Manolo González, atrapado en un referéndum permanente: parte del entorno del Espanyol convierte cada partido en un juicio sobre el banquillo

31 de julio de 2026

El Espanyol empató un amistoso ante el Burnley y, antes de que se secara el césped de Turf Moor, el debate ya no estaba únicamente en los errores defensivos, la plantilla incompleta o la falta de fútbol. Otra vez se hablaba de Manolo González. De si sirve, de si no sirve, de si tendría que haber empezado el nuevo proyecto o de si conviene esperar a los primeros resultados. El entrenador afronta cada partido como si la afición tuviera que marcar una casilla: continuidad o destitución.

La mala imagen ante el Burnley merece críticas

Manolo tiene responsabilidad. El Espanyol se mostró frágil, impreciso y poco reconocible durante muchos minutos. La presión inicial permitió marcar, pero el equipo no sostuvo el plan y volvió a conceder demasiado. El centro del campo apenas protegió a la defensa y faltaron respuestas cuando el partido se desordenó. Pedir que el entrenador mejore todo eso no es persecución; es una exigencia normal a quien ocupa el banquillo.

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Una cosa es analizar y otra dictar sentencia en julio

El problema aparece cuando un encuentro de pretemporada deja de servir para discutir qué funciona y qué falla, y pasa a convertirse en una prueba definitiva sobre la capacidad del técnico. El equipo lleva pocas semanas de trabajo, todavía espera fichajes y mezcla jugadores que no tienen asegurada su continuidad. Puede jugar mejor, claro. Pero pretender resolver el futuro del entrenador a finales de julio también tiene algo de juicio decidido antes de escuchar las pruebas.

Manolo parte con una mochila que no ha desaparecido

Una parte de la afición continúa atrapada en la mala racha del curso pasado. Aquellos meses dañaron la confianza y dejaron la impresión de que el técnico no encontraba soluciones cuando los partidos se torcían. El propio Manolo asumió su responsabilidad durante la segunda vuelta, un tramo que llegó a calificar como muy doloroso. Esa herida no se ha cerrado para todos, aunque la temporada terminara con el Espanyol en undécima posición.

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El club sí tomó una decisión clara

La propiedad no dejó el asunto en el aire al terminar el curso. El Espanyol comunicó su plena confianza en Manolo después de una temporada 2025-26 cerrada en la undécima posición, con 12 victorias, 10 empates y 16 derrotas. El entrenador conserva contrato hasta el 30 de junio de 2027. El club decidió que continuara; el entorno, en cambio, parece dispuesto a reabrir el debate en cada jornada.

La permanencia ya no basta para borrar las dudas

Manolo consiguió el ascenso cuando tomó un equipo bloqueado, logró mantenerlo en Primera y después lo llevó a la zona media. Esos méritos existen. También existen las rachas negativas, los partidos mal gestionados y una propuesta futbolística que no siempre convence. El debate serio no exige escoger entre convertirlo en héroe o tratarlo como un intruso. Puede haber hecho cosas muy buenas y seguir teniendo aspectos importantes por mejorar.

El fútbol del Espanyol debe crecer

Defender al técnico del incendio permanente no implica conformarse. El equipo necesita una salida de balón más limpia, mayor control desde el centro del campo y alternativas cuando la presión alta no funciona. También debe defender mejor como bloque y evitar que cualquier pérdida deje a los centrales expuestos. Si el Espanyol repite durante la competición los problemas vistos en verano, Manolo tendrá que responder por ello.

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No todos los problemas nacen en el banquillo

El riesgo de centrarlo todo en el entrenador es que el resto de responsabilidades desaparezcan. Si falta un central, no puede inventarlo. Si el lateral derecho no está bien cubierto, tendrá que improvisar. Si los refuerzos llegan después de comenzar LaLiga, habrá trabajado toda la pretemporada con soluciones temporales. Manolo debe sacar rendimiento a lo que tiene, pero la dirección deportiva debe darle una plantilla que permita exigirle de verdad.

El mercado puede convertirse en una coartada para todos

También existe el peligro contrario. Una plantilla incompleta no puede servir para justificar cualquier actuación del equipo. El entrenador dispone de futbolistas con experiencia y calidad suficiente para competir mejor de lo mostrado en algunos amistosos. Manolo debe construir una estructura, mejorar a sus jugadores y corregir errores repetidos. Ni todo es culpa del técnico ni todo puede explicarse porque falta un fichaje.

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Hay una parte del entorno esperando la primera caída

Francesc Via lo señaló durante la tertulia de LaGrada Ràdio: existe gente esperando a Manolo “con el palo” pese a que el equipo todavía no ha perdido durante la pretemporada. Esa sensación se nota en cada discusión. Una derrota ante el Levante sería leída por algunos como una confirmación inmediata. Una victoria, en cambio, quizá solo serviría para aplazar la sentencia una semana.

Desear tener razón puede ser una trampa

Ningún perico quiere conscientemente que pierda el Espanyol. Quienes consideran que Manolo no es el técnico adecuado llegan a esa conclusión porque creen que un cambio beneficiaría al club. El problema aparece cuando la necesidad de demostrar que uno tenía razón pesa más que la voluntad de revisar una opinión. Si el equipo gana, juega bien y crece, mantener el mismo veredicto por orgullo no sería exigencia: sería quedarse atrapado en una idea.

