La Diada y el Espanyol: catalanidad, pluralidad y una identidad sin etiquetas

11 de septiembre de 2026
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La Diada vuelve a poner sobre la mesa la relación del club perico con la tierra donde nació. Una vinculación histórica que ha sido cuestionada demasiadas veces y que afronta el reto de reunir sensibilidades catalanas y españolas sin pedir a nadie que renuncie a una parte de sí mismo.

La Diada y una pregunta que el Espanyol conoce demasiado bien

Cada 11 de septiembre, Catalunya se mira al espejo. Lo hace desde la historia, desde la cultura y, desde hace unos años, también desde un debate político que ha ocupado casi todos los rincones de la sociedad. El fútbol no ha quedado fuera. Mucho menos el Espanyol, un club al que demasiadas veces se le ha pedido que demuestre una catalanidad que a otros se les concede sin examen previo. Como si haber nacido aquí, crecer aquí y llevar casi 126 años formando parte de esta tierra todavía necesitara una explicación.

Un club fundado en Barcelona por estudiantes de la Universitat

La relación del Espanyol con Catalunya no comienza en un comunicado institucional ni en una campaña de imagen. Empieza el 28 de octubre de 1900, en Barcelona, cuando un grupo de estudiantes de la Universitat de Barcelona liderado por Ángel Rodríguez Ruiz puso en marcha la Sociedad Española de Football. En 2025, el club celebró sus 125 años precisamente en el Paraninfo de aquella universidad, regresando al lugar donde empezó todo. El Espanyol no aterrizó en Catalunya: nació en su capital y fue creado por jóvenes de aquí.

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El nombre no nació contra Catalunya

La elección del término Español tuvo una explicación ligada al fútbol de aquella época. Mientras otros equipos de Barcelona estaban impulsados o integrados en buena parte por ciudadanos extranjeros, los fundadores pericos quisieron formar un conjunto con jugadores locales. El nombre servía para diferenciar el origen de sus futbolistas, no para levantar una identidad contra Catalunya. Juzgar aquella decisión con los códigos políticos de hoy lleva a conclusiones demasiado fáciles y, sobre todo, bastante injustas.

Un escudo con corona y unos colores ligados a Roger de Llúria

La palabra Espanyol, el título de Reial y la corona del escudo han servido durante años para colocar al club dentro de una determinada casilla ideológica. La historia es bastante más rica. El título real fue concedido en 1912, como sucedió con otras entidades deportivas, mientras que el blanco y el azul se adoptaron en recuerdo de los colores atribuidos al almirante Roger de Llúria, figura ligada a la Corona de Aragón, una de las entidades políticas más importantes e influyentes en la formación de la España moderna. En el mismo escudo conviven referencias relativas a ambos territorios, algo que explica mucho mejor al club que cualquier etiqueta rápida.

Del Español al Espanyol

En febrero de 1995, la entidad adoptó oficialmente la forma catalana de su nombre: Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona. El cambio no borraba el pasado ni obligaba a elegir entre dos identidades. Expresaba con naturalidad el lugar al que pertenece. Desde entonces, el catalán ha ganado presencia en la comunicación, en el día a día del club y en su relación con las instituciones. Espanyol no es una traducción decorativa: es el nombre oficial de una entidad catalana, sin más.

Sarrià, Montjuïc y Cornellà-El Prat cuentan la misma historia

También habla Catalunya a través de los lugares que han sido casa del equipo. Sarrià fue durante más de siete décadas uno de los grandes espacios sentimentales de Barcelona. Después llegó Montjuïc, con años duros y noches europeas que todavía ponen la piel de gallina. Desde 2009, el RCDE Stadium se levanta entre Cornellà de Llobregat y El Prat, dentro de una comarca tan catalana como plural y marcada por varias generaciones de familias llegadas de otros puntos de España y del mundo. El recorrido geográfico del Espanyol se parece mucho al de la propia sociedad catalana.

Una entidad presente en la vida deportiva catalana

El Espanyol fue campeón del antiguo Campionat de Catalunya en varias ocasiones, ha competido en la Copa Catalunya y ganó la primera Supercopa de Catalunya en 2016. Su fútbol femenino, uno de los proyectos pioneros del país, ha sido campeón de Liga y seis veces campeón de la Copa de la Reina. La cantera ha formado a generaciones de futbolistas catalanes y la red de peñas mantiene presencia en muchas comarcas. Reducir la catalanidad del Espanyol al primer equipo masculino sería quedarse con una parte muy pequeña de la fotografía.

Una presencia institucional en el 11 de septiembre

El club también ha participado tradicionalmente en los actos institucionales de la Diada. Una representación del Espanyol ha acudido en numerosas ocasiones a la ofrenda floral ante el monumento de Rafael Casanova, junto a instituciones y entidades de la sociedad catalana. El propio club definió esa presencia como una tradición en sus comunicacoiones institiucionales en las Diades como una muestra más de pertenencia.

La sombra del Barça ha condicionado el relato

Buena parte del problema nace de una asociación repetida durante décadas: presentar al Barça como representante casi único de Catalunya y colocar al Espanyol en el lado opuesto. Ese marco ha sido muy potente porque el club azulgrana cuenta con una dimensión social, mediática y política enorme. El ejemplo apareció con claridad en 2017, cuando una campaña relacionó el sentimiento hacia el Barça con el sentimiento hacia Catalunya. El Espanyol protestó porque esa idea dejaba fuera no solo a los pericos, sino al resto del deporte catalán.

