
El Espanyol B firmó ante el Calamocha uno de esos partidos en los que el resultado termina siendo consecuencia directa de todo lo anterior. El filial fue superior desde el inicio, dominó con balón, recuperó con enorme rapidez cada vez que lo perdió y encontró constantemente soluciones tanto por dentro como por fuera. El 5-0 explica la diferencia entre ambos equipos, pero quizá lo más interesante estuvo en cómo llegó: manteniendo durante prácticamente todo el encuentro ese 4-1-4-1 que ya se ha convertido en una seña de identidad del equipo.
El once estuvo formado por Llorenç; Rufo, Lucas Alves, Timera, Coulombe; Martí Farell; Alejandro Santiago, Jan Peries, Hugo Crespo, Mulle; y Eloi Tost. La estructura volvió a ser la habitual: cuatro defensores, un único mediocentro posicional y una segunda línea de cuatro tremendamente móvil por detrás de Eloi.
Y el partido apenas necesitó tres minutos para empezar a decantarse.
En el 3’, una acción iniciada por el sector izquierdo terminó encontrando a Mulle abierto en banda. El extremo condujo en diagonal hacia dentro, encadenó dos recortes y, desde las inmediaciones de la frontal, encontró el disparo para colocar el 1-0.
El gol no hizo que el Espanyol bajara el ritmo. Apenas dos minutos después llegó otra de las primeras grandes acciones de Jan Peries. En el 5’, el mediapunta recibió con un rival encima y consiguió girarse mediante un magnífico toque de tacón. La continuación terminó en Eloi Tost, que se revolvió dentro del área y consiguió rematar, pero el portero salvó el segundo con el pie.
Mucha movilidad y un Espanyol difícil de perseguir
Desde esos primeros minutos quedó bastante claro por dónde iba a transitar el partido.
El Espanyol tenía la pelota, pero su dominio no nacía de una posesión lenta alrededor de su mediocentro. Martí Farell ocupaba una posición mucho más fija, guardando el equilibrio por delante de Timera y Lucas Alves, mientras todo lo que sucedía por delante tenía muchísimo movimiento.
Jan Peries y Hugo Crespo aparecían constantemente entre líneas, mientras Mulle y Alejandro Santiago daban amplitud desde los costados. Y cuando uno de ellos recibía abierto, el mecanismo se repetía: atraer rivales hacia un sector, encontrar apoyos interiores y, si el Calamocha basculaba, cambiar rápidamente el juego hacia el lado débil.
En el 8’, Santiago filtró un buen balón hacia Jan, que volvió a recibir en zona peligrosa. Y prácticamente en la continuación llegó una de las mejores acciones colectivas del primer tramo: Eloi bajó un balón largo, combinó con Crespo y una pared entre ambos permitió llevar la pelota hacia Mulle, cuyo remate obligó nuevamente al guardameta a intervenir.
Eloi estaba siendo importante incluso sin marcar. El delantero realizó un gran trabajo recibiendo de espaldas, protegiendo la pelota y permitiendo que los jugadores de segunda línea llegaran a la jugada.
También empezó a destacar pronto el sector izquierdo.
Coulombe y Mulle formaron una sociedad especialmente dañina. El lateral dejó varios controles y conducciones de mucho nivel para superar la primera presión. En una de ellas incluso picó sutilmente la pelota ante la llegada de un rival para superarlo antes de encontrar a Mulle. El extremo encaró, tiró la bicicleta, ganó línea de fondo y terminó forzando otro córner.
El balón parado, otra herramienta
Los córners también dejaron una tendencia interesante.
El Espanyol prácticamente nunca se limitó a colgar la pelota al área. En el 10’, Jan Peries y Mulle ejecutaron una acción ensayada en corto, combinaron mediante una pared y Jan terminó progresando paralelo a la línea de fondo para provocar otro saque de esquina.
Más adelante, otra acción en corto terminó encontrando a Hugo Crespo en la frontal, cuyo disparo fue desviado por la cabeza de un defensor y se marchó rozando el poste.
