciadamente esto es una realidad”.
“No me voy por dinero, me voy por respeto al Sevilla”
En aquella comparecencia, Monchi quiso dejar clara su versión. No quería que su salida se leyera como una cuestión económica ni como una fuga cualquiera. Lo repitió varias veces, casi como si necesitara proteger su propio vínculo con el sevillismo: “No me voy por dinero, me voy por respeto al Sevilla”.
También explicó que su decisión no tenía que ver con fichajes concretos, sino con el modelo de club y con su papel dentro de la estructura. Monchi defendió que había intentado luchar hasta el último momento para seguir, pero que no podía quedarse siendo una versión reducida de sí mismo. Para alguien que había construido su método desde el control del detalle, perder ese margen era casi perder su identidad profesional.
La famosa metáfora de las botellas
Aquella despedida también dejó una imagen muy comentada: la metáfora de las botellas que acompañaban el atril desde el que explicó los motivos de su salida. Monchi intentó representar con aquel ejemplo cómo se sentía dentro de una estructura donde, según su visión, las decisiones ya no dependían de él como antes.
Lo formuló así: “Cuando uno es bilardista como yo y piensa que en los pequeños detalles están los éxitos, si se mueven los pequeños detalles, que entiendo perfectamente, porque soy un ejecutivo, no un máximo accionista…, si a mí cuando vine de Roma me dijeron que yo sería el que moviera la botella aquí y ahora la tengo que mover aquí, mejor no. Si me falta eso, en mi concepto de director deportivo, no soy yo. Ya soy la mitad de Monchi”.
El Aston Villa, Emery y una salida que no quiso pintar como traición
Monchi también quiso matizar el asunto de la cláusula y del Aston Villa. Insistió en que no se marchaba por dinero y que el club inglés había llegado a un acuerdo con el Sevilla por una cantidad superior a lo fijado en su contrato. Según explicó, su idea inicial incluso pasaba por irse a casa, descansar en San Fernando y alejarse por un tiempo de la presión del fútbol.
Pero apareció el Aston Villa, un proyecto de Premier en crecimiento y con Unai Emery como gran gancho emocional y profesional. “Mi idea era irme a mi casa, irme a descansar a San Fernando, tres, cuatro, seis meses, vivir sin la presión del domingo”, reconoció. Pero también admitió que el proyecto inglés le ilusionó, sobre todo porque allí le ofrecían el margen de actuación que ya no sentía en Nervión.
Víctor Orta, el relevo de una figura imposible de sustituir
Nada más conocerse la marcha de Monchi, empezó a sonar el nombre de Víctor Orta como posible sustituto. No era un desconocido para el Sevilla: ya había trabajado en la entidad y venía de una etapa larga en el Leeds. Al final, acabó tomando el relevo en una misión dificilísima. Porque sustituir a Monchi en el Sevilla no era solo ocupar un despacho. Era cargar con una comparación casi imposible.
También apareció entonces el nombre de Braulio Vázquez, director deportivo de Osasuna, como otro perfil vinculado al cargo. Pero el elegido fue Orta, y el resultado posterior no consiguió calmar al sevillismo. El Sevilla entró en años de sufrimiento, con problemas deportivos, económicos y una sensación constante de estar muy lejos de aquel club que competía por Europa casi por costumbre.
“Gracias de por vida”, el cierre de un adiós que todavía pesa
El final del acto fue muy suyo: intenso, sentimental y con esa mezcla de orgullo y dolor que suele acompañar a las despedidas grandes. Monchi no quiso ser usado como arma interna dentro del sevillismo y pidió que nadie aprovechara sus palabras para atacar a nadie. Aun así, defendió su verdad hasta el final, dejando una frase que sonó casi a despedida definitiva de una etapa vital: “Gracias de por vida. Jamás podré encontrar en la vida lo que he encontrado aquí”.
La ovación fue larga y cerrada, y Pepe Castro le entregó un cuadro con su imagen sosteniendo la Séptima, el último gran símbolo de su legado en Nervión. Tres años después, aquella escena sigue explicando muchas cosas: Monchi se fue dolido, el Sevilla perdió a su gran arquitecto moderno y el fútbol lo acabó llevando, tiempo después, al reto enorme de reconstruir el Espanyol.