Ser rival del Barça no convierte al Espanyol en menos catalán

El derbi ha empujado muchas veces a entender las identidades como si fueran dos porterías enfrentadas. Si uno ocupa un espacio, parece que el otro tenga que colocarse en el contrario. Pero ser rival deportivo del Barça no significa ser rival de Catalunya. El Espanyol no necesita copiar su manera de representarla ni disputar quién es más catalán. Tiene su propia historia, sus símbolos y su gente. Esa diferencia no debería verse como una carencia, sino como una señal de que Catalunya es más plural de lo que algunos relatos sesgados y partidistas admiten.

Los años del procés hicieron más estrecho el pasillo

El intenso debate sobre la relación entre Catalunya y España complicó todavía más el encaje. Durante los años más tensos del procés, cualquier gesto era interpretado políticamente: una bandera, un idioma, un silencio o una presencia institucional. En una afición tan plural como la perica, cada movimiento podía hacer sentir incómoda a una parte de la grada. Había seguidores independentistas, autonomistas, federalistas, constitucionalistas y personas que simplemente querían ver fútbol sin que nadie les pidiera mostrar un imaginario carné ideológico.

Una afición donde caben identidades distintas

Esa diversidad sigue existiendo. Hay pericos que sienten Catalunya como una nación, otros que la sienten como una comunidad dentro de España y muchos que combinan con absoluta normalidad un fuerte sentimiento catalán y español. También hay aficionados nacidos fuera que han hecho suyo el club y el país. ¿Quién tiene derecho a decidir cuál de todos ellos representa mejor al Espanyol? La grada no necesita pensar igual para cantar el mismo gol. Ahí está una de las mayores fortalezas del RCDE.

Neutralidad no puede significar falta de personalidad

El Espanyol debe evitar convertirse en una herramienta partidista, pero eso no obliga a vivir escondido. Ser neutral ante unas elecciones o un proyecto político es compatible con defender la lengua catalana, participar en las instituciones del país, cuidar el fútbol de base y sentirse orgulloso de haber nacido en Barcelona. La pluralidad no consiste en no decir nada; consiste en hablar sin expulsar a nadie, y que no haya ninguna persona que se sienta incómoda.

El catalán debe sentirse como una casa, no como una frontera

Uno de los retos pasa por normalizar el uso del catalán sin convertirlo en una prueba de fidelidad. El club puede hablar, comunicar y vivir en catalán mientras mantiene una relación abierta con quienes se expresan en castellano o llegaron desde otros lugares. Así funciona la Catalunya real cada día en colegios, comercios, barrios y familias, por encima de normas impuestas. Proteger una lengua propia no exige levantar un muro alrededor de ella.

Recuperar presencia en todo el territorio

El Espanyol también tiene trabajo por hacer lejos del estadio. Necesita reforzar su vínculo con peñas, escuelas, clubes modestos y municipios de toda Catalunya. Durante demasiado tiempo, parte de la sociedad ha visto al RCDE como un equipo limitado a una minoría del área de Barcelona. La realidad es otra, pero hay que explicarla y cuidarla. Llevar entrenamientos, actos, partidos de cantera y proyectos sociales por el territorio permitiría que más niños descubrieran que existe otra manera de vivir el fútbol catalán.

La nueva propiedad debe entender dónde ha llegado

Con una propiedad extranjera recién aterrizada al frente, el reto adquiere otra dimensión. Quien dirige el Espanyol debe comprender que no ha comprado solamente un equipo de LaLiga, sino una institución con memoria, idioma, heridas y vínculos locales muy profundos. La internacionalización puede ayudar a crecer, pero no debería borrar el acento. El Espanyol puede abrirse al mundo sin convertirse en una franquicia desconectada de Catalunya ni verse invadido de turistas, como pasa en otras entidades.

Crecer sin pedir permiso ni caer en complejos

El club tampoco puede pasar la vida respondiendo a quienes niegan su catalanidad. Entrar en ese juego significa aceptar que otros tienen la autoridad para concederla o retirarla. El mejor camino es actuar con naturalidad: cuidar su historia, defender su lugar en la sociedad catalana y no avergonzarse de la diversidad de su afición. Ni pedir perdón por llamarse Espanyol ni tener miedo de expresarse como una entidad catalana.

El Espanyol no debe elegir entre Catalunya y España

Ese quizá sea el gran reto. Crear un espacio donde un perico pueda sentirse catalán, español, ambas cosas o ninguna de ellas sin ser observado con sospecha. En una época acostumbrada a exigir respuestas simples y posicionamientos sin matices, el Espanyol representa una realidad bastante más humana: las identidades pueden convivir, mezclarse y cambiar sin dejar de compartir una camiseta. No siempre resulta cómodo, pero sí honesto.

Una Diada para reconocerse y no para repartirse carnés

El 11 de septiembre debería servir para recordar que Catalunya no pertenece a un partido, a una ideología ni a un solo club. El Espanyol forma parte de ella desde 1900, con sus contradicciones, sus aciertos y una manera propia de estar en el mundo. Es catalán por nacimiento, historia y arraigo. También reúne a miles de personas que sienten España como parte de su identidad. No hay que escoger una mitad y esconder la otra. En esa convivencia está, precisamente, buena parte de la esencia perica.