Monchi cumple dos meses en el Espanyol: del golpe de efecto al primer mercado con método propio; su llegada también ha eclipsado a Alan Pace, que pasa a un segundo plano más discreto y cómodo

11 de julio de 2026

lagrada fuente google 1Este sábado 11 de julio se cumplen dos meses del anuncio oficial de Monchi como nuevo director general deportivo del Espanyol. Fue el 11 de mayo cuando el club hizo público un movimiento que, siendo sinceros, cambió de golpe la conversación perica. Hasta ese momento, el entorno estaba más pendiente de la incertidumbre, de las críticas a la propiedad, de la sensación de falta de rumbo y de un final de temporada con la permanencia todavía por cerrar. Y entonces apareció Monchi. Uno de esos nombres que no necesitan mucha presentación.

Desde entonces, el Espanyol vive en otra pantalla. No porque todo esté resuelto, ni mucho menos. El mercado sigue teniendo trampas, la plantilla aún necesita ajustes y hay decisiones que siguen generando debate. Pero la llegada de Monchi ha dado al club una cosa que llevaba tiempo faltando: sensación de mando deportivo. Y eso, para una afición que venía de años muy movidos, no es poca cosa.

Un cargo hecho a medida y mucho más que un director deportivo clásico

La incorporación de Monchi no fue solo fichar a un director deportivo y ya está. El Espanyol creó para él la figura de director general deportivo, un cargo con peso sobre toda la parcela técnica del club. Es decir, no viene solo a elegir laterales o negociar centrales. Viene a ordenar una estructura, dar soporte a áreas que necesitaban una sacudida y marcar un modelo.

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Ese detalle importa. Porque Monchi no aterrizó como un nombre de escaparate, sino como alguien con mando real. Durante su presentación ya dejó claro que quería mirar más allá del fichaje puntual. Habló de proyecto, estructura, cantera, consenso con Manolo González y crecimiento progresivo. Menos fuegos artificiales y más construir algo que no se caiga a la primera racha mala. Suena menos espectacular que prometer Europa en dos veranos, pero seguramente es bastante más serio.

El primer gran cambio: tranquilidad en una dirección deportiva que venía tocada

Uno de los cambios más evidentes está en el ambiente. La dirección deportiva del Espanyol venía de meses complicados por el grave problema de salud de Fran Garagarza, una situación que dejó al club sin una figura de referencia normalizada en el día a día. Ni en los despachos ni para técnicos y jugadores era lo mismo. Había trabajo, claro, pero faltaba esa presencia fuerte a la que agarrarse cuando llegan las decisiones gordas.

Con Monchi, eso ha cambiado. El Espanyol tiene ahora una cabeza visible, reconocible y con autoridad en el mercado. Se podrá acertar o fallar, porque nadie ficha con una bola mágica, pero el club transmite otra seguridad. Hay una persona que habla, explica, marca prioridades y asume responsabilidad. Y eso también pesa puertas adentro.

La confianza en Manolo González, una decisión rápida y muy significativa

Una de las primeras decisiones de Monchi fue dejar clara su confianza en Manolo González. En su presentación fue muy directo: “Manolo es la persona en la que depositamos toda la confianza”. No fue una frase menor, porque el técnico venía de un curso exigente y la nueva propiedad podía haber tenido la tentación de empezar la etapa con otro entrenador.

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Monchi no lo hizo. Apostó por continuidad. Para él, Manolo era la persona idónea para seguir construyendo el Espanyol. Y ahí hay un punto a favor: no quiso romper por romper. En un club acostumbrado a cambios bruscos, mantener al entrenador y darle herramientas tiene sentido. El contra, claro, también existe: si el equipo no arranca bien, la decisión será revisada con lupa, porque el crédito que Monchi ha dado a Manolo también le implica a él.

Tres fichajes y una idea: rendimiento antes que ruido

En estos dos meses ya han llegado los tres primeros fichajes de la era Monchi: Álex Calatrava, Quilindschy Hartman y Gabriel Moscardo. Tres operaciones distintas, pero con un hilo común: jugadores jóvenes, con margen y con una idea de rendimiento a medio plazo. Monchi lo explicó esta semana con bastante claridad al recordar su modelo: “Yo, en mi trayectoria, fundamentalmente aquí en España y en el Sevilla, he hecho pocos fichajes mediáticos. Se han convertido en mediáticos a partir de estar en el Sevilla. Esperemos que sigamos en esa línea, ¿no?”.

monchi moscardo

Ahí está la clave. El Espanyol no parece ir a por el fichaje de cartel solo para agitar redes durante 24 horas. La apuesta va más por futbolistas que puedan crecer, rendir y convertirse en importantes desde el campo, no desde el nombre. Calatrava apunta a pieza ofensiva importante, Hartman llega para cubrir una necesidad clara en el lateral izquierdo y Moscardo suma competencia en un centro del campo que necesitaba más alternativas reales.