Y en el 21’ llegó otra variante. Esta vez sí hubo envío directo, prolongación en el primer palo y aparición de Rufo en el segundo, aunque el lateral consiguió rematar únicamente de manera muy forzada.
El Espanyol tenía registros diferentes incluso desde la estrategia.
Atacar por un lado para hacer daño por el otro
Con el paso de los minutos se hizo todavía más evidente el mecanismo ofensivo.
El filial buscaba uno de los costados —especialmente con Santiago por derecha—, esperaba los apoyos de Jan o Crespo y trataba de atraer la presión del Calamocha. Cuando conseguía juntar rivales, aceleraba por dentro o cambiaba rápidamente hacia el extremo contrario.
Santiago dejó una gran acción poco antes del cooling break, superando hasta a tres rivales mediante recortes antes de cambiar el juego hacia Mulle. El extremo volvió a conducir hacia dentro y buscó el palo largo, aunque esta vez su disparo se marchó desviado.
Mulle fue uno de los futbolistas más desequilibrantes de la primera mitad. Además del gol, acumuló conducciones, llegadas y disparos. En otra acción volvió a quedar liberado por izquierda después de una combinación interior y probó un remate raso que atravesó las piernas del defensor, aunque terminó cómodamente en las manos del portero.
También Llorenç aportaba desde el inicio de las jugadas. Cuando el partido no permitía salir en corto, el guardameta encontró varios desplazamientos largos precisos para saltar líneas.
Y, sobre todo, cada pérdida encontraba una respuesta inmediata.
El Espanyol presionaba con Eloi y toda la línea de cuatro prácticamente encima del rival. Si el Calamocha conseguía superar esa primera presión, la solución acostumbraba a ser un balón largo. Y allí Timera y Lucas Alves estuvieron prácticamente impecables.
Especialmente Timera, muy contundente en el juego aéreo y anticipando constantemente para que el Calamocha no pudiera establecerse en campo contrario.
El 1-0 empezaba a quedarse muy corto
Llegados a la media hora, el marcador ya explicaba poco de lo que estaba sucediendo.
No porque el Espanyol hubiera acumulado una colección de ocasiones a bocajarro, sino por el volumen constante de aproximaciones: disparos desde la frontal, recuperaciones en tres cuartos, transiciones, córners y situaciones de uno contra uno.
Santiago volvió a amenazar después de un robo alto. Eloi condujo hacia la frontal y abrió hacia la derecha, donde el extremo recortó hacia su izquierda antes de disparar por encima del larguero.
El 2-0 parecía cuestión de tiempo.
Y terminó llegando en el 42’.
La jugada volvió a condensar muchas de las cosas que estaba haciendo bien el Espanyol. Alejandro Santiago y Jan Peries enlazaron una doble pared por dentro, Santiago consiguió terminar la acción con un disparo seco desde la frontal y el portero rechazó. La segunda jugada cayó hacia Hugo Crespo, que apareció desde atrás y empaló de volea para hacer el 2-0.
El filial olió sangre.
En el 43’, un nuevo robo permitió a Jan conducir y encontrar a Eloi. El delantero se desplazó desde izquierda hacia dentro, recortó y buscó la escuadra del palo largo, marchándose su disparo por poco.
En el 44’, otra conducción interior de Jan terminó con apertura hacia Santiago. El extremo volvió a recortar hacia su izquierda y esta vez su disparo raso buscando el palo largo se marchó rozando el poste.
Solo entonces apareció la primera ocasión realmente clara del Calamocha. Una acción individual consiguió romper la presión por la derecha del ataque visitante y un pase raso cruzó prácticamente toda la defensa. El Espanyol se quedó demasiado parado —especialmente Rufo— y el jugador que llegó desde el otro costado pudo rematar. Llorenç respondió muy bien con el pie y mandó a córner.
Fue prácticamente la única grieta de una primera parte extraordinariamente controlada.
Y todavía quedaba el tercero.
En el 47’, nuevamente por izquierda, Coulombe encontró a Mulle. El extremo levantó la cabeza y puso un precioso balón con el exterior hacia el segundo palo. Allí apareció Alejandro Santiago como una bala para cruzarla rasa y establecer el 3-0 justo antes del descanso.