El Sevilla no ha vuelto a ser el mismo
Desde la salida de Monchi, el Sevilla ha vivido un trienio durísimo. Víctor Orta tomó el relevo en la dirección deportiva, después llegó Antonio Cordón y el club fue encadenando decisiones, entrenadores y problemas. En el camino, el equipo perdió estabilidad, perdió nivel competitivo y se fue acercando peligrosamente a zonas que en Nervión ya parecían cosa de otro tiempo.
Es verdad que Monchi también dejó operaciones discutidas y una herencia económica con algunos contratos difíciles de mover. Eso forma parte de su etapa y no se puede esconder. Pero muchos sevillistas siguen pensando que, con él dentro, el rumbo se habría reconducido mejor. La sombra del llamado rey Midas de los fichajes sigue siendo larguísima en el Sánchez-Pizjuán.
De Aston Villa al San Fernando antes del Espanyol
Tras su salida del Sevilla, Monchi se marchó al Aston Villa, donde volvió a trabajar junto a Unai Emery. Allí vivió una etapa internacional más, dentro de un club potente de la Premier, antes de salir en septiembre de 2025 para implicarse en el proyecto de su tierra, el San Fernando 1940, con la idea de refundarlo, subirlo de categoría y profesionalizarlo.
Ese paso por San Fernando fue muy suyo. Muy de raíz. Muy de alguien que, aunque haya tocado la élite europea, no olvida de dónde viene. Pero el fútbol de primer nivel volvió a llamarle. Y ahí apareció el Espanyol, con una nueva propiedad, otra estructura y una necesidad enorme de ordenar su área deportiva.
El Espanyol se agarra ahora a Monchi
Hoy, tres años después de aquel adiós al Sevilla, Monchi es el director general deportivo del RCD Espanyol. Y eso, para el club perico, no es un detalle cualquiera. El Espanyol viene de temporadas con demasiados bandazos, con mercados complicados y con una sensación muy extendida entre la afición de que hacía falta alguien con peso real, experiencia y capacidad para cambiar la forma de trabajar.
La llegada de Monchi ha generado ilusión, pero también una exigencia lógica. Porque su nombre no es neutro. Cuando llega alguien con su currículum, la gente espera que se note. No mañana, quizá. No con magia. Pero sí con método, con estructura y con decisiones que ayuden a levantar el nivel de la plantilla. El espanyolismo se ha agarrado a Monchi como a una figura capaz de ordenar el ruido.
Un reto muy distinto al de Nervión
El reto que tiene ahora en Cornellà no se parece al que vivió en su mejor Sevilla. Allí construyó desde una base que acabó siendo ganadora y reconocida en Europa. En el Espanyol, en cambio, se encuentra con un club que necesita estabilidad, margen salarial limitado y una plantilla que debe moverse bastante para ser más competitiva.
Aquí no se le pide ganar una Europa League. Se le pide algo más básico y, a la vez, muy difícil: acertar en el mercado, evitar errores caros, dar herramientas a Manolo González y conseguir que el Espanyol deje de vivir siempre con el agua al cuello. Parece menos glamuroso, sí. Pero para el perico, ahora mismo, eso sería oro.
Tres años después, Monchi vuelve a estar ante una reconstrucción
La fecha invita a mirar atrás, pero también a mirar hacia Cornellà-El Prat. Hace tres años, Monchi dejaba el Sevilla tras llevarlo a las cotas más altas de su historia. Hoy, su nombre está ligado a un Espanyol que quiere iniciar una nueva etapa y que necesita mucho más que un par de fichajes bonitos para cambiar de verdad.
El pasado de Monchi habla por sí solo. El presente, en cambio, todavía está por escribir. Y ahí está la parte que más importa al espanyolismo. El Monchi que hizo crecer al Sevilla ya es historia del fútbol español; el Monchi que debe ayudar a levantar al Espanyol empieza ahora su examen más delicado.