El límite salarial marca el ritmo, aunque el plan esté claro

Monchi también ha sido bastante transparente con el límite salarial. No ha vendido una película de dinero infinito ni de fichajes imposibles. Más bien al contrario. Ha repetido que el Espanyol tiene que moverse dentro de unas normas y que, para hacer más cosas, las salidas ayudarán. Su frase sobre los grandes nombres fue bastante reveladora: “El Espanyol tiene que regirse por unas normas que se llaman límite salarial. Podríamos hacer un gran fichaje, pero te cargas el limite salarial”.

Tsygankov Girona

Esto tiene una parte buena y una parte menos vistosa. La buena: el club no quiere perder la cabeza. La mala: habrá operaciones que ilusionen, como puede pasar con perfiles tipo Viktor Tsygankov, que serán muy difíciles si no encajan los números. Monchi puede tener nombres claros, pero no puede saltarse la calculadora. Y ese será uno de los grandes exámenes del verano.

Los próximos fichajes ya están hablados con Manolo

En su última comparecencia pública, Monchi dejó una frase que ayuda a entender cómo está funcionando la planificación: “Los nombres están claros y se han hablado con el míster. Manolo está de acuerdo. Lo importante es tener las ideas claras y los perfiles. Vamos bien”. Es decir, la dirección deportiva no va por un lado y el entrenador por otro. Al menos, ese es el mensaje.

Esto es importante porque uno de los errores clásicos en muchos clubes es fichar jugadores que luego el técnico no termina de ver. Monchi insiste en un modelo mixto: la parte económica marca la ruta, el entrenador define perfiles y la dirección deportiva pone nombres. Si eso se cumple de verdad, el Espanyol debería reducir bastante el margen de fichajes sin encaje. Luego el balón dirá si son buenos o no, pero la lógica de trabajo parece más ordenada.

El central, la prioridad que ya no se puede esconder

Después de sustituir las salidas de Carlos Romero, Pickel y Terrats con Hartman, Moscardo y Calatrava, Monchi apuntó claramente hacia la defensa. Lo dijo sin dar demasiadas pistas, pero se entendió todo: hay que sustituir a Fernando Calero. Y no solo eso. El debate en el entorno perico va más allá de un central. Muchos consideran que la posición está todavía coja y que el Espanyol necesita dos refuerzos consolidados atrás.

Aquí aparece uno de los principales contras del balance. El mercado avanza, la pretemporada también, y la defensa sigue necesitando certezas. Monchi no se pone fechas, pero cuanto antes llegue el central, mejor para Manolo. Las parejas defensivas, los automatismos y la confianza atrás no se improvisan en septiembre.

La operación salida, el otro gran marrón del verano

Si fichar ya es difícil, sacar jugadores puede ser todavía más pesado. Monchi ha sido claro con los cedidos y los futbolistas que no cuentan: “Con los que no se cuenta ya se ha hablado para que busquen una salida”. La frase suena sencilla, pero detrás hay contratos, sueldos, agentes, clubes que no llegan, jugadores que quieren esperar y operaciones que se atascan.

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En esa lista aparecen nombres como Pablo Ramón, Miguel Rubio, José Salinas, Gragera, Bauza, Antoniu, Jofre o posibles movimientos con porteros. Cada caso tiene su historia. Pablo Ramón, por ejemplo, genera debate porque convenció en su cesión al Racing y aun así parece destinado a salir. Rubio ha cumplido cuando jugó, pero no parece entrar del todo. Antoniu pide minutos. Jofre divide opiniones. La plantilla todavía necesita limpieza, y esa parte del trabajo no luce tanto como presentar fichajes, pero puede marcar el verano.

La cantera vuelve al centro del discurso

Otro cambio que empieza a verse está en La21. Monchi ha repetido que la cantera debe tener peso en el modelo del Espanyol y ha unido su llegada a la de Marco Otero como parte de una mejora estructural. Esta semana también se ha anunciado la nueva organización de entrenadores y formadores del fútbol base, con tres regresos simbólicos: Sergio García, Víctor Sánchez y Raúl Rodríguez.

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El movimiento tiene lectura deportiva y también emocional. El Espanyol vuelve a abrir la puerta a exjugadores pericos en la cantera, algo que se interpreta como el cierre de una etapa en la que no siempre se contó con perfiles de la casa. Eso no garantiza que mañana suban tres canteranos al primer equipo, claro. Pero cambia el mensaje. Y en un club que presume de identidad, el mensaje también importa.

Monchi asume la responsabilidad de lo que pase en La21

La frase más fuerte de Monchi sobre la cantera fue esta: “Cualquier cosa que suceda yo seré el responsable”. No se escondió. Habló de mejorar captación, formación, presupuestos y soporte de la dirección deportiva a las incorporaciones de la cantera, siempre conectadas con el modelo del primer equipo.