Ahora sí, un resultado mucho más acorde a lo visto.
El descanso no cambió nada
Si existía la duda de si el Espanyol levantaría el pie con el partido prácticamente resuelto, tardó menos de un minuto en despejarse.
En el 46’ de juego efectivo de la segunda mitad, Jan Peries recibió por derecha y puso un buen centro para Santiago, cuyo cabezazo obligó al portero a palmear por encima del larguero.
Y en el 49’ llegó el cuarto.
Otra vez desde un córner. Otra vez en corto.
El Espanyol trianguló alrededor de la frontal hasta desplazar completamente la defensa y encontró a Alejandro Santiago por derecha. El extremo se perfiló con su pierna izquierda y colocó un disparo raso y ajustado junto al palo para hacer el 4-0 y completar su doblete.
Santiago estaba coronando un partido magnífico: dos goles, muchísimo desequilibrio y una participación constante tanto en banda como asociándose con Jan.
El dominio cambia de intérpretes, pero no de idea
El Calamocha tuvo una buena oportunidad en el 56’, con una llegada por izquierda y pase atrás que terminó en un disparo fuerte. Otra vez apareció Llorenç, esta vez blocando con mucha seguridad.
Poco después llegaron los primeros cambios pericos. Se marcharon Martí Farell y Mulle y entraron Ferran Gómez y Polli.
Y apareció un matiz táctico interesante.
Hugo Crespo retrasó su posición hasta convertirse en el único pivote, mientras Ferran pasó a ocupar el puesto de mediapunta izquierdo y Polli sustituyó directamente a Mulle en banda.
Con Crespo en la base, el Espanyol perdió parte del componente físico que ofrecía Farell, pero ganó más pie en el inicio de la jugada. El balón empezó a circular todavía más por dentro y Jan Peries y Ferran encontraron continuamente espacios entre líneas.
El Espanyol seguía encerrando al Calamocha.
En torno al 60’, una buena combinación iniciada por Ferran terminó en Coulombe. El lateral ejecutó un magnífico desplazamiento diagonal hacia Santiago, que controló y puso el balón raso al área, aunque esta vez ningún compañero consiguió llegar al remate.
Poco después, Polli y Jan Peries combinaron por izquierda hasta encontrar un centro hacia Eloi. El delantero obligó al portero a realizar una gran parada y, en el mismo rechace, intentó una finalización acrobática entre chilena y tijera que se marchó desviada.
En el 65’, Polli volvió a amenazar. Recortó desde izquierda y disparó desde la frontal. El bote complicó al guardameta, que dejó un rechace que Eloi estuvo muy cerca de aprovechar.
El recién incorporado extremo estaba teniendo un impacto inmediato.
Jan Peries, generador constante
Aunque no encontró el gol, hubo un futbolista presente prácticamente en todo lo bueno que hizo el Espanyol por dentro: Jan Peries.
Recibió entre líneas, giró, aceleró transiciones, conectó con los extremos y rompió líneas mediante pases interiores.
En torno al 66’-67’, otra transición nació precisamente en sus pies. Jan encontró a Polli por dentro, el extremo condujo y abrió hacia Coulombe y el lateral jugó de primeras buscando a Eloi al segundo palo.
No hubo remate, pero sí otra demostración de cómo estaba interpretando el partido Jan.
En el 68’, Polli volvió a recibir desde izquierda, recortó y disparó desde el vértice del área, esta vez rozando el palo largo.
Poco después se marcharon Jan Peries y Eloi Tost, sustituidos por Jan Moreno y Aguilar.
Eloi se fue sin marcar, pero su partido difícilmente podía medirse únicamente desde el gol: fijó centrales, ganó balones de espaldas, descargó y permitió constantemente que el resto atacara de cara.
Los cambios tampoco frenan al filial
Con el encuentro ya absolutamente controlado, el Espanyol siguió buscando el quinto.
En el 74’, Coulombe volvió a romper líneas desde izquierda mediante un pase interior. Ferran Gómez y Jan Moreno triangularon con mucha velocidad y la jugada terminó con un pase atrás para Aguilar, cuyo remate algo mordido obligó al portero a mandar a córner.