Los resultados pueden cambiarlo todo muy rápido

Luis Navarrete apuntaba que la percepción podría darse la vuelta en las primeras cuatro jornadas. Es cierto. El fútbol tiene poca memoria cuando entra la pelota. Una victoria ante el Levante, una buena actuación frente al Real Madrid y un equipo reconocible en Anoeta rebajarían gran parte del ruido. El calendario inicial será exigente: Levante, Real Madrid y Real Sociedad antes de terminar agosto. Manolo empezará el curso con pocas semanas para convencer a quienes ya han decidido desconfiar.

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El vestuario sigue siendo un punto a favor

Uno de los elementos que ha sostenido a Manolo en los momentos difíciles es su relación con los jugadores. El equipo no se giró contra él durante la mala racha y la unión del vestuario fue señalada como una de las claves de la reacción final del pasado curso. Ese respaldo importa. Cuando un entrenador pierde al grupo, suele quedar sentenciado; Manolo consiguió conservarlo incluso cuando los resultados apretaban.

El nuevo proyecto también podía haber elegido otro camino

Con la llegada de Alan Pace y Monchi existía la posibilidad de iniciar una etapa distinta en el banquillo. La propiedad decidió mantener al técnico. Esa apuesta también debe tener consecuencias: si se confía en Manolo, conviene respaldarlo con una plantilla adecuada y evitar transmitir que su continuidad depende de cada marcador. No tiene sentido renovar la confianza en mayo para ponerla en duda públicamente al primer tropiezo de agosto.

La exigencia no debe desaparecer

Manolo conoce el club, entiende al aficionado y ha acumulado méritos suficientes para comenzar la temporada. Eso no le concede inmunidad. Será juzgado por los resultados, la evolución del equipo y su capacidad para corregir los problemas. Si tras varias jornadas el Espanyol no compite, no mejora y repite los errores del curso anterior, el debate tendrá toda la legitimidad. Dar tiempo no significa regalar una temporada entera.

Tampoco conviene esperar a que todo arda

Navarrete introdujo otro argumento razonable: no sería buen camino ignorar las dudas y reaccionar únicamente después de perder los tres primeros partidos. Un club debe evaluar continuamente el trabajo del entrenador y anticiparse a los problemas. La diferencia está entre mantener esa vigilancia interna y convertir cada aparición pública en un ultimátum. La planificación exige tener escenarios preparados; el ruido permanente solo genera ansiedad.

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El Espanyol es un club acostumbrado al “ay, ay, ay”

Via definió al perico como un aficionado negativo por naturaleza porque ha recibido demasiados golpes. La historia reciente explica esa desconfianza: descensos, promesas rotas, proyectos que parecían arrancar y terminaron mal. Esperar el golpe funciona como una coraza. Pensar que todo saldrá mal permite decir “ya lo advertí”, pero también impide vivir cualquier comienzo sin miedo.

El discurso del apocalipsis siempre corre más

Una crítica medida genera menos impacto que anunciar un desastre. Decir que el equipo tiene carencias, pero necesita tiempo, ocupa una zona incómoda. No satisface al optimista ni al indignado. En cambio, afirmar que el Espanyol se hundirá o que el entrenador no llegará a octubre provoca una reacción inmediata. El incendio atrae más que el análisis, aunque después resulte menos útil para entender qué sucede.

Manolo necesita una evaluación justa

Una valoración justa debe considerar la plantilla definitiva, el calendario, el rendimiento y la evolución. También debe observar si el técnico aprende de sus errores, si encuentra un centro del campo fiable y si consigue proteger mejor la defensa. Juzgarlo únicamente por su peor racha sería tan incompleto como hacerlo solo por el ascenso o la undécima plaza.

El Levante no debería ser una final

El estreno liguero será importante. Jugar en casa y empezar bien ayudaría a rebajar el ruido. Pero convertir la primera jornada en una final sería absurdo. Un partido puede salir mal por muchos motivos y no define una temporada. Lo que sí empezará a contar será la respuesta posterior. El problema no es tropezar una tarde; es no aprender nada después del tropiezo.

Toda la temporada no puede girar alrededor del entrenador

El Espanyol tiene muchos debates más importantes: el rendimiento de los fichajes, la evolución de Calatrava, la consolidación de Roberto, el papel de Urko, la vuelta de los cedidos, las decisiones de Monchi y la ambición real de la propiedad. Si cada conversación termina reducida a Manolo sí o Manolo no, se perderá buena parte del análisis deportivo. Un club es demasiado grande para explicarlo todo a través de una sola persona.

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Tremendismos los justos, exigencia toda

La frase de Via resume el punto razonable. Manolo no necesita palmeros ni una protección artificial. Necesita una oportunidad limpia para trabajar y ser evaluado por lo que haga esta temporada. La afición tiene derecho a desconfiar, a pedir más fútbol y a exigir resultados. Lo que no ayuda es comenzar cada partido deseando confirmar una sentencia escrita meses atrás.