Aquí hay un pro evidente: por primera vez en tiempo, la cantera parece integrada dentro del discurso general del proyecto, no como un mundo aparte. El contra es que los resultados no serán inmediatos. La21 viene de una etapa en la que el filial ha perdido fuerza y no ha generado demasiados saltos claros al primer equipo. Recuperar eso llevará tiempo, paciencia y decisiones buenas en edades muy delicadas.

Alan Pace pasa a segundo plano: el efecto más silencioso de Monchi

Uno de los efectos más curiosos de estos dos meses es lo que ha pasado con Alan Pace. Antes del anuncio de Monchi, el presidente y la propiedad estaban recibiendo muchas críticas. Había dudas, impaciencia, miedo al rumbo del proyecto y bastante ruido alrededor de la nueva etapa. La llegada de Monchi lo cambió todo. O casi todo.

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Monchi ha eclipsado el foco mediático hasta el punto de que Pace ha podido pasar a un segundo plano mucho más cómodo. Y eso no tiene por qué ser malo. Al contrario. Si Monchi se ocupa de dar forma y credibilidad al área deportiva, Pace puede centrarse en lo suyo: buscar patrocinadores, atraer inversores y hacer crecer la entidad desde la parte económica y corporativa. Es decir, menos exposición diaria y más trabajo de fondo.

El fichaje de Monchi también protege a la propiedad

La incorporación de Monchi fue un mensaje potente de Velocity Sports y de Pace. No era solo traer a alguien conocido. Era decirle al entorno: “vamos en serio”. Y eso compró tiempo. La afición, que estaba muy pendiente de fiscalizar cada paso de la propiedad, empezó a mirar más a Monchi y menos a Pace. El director general deportivo se convirtió en el rostro del proyecto y en el escudo deportivo de la nueva etapa.

El riesgo está claro: si el mercado sale mal, esa protección puede durar poco. Pero de momento el efecto ha sido evidente. El ambiente es menos áspero que hace dos meses. La crítica no ha desaparecido, porque esto es el Espanyol y aquí nadie firma cheques en blanco, pero el debate se ha desplazado. Ahora se habla de centrales, extremos, cedidos, cantera y límite salarial. Eso ya es una victoria de gestión del ruido.

Pros del efecto Monchi: credibilidad, foco y una hoja de ruta

El balance positivo de estos dos meses es bastante fácil de ver. Monchi ha dado credibilidad al proyecto, ha tranquilizado el área deportiva, ha marcado un discurso coherente y ha empezado el mercado con tres fichajes que eran primeras opciones, según explicó él mismo. También ha reforzado la idea de trabajar con Manolo, ha hablado claro sobre el límite salarial y ha puesto a la cantera dentro del proyecto.

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El Espanyol parece tener más método, más voz y menos improvisación. Y esto, después de años de volantazos, se agradece. No significa que todo esté perfecto, pero sí que hay una línea reconocible. El club sabe qué necesita, sabe qué perfiles busca y sabe que no puede hacer locuras económicas.

Contras y dudas: salidas difíciles, defensa pendiente y expectativas muy altas

La parte menos amable también existe. La defensa todavía necesita refuerzos importantes, la operación salida puede hacerse larga, algunos casos generan debate y el margen económico sigue siendo limitado. Monchi ha levantado tanta ilusión que el listón está muy alto, quizá demasiado para un primer verano con tantas restricciones.

El peligro es confundir tener a Monchi con tener una varita mágica. No la tiene. Puede detectar talento, negociar, ordenar y tomar mejores decisiones que la media. Pero no puede vender jugadores si no hay comprador, ni subir el límite salarial porque sí, ni convertir un mercado complejo en un paseo. Si se olvida esto, la decepción puede llegar rápido.

Dos meses después, el Espanyol tiene otra energía

Dos meses después de aquel 11 de mayo, el Espanyol no es un club nuevo, pero sí parece un club algo más ordenado. Monchi ha cambiado el clima, ha dado una cara fuerte al proyecto y ha empezado a aplicar una idea muy suya: fichajes de rendimiento, jóvenes con margen, estructura, consenso y paciencia.

Ahora viene la parte de verdad. Cerrar centrales. Resolver salidas. Encontrar el extremo adecuado. Cuidar a Omar El Hilali. Decidir qué hacer con cedidos que vuelven. Dar sitio real a la cantera sin regalar minutos. Y, sobre todo, construir una plantilla que mejore lo anterior. Monchi dijo una frase en su presentación que todavía sirve para medir todo esto: “El dinero no te da el éxito, creo más en los proyectos”. Pues bien. El proyecto ya ha arrancado. Ahora toca que empiece a notarse en el césped.