Prácticamente en la siguiente acción, Polli alcanzó línea de fondo y volvió a jugar atrás. Jan Moreno llegó desde segunda línea y remató de primeras con la izquierda, ligeramente por encima del larguero.
Aguilar también empezó a acumular llegadas. Tras otra larga posesión del Espanyol incluso dentro del área rival, Jan Moreno condujo con el balón pegado al pie y terminó encontrando a Aguilar, que consiguió girarse y sacar un disparo fuerte y seco. El tiro salió demasiado centrado y el portero volvió a responder.
Los nombres cambiaban. La idea seguía siendo exactamente la misma.
Coulombe corona su partidazo con un golazo
Y en el 84’ llegó probablemente el gol de la tarde.
Una vez más, el origen fue un córner jugado en corto. El Espanyol circuló por toda la frontal buscando el espacio en lugar de precipitar el envío al área.
Hasta que apareció Coulombe.
El lateral recibió en posición de disparo y soltó un zurdazo espectacular directo a la escuadra.
5-0. Golazo.
Era el premio perfecto para uno de los mejores futbolistas del encuentro. Coulombe había destacado desde el inicio por sus controles, capacidad para superar presión, conducciones, pases interiores y desplazamientos diagonales. Había formado una sociedad muy peligrosa con Mulle durante la primera mitad y había mantenido el nivel incluso después de los cambios.
El gol lo situaba definitivamente entre los grandes candidatos al MVP, junto a Alejandro Santiago, Jan Peries y Mulle.
Y ni siquiera el quinto hizo que el Espanyol dejara de atacar.
En el 86’, otra triangulación rápida por dentro consiguió atraer al Calamocha antes de abrir hacia Denis Cruz, recién incorporado por Santiago. El extremo encaró, recortó hacia dentro y armó un buen disparo con la izquierda que un defensor consiguió desviar con la cabeza a córner.
Poco después, Polli arrancó por el carril central, superó a dos rivales mediante sendos recortes y consiguió entrar en el área, aunque terminó la acción con un remate demasiado mordido.
Un 5-0 que explica mucho más que cinco goles
Más allá del marcador, la gran noticia para el Espanyol B estuvo en la continuidad de su identidad.
El equipo volvió a reconocerse en su 4-1-4-1, independientemente de los futbolistas que ocuparan cada posición. Con Martí Farell tuvo un pivote más físico y posicional; con Hugo Crespo, uno con mayor protagonismo técnico. Con Mulle encontró desequilibrio y gol desde izquierda; Polli mantuvo la amenaza después. Jan Peries generó durante más de una hora y Jan Moreno y Ferran Gómez dieron continuidad a ese fútbol asociativo después.
Y detrás, Timera y Lucas Alves permitieron que todo sucediera muy lejos de Llorenç. Cuando el Calamocha consiguió escapar de la presión, casi siempre mediante balones largos, ambos centrales anticiparon y ganaron prácticamente todos los duelos. Las escasas veces en las que el rival consiguió terminar, Llorenç respondió.
Pero quizá la mejor explicación del partido esté en otra cosa.
El Espanyol no dominó simplemente porque tuviera más pelota. Dominó porque sabía qué hacer con ella y qué hacer inmediatamente después de perderla. Atrajo por fuera, combinó por dentro, cambió rápidamente de orientación, encontró paredes entre los mediapuntas y recuperó casi siempre antes de que el Calamocha pudiera respirar.
Y lo hizo desde el minuto 1 hasta bien entrada la recta final, incluso con el resultado completamente decidido.
Coulombe coronó con un golazo una actuación completísima; Santiago firmó un doblete y fue una amenaza constante; Jan Peries volvió a ser el gran generador entre líneas; Mulle abrió el partido y desequilibró constantemente; y alrededor de ellos funcionó un colectivo que, más allá del 5-0, volvió a mostrar una idea perfectamente reconocible.
Porque los cinco goles explican la superioridad.
Pero que el Espanyol B haya jugado prácticamente igual con 0-0 que con 4-0 explica mucho mejor el partido.
Crónica de Pol Reguera @ElArea21







